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Los libros (también) son para el verano.

17 Ago

Llegadas estas fechas solemos pensar que es el momento de recuperar esas lecturas que van quedando pendientes a lo largo del año y que además servirán para proporcionarnos momentos de relajo en el ajetreado calendario de playa, piscina, chiringuitos, etc. Para ello los periódicos nos regalan listas con la indicación de los títulos más adecuados a nuestros gustos y características.

Quiero echar un cuarto a espadas en la cuestión, pero desde un punto de vista totalmente subjetivo, y sin la más mínima intención ni clasificatoria ni calificadora. Señalar previamente dos cuestiones: primero, soy lector de todo el año, por lo que en verano lo único que hago es continuar con los libros que tenga entre manos de atrás, y segundo, dado mi consustancial desorden en todos los aspectos de mi vida, no podía escaparse a él el hábito libresco, por lo que compaginar varios de ellos al mismo tiempo es lo habitual, sin ningún orden ni concierto ni por qué.

Qué manejo, pues, en estos momentos que me ayuden a soportar los rigores de la temperatura de esta bella ciudad de la costa levantina?.

Comentaba semanas atrás que llevado de mi admiración por los escritos de Rafael Narbona había llegado a una publicación de José Jiménez Lozano, El Mudejarillo, al que me atrevía a calificar como uno de los textos más bellos que últimamente había leído, y que además despertó mi interés por la vida de San Juan de la Cruz, al punto de hacerme realizar un viaje a Fontiveros, su cuna. Pero también lo señalaba como una biografía poetizada, por lo que me quedó el regusto de buscar alguna más históricamente canónica. Así llegué a otra estación que tampoco era exactamente la buscada, pero que por sus características compensaba detenerse en la misma.

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La noche enamorada es un texto de un autor, Pedro Miguel Lamet, prolífico y que aborda muy diversos géneros y formatos, lo que se traduce en el dominio de una prosa ágil, elegantemente elaborada y muy documentada, por todo ello de fácil y gratificante lectura.

En este caso la obra citada es una novela histórica referida a la biografía de San Juan de la Cruz. Podríamos decir que es más histórica que novela por cuanto la percha narrativa (así denominada por el autor) es muy liviana y un mero pretexto para asentar muy sólidamente las andanzas de San Juan así como los detalles de los diferentes medios sociales en los que transcurre su vida, y que constituye en definitiva el fuerte del libro. La historicidad y fuentes señaladas por el autor en su Apéndice al libro lo corroboran, y de ellas destaca el autor este otro librito titulado Vida de S. Juan de la Cruz, del Padre Crisógono de Jesús, de la Orden de Carmelitas Descalzos, que si pequeño en formato concentra muy acertadamente los datos objetivos conocidos con una bella prosa, ilustraciones de Francisco Zucchi, de 1748, y citas muy adecuadas.

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Para concluir, señalar que la asimetría señalada en nada menoscaba el interés y el disfrute que proporciona su lectura y los muchos motivos de reflexión que aporta.

En cuanto a complementos musicales, decir San Juan de la Cruz es decir Mompou y la Música callada que los une. La versión que más me gusta es la de Javier Perianes, que acierta perfectamente con la sensible delicadeza y hondura de ambos personajes.

En lo que a artes plásticas se refiere múltiples retratos se pueden encontrar, e incluso se puede invocar al famoso Cristo de Salvador Dalí, pero creo que nada representa mejor todo el significado y la personalidad de San Juan que ese pequeño dibujo realizado por él mismo, que aún se conserva en el convento de la Encarnación de Ávila, y que el Santo había regalado a la hermana Ana Mª de Jesús.

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Otro de los senderos veraniegos explorados fue el de los cuentos, e inexorablemente en este camino había de toparme con la magna obra de Dña. Emilia Pardo Bazán, y la inmensa fortuna de que se puede acceder a la totalidad de su excelente producción cuentista  completa en esta web.

Pero la cosa no quedó ahí. La generosa diosa Fortuna quiso que camino de esta bella ciudad de la costa levantina hiciese escala, como siempre que tengo la más mínima oportunidad, en Madrid, donde con motivo de la efeméride de su fallecimiento la Biblioteca Nacional celebra una excelente exposición que se glosa su vida, su personalidad y su obra, entre otros varios aspectos.

La citada exposición está magníficamente comisariada por Isabel Burdiel, Catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, y que en 2019 publicó una biografía sobre Pardo Bazán que al decir de la crítica es la referencia obligada para el conocimiento de nuestra autora.

Pues bien, el catálogo de tal exposición, cuya portada es la imagen que figura más arriba, está también introducido por Isabel Burdiel, y junto a otros nueve especialista en diversas facetas, nos muestra una imagen poliédrica, con muchas caras desconocidas, luces y sombras, de una autora que fue bastante ignorada. Anecdóticamente citaré que repasando los ya muy viejos libros de aquel mi lejano bachiller, en la Antología Literaria Española Contemporánea, firmada nada menos que por Lázaro Carreter y Correa Calderón en el año 1964, que comienza con Bécquer y termina con Celaya, no se la menciona.

La exposición y el catálogo citado se suman al actual interés creciente por tan interesante autora, y nos la muestran, así se menciona en más de una ocasión, como una figura poliédrica, que se mueve con gran facilidad en la dicotomía, aspecto este que la autora nunca rehuía. En este sentido Ramón Villares, de la Universidad de Santiago de Compostela, como …con evidente perspicacia…establecía claramente las fronteras entre patria y tierra…lo que la llevaba a reflexionar como debía ser tratada España y que remedios se le podían aplicar en aquellos decisivos tiempos.

Otra de sus dicotomías, en la que hubo de navegar con gran complejidad y detalle de circunstancias, fue entre razón y fe, ella que tan reiteradamente confesó su profesión de fe católica. Recuerda la actitud unamuniana, pero sin el carácter trágico de este, sino abordándolo con gran coraje, y en muchas ocasiones hasta con humor. Este aspecto, en unos tiempos de una religiosidad basada en la ortodoxia, es abordado con gran detalle, y pienso que también con gran acierto, por María Cruz Romero Mateo, de la Universidad de Valencia. También aquí se ponen de manifiesto dos conceptos que podían ser transversales en la actitud intelectual de Pardo Bazán: su modernidad y su independencia, lo que ejercitados en terreno tan delicado nos dan como resultado otro de sus valores: su valentía. Dignos de mención en este sentido sus análisis sobre el feminismo y la Iglesia, también señalados en este capítulo del catálogo.

Todo ello, no cabe duda, la hizo un personaje incómodo no solo durante su tiempo, recuérdese la gran polémica intelectual que se generó con su intento de acceso a la Real Academia, sino también tras su muerte, hasta el punto de estar oculta, como otros muchos intelectuales, por un régimen, el franquista, para quien estas ansias de cultura y libertad se hacían indigeribles. Y en el caso de Pardo Bazán con la trágica ironía de la usurpación de un lugar, las Torres de Meirás, que ella había construido como expresión y a medida de su personalidad.

Pero Pardo Bazán nunca se daba por rendida en su lucha por la modernidad, pues ella decía, como bien recuerda Isabel Burdiel, que Vivir es tener opiniones, deberes, aspiraciones, ideas. No pensar por decreto.

En definitiva, el descubrimiento de una gran exposición que quien no pueda disfrutarla in situ sí puede hacerlo a través de la página web y del catálogo reseñados.

El complemento musical de Dña. Emilia me sugiere a Stranvinsky. Espíritu libre, innovador y atrevido, en ocasiones hasta el escándalo, en constante búsqueda de la modernidad. Su disonancia polifónica, sobre todo en su Consagración de la Primavera remeda de algún modo la disonancia social en la que se movió Pardo Bazán.

En laa exposición abundan pinturas de excelente factura, y firmados por prestigiosos artistas, como La coronación de Quintana, de López Piquer, perteneciente al Prado, un retrato de Gómez de Avellaneda, de Federico de Madrazo, perteneciente al Lázaro Galdiano, o un Retrato de Amalia de la Rúa, de Joaquín Sorolla, por citar solo algunos de los muchos. Pero a mí me llamó especialmente la atención la abundante, y buena, obra de Joaquín Vaamonde Cornide, autor a quien no conocía, y del que reproduzco una semblanza recogida de internet, del que, como se ve en dicha semblanza, cuelgan dos obras en el Museo del Prado. De las varias obras a la autora dedicadas me atrajo especialmente la titulada Emilia Pardo Bazán no Ateneo de Madrid (1897) no solo por sus características pictóricas sino por el mensaje transmitido, actitud de Dña. Emilia incluida.

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Como final de este apartado, señalar que muy interesantes actos complementarios a la exposición pueden seguirse a través del canal de la Biblioteca Nacional en YouTube.

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Pero sin duda el gran descubrimiento de estos días de asueto en esta bella ciudad de la costa levantina es este de Ana María Bascary sobre la represión y la resistencia femeninas en la posguerra inmediata en Villarobledo, provincia de Albacete.

En este caso, a diferencia de los dos anteriormente reseñados, no lo será por la belleza de su prosa, pues primero no es el objetivo del libro, y segundo, el horror que tal prosa señala impide toda degustación estética.

La importancia radica en el riguroso y documentadísimo trabajo de investigación, y sobre manera en colaborar en mantener la memoria de la dignidad y el sacrificio de unas personas tan injusta y vilmente tratadas. Decía no sé quien que los humanos no nos morimos mientras no dejemos de estar en la memoria de nuestros seres queridos, y por ello la ovetense Julia Conesa suplicaba …que mi nombre no se borre en la historia…

No se trata de reabrir heridas ya cicatrizadas ni de atizar estériles odios, se trata, como decía D. Gregorio Marañón con otro motivo, de demostrar que la dignidad humana existe, y de hacer justicia a esa dignidad. Tapar la historia con …la pesada losa del silencio…solo conduce a la demencia social.

Obviamente como complemento pictórico cuando se trata de explicitar los horrores de las guerras la referencia inexcusable es Goya (aunque por desgracia no faltarían otras muchas alternativas). Y en este caso escojo su serie de grabados Desastres de la guerra.

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En cuanto a música, muchos fueron también los  que tuvieron que sufrir las represalias del franquismo (Rosa García Ascot, Ernesto Halftter, Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Salvador Bacarisse, Gustavo Pittaluga, Fernando Remacha y Juan José Mantecón, los integrantes del Grupo de los Ocho, por citar algunos), que como con tantos otros artistas el régimen se ocupó de que fueran ignorados en nuestro país, a pesar de que estaban recibiendo el reconocimiento en el resto del mundo. En esta ocasión escogemos a Roberto Gerhard , y en concreto su cantata La peste , por su paralelismo con la situación descrita en el libro.

Y, en fin, en esta injustificada manía de reivindicar el desorden, incluso en la lectura, en la que uno anda de flor en flor, siempre se tiene un fondo de armario al que se vuelve para deleite de su lectura, como  ha de hacerse con los clásicos. En este sentido, en la actualidad tengo Los Episodios Nacionales, de D. Benito Pérez Galdós, y El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Sin palabras.

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Parada discrecional: Fontiveros

24 Jun

La casualidad, como siempre, me ha llevado a descubrir uno de los intelectuales más brillantes y lúcidos del panorama actual. Me refiero a Rafael Narbona.

Este prolífico autor escribe tan maravillosamente de filosofía de la literatura como nos emociona con sus relatos cortos, comparte sus ideas sobre la trascendencia o realiza atinadas y esclarecedoras críticas sobre libros de materias tan abstrusas como la economía, motivo por el que lo conocí.

Desde entonces Narbona es para mí, y perdóneme la aparentemente noña pedantería, un faro que me guía en el proceloso océano de las lecturas cual eficaz antídoto frente a mi ignorancia. Afortunada consecuencia de tal navegación es el conocimiento de José Jiménez Lozano, y más concretamente de una de sus múltiples obras, la titulada El Mudejarillo, biografía poetizada de Fray Juan De la Cruz, y uno de los textos más bellos que he leído desde hace mucho tiempo.

Así este feliz hilo de Ariadna me llevó hasta Fontiveros, pueblecito de la provincia de Ávila, cercano a Arévalo y Madrigal, tierra llana en la Comarca de La Moraña, suave y reposada, con lejanos horizontes. Aquí nació el Santo, tal día como hoy pero de 1542 . Población de escasos 800 habitantes, de bella aunque, como casi todas, incierta toponimia, de la que se tiene conocimiento ya en el siglo XIII, cuando es una aldea de importancia económica y demográfica, con asentamiento de familias nobles e hidalgos.

Su historia, con rastros celtíberos y romanos, se consolida al tiempo de la conquista de Toledo por los cristianos, y entra en el ámbito de la leyenda con el reto de Blasco Jimeno al Rey Alfonso I de Aragón, de tan triste recuerdo para los castellanos, leyenda que quedó inmortalizada para el recuerdo en la denominada Cruz del Reto.

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Más había de ser el antes referido nacimiento del Santo lo que le ponga en el camino del conocimiento universal.

Como casi todos los pueblos de Castilla (y, por supuesto, también de otras muchas regiones), a pesar de su pequeño tamaño encierra un rico patrimonio cultural, memoria de vida. De ello destacaremos solo algunos ejemplos, que la brevedad de estas paradas no da para ser exhaustivos, y la ignorancia del plumilla mucho menos.

Previamente he de señalar que cuando llegamos al pueblo tales monumentos estaban todos cerrados, así como el Espacio San Juan de la Cruz ‘Llama de amor viva’, que traíamos como referencia de posada, y biblioteca especializada. A punto estuvo de irse al traste toda la ilusión con que abordábamos esta jornada. Afortunadamente una amable señorita funcionaria del Ayuntamiento realizó el trámite de consultar con el Sr. Cura Párroco de la localidad, y este, personalmente, con suma amabilidad y paciencia nos mostró los citados lugares. Vaya para ambos nuestro más profundo agradecimiento por sus, además, desinteresadas atenciones.

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Iglesia de San Cipriano. Bien de Interés Cultural y Patrimonio histórico de España, comenzada a construir en el siglo XII, de estilo mudejar, inspirado en la Catedral Vieja de Salamanca y en la Colegiata de Toro, con diversos avatares de ampliaciones, destrucciones y reconstrucciones hasta el siglo XVIII, y en los que participaron figuras señaladas como Lucas Giraldo o Rodrígo Gil de Ontañón entre otros.

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En esta iglesia se encuentra la Capilla de la Pila Bautismal donde fue bautizado San Juan de La Cruz, así como también las tumbas de su hermano Luis y su padre Gonzalo, cuya muerte motivó la necesidad familiar de irse de la Villa en busca de una mejor vida.

Destaca también la existencia de un precioso órgano del siglo XVIII, que en la actualidad motiva una importante participación en el Festival de Órgano de Ávila, y con el que se realizaron significativas grabaciones.

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Otros puntos de interés de la iglesia, cuyas descripciones o historias no detallamos en aras a la brevedad, son el Altar Mayor, las capillas de los Pamo, Real de San Juan Bautista, San Antonio, del Cristo de la Piedad, de Santa María de los Mártires o Capilla Museo, o la Sacristía, pero que reiteran la riqueza patrimonial antes citada de nuestros pueblos.

Iglesia/casa natal de San Juan de la Cruz. Convento construido en el lugar donde estaba la casa natal de San Juan de la Cruz e inaugurado en 1723, con altar mayor obra de Gregorio Fernández.

También, al paso, pudimos apreciar la Escultura de San Juan de la Cruz, de bronce sobre pedestal de granito, obra del escultor Ricardo Font. Se erigió en 1928 por suscripción popular a propuesta del Sindicato Católico de la Villa con motivo del II Centenario de la Canonización del Santo (1726-1926). Aparecen el águila de San Juan y el escudo de la Orden del Carmelo.

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En las calles de Fontiveros también aparecen ejemplos de arquitectura popular y casonas blasonadas como la de Diego de Arriaga, la Casa solariega de los Cubas Maldonado, La Torre del que fuera el Palacio de Don Jerónimo Gómez de Sandoval , Marqués de Fontiveros, la Torre del palacio de la familia del Obispo de Jaén Alfonso Suárez, la Ermita de Santa Ana o “de la Bandera”, la fachada de la Casa Parroquial , la Ermita de Nuestra Señora de los Mártires, El Torreón en la Plaza de las “Cuatro Calles” , que por la brevedad de la parada no visitamos.

Afortunadas circunstancias las narradas que proporcionaron al viajero esta feliz estancia en Fontiveros, fue adobada con un exquisito menú y un buen caldo de la tierra en la cercana localidad de Medina del Campo, que en otra ocasión ha de se también motivo de comentario.

Como dice el maestro Serrat …de vez en cuando la vida nos besa en la boca…y toma café conmigo…Está fue una de esas ocasiones, se lo agradezco.

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