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Reflexiones breves (XIV): Equipo Crónica: Arte y compromiso

30 Mar
El intruso (1969)

El intruso (1969)

Ese excelente museo que es el Bellas Artes de Bilbao presenta una interesantísima exposición retrospectiva sobre el Equipo Crónica. Comisariada por Tomás y Boye Llorens, hace un extenso análisis de ese discurso tan irónico como lúcido que durante prácticamente dos décadas (1964-1981) de gran importancia para la historia contemporánea de nuestro país supieron realizar Rafael Solbes y Manuel Valdés (Joan Antoni Toledo, en principio también miembro fundador del grupo, abandonaría el Equipo al muy poco tiempo de su creación).

La exposición nos recibe con la obra mostrada arriba, titulada El Intruso, que a mi modo de ver (y nunca mejor empleada la frase) compendia, si esto fuera posible, muchos de los aspectos estéticos y discursivos del Equipo Crónica. Entre los primeros están el acrílico sobre lienzo, así como los colores fríos y planos, y combinando lo estético y lo discursivo, la utilización del cómic, así como todo lo simbólico y referencial, utilizando a los considerados clásicos pero reinterpretándolos, e incluso lo compositivo.

Pertenece dicha obra a una de sus primeras series, la titulada Guernica 69. El trabajo en series es una de las características del Equipo, y así lo explicitan de forma temprana en el Cartel-manifiesto de 1965, en la época en que aún compatibilizarian su obra con la participación en el grupo Estampa Popular de Valencia. Más tarde, en el catálogo para la exposición en la Biblioteca Nacional de 1981, ellos mismos describirían las características de las series. Este método de trabajo les permite …unir lo particular con el desarrollo dinámico y dialéctico de lo general…, así como utilizar referencias a iconos clásicos que…son “manejadas” (no criticadas) en la medida en que arrastran una carga cultural, social y política concreta…, además, y a través de ello, …el procedimiento de parábolas pretende satirizar y desmitificar aspectos de nuestra historia contemporánea…

No cabe duda que una de las características más importantes de Equipo Crónica es el fuerte compromiso con la realidad social en la que estaban inmersos, una de las primeras circunstancias por la que nos interpelan en el momento presente.

En ese sentido de referencia irónica “manejada” hasta conseguir un amplio contenido discursivo crítico, y dentro también de la misma serie ya citada, Guernica 69, encontramos la obra que mostramos a continuación, titulada La visita.

La visita (1969)

La visita (1969)

 Al respecto de toda la polémica suscitada con motivo del traslado del Guernica de Picasso a España, nos plantea otro de los temas de reflexión constante del Equipo: Qué sucede con la carga conceptual de una obra icónica cuando esta es asimilada por el sistema?.

Y dando un paso más en la reflexión abordan un tema debatido en esos años, y que también actualmente está de plena vigencia: Cuál es la incidencia del mercado en la condición y recepción de la obra de arte?. El objeto artístico es una mercancía, y esta condición no es neutral, sino que influye sobre su significado. Esa discusión se aborda en otra serie, La recuperación.

Las estructuras cambian, las esencias permanecen (1968)

Las estructuras cambian, las esencias permanecen (1968)

Además esta serie y otras como puede ser Autopsia de un oficio son utilizadas para denunciar, como siempre con una gran carga irónica, la manipulación de la historia por parte del régimen franquista como un sistema de legitimación, al adueñarse de la herencia de los Austria como pasado imperial.

El moroso de Olivares (1970)

El moroso de Olivares (1970)

Con estos planteamientos, como expresa Valeriano Bozal en el excelente catálogo de la exposición…cuando la pintura del Equipo Crónica confrontaba historia ideológica y represión con economía de consumo, llamaba irónicamente la atención sobre esa contradicción política, cultural y moral... No podríamos seguir diciendo esto mismo ante muchos de los acontecimientos que suceden hoy en día?

La evolución estilística y dialéctica del Equipo fue constante, generando series como Policía y culturaSerie negraRetratos, bodegones y paisajes, Oficios y oficiantesLa subversión de los signosLos fusilamientosVer y hacer pinturaEspectador de espectadoresEl cartelLa Trama, El billar, A modo de parábolaPaisajes urbanos, Los viajes, Crónica de la transiciónLo público y lo privado, todas ellas igual de sugerentes e interesante, pero no quisiera concluir estas líneas sin referirme a la impactante serie titulada El paredón, que aborda con valentía uno de los más vergonzantes momentos (y mira que hubo muchísimos) del régimen franquista, el que se refiere a los fusilamientos de septiembre de 1975, ya en plena agonía del régimen.

Como consecuencia de tan incalificable acontecimiento, los organizadores de la Bienal de Venecia habían decidido expulsar al gobierno español, por lo que su pabellón permanecía cerrado, pero el Consejo Directivo de la Mostra decidió invitar a título personal a Alberto Corazón, al Equipo Crónica y a Tomás Llorens a presentar un proyecto alternativo. Tras el nombramiento de una comisión al respecto, y comisariados por Valeriano Bozal y Tomás Llorens, el Equipo presentó la serie a la que aludíamos, compuesta por diez telas de 140 x 140 cms, de las que en la exposición se muestran cinco, una de las cuales reproducimos a continuación.

Paredón III (1975)

Paredón III (1975)

De una fuerza impactante, ante la que uno no se puede quedar indiferente a la tragedia denunciada, ni a la propia denuncia, las diez telas muestran un esquema repetitivo, como es característico en las series, a saber, un muro, una figura con los ojos tapados por un rectángulo negro, una hoja de calendario con la fecha de tan aciago acontecimiento, una paleta quebrada, siempre en los mismos cinco trozos, pues cinco fueron las personas asesinadas en el acto, y una franja negra a modo de crespón en el ángulo superior izquierdo.Factores variables como muros y figuras estaban elegidas entre la iconografía del arte de vanguardia.

Según Valeriano Bozal, en esta serie el Equipo alcanza su mayor grado de racionalización y distancia, y según los propios autores,…pretendían describir los acontecimientos citados desde una óptica que descartase tanto la “neutralidad aséptica” como la retórica sentimental…

Así pues la exposición constituye un excelente repaso a la obra de unos autores, Equipo Crónica, que en circunstancias sociales  muy adversas supieron construir un discurso conceptual sólido, una investigación estética permanente y un coherente compromiso con su sociedad y su momento, planteando interpelaciones radicales que llegan hasta nuestros días y cobran plena vigencia en la actualidad. Es pues de visita inexcusable para los que creemos que el arte es manifestación de los anhelos de los seres humanos y que solo adquiere su auténtico significado cuando está al servicio de estos, de sus aspiraciones y de sus necesidades. Por todo ello, una vez más nuestra enhorabuena al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

La rendición de Torrejón. Serie Autopsias de un oficio  (1970-71)

La rendición de Torrejón. Serie Autopsias de un oficio (1970-71)

A Ítaca (III): Gracias a los bilbaínos

27 Ene

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La profunda devoción artística que mi bella acompañante y yo profesamos a Darío de Regoyos nos llevó recientemente a Bilbao para poder degustar la magna exposición que el Museo de Bellas Artes de esta ciudad le dedicaba con motivo de cumplirse el centenario de su fallecimiento.

Podría hablar de dicha exposición, de lo completa y bien estructurada que estaba misma, podría hablar del talento artístico  del protagonista, de su capacidad de asimilación a las vanguardias europeas, de ser un anticipado y quizás el más importante y el precursor, sino el único, de los impresionistas de nuestro país, de su grandeza artística al ser capaz de mantener su libertad intelectual por encima de intereses materiales, aún a fuer de convertirse en un incomprendido, rayano en la marginación, durante muchos años, tanto en vida como después.

Podría también hablar de lo interesante del Museo de Bellas Artes de Bilbao, sin duda uno de los mejores de España, con su completa colección permanente y el interés de sus temporales; por ejemplo en estas fechas coincidían los Cubistas de Telefónica.

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Podría hablar también de la importancia arquitectónica del Teatro Arriaga, de su belleza decorativa, de sus más de cien años de historia, de su importancia en el devenir de la ciudad, de las biografías de sus importantes arquitectos, incluido el de su restauración. O también podría hablar del trasfondo literario de En el estanque dorado, la obra de Ernest Thompson que tuvimos ocasión de disfrutar, o de las soberbias dotes interpretativas  de Lola Herrera o de Hector Alterio, sus principales intérpretes.

También podría hablar  de las soberbios cualidades gastronómicas de esos excelentes y llamativos pintxos que a cada paso encontramos en los atractivos bares, o de los matices y las delicias gustativas de su sugerente txacolí.

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Efectivamente, de eso y más podría hablar, pero como para mí lo más importante en la vida es el trato con las personas, prefiero hablar de la amabilidad de gentes con que me topé en Bilbao.

La torpeza que me caracteriza, que ya conocen y de la que son víctimas mis pacientes lectores, se extiende más allá de estas líneas. Es característico que cuando planifique un viaje inexorablemente cumpla dos funestas condiciones, con tanto rigor y persistencia que algún desocupado matemático podría elevarlo a fórmula. A saber, siempre olvido algún elemento de la maleta, eso sí, siempre un elemento distinto para darle más emoción al asunto, y siempre me equivoco en alguna fecha de mis reservas, lo que en ocasiones es motivo de comentarios irónicos, eso sí muy correctos, en alguna recepción de hotel.

Pues bien, al llegar a Bilbao el viernes por la tarde mi bella acompañante me realizó el suave y cariñoso apercibimiento de que las reservas de entradas para el Museo estaban hechas para ese viernes por la mañana, y no para la del sábado como hubiera sido mi sana intención.

Significaría aquello que quedábamos sin cumplir el objetivo principal del viaje?. La amable señorita que nos atendió en la recepción del hotel me sugirió que me acercase en aquel momento, aún eran horas, hasta el Museo, con la seguridad de que podría encontrarse una solución al desaguisado.

Así lo hice, y en la recepción del Museo encontré igual amabilidad, tras reconocer que la equivocación era únicamente mía y que nada tendría que reclamar si no había solución. En este caso a la amabilidad se unía la agilidad mental y la eficacia, y tras una breve consulta de procedimiento a su superior responsable, y dado que mis entradas ya constaban como abonadas, en pocos minutos tenía en mis manos dos invitaciones gratuitas para la sesión del día siguiente por la mañana, que era la que en origen había querido contratar.

imagen-290-124Al final, si bien no mi honor como organizador, al menos sí nuestra curiosidad artística quedaba salvada.

Por todo ello, y por muchos detalles más, durante todo el fin de semana, muchas gracias, pues, a esas amables personas que en Bilbao, con todo desinterés, me dieron una muestra de agilidad mental para salvar circunstancias imprevistas, de eficacia, y sobre todo, sobre todo, de acogimiento y amabilidad.

Alguien dirá que es lo normal. Quizás sí, pero les puedo asegurar que no siempre es así. Pero eso ya es otra historia que quizás les cuente otro día.

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