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Con su permiso (II): Otra jornada de sosiego

30 Ago

Dada la buena experiencia de Gijón, quise repetir el esquema en busca de una jornada de tranquilidad que rompiera con las prisas y los agobios del ritmo cotidiano.

Y para buscar el sosiego, que mejor que la orilla del mar, por lo que dirigí mis pasos al paseo marítimo de Salinas, en el concejo de Castrillón. Allí, al borde de la playa, escuchando el romper de las olas, con el horizonte por referencia, y contemplando las cabriolas en el cielo de las gaviotas y en el agua de multitud de surfistas, encontré el Ewan Food, mixtura de chiringuito y lounge-bar, cómodo, muy atinadamente decorado y organizado, y sobre todo con un personal extremadamente amable y eficaz, donde, por un precio razonable, pude degustar una ensalada nórdica de salmón y una hamburguesa kansas, que sin experimentos extravagantes aunaban la composición clásica con detalles de sabores, texturas y presentación de muy buen gusto. Todo ello lógicamente complementado con la correspondiente cerveza y el café. Recomiendo vivamente la visita a este más que interesante establecimiento.

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Satisfechos estos requerimientos físicos, quedaban los culturales, y estando allí una buena opción era dirigirse a las excavaciones arqueológicas del Palacio de Gauzón, en Raices Viejo, del mismo concejo de Castrillón. Como dice el folleto que nuestras superamables (sic) guías tuvieron la gentileza de entregarnos, es un viaje al pasado asturiano. Esforzada tarea que comenzó en el año 1972, y que desde el 2007 se convirtió en un Proyecto de Excavaciones Arqueológicas estable, auspiciado por el Ayuntamiento de Castrillón y la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, que nos permite conocer mejor nuestra historia y nuestras raíces desde el siglo VII, de momento pues quien sabe que otros datos podrán ir apareciendo al continuar las excavaciones.

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Las construcciones allí asentadas alcanzan quizás su máximo esplendor entre los siglos VIII y X con la Monarquía Astur, y especialmente con Alfonso III y su esposa D. Jimena. Recordemos que además de su importante función de vigilancia de la costa, será en este castillo donde se elabore en el 908 y a instancias del citado monarca, la Cruz de la Victoria, símbolo de nuestra tierra.

Vicisitudes posteriores lo llevaron al declive siendo parcialmente desmantelado y abandonado en los siglos XIV y XV.

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Afortunadamente desde hace unos años un abnegado equipo de entusiastas se empeñan año tras año, y superando cualquier tipo de dificultades, en recuperar esta nuestra historia. Es muy de agradecer y de reconocer su tarea, pues profundizar en las raíces de nuestro pasado es la única forma que nos permite intentar construir un futuro mejor para todos. Y la mejor forma de expresar este reconocimiento es la visita  a su Proyecto, que además es gratuita, y nos regala una estupenda jornada de reflexión y de goce interior.

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Reseña breve (XIII): Una agradable velada

25 Mar

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Chelo Veiga, responsable de la Biblioteca Municipal “Sara Suárez Solis”, dinamizadora cultural muy activa, y sobre todo entrañable y excelente persona, tuvo la gentileza de invitarme a compartir un acto de su club de lectura.

Fue para mí una suerte y un placer compartir tan agradable velada con unas personas, por supuesto mayoritariamente mujeres, tan cordiales, cultas, atentas y apasionadas lectoras.

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Escogí para la ocasión, como pretexto en el variado sentido del término, la novela titulada El mal de la rosa, firmada por Blas de Aces, pseudónimo tras el cual está el humanista y excelente historiador, gran médico y mejor persona José Ramón Tolivar Faes, y que constituye una autobiografía novelada del gran Dr. Casal.

Por no repetirme de lo allí expuesto, a continuación adjunto el texto en formato pdf:

https://libreoyente.files.wordpress.com/2015/03/tolivar-charla-definitiva-21.pdf

Mi gratitud a Chelo y a todo/as lo/as asistentes, de quienes pude percibir mucha amistad.

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Medicina y amistad

10 Dic

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Recientemente se dio la circunstancia gozosa del noventa cumpleaños de un querido amigo. Doblemente gozosa por cuanto que llega a tan respetable edad en unas estupendas condiciones de salud, tanto física como mental. Con dicho motivo su familia tuvo la gentileza de invitarme a participar  en alguna parte del emotivo y simpático homenaje que le organizaron, mediante la dedicatoria de unas palabras que aproveché, además de testimoniarle a mi amigo el cariño que sinceramente siento por él, para esbozar unas mínimas reflexiones sobre ese maravilloso, aunque difícil, espacio en que en ocasiones se encuentran la medicina y la amistad.

Eliminando, como es obvio, las referencias estrictamente personales, y con algún otro añadido posterior, reproduzco a continuación algunas de esas reflexiones:

Muchas alegrías da el hecho de ser médico. Algunas pocas veces la de poder curar, algunas más la de poder aliviar, y siempre, siempre, la de intentar consolar. Esas entré otras muchas.

Cierto es que en ocasiones hay que convivir con tristezas, desvelos y hasta amarguras, que para que la moneda de la vida sea de curso legal ha de tener su cara y su cruz. Pero ese no es el tema del momento, así que ciñámonos a las primeras. Y de todas esas alegrías, a mi modesta forma de ver, una de las más, si no la de más importancia, es el trato con las personas.

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En ocasiones esta alegría se extiende, y el trato afecta a todo el entorno familiar. En algunos afortunados casos lo continuo del trato y otros intangibles factores que determinan la aparición de simpatía mutua, lo elevan al nivel de la excelencia, y aparece la amistad. Auténtica amistad personal, que va incluso más allá de esa “philia”a la que aluden, por ejemplo, el Profesor Laín Entralgo, con su habitual maestría, en su artículo “La amistad entre el médico y el enfermo en la medicina hipocrática”(Real Academia de Medicina.- 1962), o el Profesor James F. Drane en su libro “Medicina humana. Una bioética católica liberal”

Es cierto que en esos casos el médico debe hacer un esfuerzo adicional, que le exige un cierto desdoblamiento de su papel, el de médico y el de amigo, sin que desaparezcan ninguna de las características de ambas condiciones. El deseo de todo lo mejor para el amigo no debe permitir la aparición de una subjetividad que enturbie su comportamiento de objetividad profesional, tratando de ahorrarle diagnósticos o pronósticos que, por molestos o incluso dolorosos que fueran, pudieran redundar en un beneficio final.

En lenguaje coloquial, el médico no debe permitir la aparición del denominado “síndrome del recomendado”, que lo único que consigue es que nos saltemos los procedimientos, casi siempre con funestas consecuencias.

En cualquier caso, todo esto es con creces compensado por ese bien supremo que es la amistad.

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Dicen que como más aprendemos los médicos es de nuestros pacientes.  Muy cierto. No solo en la observación del desarrollo fisiopatológico de la enfermedad, o en ocasiones por tener el privilegio de observar actitudes de entereza y grandeza de ánimo ejemplares. Cuando esa relación de amistad aparece, el conocimiento de la persona puede ser aún mayor, con lo que podemos profundizar y aprender valores personales que son auténticas lecciones sobre el arte de la vida. En el caso que me ocupa tuve la fortuna de haber podido aprender de mi amigo, bonhomía, sentido desinteresado de la amistad, convicciones profundas y auténticas, coherencia con las mismas en el actuar y sinceridad en su expresión.

Conocí a mi amigo con motivo de las visitas que, por indicación de otro colega, hacía a un miembro de su familia. Después, merced a la generosidad concedida por todos ellos, traté a tres generaciones familiares, siempre distinguido por una sincera amistad y confianza que  me honraron. Conocí también trances dolorosos, afrontados con una entereza y coherencia en las convicciones que representaron todo un testimonio inolvidable.

Con el paso del tiempo, además de nuestras consultas habituales, mi amigo, por motivos diversos, fue visto por otros varios médicos y especialistas, y en prestigiosos hospitales, siempre a cargo de primeros espadas de la medicina española. Pues bien, tras cada una de estas consultas o revisiones mi amigo me llama para poner en mi conocimiento las indicaciones recibidas, contrastar pareceres y pedir consejo sobre la conveniencia de seguirlas, mostrándome así un nivel de sincera confianza que no puede por menos de emocionarme.

Como dato entrañable relataré que estas y otras consultas, cuando no requieren exploraciones complementarias o instrumentales, solemos hacerlas alrededor de una taza de café, que si bien pudiera en principio parecer un poco heterodoxo, le dan a nuestras entrevistas un plus de humanidad en el trato. Por supuesto, acabada la consulta médica, reflexionamos también sobre todo lo humano, y en ocasiones algo de lo divino. Eso sí, sin tratar de solucionar el mundo, pues ya ambos vamos entrando en esa edad en la que se llega al convencimiento de que eso pertenece a otra dimensión.

Afortunadamente como el amigo al que me refiero por su cumpleaños, tengo otros muchos con los que mantengo similar relación. Por todo ello darle gracias a la vida por haber conocido a ese amigo, y a esos otros muchos, y por ser distinguido por su amistad y se partícipe de sus testimonios. Les deseo de todo corazón que la vida les sea tan pródiga como lo es conmigo a través de su amistad.

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La nevera de madera: Ya es mañana en Brasil, …¿y aquí?

3 Dic

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Una entrañable cuñada tuvo la idea de regalarme una bonita caja de madera, cuidadosamente elaborada y decorada por ella misma con imágenes que recordando mi pasado y personas muy queridas en mi vida, parecían congelar el tiempo.

Es por ello que decidí utilizarla para almacenar páginas de periódico que incluían alguna noticia que, por una u otra razón, llamaban mi atención, y dejar pasar el tiempo para ver con que perspectiva las contemplaba después.

Utilizaba, pues, este querido regalo a modo de nevera, de ahí la primera parte del título.

Pasado un tiempo que consideré prudencial, pensé llegado el momento de empezar a sacar los citados recortes periodísticos, comenzando obviamente por los que ocupaban el fondo de la caja.

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Y así es como extraje una página del diario El País, de fecha 19 de junio de 2008 (si pasó poco o mucho tiempo júzguelo el paciente lector), en la que un tal Michael Reid, editor, al menos entonces, de la sección de Las Américas de The Economist, firmaba un artículo titulado “Ya es mañana en Brasil”.

Por aquellas fechas los españoles comenzábamos a padecer los aspectos más amargos de esta maldita crisis provocada por la ambición de los especuladores sin escrúpulos y otros paniagüados cómplices.

Los dos diarios de mayor tirada anunciaban en sus portadas: La trama corrupta de Estepona daba dinero de una caja b al Psoe local;Zapatero promete que no hará reformas laborales sin consenso, en un caso, y Rajoy elige a De Cospedal nueva secretaria general del PP; El precio del suelo en España desciende un 7,7 % en los doce últimos meses.

Todavía faltaba un mes para que Zapatero pronunciase por primera vez la palabra crisis,  e incluso todavía un año después la vice-presidenta Salgado auguraba para la semana siguiente la aparición de los primeros brotes verdes. Ojo clínico, llamarían algunos a esta visión. Por cierto en la actualidad la tal señora es consejera de una empresa eléctrica filial de Endesa, mira tú por donde.

Pues bien, cuando todas estas calamidades se establecían sobre los sufridos españoles, y aún no nos han abandonado, por más que los actuales mandatarios empleen una retórica similar para reivindicar nuevamente los famosos brotes verdes, un país como Brasil estaba ya desarrollando un futuro que, al decir de los analistas internacionales, parece que les llevará a ser junto con Rusia, China y la India, uno de los países que dominarán la economía internacional en 2030.

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¿Podremos aprender algo provechoso de su ejemplo?. ¿O nos limitaremos, como siempre a lo largo de la historia, a creernos un país escogido, superior, portador de valores eternos y que inventen ellos, y a copiar únicamente los errores?.

¿Y qué pasa con la aludida visión en perspectiva?. Pues que cinco años después nosotros continuamos instaurados en la crisis, con un paro que no cesa, con una brecha de desigualdad que va en aumento, y bajo la expectante mirada de Bruselas que parece dispuesta a exigir más reformas, mientras que Brasil, aún teniendo que bregar con la situación internacional, continúa en una discreta senda de crecimiento.

¿Tendrá esto algo que ver con que el modelo que se persigue implantar?. ¿Será que el modelo neoliberal de la ganancia por la ganancia, despreciando a las personas, fue precisamente el que generó la crisis, demostrando por tanto estar agotado, y que cifrar el objetivo en una más equilibrada redistribución de las circunstancias sociales parece una salida más estimulante?

¿Influirá también la actitud de los dirigentes?. Cuando en el verano del 2013 el pueblo se lanza a la calle a protestar por las subidas de los precios de los transportes públicos, Dilma Rousseff rápidamente se reúne a dialogar directamente con los representantes de los movimientos populares, y se desactivan las movilizaciones. En nuestro país, por el contrario, ante el continuo descontento que se proyecta en las calles, nadie dialoga, los dirigentes se encastillan en sus posiciones y aprueban un anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana que claramente nos trae un evidente tufo represor que creíamos felizmente olvidado, pretendiendo amordazar todo intento de expresión disidente.

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Por otra parte, no es necesario leer muy entre líneas para comprobar que quienes realmente mueven los hilos de la situación, como nos recuerda aquella inolvidable película titulada Desde el jardín, ya han puesto a trabajara a sus lobbies y a  funcionar la máquina de (de)formar opinión, siguiendo aquel retorcido principio goebbeliano de que una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad.

Así, un día tras otro nos repiten que se empiezan a vislumbrar signos que hacen presagiar la mejoría. ¿Para donde miran?. ¿Para las macrocifras?. No olvidemos que la mejoría de estas no necesariamente entraña la mejoría de las personas. En un determinado momento reciente dos potencias emergentes como India y Brasil coincidían en crecimientos de su PIB que generaban la envidia del resto de países, alcanzando niveles entre el 7 y el 8 %, y sin embargo mientras que en Brasil se observaba una tendencia a la disminución de los índices de desigualdad, en la India estos índices seguían aumentando.

Y es que es evidente que no necesariamente coinciden el aumento absoluto de las riquezas con el bienestar de las personas. ¿Recuerdan algunos de mis más provectos y pacientes lectores que antaño había un concepto denominado justa redistribución, hoy completamente en desuso?.

En todo caso, si ha cifras se remiten los goebbelistos antes citados, no olvidemos que España es el país con mayor índice de desigualdad de la eurozona (aquí la fuente: http://epp.eurostat.ec.europa.eu), y lo malo es que la tendencia del índice es de crecimiento.

No sé si en Brasil hoy ya será mañana, pero lo que es evidente que aquí es ayer, y parece que algunos incluso están empeñados en que sea antes de ayer.

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Gracias, maestro. En memoria de D. Celso Álvarez

25 Jul

Los recuerdos y los sentimientos se me agolparon cuando conocí la noticia de la muerte de Celso Álvarez. Conocí a D. Celso, como siempre fue y será para mí por años que pasen, el verano de 1972, y la profunda admiración que me generó su ejercicio de la profesión fue el factor determinante para que decidiese canalizar mi vocación médica a través de la Medicina Interna.

Su brillantez intelectual y su continua búsqueda de la excelencia adquirían cotas admirables, y en reuniones de equipo, sesiones clínicas generales o intervenciones en congresos daban lugar a sucedidos, anécdotas o acontecimientos que ponían de manifiesto esas cualidades, que deberían ser un motivo de estudio académico que lo evidenciaran mejor de lo que puedan hacerlo estas torpes y apresuradas líneas.

Sin embargo, con ese gran bagaje científico y con el muy sólido curriculum al que hace referencia su amigo Pipo Aza en el emocionado y humano perfil que le dedicó en el diario La Nueva España del día 21 de enero, D. Celso nunca gustó de ser acaparador de titulaciones ni nombramientos ni coleccionista de referencias bibliográficas. Su mucha sabiduría médica la llevaba y, lo que es más importante, la regalaba con gran discreción y modestia. Siempre me impresionó el hecho de que en su placa o sus cuartillas, simplificando los muchos títulos que legítimamente podía exhibir, rezaba un escueto “Celso Álvarez. Médico”, y eso mismo es también lo único que figuró en su esquela mortuoria. ¡Cuan cierto es que son las personas las que engrandecen a los títulos! , y ¡que noble contenido daba D. Celso a esa entrañable palabra de médico!.

Pero por encima de esa evidente y muy alta capacitación técnica, muy por encima, estaba su vertiente humana, de la que las antes citadas características de discreción y modestia eran un apunte. Para D. Celso la persona enferma era lo más sagrado, y el ejercicio de su profesión, un sacerdocio al que se entregaba fundamentalmente con compasión y con auténtica fraternidad. No solo nunca ejerció la más mínima acepción de personas sino que muy al contrario, siempre sabía tener el gesto, la palabra, la actitud personalizada que hacía sentir al paciente que él era lo único trascendente en el interés de D. Celso. Era la encarnación de la phylia platónica, en la que médico y paciente se hacen amigos a través de la enfermedad. Así me lo constataba recientemente una de sus pacientes al recordar conmovida el cariño personalizado y diario con que seguía su padecimiento crónico.

Contemplar a D. Celso al lado de la cama del paciente, la auténtica devoción con que lo auscultaba o palpaba su abdomen, o reflexionaba una y otra vez sobre las exploraciones complementarias, buscando una luz que le iluminase el camino hacia la curación, el alivio o el consuelo de la persona enferma era contemplar la entrega en todas sus potencias de un ser humano para con su prójimo. Sabía luego contar al paciente la anécdota que humanizase la visita, adoptar el tono de voz cálido, el gesto sosegado que a la persona que sufre le regala la tranquilidad y la paz que tanto necesita.

Como decía antes, con los compañeros era igualmente generoso. Siempre regalando su saber, nunca una mala palabra, nunca un desaire ni un rechazo a una solicitud de ayuda. Cuando había de hacer una enseñanza o una corrección, y obviamente sobre todo con los jóvenes había de  ser necesariamente, lo hacía con cariño, con simpatía, y cuando la ocasión lo requería, con una ironía tan inteligente y respetuosa que quedabas sumamente agradecido de la lección regalada. Cuando en el ejercicio profesional se establecía un diálogo colaborativo mostraba la sencillez y generosidad de los grandes, los únicos capaces de hacer aparentar que el importante eras tú.

Una de las últimas veces que lo vi, en un sosegado (con él no podía ser de otra manera) paseo por el parque de S. Francisco tuve la fortuna de poder expresarle personalmente mi gratitud por su magisterio. Hoy su testimonio intelectual y humano queda en manos de sus hijos y sobrinos médicos. A ellos y a Tina, su querida compañera en su paso por este mundo, mi más profundo sentimiento de afecto.

A usted, querido D. Celso, maestro, eterna gratitud por su generosa amistad.