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Esa gran maestra que es la vida…

22 Oct
La piedra de Sísifo

La piedra de Sísifo

Recientemente, tanto como en la entrada anterior, reflexionaba sobre la teoría de la necesidad de una cara y una cruz en la vida, y hablaba de esos momentos maravillosos que vienen a ser la cara de la moneda. Pues bien, esa vida a la que me refería, como  gran maestra que es, rápidamente me imponía un ejercicio práctico: una de las personas más queridas por mí sufría una contrariedad laboral, que le causaba gran desilusión y tristeza, y consiguientemente mi ánimo también se afectaba.

Afortunadamente esa persona tiene su armazón ideológico y emocional sólidamente enraizado en valores positivos y sinceros, y tras el lógico impacto emocional y el reposo del acontecimiento, agradece el apoyo recibido, y hace el propósito de sacar  ánimos para seguir esforzándose y trabajar sin miedo al fracaso, considerando que es de este del que se aprende.

Aseguraba el clásico que La vida es breve, el arte largo, la ocasión fugaz, la experiencia confusa, el juicio difícil. Quien así lo asume, y lo hace con serenidad, sabe que nada se logra sin esfuerzo.

A esa querida persona le queda, si Dios quiere, mucho futuro por delante, muchas lecciones por aprender, y estoy seguro que muchos éxitos por conseguir, puesto que la carrera de la vida no la gana quien menos veces se cae sino quien más veces se levanta tras la caída.

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Hoy vuelve la primavera

20 Mar

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Inexorablemente, un año más, y así van miles de millones de años, entra la primavera en nuestras vidas. La naturaleza comienza a despertar del letargo del invierno y acabará de fructificar en las cosechas del verano.

Y todo ello espontáneamente, gratuitamente, sin que el ser humano tenga que realizar la más mínima planificación ni la más mínima intervención, y mucho menos sin que tenga que hacer inversión o gasto algunos. Seremos tan ciegos que no sepamos agradecérselo?. Seremos tan ignorantes que con nuestras acciones dificultaremos o impediremos su camino?.

Misterioso y maravilloso regalo de la vida, que aparece para todos, justos e injustos. De todos modos no puedo dejar de acordarme de todos aquellos que no pueden disfrutarlo a causa del dolor de la pobreza, o del dolor de la guerra, o del dolor de la enfermedad o del dolor de la soledad. Cuanto dolor!. Qué puedo hacer yo por ellos?. Ahhh!!!.

Cuando al despertar vislumbré un rayo de sol detrás de la ventana, estos pensamientos vinieron a mí. Y cuando los ordené, di gracias. Gracias a tí, primavera, por tu fidelidad, porque a pesar de todo lo que te maltratamos, tú cada año, y así van miles de millones, acudes, generosa, gratuita, a la cita.

Hoy. Mañana, Dios dirá.

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Medicina y amistad

10 Dic

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Recientemente se dio la circunstancia gozosa del noventa cumpleaños de un querido amigo. Doblemente gozosa por cuanto que llega a tan respetable edad en unas estupendas condiciones de salud, tanto física como mental. Con dicho motivo su familia tuvo la gentileza de invitarme a participar  en alguna parte del emotivo y simpático homenaje que le organizaron, mediante la dedicatoria de unas palabras que aproveché, además de testimoniarle a mi amigo el cariño que sinceramente siento por él, para esbozar unas mínimas reflexiones sobre ese maravilloso, aunque difícil, espacio en que en ocasiones se encuentran la medicina y la amistad.

Eliminando, como es obvio, las referencias estrictamente personales, y con algún otro añadido posterior, reproduzco a continuación algunas de esas reflexiones:

Muchas alegrías da el hecho de ser médico. Algunas pocas veces la de poder curar, algunas más la de poder aliviar, y siempre, siempre, la de intentar consolar. Esas entré otras muchas.

Cierto es que en ocasiones hay que convivir con tristezas, desvelos y hasta amarguras, que para que la moneda de la vida sea de curso legal ha de tener su cara y su cruz. Pero ese no es el tema del momento, así que ciñámonos a las primeras. Y de todas esas alegrías, a mi modesta forma de ver, una de las más, si no la de más importancia, es el trato con las personas.

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En ocasiones esta alegría se extiende, y el trato afecta a todo el entorno familiar. En algunos afortunados casos lo continuo del trato y otros intangibles factores que determinan la aparición de simpatía mutua, lo elevan al nivel de la excelencia, y aparece la amistad. Auténtica amistad personal, que va incluso más allá de esa “philia”a la que aluden, por ejemplo, el Profesor Laín Entralgo, con su habitual maestría, en su artículo “La amistad entre el médico y el enfermo en la medicina hipocrática”(Real Academia de Medicina.- 1962), o el Profesor James F. Drane en su libro “Medicina humana. Una bioética católica liberal”

Es cierto que en esos casos el médico debe hacer un esfuerzo adicional, que le exige un cierto desdoblamiento de su papel, el de médico y el de amigo, sin que desaparezcan ninguna de las características de ambas condiciones. El deseo de todo lo mejor para el amigo no debe permitir la aparición de una subjetividad que enturbie su comportamiento de objetividad profesional, tratando de ahorrarle diagnósticos o pronósticos que, por molestos o incluso dolorosos que fueran, pudieran redundar en un beneficio final.

En lenguaje coloquial, el médico no debe permitir la aparición del denominado “síndrome del recomendado”, que lo único que consigue es que nos saltemos los procedimientos, casi siempre con funestas consecuencias.

En cualquier caso, todo esto es con creces compensado por ese bien supremo que es la amistad.

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Dicen que como más aprendemos los médicos es de nuestros pacientes.  Muy cierto. No solo en la observación del desarrollo fisiopatológico de la enfermedad, o en ocasiones por tener el privilegio de observar actitudes de entereza y grandeza de ánimo ejemplares. Cuando esa relación de amistad aparece, el conocimiento de la persona puede ser aún mayor, con lo que podemos profundizar y aprender valores personales que son auténticas lecciones sobre el arte de la vida. En el caso que me ocupa tuve la fortuna de haber podido aprender de mi amigo, bonhomía, sentido desinteresado de la amistad, convicciones profundas y auténticas, coherencia con las mismas en el actuar y sinceridad en su expresión.

Conocí a mi amigo con motivo de las visitas que, por indicación de otro colega, hacía a un miembro de su familia. Después, merced a la generosidad concedida por todos ellos, traté a tres generaciones familiares, siempre distinguido por una sincera amistad y confianza que  me honraron. Conocí también trances dolorosos, afrontados con una entereza y coherencia en las convicciones que representaron todo un testimonio inolvidable.

Con el paso del tiempo, además de nuestras consultas habituales, mi amigo, por motivos diversos, fue visto por otros varios médicos y especialistas, y en prestigiosos hospitales, siempre a cargo de primeros espadas de la medicina española. Pues bien, tras cada una de estas consultas o revisiones mi amigo me llama para poner en mi conocimiento las indicaciones recibidas, contrastar pareceres y pedir consejo sobre la conveniencia de seguirlas, mostrándome así un nivel de sincera confianza que no puede por menos de emocionarme.

Como dato entrañable relataré que estas y otras consultas, cuando no requieren exploraciones complementarias o instrumentales, solemos hacerlas alrededor de una taza de café, que si bien pudiera en principio parecer un poco heterodoxo, le dan a nuestras entrevistas un plus de humanidad en el trato. Por supuesto, acabada la consulta médica, reflexionamos también sobre todo lo humano, y en ocasiones algo de lo divino. Eso sí, sin tratar de solucionar el mundo, pues ya ambos vamos entrando en esa edad en la que se llega al convencimiento de que eso pertenece a otra dimensión.

Afortunadamente como el amigo al que me refiero por su cumpleaños, tengo otros muchos con los que mantengo similar relación. Por todo ello darle gracias a la vida por haber conocido a ese amigo, y a esos otros muchos, y por ser distinguido por su amistad y se partícipe de sus testimonios. Les deseo de todo corazón que la vida les sea tan pródiga como lo es conmigo a través de su amistad.

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Me jubilé. ¿Y qué?

10 Nov

images Efectivamente, si cuento a mis pacientes lectores que hace pocas fechas me he jubilado quizás alguno se alegre, otros pocos tal vez envidien tan estupenda situación y  a la mayoría le será absolutamente indiferente. Y lo comprendo perfectamente, porque remedando las palabras de Neil Armstrong tras su alunizaje, este es un inmenso paso para mí, pero un insignificante paso para la humanidad.

Pero no es menos cierto que quienes de esto entienden, aseguran que de los principales motivos que impulsan a uno a convertirse en bloguero está el de reflexionar con uno mismo. Y ese es el mío, pues vana pretensión sería la de intentar comunicar algo importante a la humanidad quien, como yo, tiene tan poco que decir.

Como quiera que sea, en estos días de emociones inevitablemente encontradas quisiera ponerlas un poco en orden.

Predominan sobre todos los sentimientos positivos, de los que destacaré dos. En primer lugar y sobre todos, la satisfacción de haber sido un servidor público. Tras ingresar por oposición en el Ayuntamiento de Oviedo, durante prácticamente 34 años serví a esa casa, con la mayor lealtad institucional que supe. Y lo que es más importante, a través de ella, a los ciudadanos de Oviedo, teniendo claro que mi obligación fundamental era la defensa de lo público y del bien común, desde la objetividad y la independencia que otorga el carácter de funcionario, y por supuesto sin la más mínima acepción de personas.

collar_pelagra-1 Formar parte, bien que a una astronómica distancia meritoria, de una nómina de personas ilustres, entre los que a bote pronto recuerdo a D. Paulino Prieto o a D. Antonio García Oliveros, y que por supuesto estaba coronada por el insigne nombre de Casal, representaba sin duda un orgullo y una responsabilidad, pero insisto en que el fundamental personaje que guiaba mi estímulo de cada día era el soldado desconocido, el ciudadano anónimo de Oviedo, y todos y cada uno de ellos, sin distinción.

El otro sentimiento positivo que predomina en mí es el buen recuerdo de los compañeros. Cierto es que ingresé en el Ayuntamiento en el año 1979, cuando la nómina municipal no era tan extensa como posteriormente llegó a serlo, y que el conocimiento directo de las personas era muy fácil, estableciéndose sin dificultad lazos de camaradería y hasta amistad personal.

No es menos cierto, también, que en determinados momentos pudiera surgir alguna diferencia de criterios que se llegaban a expresar hasta con vehemencia, pero que siempre quedaban en el ámbito de lo laboral y que se disipaban prontamente.

Lo que es evidente es que a la hora de organizar las muchas actividades que desde nuestra Sección emprendimos y para las cuales haya pedido colaboración, nunca recuerdo haber encontrado entre mis compañeros una puerta cerrada o una negativa.

la foto (4) Me voy con el recuerdo del trato amable y cordial, y, sinceramente, me es muy reconfortante, porque sigo siendo de los que creen que el considerar a las personas por encima de las cosas y como medida referente de las actuaciones, es la única forma de poder superar los conflictos, y que esto en los momentos presentes, buena falta nos hace.

No obstante, aludía en líneas anteriores a sentimientos encontrados, y no sería sincero conmigo mismo si no aceptase que también algunas nostalgias me embargan. La principal es que ya nunca más seré salubrista municipal.

Muchos de los que consideramos el empeño por mejorar la salud del prójimo y aliviar sus dolencias como nuestra vocación profesional estamos convencidos que para ello es necesario conocer y equilibrar las causas de las causas, y que estas, como insistentemente repite mi admirado colega Rafa Cofiño citando a a Michael Marmot, se articulan en torno a los determinantes sociales, y estos solo pueden abordarse de un modo eficaz y eficiente desde la Salud Pública, de la cual, el municipal es un ámbito más que trascendente.

Pues bien, ese capítulo, en el modesto libro de mi vida, ha llegado a su fin.

Imagen1 Por otra parte, ¿por qué no admitirlo?, en ocasiones me asaltan algo más que nostalgias. Son incluso resquemores. Todo cambia a gran velocidad, y en el momento presente vivimos malos tiempos para los que creemos en lo público, en que ciudad procede de civitas, y por tanto el ciudadano es el sujeto de los derechos civiles y políticos,y no el súbdito del poderoso.

Más esto da para muchas más reflexiones que quizás incluso necesiten ser maduradas con la serenidad de un mayor distanciamiento.

En todo caso, hasta aquí llegamos, pero el libro de la vida no se acaba cuando se acaba un capítulo. Otros muchos, algunos muy distintos se abren, y cuando el destino nos otorga tal suerte, creo que es nuestra obligación participar de ellos con sereno placer y ponerlos a disposición de  nuestros semejantes.

A ello me dispongo, y si hasta ahora mi único timbre de honor era el de ser servidor público, a partir de ahora me esforzaré en que sea el de ciudadano.

A todos los que me acompañasteis en esta andadura, muchas gracias, y perdón por mis errores. Espero volver a encontrarnos en la próxima esquina.

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