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Cosas que pasan, …afortunadamente.

31 Dic

Había sido una mañana excepcionalmente tranquila. Así que, tras concluir mis obligaciones laborales, pude regalarme el lujo de dar un lento paseo por la ciudad, mirando escaparates (siempre hay que aprender de la sabiduría femenina!), y hasta de visitar la exposición de una joven artista emergente (Andrea de la Rubia; seguid este nombre, me lo agradeceréis). También tuve tiempo de ensimismarme en mis propias cavilaciones, pues como aconseja una buena amiga, es necesario tener un tiempo para encontrarnos en nuestro interior, y así poder proyectarnos al exterior.

Total, que relajado y satisfecho, mis pasos me llevaron espontáneamente a rematar tan feliz jornada a ese bar que vamos a menudo, donde te llaman por tu nombre, y donde, casi sin que tengas necesidad de pedirlo, te sirven una copa de bon vino y un pincho de tortilla como no hay otra igual. Pero esa es otra historia de la que tendré que hablar otro día.

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Pues señor, coincidió que a mi lado, en la barra, estaba una señora mayor. Seguro que sobrepasaba los 80 años, con ese aspecto encantador que esperamos encontrar en las abuelas de los cottages de la campiña británica, las que colaboran con Mrs. Marpple a desentrañar algún delito local desde la mesa camilla, alrededor de una humeante taza de té, y un trozo de strawberry cake. En el caso de mi aparentemente entrañable vecina, era un abundante zumo de naranja natural.

– Perdone si le molesto – me dijo de pronto.

– En absoluto, dígame usted – le contesté.

– Puedo hacerle una pregunta que tal vez sea impertinente? – prosiguió.

– Estoy seguro que viniendo de usted no será impertinente – le repliqué

– Donde compró esa bolsa tan bonita que lleva en la mano? – me dijo.

Efectivamente llevaba en la mano una bolsa de cartón con una estampación colorista y alegre, conteniendo una caja de bombones que una paciente agradecida me había regalado para endulzar estas fiestas.

– Es que llevo varios días buscando una similar, y soy incapaz de encontrarla en ninguna tienda. Hasta tengo la impresión de que cuando explico lo que quiero me toman por un poco chalada – continuó mi vecina de barra.

A medida que le explicaba la procedencia de mi bolsa una ocurrencia iba formándose en mi cabeza, así que cuando acabé le dije:

– Se la regalo con sumo gusto.

– No, por Dios, ni hablar, eso si que no. Perdóneme usted por preguntarle – me contestó, visiblemente azorada.

– Insisto – repliqué – y de verdad que lo hago encantado. El paquete de bombones puedo llevarlo perfectamente en la mano, sin necesidad de la bolsa.

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– Entonces tiene que permitirme una cosa.

– Usted dirá.

– Que le dé un beso .

– Por supuesto. Más encantado todavía.

Y acercándose prudentemente a mi cara me besó suavemente en la mejilla derecha. Yo, siguiendo nuestra costumbre de que cuando se da este tipo de besos amistosos se hace en ambas mejillas, fui a contestarle besándola en su mejilla izquierda y después en la derecha, a lo que ella reaccionó de la misma manera, haciéndolo en la mía izquierda, al tiempo que decía con toda candidez:

– Pues sí, dos mejor que uno, pero es que no me atrevía a tanto. Muchas gracias.

– De nada, señora. Un placer. Qué tenga usted unas felices navidades.

Y continuamos ambos con nuestras consumiciones, hasta que acaba la mía me despedí con la misma frase ritual, que ella contestó igualmente.

Al salir, pensaba en lo sencillo y gratuito que es pasar una mañana feliz, dar una pequeña e intrascendente alegría a alguien, y a su vez alegrarse por ello. También pensé en esa canción del maestro Serrat que nos dice que de vez en cuando la vida toma conmigo café . E incluso un vaso de bon vino y un pincho de excelente tortilla.

Y se lo agradecí. Le di gracias a la vida por ser tan generosa conmigo.

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In memoriam: Félix Cienfuegos, compañero y caballero.

12 Dic

Van pasando los días, y con ello el escozor del latigazo se va mitigando. Ahora comienzo a poder controlar  los sentimientos, y expresarlos.

Son de esas cosas que, aunque sea un tópico decirlo, parecen increíbles. El compañero con el que cada día de consulta, antes de comenzar, echaba una parrafada ya no estará más. En menos de tres semanas el destino quiso llevárselo.

Félix Cienfuegos era un buen hombre, un compañero en el sentido cabal del término. El que siempre estaba dispuesto a decir que sí a cualquier favor que le pidieras, el que tenía  una sonrisa para cada hecho cotidiano. Al que JAMÁS, JAMÁS le escuche una palabra desabrida sobre nadie, y siempre sabía comprender e interpretar por el lado bueno esas pequeñas contrariedades del cada día. El que siempre tenía un comentario simpático para todas las personas que formábamos su entorno.

Era un hombre elegante, de porte atildado y de modales serenos y relajados, y con esa misma elegancia estoica que solo tienen aquellos cuya personalidad se hunde en el más puro clasicismo, afrontó la adversidad, el dolor y la muerte.

Porque murió con la misma elegancia con la que vivió.

Su amistad fue un honor, y su recuerdo será una guía.

Querido Félix, te recordaré siempre, y deseo que el Padre, cuya creencia compartimos, te tenga en el lugar donde sin duda te mereces. Descansa en paz.

Hoy vuelve la primavera

20 Mar

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Inexorablemente, un año más, y así van miles de millones de años, entra la primavera en nuestras vidas. La naturaleza comienza a despertar del letargo del invierno y acabará de fructificar en las cosechas del verano.

Y todo ello espontáneamente, gratuitamente, sin que el ser humano tenga que realizar la más mínima planificación ni la más mínima intervención, y mucho menos sin que tenga que hacer inversión o gasto algunos. Seremos tan ciegos que no sepamos agradecérselo?. Seremos tan ignorantes que con nuestras acciones dificultaremos o impediremos su camino?.

Misterioso y maravilloso regalo de la vida, que aparece para todos, justos e injustos. De todos modos no puedo dejar de acordarme de todos aquellos que no pueden disfrutarlo a causa del dolor de la pobreza, o del dolor de la guerra, o del dolor de la enfermedad o del dolor de la soledad. Cuanto dolor!. Qué puedo hacer yo por ellos?. Ahhh!!!.

Cuando al despertar vislumbré un rayo de sol detrás de la ventana, estos pensamientos vinieron a mí. Y cuando los ordené, di gracias. Gracias a tí, primavera, por tu fidelidad, porque a pesar de todo lo que te maltratamos, tú cada año, y así van miles de millones, acudes, generosa, gratuita, a la cita.

Hoy. Mañana, Dios dirá.

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