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In memoriam: Félix Cienfuegos, compañero y caballero.

12 Dic

Van pasando los días, y con ello el escozor del latigazo se va mitigando. Ahora comienzo a poder controlar  los sentimientos, y expresarlos.

Son de esas cosas que, aunque sea un tópico decirlo, parecen increíbles. El compañero con el que cada día de consulta, antes de comenzar, echaba una parrafada ya no estará más. En menos de tres semanas el destino quiso llevárselo.

Félix Cienfuegos era un buen hombre, un compañero en el sentido cabal del término. El que siempre estaba dispuesto a decir que sí a cualquier favor que le pidieras, el que tenía  una sonrisa para cada hecho cotidiano. Al que JAMÁS, JAMÁS le escuche una palabra desabrida sobre nadie, y siempre sabía comprender e interpretar por el lado bueno esas pequeñas contrariedades del cada día. El que siempre tenía un comentario simpático para todas las personas que formábamos su entorno.

Era un hombre elegante, de porte atildado y de modales serenos y relajados, y con esa misma elegancia estoica que solo tienen aquellos cuya personalidad se hunde en el más puro clasicismo, afrontó la adversidad, el dolor y la muerte.

Porque murió con la misma elegancia con la que vivió.

Su amistad fue un honor, y su recuerdo será una guía.

Querido Félix, te recordaré siempre, y deseo que el Padre, cuya creencia compartimos, te tenga en el lugar donde sin duda te mereces. Descansa en paz.

A la orilla

17 Ago

…porque la cultura es la patria común de las personas civilizadas (Álvaro Ruiz de la Peña).

La orilla es un buen lugar.

Si es a la orilla del camino, no entorpeces al caminante, al tiempo que estás al tanto de quien pasa, y de las historias que relata.

Si es a la orilla del mar, la vista se ensancha en el horizonte, el rumor de las olas te regala su melodía, y habitualmente la brisa  te acaricia.

En cualquier caso, un buen libro es la perfecta compañía.

Y esto es lo que nos regala Álvaro Ruiz de la Peña, o por mejor decir nos lo regalan Elena de Lorenzo, Ramón D’Andrés y Xulio Viejo, coordinadores del volumen titulado Estudios Escogidos. Homenaje al Profesor Álvaro Ruiz de la Peña Solar, que con motivo de su jubilación decidieron realizar en Ediciones de la Universidad de Oviedo.

Los citados coordinadores esbillaron de entre la amplia bibliografía del Dr. Ruiz de la Peña veintinueve excelentes artículos, agrupados en tres epígrafes que reflejan las predilecciones intelectuales del justamente homenajeado. A saber, el Siglo XVIII, la Lengua y literatura asturianas, y la Literatura española, siglos XIX y XX, precedidos de un prólogo que titulan Palabras Preliminares, preñado de sentimiento y amistad, a la par que ingenio y concisión, en el que dibujan perfectamente su personalidad, dibujo que suscribo totalmente desde el honor de su amistad: …proverbial talante reflexivo e independencia intelectual…concepto inclusivo…profunda imbricación en su realidad social y cultural…

Con un excelente retrato fotográfico del homenajeado al comienzo, retrato de hondo calado psicológico,  y la citada Bibliografía completa al final se acaba de dar forma a un volumen de muy cuidada edición y estética.

Dice un buen amigo común que Álvaro de todo lo que escribe, escribe bien, incluidas aquellas añoradas columnas periodísticas, que, por cierto, por qué se acabaron?, cuando volverán?.

Además en sus escritos vemos (pag. 283) como, al hablar de lo que denomina realismo sucio o dirty realismo, nos muestra que nada de lo humano le es ajeno (cine, música, pintura,..), contemplándolo todo con una visión integradora, como no podía ser de otra manera en un auténtico humanista. Visión integradora que alcanza su máxima expresión cuando analiza siempre la evolución y expansión de las lenguas y literaturas españolas no castellanas desde la perspectiva de la evolución social de sus respectivas comunidades.

Poco sé de Álvaro y su obra como escritor, y por tanto desconozco si ha escrito mucha, poca o ninguna poesía. Y aunque lo supiera poco importaría, pues no tengo las capacidades necesarias para hacer su crítica, pero sí puedo saber como lector que en muchas ocasiones (Un recorrido por la poesía de Celso Amieva, o La prosa desterrada de Aurora de Albornoz), su prosa, incluso en la crítica, alcanza altas cotas poéticas.

Por otra parte, no se limita Álvaro a realizar un investigación descarnadamente erudita sino que reflexiona sobre los paralelismos de las épocas históricas (La concordia amenazada: El Aristarco, un periódico ovetense del Trienio) mostrando con tales paralelismos su interés por el presente y su compromiso ético.

Ese humanista interés integral antes señalado adquiere un especial significado en el mundo musical. A lo largo de muchos de los artículos hay detalles y menciones que lo atestiguan, pero es en Las impresiones y diarios de viaje de Isaac Albéniz. Diarios, dietarios y anotarios donde adquiere singular magnitud. Su personalísima relación con el piano queda patente en todo el artículo, en el que muestra sus altísimos conocimientos musicales, y así como la gran admiración que manifiesta por Albéniz, dejando entrever una cierta semejanza en ideología y gustos estéticos.

Otro aspecto ejemplar del Prof. Ruiz de la Peña es su continua reivindicación y testimonio de los valores cívicos. Y entre los muchos a los que podíamos aludir, nos parece interesante destacar la honestidad intelectual (ya señalábamos más arriba que su prologuistas destacaban la independencia intelectual como uno de los rasgos definitorios de su retrato psicológico y ético), y consecuentemente con lo anterior, su sentido de la autocrítica.

En ese entrañable artículo titulado Aquellos hispanistas, estos amigos (una memoria personal) en la que el autor esponja sus emociones, nos relata sus trabajos frustrados, incluida su tesis doctoral, interpretados, más que como errores, como motivos de aprendizaje. Solo un alma noble, que busca la verdad desinteresada, más allá de oropeles vanos, es capaz de tal generosidad. Y siempre, lo reiteramos una vez más, con esa su visión inclusiva, que lee la historia en clave de visión social de conjunto y de evolución.

Así pues, lectura más que recomendable, yo diría que obligatoria, para todas aquellas personas que crean, creamos, que los goces del espíritu pueden contribuir a hacer nuestra vida un poco mejor y este mundo un lugar un poco más habitable, y muy especialmente para los que sigan, sigamos, teniendo fe en la razón y amando nuestras raíces.

 

 

Regalos de la amistad

5 Jul

DONDE-Y-COMO-SE-GESTO-EL-IDIOMA-ESPANOL

Mi buen amigo Francisco Martín Angulo encarna una teoría que me es muy afín, a saber, que nunca es tarde para embarcarse en aventuras o emprender tareas que a uno le ilusionan. Así que estando ya jubilado tomó la decisión de comenzar a escribir relatos de mayor o menor extensión y de temática muy diversa.

El último de ellos, y que justifica esta breve reseña, quiso presentarlo en sociedad en ese ágora cultural que en nuestra ciudad es el Club de Prensa Asturiana, del diario La Nueva España, y me brindó el regalo de amistad de invitarme a compartir con él tal presentación.

Para quien pudiera estar interesado, y por no extenderme ni repetirme, añado el enlace a lo pronunciado en aquel agradable acto: LA NOVELA DE PACO, y lo que es más importante que mis palabras,  el enlace a su edición, tanto en papel como en formato digital.

Deseo que lo disfruten, y estoy seguro que no les dejará indiferente.

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Medicina y amistad

10 Dic

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Recientemente se dio la circunstancia gozosa del noventa cumpleaños de un querido amigo. Doblemente gozosa por cuanto que llega a tan respetable edad en unas estupendas condiciones de salud, tanto física como mental. Con dicho motivo su familia tuvo la gentileza de invitarme a participar  en alguna parte del emotivo y simpático homenaje que le organizaron, mediante la dedicatoria de unas palabras que aproveché, además de testimoniarle a mi amigo el cariño que sinceramente siento por él, para esbozar unas mínimas reflexiones sobre ese maravilloso, aunque difícil, espacio en que en ocasiones se encuentran la medicina y la amistad.

Eliminando, como es obvio, las referencias estrictamente personales, y con algún otro añadido posterior, reproduzco a continuación algunas de esas reflexiones:

Muchas alegrías da el hecho de ser médico. Algunas pocas veces la de poder curar, algunas más la de poder aliviar, y siempre, siempre, la de intentar consolar. Esas entré otras muchas.

Cierto es que en ocasiones hay que convivir con tristezas, desvelos y hasta amarguras, que para que la moneda de la vida sea de curso legal ha de tener su cara y su cruz. Pero ese no es el tema del momento, así que ciñámonos a las primeras. Y de todas esas alegrías, a mi modesta forma de ver, una de las más, si no la de más importancia, es el trato con las personas.

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En ocasiones esta alegría se extiende, y el trato afecta a todo el entorno familiar. En algunos afortunados casos lo continuo del trato y otros intangibles factores que determinan la aparición de simpatía mutua, lo elevan al nivel de la excelencia, y aparece la amistad. Auténtica amistad personal, que va incluso más allá de esa “philia”a la que aluden, por ejemplo, el Profesor Laín Entralgo, con su habitual maestría, en su artículo “La amistad entre el médico y el enfermo en la medicina hipocrática”(Real Academia de Medicina.- 1962), o el Profesor James F. Drane en su libro “Medicina humana. Una bioética católica liberal”

Es cierto que en esos casos el médico debe hacer un esfuerzo adicional, que le exige un cierto desdoblamiento de su papel, el de médico y el de amigo, sin que desaparezcan ninguna de las características de ambas condiciones. El deseo de todo lo mejor para el amigo no debe permitir la aparición de una subjetividad que enturbie su comportamiento de objetividad profesional, tratando de ahorrarle diagnósticos o pronósticos que, por molestos o incluso dolorosos que fueran, pudieran redundar en un beneficio final.

En lenguaje coloquial, el médico no debe permitir la aparición del denominado “síndrome del recomendado”, que lo único que consigue es que nos saltemos los procedimientos, casi siempre con funestas consecuencias.

En cualquier caso, todo esto es con creces compensado por ese bien supremo que es la amistad.

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Dicen que como más aprendemos los médicos es de nuestros pacientes.  Muy cierto. No solo en la observación del desarrollo fisiopatológico de la enfermedad, o en ocasiones por tener el privilegio de observar actitudes de entereza y grandeza de ánimo ejemplares. Cuando esa relación de amistad aparece, el conocimiento de la persona puede ser aún mayor, con lo que podemos profundizar y aprender valores personales que son auténticas lecciones sobre el arte de la vida. En el caso que me ocupa tuve la fortuna de haber podido aprender de mi amigo, bonhomía, sentido desinteresado de la amistad, convicciones profundas y auténticas, coherencia con las mismas en el actuar y sinceridad en su expresión.

Conocí a mi amigo con motivo de las visitas que, por indicación de otro colega, hacía a un miembro de su familia. Después, merced a la generosidad concedida por todos ellos, traté a tres generaciones familiares, siempre distinguido por una sincera amistad y confianza que  me honraron. Conocí también trances dolorosos, afrontados con una entereza y coherencia en las convicciones que representaron todo un testimonio inolvidable.

Con el paso del tiempo, además de nuestras consultas habituales, mi amigo, por motivos diversos, fue visto por otros varios médicos y especialistas, y en prestigiosos hospitales, siempre a cargo de primeros espadas de la medicina española. Pues bien, tras cada una de estas consultas o revisiones mi amigo me llama para poner en mi conocimiento las indicaciones recibidas, contrastar pareceres y pedir consejo sobre la conveniencia de seguirlas, mostrándome así un nivel de sincera confianza que no puede por menos de emocionarme.

Como dato entrañable relataré que estas y otras consultas, cuando no requieren exploraciones complementarias o instrumentales, solemos hacerlas alrededor de una taza de café, que si bien pudiera en principio parecer un poco heterodoxo, le dan a nuestras entrevistas un plus de humanidad en el trato. Por supuesto, acabada la consulta médica, reflexionamos también sobre todo lo humano, y en ocasiones algo de lo divino. Eso sí, sin tratar de solucionar el mundo, pues ya ambos vamos entrando en esa edad en la que se llega al convencimiento de que eso pertenece a otra dimensión.

Afortunadamente como el amigo al que me refiero por su cumpleaños, tengo otros muchos con los que mantengo similar relación. Por todo ello darle gracias a la vida por haber conocido a ese amigo, y a esos otros muchos, y por ser distinguido por su amistad y se partícipe de sus testimonios. Les deseo de todo corazón que la vida les sea tan pródiga como lo es conmigo a través de su amistad.

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