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Cosas veredes…: Trinidad Formoso

3 Nov

 

En estos confusos tiempos que la modernidad denomina líquidos y que los antiguos denominábamos de cuentos chinos, cuando los curatores (horrible anglicismo que el DRAE no contempla) organizan tantas exposiciones de discutible contenido, únicamente a mayor gloria de ellos mismos, y cuando un artista vale únicamente lo que los marchantes dictan que vale, es difícil encontrar una exposición más sincera y más honrada, aparte de su alto contenido estético, que la de Trinidad Formoso, titulada Luces de la Memoria, y que hemos podido contemplar en la Sala de Exposiciones del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo este pasado octubre.

Desde el aspecto del análisis estilístico no osaré a añadir nada a los precisos comentarios de Dña. Julia Barroso Villar, y únicamente pretendo enfatizar algunos aspectos, tanto personales como artísticos de la autora, que considero reseñables.

En primer lugar quisiera incidir, también lo hace la Sra. Barroso, en la discreción de Trinidad Formoso. Para quien no la conozca personalmente, sirva la circunstancia, extraordinariamente infrecuente en nuestros días, de que si se pretende rastrear su biografía en internet y sus redes sociales, no se encontrará un solo dato.

Otro aspecto que avala tal aseveración es el hecho de que siendo Trinidad Formoso una persona de amplísimo bagaje cultural, como lo demuestra la sabia conjunción en  la estructuración de su exposición de la plástica, la historia y literatura, concretamente poesía, y la música, a la hora de abrir su muestra, en vez de hacerlo con una sentencia poética propia, que modestamente coloca en el interior de la misma, deja tal lugar a Chillida, sin duda uno de sus referentes de inspiración.

 

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Centrándonos ya en su exposición, lo que más positivamente me impresionó fue su musicalidad.

La estructura física a la que antes aludíamos es en si misma un elemento discursivo, al modo que lo puede ser la estructuración del programa de un concierto sinfónico. Y en esa expresividad combina de un modo rítmico estructuras (series, binomios, etc), colores y formatos, componiendo así aspectos melódicos. Estoy seguro que ya la disposición de sus obras podían trasponerse a notas musicales.

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Esa tensión dialogada entre la propuesta expresiva de la autora y la percepción reflexiva del espectador acaba construyendo la melodía artística que colma nuestro espíritu. Es una tensión serena, fruto de un trabajo discreto y silencioso como decíamos antes, pero continuado, buscando la evolución por nuevos caminos, aparentemente sencillo pero con complejas estructuras internas, cual si de melodía mozartiana se tratase.

En cuanto a la técnica, como ya el título de la exposición nos anticipa, utiliza el collage, ese modo que nos conduce a las denominadas vanguardias históricas y a figuras como Picasso, Braque, Juan Gris e incluso Tápies, entre otros muchos, y que tanto significado tuvo con el cubismo, y por tanto con sus concomitancias entre plástica y música.

Al respecto, en esa búsqueda investigadora y evolutiva, inexcusable en todo buen artista, Trinidad incluye en este caso de modo sutil nuevos material como paja, telas, arena, y textos, variados textos, literarios y musicales, que sirven para poner en foco el sedimento intelectual de tiempos anteriores, es decir, para iluminar con la memoria, como también el título de la exposición manifiesta.

También introduce como un nuevo, al menos para mí, elemento estructural las series, en ocasiones de forma muy explícita, como la mostrada más arriba con la cita de Chillida o con sus Arnolfinis siglo XXI, por cierto la única obra con cartela con título, como si en las demás las quisiera dejar abiertas a esa tensión dialogada a la que hace alusión en su poética frase.

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En otras ocasiones la serialidad es más sutil, como en un breve pianissimo, referida únicamente a los colores,  tamaños o a algunas formas y materiales. En cualquier caso, nunca será un serialismo atonal schomberiano, sino siempre muy melódico, eso sí con modulaciones debussynianas. 

Tengo la certeza de que un retazo de partitura, lo mismo que otros textos, que aparece en el fondo de una de las obras (lamento no tener esa fotografía), y que corresponde a un allegro, a ritmo de cuatro por cuatro, no está escogido al azar, sino que corresponde a toda una declaración de intenciones.

En cualquier caso, profundo agradecimiento a la autora por el regalo que nos brinda, y que nos permite un disfrute sosegado y muchos motivos de reflexión, aspectos ambos de los que hoy en día estamos tan necesitados. Sin duda habrá que continuar siguiendo su evolución, que a buen seguro que no acaba aquí.

 

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La casa y el árbol

20 Oct

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Tengo un muy querido amigo, miembro de una familia extensa y con gran cantidad de amigos que le queremos sinceramente, que tiene por costumbre desde hace bastantes años, celebrar una fiesta en su casa rural, donde, entre otros valores, se mezclan la alegría del encuentro, la unión de familia y amigos y el homenaje a esta madre tierra nuestra, que tanto nos regala y a la que tan injustamente tratamos.

Pues bien, este año mi amigo me hizo el honor de solicitar que leyera unas breves líneas a modo de introducción de los actos que allí se celebran. Si a alguien pudieran interesar dichas líneas sería únicamente a los asistentes de la tierra, pero en homenaje a los organizadores de la fiesta así como a los valores por ellos manifestados, expongo dichas líneas. Evidentemente, por razones de preservar la intimidad evito los nombres propios, que sustituyo por asteriscos.

Ahí van las citadas líneas:

Hace ya unos cuantos años que tengo el honor y el gusto (y nunca mejor empleado el término) de acudir como invitado a esta estupenda fiesta de homenaje a la tierra y a todo lo que ella significa y nos da; y fiesta también de exaltación de la amistad.

Pues bien, en esta ocasión el honor es doble (o triple) puesto que la Organización me asigna la ennoblecedora tarea de ser el autor del pregón.

Más, esto significa también una importante responsabilidad, que va acorde con la prestancia de la asistencia. Responsabilidad que viene incrementada por el hecho de ser sabedor, tras investigar en antiguos legajos que constituyen los archivos de la Organización, de que esto es un hecho excepcional, puesto que hasta este año tal honor correspondía a alguno los miembros de la familia.

Pero, ay!, la Organización es tan buena, tan buena, que como le iba a poder negar nada!.

Así que acogiéndome de antemano más a su generosa benevolencia que a mis capacidades, con gusto (y otra vez el gusto) asumo la tarea de, y cito textualmente las siempre sabias palabras de la Organización,  pergeñar una “EVOCACIÓN personal, bajo el título “La FIESTA DE LA TIERRA en la Casa de la *** más allá de la familia”.

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Y efectivamente, cuando uno acude por primera vez a esta fiesta, sabedor de que se trata de una celebración tradicional de una familia extensa, teme encontrar un grupo ya aglutinado, con complicidades y códigos propios, y le pudiera surgir el temor no estar atinado en el encaje con el grupo.

Pero si así fuere es que el novicio ignora u olvida que lo que se va a encontrar es ni más ni menos que a la familia *** y a la Casa de ***.

Cuando uno llega a La Casa de *** la primera impresión es de un gran acogimiento. Como si la propia Casa le dispensara un grande y cálido abrazo. Se siente la Casa como lo que es, como un ente vivo, capaz de expresar sentimientos. Un acogimiento que es sincero y generoso, y que hunde sus raíces en la amistad, y que a través de esas raíces y su diversificación adquiere vida y fuerza desde muchos más sitios, pues la pluralidad es vida.

Más esas raíces no nacieron solas ni por generación espontánea, que hace ya tiempo que tales teorías quedaron obsoletas ante las evidencias de la ciencia. Esas raíces necesitaron una tierra  propicia y unos bondadosos y eficientes sembradores que añadiera la semilla oportuna.

Así el acogimiento y el generoso compartir, con la ayuda del paso del tiempo, un tiempo vivido con paciencia y con sosiego, fue conformando un tronco robusto, capaz de resistir vientos y sequías.

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A ese sólido tronco, como al árbol de Alberto Cortez, le brotaron muchas ramas, capaces de amparar descansos y recuerdos, y capaces también de dar frutos que son recogidos y cuidados con esmero, para que puedan ser repartidos solidaria y gratuitamente a otras generaciones, que se alimentan de ellos y luego con sus semillas puedan plantar nuevos árboles.

Así en estos tiempos de prisas y de comunicación rápida e excesivamente impulsiva a través de cacharros electrónicos en los que ni vemos el gesto ni oímos el tono de voz de nuestro interlocutor, al que no podemos estrechar la mano, el sólido tronco permanece aparentemente quieto, mientras que las semillas de sus frutos, acogimiento, amistad, fraternidad, alegría, sosiego, diálogo, así como el cuidado de la tierra que es la que da vida al árbol, todo esto se renueva, multiplica y extiende, en un proceso de trascendencia inacabable.

Cuentan que en los anocheceres de otoño, cuando la naturaleza nos regala una sinfonía de colores maduros y serenos, se siente una leve brisa con la que se producen sonidos en las ramas y en la hojas del árbol. Es su diálogo con la Casa, en el que, también como en la canción de Cortez, comparten recuerdos sobre la tierra en la que están plantados, aparentemente quietos, y sobre aquellos sembradores que a través de generaciones cuidaron esa tierra y los pusieron allí. Se lo agradecen y se sienten seguros de que, a pesar de las incertidumbres inherentes a la vida, nuevos sembradores seguirán viniendo a cuidarlos.

Y ellos, la Casa los acogerá, y el árbol y la tierra les darán los frutos necesarios para que puedan seguir compartiendo  la fiesta con alegría.

Así pues, rindámosle tributo de gratitud a la tierra, a la Casa y a la Vida, siguiendo lo programado por la Organización.

 

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Cincuenta años no es nada.

12 Oct

Aprovechando el tango de Gardel y Le Pera, y/o el álbum de Victor Manuel.

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Facultad de Medicina.- Universidad de Oviedo

El caso es que tal día como hoy pero hace 50 años, como recoge el diario La Nueva España de la época, …trescientos, entre chicos y chicas, muy jóvenes, con muchas patillas, muchos pantalones, y mucha expectación, divididos en tres grupos…, asisten a la primera clase, por cierto de inglés, e impartida por D. Francisco F. Mori, con la que se inauguraba la etapa contemporánea de una nueva Facultad de Medicina.

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A pesar del título de la presente entrada, cincuenta años son toda una vida, es más, una larga vida. Es un plazo que ya permite echar la vista atrás y contemplar la trayectoria de la institución y de todos nosotros, que formamos parte de ella.

¡Echar la vista atrás!. Interesante cuestión, en ocasiones difícil o triste, en ocasiones nostálgica, en ocasiones alegre. En todo caso, echar la vista atrás debería hacerse sin resentimientos ni culpabilidades, sin pasar inútiles facturas, y siempre para enmarcar un presente que proyecte el futuro. Es un mirar por el retrovisor para reconocer lo andado y que eso nos permita hacer mejor el trecho aún por andar.

De aquella Primera Promoción que comenzara su andadura, y de la que de los trescientos aludidos por La Nueva España sobrevivimos  (académicamente hablando, se entiende) unos ciento y pocos, todos sus componentes guardamos muy gratos recuerdos. Tan es así que desde entonces nos reunimos con una periodicidad no superior al bienio, e incluso algunos grupos lo hacemos una vez al mes en cena y culto a la amistad. En nuestras reuniones lo hacemos desde esa amistad citada en la que no hay nadie que tenga reparos a sentarse al lado de nadie; desde el respeto absoluto a la diversidad de ideas y opiniones, al punto de que hasta los más declarados y practicantes ateos acuden a la misa oficiada por D. Benjamin Morán, en recuerdo de los ausentes (desgraciadamente más de los que todos quisiéramos), y participan con la alegría y el respeto que da el compañerismo.

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Los comienzos de cualquier nuevo proyecto siempre son cuando menos inquietantes, y muchas veces dificultosos. Pero los que peinan canas y los que ya no peinamos nada sabemos que en la vida las dificultades unen. Así nos pasó a nosotros, y por ello guardamos gran recuerdo de todos aquellos profesores que de un modo generoso y totalmente desinteresado pusieron todas sus fuerzas en transmitirnos sus conocimientos y experiencia. Una mención muy especial debe ser hecha de D. Antonio Pérez Casas, primer Decano y auténtico padre de la Facultad, que venciendo dificultades sin cuento se empeñó en llevar esa nave a buen puerto, y al que probablemente Asturias no le haya reconocido en su totalidad las repercusiones positivas de todo tipo que le Facultad le reporta.

 

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D. Antonio Pérez Casas

 

Pasaron 50 años, es decir 44 años de ejercicio profesional (a mí me gusta decir de oficio) para los que aún seguimos en ello. Muchas cosas sedimentaron, queda el agradecimiento que es de bien nacidos, queda la amistad, que dicen que es, con la libertad, el mayor tesoro del ser humano. Y de lo profesional, qué queda?. Qué acabamos aprendiendo?.

 

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Hipócrates de Cos (Museo Pushkin)

A nuestra generación nos tocó presenciar cambios en el mundo que sin miedo a caer en hipérbole podríamos calificar de inconmensurables. Lo mismo ocurrió en las ciencias y en concreto en la Medicina. Siempre que a los compañeros más jóvenes les cuento que en la época en que yo cursé mi especialidad, no existían las ecografías, al menos de forma rutinaria, salvo un débil comienzo en el ámbito ginecológico, y  no digamos nada de la no existencia del TAC o la Resonancia, por poner algunos ejemplos hoy muy cotidianos, me miran con cara si no de incredulidad sí de gran asombro. Podríamos seguir poniendo ejemplos en el ámbito de la Oncología, Cardiología, Cirugía, Radiología Intervencionista, etc., etc., etc., pero este no es el caso.

Bendita tecnología, y gracias le sean dadas!. Probablemente sin ella yo no estaría hoy aquí para escribir estas líneas. Pero eso es todo?. No soy nadie para dar consejos, y menos lecciones a nadie, pero sí algo aprendí en estos años es que cuando tenemos a alguien al otro lado de la mesa del despacho, en la camilla o en la mesa de quirófano, no tenemos un hígado o unas coronarias o una próstata, y mucho menos tenemos un caso difícil a descifrar. Tenemos un ser humano con nombres y apellido, con familia y amigos, que sufre, y que ese sufrimiento también se extiendo a esa familia y amigos. Tenemos un paciente, porque padece.

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Ciencia y caridad.- Picasso (1898).- Museo Picasso, Barcelona

Expertos reconocidos que, por supuesto, saben mucho más que yo, aseguran que para la realización de un buen diagnostico el 70 % se debe a la historia clínica, el 20 % a la exploración física y el 10 % a las exploraciones complementarias (análisis, imágenes, biopsias, etc.). Podemos discutir las cifras, pero creo que no variarían mucho las proporciones. Y en todo caso, que es la historia clínica más que el dialogar con el paciente?. Es escuchar, es explicar. Y que es la exploración física más que el contacto de nuestros sentidos con la carnalidad del paciente?.

En resumen, es el encuentro de un ser humano que padece con otro ser humano que se pone a su servicio en disposición de ayuda, dispuesto a com-padecer. En ocasiones podremos curarle (bendita tecnología) o no, en otras ocasiones podremos aliviarle (bendita tecnología) o no, pero lo que siempre, siempre, podemos y debemos de hacer es consolarle. Desde la sinceridad, desde la verdad, desde la igualdad, y me atrevería a decir que desde la misericordia.

Esto comencé a aprender hace hoy 50 años, y por ello quiero dar gracias a Dios, a la Vida, y a todas las personas (familia, maestros, condiscípulos) que me acompañaron, estimularon y ayudaron en este maravilloso camino. Pero sobre todo, sea mi agradecimiento para los pacientes. Ellos me enseñaron siempre las más importantes lecciones, y todos, aquellos con los que a pesar de nuestra mejor voluntad y total honradez nos equivocamos por lo que sufrieron mayor o menor quebranto, y también aquellos a los que pudimos aliviar sus sufrimientos o incluso salvar la vida, de forma silenciosa, todos permanecerán indeleblemente en nuestro recuerdo.

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P.D.: Con motivo del XXV Aniversario de la finalización de carrera de la Primera Promoción, a la que me honro en pertenecer, editamos un pequeño libro titulado Memoria de una Promoción (1969 – 1975), coordinado por Ángel Álvarez Arenal, y con un rico anecdotario aportado fundamentalmente por José Luis Martín Benito.

Al comienzo de dicha publicación existe un amplio capítulo titulado La implantación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo (Notas para su historia), obra del  Dr. Víctor Álvarez Antuña, Profesor Titular de Historia de la Medicina, y que formaba parte de un más amplio Proyecto de Investigación del MEC. Quien quiera conocer la historia de esta Facultad y su nacimiento, del que hoy se cumplen cincuenta años, encontrará en ese trabajo respuesta a sus inquietudes, dado el rigor y precisión de su autor.

 

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La Primera Promoción en una de sus reuniones.

Con mi hija en el Campoamor (XI): La unión hace la fuerza.

22 Sep

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Con la emocione aún a flor de piel no quiero dejar de reflejar, aunque sea muy brevemente,  los sentimientos que me produjeron la representación de El ocaso de los dioses, como comienzo de nuestra LXXII temporada de ópera.

Gracias a la ilusión y el esfuerzo de la anterior Junta Directiva de la Fundación Ópera Oviedo, y los no menores ilusión y esfuerzo de la actual, así como del sinfín de colaboradores que participaron, por lo que se pudo culminar la magna aventura, comenzada hace ocho años, de representar en Oviedo esta inmensa tetralogía wagneriana que es El anillo del nibelungo.

Y no pudo tener mejor broche de oro que el gran espectáculo que representó este Ocaso. 

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La Fundación Ópera de Oviedo inasequible al desaliento y venciendo, con tesón e imaginación, los no pequeños obstáculos cual pueden ser las dimensiones del escenario de nuestro teatro o el no menor que significan las consecuencias de la crisis, plantearon una representación donde las voces brillaron a grandísima altura, la orquesta, compuesta por la unión de nuestras OSPA y Oviedo Filarmonia, solo puede calificarse de soberbia, con un director, Christoph Gedschold, que en todo momento supo trasladar las dinámicas y los sentimientos más oportunos y emocionantes de ese patrimonio de la humanidad que es la música wagneriana. Y en el caso que nos ocupa, y de lo que estamos más que contentos, hay que felicitar al director de escena, Carlos Wagner, que supo, con economía de medios conseguir una puesta en escena francamente estética y adecuada.

Así que el más profundo agradecimiento a todos los que hicieron que pudiéramos disfrutar de algo que nos hizo trascender a ver que la vida también nos regala cosas maravillosas.

Un último ruego a quien corresponda. Alegrías como estas demuestran casi de modo científico (sic) que la unión hace la fuerza, que si nuestras orquestas se unen podemos conseguir cimas aún mucho más altas. Por qué no intentarlo?. Por qué no intentar demostrar que en arte sí es posible el diálogo?

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El niño que tenía el pelo verde (cuentiquín)

16 Sep

Hace mucho tiempo. Eran épocas grises. Toda la ciudad era gris. Los monótonos edificios eran grises. El cielo era gris, impidiendo que la luz del sol penetrase en las calles. Las gentes iban vestidas de gris, y sus macilentas caras reflejaban el gris de su alma y sus sentimientos. Por supuesto sus cabellos eran grises.

Entonces, conocí a un niño que tenía el pelo verde. Era un verde brillante, que irradiaba luminosidad y frescura, como cuando los campos, tras el amanecer, se confunden con las gotas del rocío y al recibir los rayos del sol desprenden minúsculos arcoíris.

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Nadie se relacionaba con el niño. Siempre estaba solo. Las gentes grises lo miraba de soslayo, bajaba la vista, aceleraba el paso y, si podía, cambiaba de acera gris.

Era tal su sentimiento de soledad que me contaron que un día lo vieron jugando a indios y vaqueros él solo, haciendo de los dos bandos. Con una raya a modo de trinchera en el suelo, desde un lado disparaba restallones con su revólver plástico de juguete, y  luego pasar al otro lado de la linea y lanzar flechas, también de plástico, con su arco de juguete.

Aquel desprecio y la soledad  desgarraban el alma del niño del pelo verde.

Un buen día el niño del pelo verde decidió comenzar a caminar en línea recta, despacio pero con determinación. Ya no veía a las gentes grises ni sus miradas torvas. Solo caminaba y caminaba.

Después de un buen rato se dio cuenta que ya no había aceras grises ni casas grises. La ciudad gris se había acabado y ante él solo se extendía un gran prado de hierba luminosamente verde, fresca y mullida.

El niño del pelo verde sintió que le invadía un indefinible sentimiento mezcla de cansancio y plenitud. Sintió la necesidad de tumbarse en el prado y pronto se durmió, gozando de una inmensa sensación de bienestar. Desde lejos solo se observaba un inmenso mar de verde donde todo se fundía en uno.

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No volvería a ver nunca más al niño del pelo verde.

O eso creía yo, porque ayer mientras caminaba por el Campus de Humanidades, ensimismado en mis pensamientos, al levantar casualmente la vista, lo reconocí.

Continuaba con su pelo verde, pero obviamente había crecido. Ya no era un niño, era un apuesto y fornido joven que vestía una coloreada y alegre indumentaria. Iba de la mano de otro joven de similares características e indumentaria. Hablaban animosamente, gesticulaban y frecuentemente se reían.

El Campus de Humanidades no es gris. También tiene amplios parques verdes, con mullido césped, y abundantes árboles que proporcionan sombra, y en ellos las gentes, solos, en parejas o en grupos, descansan, leen o charlan.

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Los edificios no son grises, adoptan formas variadas, y sus amplias cristaleras aportan luminosidad a sus interiores, y las paredes, de colores diversos, están llenas de expresivos y variopintos grafitis.

Cuando me recuperé de mi sorpresa volví la vista atrás,  para ver que el niño (ahora joven) del pelo verde y su amigo se besaban tiernamente, y continuaban su camino sin dejar su charla, sus gestos y sus risas.

Después doblaron una esquina. Volveré a ver al joven del pelo verde?. Y qué más da. Ahora sé que es feliz, que ya no hay gris, y que, como alguien sabio dijo hace ya 26 siglos, el fundamento de todo está en el cambio incesante (En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos).

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Aclaración ¿necesaria?: Al acabar de escribir la primera parte de esti cuentiquín me enteré de que existe otro cuento infantil con mayúsculas, con múltiples variantes, e incluso una película con el mismo título, nada menos que del gran Joseph Losey. Ambas manifestaciones, sobre todo la primera, tienen claras intenciones moralizares y alto nivel artístico.

Nada de esto ocurre en el cuentiquín. Este nace de una experiencia personal, y en todo caso se trata únicamente de realizar un simple ejercicio de redacción, como aquellas que hacíamos todos los niños de pelo verde que en el mundo han sido y yo, en aquellas grises escuelas de antaño, de los pupitres de madera, encerado donde se escribía con tiza y borrador, la pared estaba “adornada” con los retratos de Franco y José Antonio, comúnmente flanqueando un Crucifijo y había que formar en filas para entrar y cantar el cara al sol antes de empezar la clase. Por supuesto, unas para chicos, con maestro, y otras para chicas, con maestra. Quien le suene a chino esto de que les hablo puede consultar El florido pensil.

 

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Ex Libris ( IV ): Reposo

9 Sep

En los momentos de reposo, bien sea este forzado o vacacional, una de las variadas oportunidades que se nos brinda es la de incrementar nuestro ritmo lector.

A continuación comparto con mis pacientes seguidores un ecléctico abanico de libros con los que recientemente tuve ocasión de disfrutar en una de esas mencionadas épocas, comenzando por dos títulos sobre los que poco puedo añadir a lo todo lo dicho ya por las abundantes críticas que se ocuparon de ellos.

En primer lugar me centraré en  Factfullnes, de Hans Rosling con Ola Rosling y Anna Rosling Rönnlund, publicado en España por Ediciones Deusto, y traducido de un modo exquisito por Jorge Paredes.

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Estos tiempos que algunos denominan de sociedad líquida, y que a todos nos desconciertan por un ritmo al que nos cuesta muchísimo adaptarnos, nos inducen al pesimismo y nos provocan un cierto temor haciéndonos pensar, no sin pocos indicios, que nuestra civilización e incluso nuestro propio planeta están en peligro.

Pues bien, es aquí donde Hans Rosling gusta de nadar a contracorriente, y mostrarnos  de forma racional y con un cúmulo de datos irreprochablemente expuestos que, aunque en una mala situación, la sociedad camina hacia adelante, y nunca el género humano tuvo una situación tan favorable como la actual.

Al comenzar el libro el lector se desconcierta, pero a medida que pasan los capítulos debe rendirse a la evidencia de la irrefutabilidad de los argumentos, y, sobre todo, de los datos, aportados por el autor. Curiosamente en fecha reciente el Wordl Economic Forum ha publicitado un trabajo de Max Roser, economista de la Universidad de Oxford, que coincide en la misma apreciación.

No obstante en nuestra vida diaria observamos que la desigualdad crece, que los movimientos migratorios, en gran parte consecuencia de tal desigualdad, suponen un drama humano en constante incremento, y que el deterioro del planeta es progresivo, acercándose a límites peligrosos, y por primera vez en nuestra historia consecuencia de la desventurada acción del ser humano, generando una nueva época, no precisamente dichosa, que algunos dan en llamar antropoceno.

Y de esto también hay datos objetivos.

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Así pues, hemos de ser optimistas dando la razón a Rosling y Roser, o hemos de ser pesimistas basándonos en nuestras observaciones cotidianas?. Será que en estos momentos hay un punto de inflexión donde se quiebran las tendencias estudiadas por los primeros?. No olvidemos que estamos en un escenario en el cual por primera vez nuestros hijos viven peor que sus padres.

En cualquier caso decía que poco puedo añadir a los fundados comentarios de más avezados críticos, y muchísimo menos en el ámbito de la estadística, donde mi bagaje analítico es prácticamente inexistente. Lo que sí puedo decir es que el libro es de lectura obligada puesto que nos muestra una vez más que la realidad es muy poliédrica e irregular y ha de ser siempre contemplada con serenidad, apertura de mente y desde muy distintos ángulos.

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Francisco Velasco, Migraciones L-319, 2018

Por si esto fuera poco, estilísticamente el libro tiene una construcción interna impecable, un lenguaje fluido, ameno, y en ocasiones con gran sentido del humor, y, como decíamos antes, está intachablemente traducido.

Otro libro ampliamente reseñado es Jugadores de billar de José Avello. Escritor asturiano que, con una vida breve, se convirtió en autor de culto con solo dos novelas: La subversión de Beti García, y la aquí citada.

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Dice un buen y muy inteligente amigo que hoy hay exceso de oferta en la producción de novelas, que demasiadas personas quieren escribir su novelina sin aportar absolutamente nada, y que por lo tanto solo debería estarle permitido publicar a aquella persona que contribuye con alguna novedad bien en la melodía (trama, relato) o bien en la armonía (construcción, estructura interna).

Pues bien, esto es lo que, a mi modesto parecer, consigue José Avello, y por partida doble. De una manera suave y muy, muy elegante, va introduciendo al lector en unas situaciones cotidianas, aparentemente intrascendentes, pero donde se va organizando todo un entramado que dibuja el contexto social de una pequeña ciudad de provincias (Oviedo) en una época concreta y reciente, característicamente gris.

En este escenario coloca Avello las interrelaciones de unos personajes muy singulares, cuya psicología va describiendo con la minuciosidad de un platero y con la precisión de un exquisito neurocirujano, formando un mosaico de un hiperrealismo triste. Si pudiéramos ordenar por épocas la pintura del gran Antonio López, la adecuada para maridar (y perdonen la cursilería) con nuestra novela, sería la que representan cuadros como La alacena, Lavabo y espejo, o La nevera de hielo.

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Antonio López. Taza de váter y ventana, 1968-1971. Óleo sobre papel adherido a tabla. 143 x 93,5 cm.

Este excelente análisis sicológico de los personajes, mientras que el desarrollo de la intrincada trama hace que el lector se vea arrastrado en un placentero torbellino en el que va a gozar de la melodía y de la armonía. Sin duda de lectura obligada para todas las personas que gustan en disfrutar con una buena novela.

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P.D.: Be continued (evidentemente la serie no se acaba con solo estos dos estupendos  títulos).

El árbol

25 Ago

 

CUANDO YA NO ESTÉ

quisiera volver como árbol.

 

Al borde del camino,

para no molestar al peregrino.

 

Con ramas frondosas

para

dar alivio al sudoroso.

 

Con frutos sabrosos

para

darle energía en su camino.

 

Con raíces profundas

para permanecer

y que siempre

me tengas vivo

en tu recuerdo.