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El rey Midas

29 Nov

I

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Dimas Gordias gustaba de levantarse siempre antes del amanecer. Cómodamente sentado en una de las terrazas de su casa, la que daba al oriente, disfrutaba de esos momentos de silencio absoluto, previos al inicio del nacimiento del día. Silencio en el que la naturaleza parecía expectante ante el milagro de un nuevo comenzar.

Después una tenue luz ambarina rompe el negro de la noche, y las formas del horizonte comienzan a poder vislumbrarse.

El canto lejano de un gallo se une al suave murmullo de las olas dando entrada a la melodía del esperado nuevo día. Un punto rojo comienza a crecer hasta imponer la fuerza de la vida que se reitera.

Esos momentos los utiliza Dimas para reflexionar sobre su presente y preparar mentalmente la agenda del día, en el que seguro que también habrá que tomar decisiones que contribuyan a conformar el futuro inmediato y el más lejano.

Hoy Dimas se siente pletórico, lleno de fuerza y vitalidad. Quizás más que nunca está orgulloso de si mismo y de lo que ha conseguido. Ha creado un imperio empresarial, ha generado muchos puestos de trabajo y con ello el salario de muchas familias y asegurada por varias generaciones una estabilidad desahogada de la suya propia.

Y todo gracias a su esfuerzo y sacrificio personales, sin deber nada a nadie. Así lo ha reconocido esta noche pasada el presidente del Círculo Nacional de Empresarios en la jornada homenaje en que fue nombrado Empresario del Año, al mismo tiempo que alababa su audacia y su visión estratégica que, como dijo y todos aplaudieron, hacía que todo cuanto tocase se convirtiera en oro.

II

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Con ese ímpetu llegó a su despacho. Como siempre el primero de toda la plantilla. La mañana se sucedió con el vértigo habitual: repaso de los recortes de prensa previamente seleccionados por la eficiente Trini, su secretaria personal, luego lectura de la correspondencia y correos electrónicos y dictado de las contestaciones necesarias, atención a algunas llamadas de felicitación adecuadamente filtradas por Trini, reunión de equipo con los jefes de departamento, recepción de visitas señaladas, etc., etc.

Ya estaba entregado a este tráfago irreversible y habitual cuando sonó el teléfono privado, al que únicamente se accedía con la aquiescencia de la omnipresente Trini:

-Don Dimas, su hija. Dice que es importante.

-Gracias, Trini. Pásemela.

Dimas no se alteró. Belén, su única hija, la luz de sus ojos, era una persona seria y muy responsable, que sabía que podía recurrir a él siempre que lo estimase oportuno, porque lo haría solo por motivos de fuerza mayor, Nunca se permitiría distraerlo de lo importante, su trabajo.

-Dime, hija. Un placer oírte.

-Papá, estoy asustada. Marina se puso enferma, vinimos a Urgencias, y parece que la cosa es seria.

De pronto el universo de Dimas se conmocionó. La pequeña Marina era su única nieta, la otra joya de su vida, una niña juguetona, llena de alegría, que sentía auténtica pasión por su abuelo, y él por ella. La noticia le sentó como un directo de boxeo en plena cara.

-Pero, Marta, hija, qué es lo que pasa.

-No lo sé, papá, pero estoy muy asustada. No podrías venir?

-Por supuesto, ya sabes que vosotras y tu madre sois lo primero en mi vida. En diez minutos estoy ahí. Tranquila, que llego pronto y verás como todo se arreglará.

Al instante dio las órdenes oportunas:

-Trini, por favor, encargase de suspender toda mi agenda. Mi nieta está en Urgencias, y lo primero es lo primero. Qué tengan preparado el coche en cinco minutos. Si hay algo importante comuníqueselo a Emilio, ya sabe que usted y él tienen toda mi confianza para resolver imprevistos.

-Por supuesto, D. Dimas, así se hará todo, no se preocupe. Y que lo de la pequeña Marina no sea nada y se solucione satisfactoriamente -respondió ella.

-Gracias, Trini. Eso espero.

III

 

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Efectivamente no habían pasado diez minutos cuando Roberto, su eficaz conductor, estacionaba el coche en las proximidades del Área de Urgencias del Hospital Universitario, un orgullo de toda la región, y donde lo aguardaba su hija que al verlo se abrazó a él temblorosa y muy emocionada.

-Pero, hija, que pasó?

-No sé, Papá, estoy muy asustada. Esta mañana, y después de desayunar como siempre, me dijo que se sentía mareada. Me dio el tiempo justo para cogerla antes de que se cayese, pues si no se hubiera golpeado con el suelo. Perdió el conocimiento y estaba muy pálida, así que sin pensarlo pedí un taxi y vinimos para Urgencias. La ingresaron de inmediato y parece ser que le están haciendo pruebas, pero no sé  más, pues nada me dijeron aún.

-Pero, y como que perdió el conocimiento? Y lo recuperó?

-Sí, ya en el taxi lo recuperó, pero me dijo que estaba muy mareada y casada.

-Pero, había dormido bien?  Le sentó bien el desayuno? Estaba mal estos últimos días?

-No, Papá, todo estaba bien. Ya ves que ayer estuvimos en la cena de tu homenaje, y cuando llegamos a casa Antonia ya la había acostado, y dormía plácidamente. No me explico que pudo haber pasado. Tú la viste estos días y estaba alegre y juguetona como siempre -Papá, Papá, estoy muy asustada, qué podemos hacer?

-No te preocupes, hija, no hay que asustarse antes de tiempo, puede ser una lipotimia sin importancia. Ya verás como al final todo se arregla.

Dimas era un hombre muy influyente en la ciudad, además de amigo de realizar muchas acciones filantrópicas, por lo que tenía una agenda de contactos muy importante, en concreto también en el sector de la sanidad. Uno de esos contactos era el Jefe de Servicio de Urgencias. La empresa de Dimas había realizado múltiples aportaciones materiales a ese Servicio, especialmente con motivo de la última pandemia, con objeto de hacer algo más confortable la estancia y la espera de los usuarios, y las intensas jornadas laborales de los trabajadores, y por ello le estaban reconocidos y agradecidos.

Sin dudarlo buscó su número en la agenda de su teléfono, y lo marcó. Como esperaba obtuvo contestación casi inmediatamente.

-Buenos días, Luis. Qué tal estas? Sí, sí, bien, muchas gracias. Perdona que te moleste. Hace una media hora ingresaron a mi nieta Marina ahí, en tu Servicio, y la verdad es que su madre y yo estamos un poco asustados, sobre todo ante la falta de noticias. Podrías, por favor, enterarte de como va la cosa y decirnos algo? Te lo agradecería mucho.

-….

-Muchas gracias, Luis. Te reitero mi agradecimiento. Esperamos aquí, en la sala de espera.

Y dirigiéndose a su hija le comentó:

-Va a enterarse del caso. Es un buen amigo y una gran persona, siempre tuvimos muy buena relación. Dentro de unos minutos un celador vendrá a buscarnos para llevarnos a su despacho y nos informará. 

Efectivamente no había pasado diez minutos cuando un celador entró en la sala de espera y preguntó:

-Familiares de Marina Rodríguez Gordias, por favor?

Dimas y su hija se levantaron como un resorte y se dirigieron hacia él.

-Acompáñenme, por favor. El Dr. Arias quiere verlos.

Les acompañó a un despacho cercano, sencillo, pero amplio, luminoso y muy funcional.

Tras los saludos de cortesía el médico les explicó:

-Bueno, veréis, lo primero y más importante es que la niña está bien. Ya se ha recuperado del mareo, y en cama se encuentra confortable. Por cierto, es una niña muy agradable y educada, aunque la pobre dice estar muy cansada. De los estudios básicos propios de Urgencias podemos objetivar que tiene una anemia intensa y crónica. Las causas de esto pueden ser muchas y por lo tanto hay que realizar más estudios para determinar cual es la de Marina.

-Pero, como anemia, y crónica? -respondieron al unísono padre e hija.

Continuó Belén:

-Si Marina come muy bien, y además es muy juguetona, no podría tener anemia antes de ahora, habría tenido síntomas, se habría cansado, no es así, doctor?

-Bueno, mirad, las anemias son un mundo muy extenso. La relación entre el comer y la anemia es un mito popular que ahora prácticamente en nuestro medio no tiene influencia, y lo del cansancio, precisamente por ser crónica la anemia e ir desarrollándose lentamente, el organismo va poniendo en marcha mecanismos de adaptación que hacer que solo se muestren los síntomas cuando por alguna circunstancia desencadenante se supere determinado umbral. Así que médicamente es perfectamente entendible. Lo importante, insisto, es que la niña está bien, la estabilizaremos pasándolo unas transfusiones, con lo que se recuperará perfectamente, y luego queda encontrar la causa del proceso, por lo que la ingresaremos para hacerle los estudios pertinente.

<<No os asustéis,  todo está controlado, y es de esperar que todo evolucione satisfactoriamente , pero hasta no haber realizado los estudios citados, no podemos saber más.

La inquietud de Dimas iba en aumento:

-Ingresarla? Hay estricta necesidad de ello? Entonces, es más grave de lo que nos quieres tranquilizar -inquirió Dimas.

-No, Dimas, no te alarmes, de verdad que la niña no corre ningún peligro, y está perfectamente estabilizada, pero los estudios complementarios necesarios es mejor hacerlos observando de forma constante y directa la evolución del paciente. Por otra parte en nuestro hospital contamos con un Plan de Humanización de la Asistencia, sobre todo en las Áreas de Pediatría, con lo que para ella el ingreso no le va a suponer ningún estrés emocional. Te lo aseguro. Por si fuera poco, yo personalmente me comprometo a estar muy pendiente de la evolución.

-Te lo agradezco mucho, Luis, pero, y no te ofendas si por nuestra mutua confianza te hago esta pregunta: así las cosas no sería mejor llevarla a un centro especializado, no sé, Navarra, Madrid, Estados Unidos? Donde tú nos recomiendes, donde haga falta, sin reparar en medios materiales.

-Comprendo tu inquietud, Dimas, y por supuesto que no me ofendo. Yo también soy padre, y si Dios quiere algún día seré abuelo. Esa es una decisión que siempre sois libres de tomar, y yo os informaría con total sinceridad de las opciones que eligieseis, pero te puedo asegurar que aquí nuestros servicios de Pediatría y Hematología están  tan capacitados  como el hospital más puntero para tratar estos casos, y cuentan con todos los medios técnicos necesarios.

<<De todos modos, entiendo que en este momento estéis en estado de shock, que necesitáis asimilar la nueva situación, y que seguramente querréis hablarlo en familia. 

<<Por nuestra parte continuaremos con los estudios básicos y os mantendré informados en todo momento de la situación, lo mismo que hará quien  vaya a ser su médico, Ahora os llevaré a que veáis a la niña y podréis acompañarla al ingreso, así conocéis  el sitio donde va a estar, y os quedáis tranquilos al respecto. Unicamente os pido que con la niña actuéis con naturalidad y sin dar signos de ansiedad o miedo. Los niños son muy sensibles a estos aspectos.>>

 

IV

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Efectivamente pasaron unos días en que Martina se adaptó bien a su nueva situación mostrándose alegre y confiada. Estableció muy buena relación con la médica que diariamente la atendía, Adela Pérez, una residente de primer año, joven y espabilada, que además de la atención médica diaria pasaba largos ratos de charla con la niña en los que se contaban mil historias. Por otra parte Adela mantenía puntualmente informada a la familia de la evolución y resultados de los diversos estudios clínicos.

Pasada una semana el doctor Carlos Conde, jefe clínico del Área de Pediatría donde estaba ingresada Martina, convocó en su despacho a la familia. Lo acompañaban la Dra. Pérez y el Dr. Arias.

-Buenos días. Quiero comunicarles que ya tenemos una idea del proceso de la pequeña Martina, y me alegra decirles, en primer lugar, que las noticias son relativamente tranquilizadoras -expresó el Dr. Conde.

-Como que relativamente, Dr.? Eso me inquieta – comentó Belén alarmada.

-No te alteres, hija, deja que el Dr. nos explique -replicó Dimas.

-No se preocupe, es comprensible -expresó el Dr. Conde. Les explico: Martina tiene un tipo de anemia crónica, probablemente de origen genético, que le condujo a esta situación, porque su médula ósea es incapaz de fabricar el número suficiente de glóbulos rojos. Las buenas noticias a las que me refería son tres, a saber, primero, el grado de la enfermedad en Martina es muy leve, segundo, la anemia se puede controlar con tratamiento de mantenimiento con transfusiones siempre que las precise, y tercero, y quizás más importante, esta alteración tiene tratamiento definitivo en muy alto porcentaje con un transplante de médula. 

>>Por otra parte, actualmente Martina, que por cierto es una niña muy positiva y valiente, está totalmente compensada, y podrá irse para casa hoy o mañana haciendo vida normal, con el seguimiento y controles que les indicaremos. La Dra. Pérez les dará un informe completo y les aclarará cuantas dudas tengan al respecto.

En ese momento terció el Dr. Arias tratando de mostrar toda la cordialidad y tranquilidad en su tono de voz:

-Ya veréis como todo va a ir bien. Lo importante es que el problema está identificado y que tiene solución.

Las caras de Belén y de Dimas mostraban un estado de total estupefacción y alarma, y a continuación bombardearon a preguntas al Dr. Conde, sobre todo por la naturaleza grave o no de la enfermedad y  el posible trasplante de médula, preguntas a las que el Dr. contestó con un tono de voz persuasivo y esperanzador, mostrando en todo momento un alto nivel de empatía.

Al día siguiente Martina se despidió de su ya amiga Adela con un gran y prolongado abrazo, prometiéndose ambas volver a verse pronto, y se marchó para su casa donde continuó mostrando el carácter alegre y juguetón de siempre, sin que nada hiciera sospechar el más mínimo signo de enfermedad ni del susto pasado. 

 

V

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Aquella misma tarde Dimas, ejerciendo su papel de pater familias, decidió que había que pedir una segunda opinión antes de decidirse a seguir las indicaciones del Hospital Universitario Central. Así tras consultar diversas clasificaciones se decantó por el Hospital Clinic de Barcelona, cuyo Servicio de Hematología permanecía en primer lugar de las mismas durante varios años, y donde, por cierto, el Profesor Ciril Rozman realizó el primer trasplante alogénico de médula ósea en 1976.

Haciendo uso de su agenda no le fue difícil a Dimas concertar una cita con ese Servicio en breve espacio de tiempo.

Esta vez Martina protestó, no quería irse tan lejos, y además quería que la tratase la Dra. Pérez. A pesar de ello fueron al Clinic y tras una entrevista inicial, y unos pocos días de ingreso en la que le repitieron algunas de las pruebas, Martina estaba más descontenta porque echaba de menos su hospital. Al final el resultado fue el mismo diagnóstico y el mismo plan terapéutico que el ofrecido en el Hospital Universitario Central de su ciudad.

Aquel viaje desilusionó mucho a Belén, y Martina no dejaba de repetir que ya decía ella que mejor la tratase la Dra. Pérez.

El único que no cejaba en su empeño de encontrar soluciones mágicas era Dimas, así que tras preguntar, investigar y consultar en internet decidió que el mejor y más adecuado centro del mundo para tratar a Martina era la Mayo Clínic y que allí debían ir, como siempre que él tomaba una decisión, a la mayor brevedad posible.

Belén aceptó a regañadientes y a Martina la convenció diciéndole que irían al centro de la Clínica en Florida, y que después  a Disneyland. Por supuesto el viaje lo hicieron en Business Class, lo que para Martina fue más descansado y mucho más entretenido.

Por fin llegaron. Martina ingresó durante cuatro días en que le repitieron los mismos estudios que en su ciudad y en Barcelona y, oh milagro de la globalización!, el mismo diagnóstico y la misma propuesta de solución.

Acabada  la prometida excursión  a Disneyland, y ya en el viaje de vuelta, mientras Martina dormía, Belén afrontó a su padre:

-Bueno, papá -exclamó- supongo que ya te habrás convencido de que en nuestro hospital saben tanto como en cualquiera de los mejores sitios, así que volveremos allí, nos pondremos en manos del Dr. Conde y la Dra. Pérez, y dejaremos de marear a Martina. Y esta vez no voy a dejarte que me convenzas de otra cosa.

-Sí, hija, tienes razón, y cuando la tienes hay que dártela. Sabes que lo hice porque quiero lo mejor para Martina, pero ahora por muchas razones sé que habitualmente lo mejor lo tenemos muy cerca. Te prometo no inmiscuirme más.

 

VI

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Cuando le comentaron a Martina tales decisiones se puso muy contenta, y exclamó:

-Estoy segura que la Dra. Pérez me va a curar.

Al reencontrarse ambas se fundieron en un abrazo que a Martina le aportó más energía que cualquiera de las transfusiones.

-Bueno, pues manos a la obra -manifestó el Dr. Conde-, dado que los tres centros coincidimos en el diagnóstico y el tratamiento a seguir, cuanto antes comencemos mejor, puesto que aunque Martina responde bien a las transfusiones y su estado general es estupendo, es evidente que esa no es la solución definitiva y así no puede seguir indefinidamente.

>>Así que el primer paso es buscar el donante de la médula e ir preparando el transplante>>

-Doctor, parece que eso del transplante me infunde mucho respeto. Es peligroso? Va a sufrir mucho Martina? -exclamó Belén.

-La comprendo, Belén, usted ve las cosas desde su papel de madre y es natural que así sea. No la voy a engañar, es un proceso un largo, digamos 2-3 meses siendo realistas hasta ver los resultados, pero hoy en día tenemos los procedimientos muy controlados, y yo espero que no haya ningún problema. Además como le decía, el estado general de Martina en estos momentos es óptimo, por lo que también debemos aprovechar esta situación. Martina es una niña muy fuerte y muy valiente. Seguro que todo va a ir bien.

Dimas permanecía callado y pensativo, hasta que manifestó:

-Dr. Conde, en sus manos ponemos toda nuestra confianza, y he de ser yo quien diga esto al tiempo que le pido excusas si nuestra, fundamentalmente mía, actitud ha podido ofender o traslucir desconfianza. Y por supuesto, y por otras muchas razones, el primer voluntario a ser el donante he de ser yo.

-No se preocupe, Sr. Gordias, no tiene nada que explicar. Como le digo a su hija, los sentimientos  familiares siempre son comprendidos. Todos somos padres y abuelos. O sea que ahora todos jugamos en el mismo equipo, el de Martina, y seguro que vamos a ganar la competición.

Comenzó el proceso médico, y aquí saltó la primera y gran sorpresa. Por una parte Martina no tenía hermanos y por otra el estudio de  la compatibilidad de los familiares con Martina mostraba índices muy bajos por lo qué, pensando en la eficacia se desechó esta opción.

Esta primera dificultad que se podría convertir en decepción, y que algunos podían interpretar como un mal augurio fue vencida por el efecto que hicieron las palabras del Dr. Conde. La familia se unió como una piña, que era estimulada una vez más por la simpatía y el optimismo de Martina, y sostenida por la empatía y comprensión, que actuaban como bálsamo sicológico, de la Dra. Pérez y el Dr. Conde.

Ellos, a través del Banco de Sangre acudieron al Registro español y al europeo de donantes de médula  y sangre de cordón umbilical y en quince días tenían localizados tres donantes anónimos compatibles, dos en España y uno en Francia.

Puesto en marcha el proceso del tratamiento fueron unos meses muy duros. Martina fue sometida a fármacos muy enérgicos y tuvo que estar totalmente aislada cuatro semanas. Pero todo lo sobrellevaba con aceptación y alegría ejemplares. Belén, su madre, no se separó un minuto de su cama, y la dedicación y empatía de la Dra. Pérez fue un estímulo constante. Su abuelo se encargó de la intendencia externa facilitando todo tipo de trámites y enviándole a Martina mensajes que la hacían reír y romper el tedio de los días de aislamiento.  El carácter de Dimas parecía haber cambiado como por ensalmo. Era otro, cercano y cariñoso, y procurando ser amable y agradecido con todo el personal del Hospital.

Y por fin llegó el gran día. Los últimos análisis mostraron inequívocamente que el tratamiento había resultado exitoso, La médula de Martina funcionaba de forma autónoma fabricando la cantidad correcta de glóbulos rojos. Fue dada de alta y podía hacer vida normal. Unicamente debería hacer controles periódicos rutinarios pero que previsiblemente serían normales. En la despedida la emoción embargaba a todos, familia y personal sanitario, que habían quedado admirados de la ejemplar actitud de Martina.

 

VII

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Pasaban las semanas y en aquella familia reinaba una nueva alegría. Dimas continuaba levantándose aa su terraza antes del amanecer, e incluso ahora un poco primero, pues las emociones pasadas le mantenían en situación de cierta excitación continua.

Pero ahora los pensamientos eran muy otros. Ya no preparaba agendas ni reuniones de trabajo ni estrategias de ganancia de nuevos nichos de negocio. Pensaba que la vida le había querido enseñar algo importante y no debía desaprovechar la oportunidad. Las cosas importantes como la salud de los suyos o el tiempo que por su trabajo no había pasado con ellos si les hubiera llegado a suceder  algo malo no lo había podido comprar ni recuperar con dinero.

Pensaba también que había tenido que ser un hospital público, es decir de todos,  el que le había solucionado el problema, de forma generosa y gratuita, sin preguntarle si era pobre o rico, sin pedirle una tarjeta de crédito a la entrada. Y había sido una mujer, y una mujer joven, que sacrificaba sus horas de juventud a los pies de la cama de los pacientes y los libros, que posiblemente tendría un sueldo mensual con el que no podría cubrir ni una sola de las celebraciones con las que él agasajaba a su familia, la que había devuelto, sin preguntar nada más, la salud a su nieta, lo mismo que hacía con otros muchos niños.

Y sobre todo pensaba que la curación había radicado en la obtención de unas células que unos donantes de forma anónima y gratuita, sin esperar nada a cambio, ni tan siquiera un mínimo reconocimiento, habían cedido para aquellos prójimos que las necesitasen.

Evidentemente con cuanta gratuita generosidad se había encontrado, y todos esos logros, que hundían la raíz de sus orígenes en la solidaridad de unos seres humanos para con otros, no los habría podido comprar con todo el oro del mundo.

Todo eso tenía que tener un significado, tenía que implicar una actitud por su parte. Qué pena no haberse dado cuenta antes, pero a fe que en el futuro lucharía por echar hacia adelante esa actitud activa y cooperadora.

Y se sintió mucho más feliz al contemplar el milagro, gratuito y eterno, del nacimiento de un nuevo día.

 

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Los planos de la vida

14 Oct

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Amaneció muy temprano como cada día para Roberto Laplace. Desde sus tiempos de CEO en aquella multinacional financiera había adquirido la costumbre de levantarse antes de la salida del sol.

Le gustaba llegar muy temprano a su despacho, incluso cuando aún no había nadie en el edificio.

Echaba un vistazo de apenas unos segundos a la foto fija de los rascacielos del barrio financiero que ofrecía el amplio ventanal de su despacho, y después dándole la espalda se enfrascaba en la preparación de la agenda del día.

Le esperaban en una jornada de trabajo que no acabaría hasta avanzada la noche, sin dejarle tiempo más que para llegar a su casa y sumirse en un sueño que aunque no fuese reparador le permitiría recargar las pilas para el día siguiente.

La minuciosidad, el no escatimar horas al trabajo y una actitud que huía de todo sentimentalismo y que le hacía desconfiar siempre de las estrategias de sus competidores le habían llevado al éxito y al puesto que ocupaba. Sabía que muchos de sus adversarios, e incluso alguno de sus empleados, aseguraban que era frío y en ocasiones despiadado. Pero en fin, él no había diseñado las normas del mundo en el que se tenía que mover.

Sin embargo ahora todo era distinto. Había conocido el lujo de no tener prisa. Podía pasear por el borde de la playa durante todo el tiempo que quisiese, sentarse a disfrutar de la brisa y del sonido de las olas. Cuando escuchó en la radio de un bar aquella música de Debussy descubrió que la belleza podía estar en algo inmaterial, e incluso simplemente con ella sentirse feliz.

También había podido descubrir algo con lo que no contaba: el placer de la lectura. No sin cierta ironía se repetía que tanto placer y lujo se le acumulaban. Como quiera que fuese, desde que descubrió abandonado en un banco del paseo marítimo un ejemplar del Cántico espiritual lo tenía como un tesoro. Se pasaba las horas muertas sentando cara al mar leyendo y releyéndolo. Parecía que le hablaba directamente, que el autor lo había escrito pensando únicamente en él y en cada nueva relectura descubría aspectos en los que no había reparado anteriormente. No importa que solo tuviese ese libro, con él era suficiente.

Qué felicidad, que plenitud sentía!  Cómo no lo habría hecho durante su vida laboral?. Por qué había tardado tanto en descubrirlo?

El día declinaba, desde la playa la línea del horizonte iba haciéndose más nítida, y matices de azules y grises se iban alternando con rojizos que el sol en su ocaso iba modulando. Ah, la belleza gratuita de los colores del anochecer!

Llegaba la hora de retirarse, con paso relajado se dirigió al espacio del cajero automático donde pasaría la noche. Al llegar alisó los cartones que le servirían de lecho, y extendió la vieja manta a la que tanto cariño tenía y le serviría de abrigo (afortunadamente el clima de aquella ciudad levantina era muy benigno y no necesitaba mucho más). La mochila sería la almohada y al lado su precioso tesoro, el libro que tanta sabiduría le comunicaba.

Sabía que antes de dormirse, durante un breve espacio de tiempo inevitablemente los fantasmas de los recuerdos le asaltarían. Recordaría como llegó de forma tempestuosa una crisis económica totalmente imprevisible. Como la multinacional mostró sus pies de barro y tuvo que hacer una severa reestructuración que se llevó por delante al 80 % de la plantilla. Como su adjunto, en un momento de debilidad inexplicable por su parte, se las ingenió para hacerle responsable de todas las decisiones fallidas, y hacerse con su cargo. Recordaría también como tuvo que ir vendiendo todos sus bienes y sus ahorros se fueron consumiendo poco a poco hasta verse en la presente situación, sin hogar y teniendo que alimentarse en un comedor social.

Todos esos pensamientos se repetirían, pero él entonces se agarraba a esa capacidad de razonamiento que tantos éxitos le había dado, y los alejaría. De cualquier modo el pasado, pasado es y además no se puede dar marcha atrás. Ahora tenía lo que tenía, y con ello estaba más que satisfecho.

El día siguiente, si llegaba, sería un nuevo regalo del destino, volvería un nuevo amanecer, la belleza del sol y del mar volverían a estar ahí para él, de forma gratuita, y su preciado libro le seguiría regalando sabiduría y … soledad sonora.

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Parada discrecional: Redes (A Coruña)

21 Ago

En cualquier momento puede surgir la sorpresa y toparnos con lugares encantadores donde disfrutar de una vista relajante en un ambiente tranquilo y con un clima benigno y nada agobiante.

Eso nos ocurrió en el pueblecito de Redes, en la provincia de A Coruña, a orillas de la ría de Ares.

Situados en Betanzos y en dirección a Ferrol, pasado Pontedeume nos desviamos a la izquierda y por carreteras bien asfaltadas y señalizadas llegamos a Redes, y a pie a su centro neurálgico, la plaza O ´ Pedregal, sencilla pero bien diseñada, recordándonos que quizás casi todo tiempo pasado fue peor.

Fácilmente, sin esfuerzo, se recorre a pie un pueblo fundamentalmente marinero, como su propio nombre indica al hacer referencía a ese útil de pesca. Con su elemental puertecito desde el que se divisa la playa y unas casas a pie de agua que le hacen merecedor del sobrenombre de la Venecia gallega.

Otro aspecto sorprendente es su, a su escala, rico patrimonio arquitectónico, pero antes de descubrirlo es preciso callejear lo que nos regalará multitud de rincones llenos de encanto.

En el patrimonio arquitectónico con su carga de historia destacan las denominadas casas de indianos, con detalles modernistas así como un palacio del siglo XIII, cargadas de interesantes leyendas.

En definitiva, véngase a Redes quien guste de disfrutar de la vida en sus cosas sencillas y en el sosiego.

Los libros (también) son para el verano.

17 Ago

Llegadas estas fechas solemos pensar que es el momento de recuperar esas lecturas que van quedando pendientes a lo largo del año y que además servirán para proporcionarnos momentos de relajo en el ajetreado calendario de playa, piscina, chiringuitos, etc. Para ello los periódicos nos regalan listas con la indicación de los títulos más adecuados a nuestros gustos y características.

Quiero echar un cuarto a espadas en la cuestión, pero desde un punto de vista totalmente subjetivo, y sin la más mínima intención ni clasificatoria ni calificadora. Señalar previamente dos cuestiones: primero, soy lector de todo el año, por lo que en verano lo único que hago es continuar con los libros que tenga entre manos de atrás, y segundo, dado mi consustancial desorden en todos los aspectos de mi vida, no podía escaparse a él el hábito libresco, por lo que compaginar varios de ellos al mismo tiempo es lo habitual, sin ningún orden ni concierto ni por qué.

Qué manejo, pues, en estos momentos que me ayuden a soportar los rigores de la temperatura de esta bella ciudad de la costa levantina?.

Comentaba semanas atrás que llevado de mi admiración por los escritos de Rafael Narbona había llegado a una publicación de José Jiménez Lozano, El Mudejarillo, al que me atrevía a calificar como uno de los textos más bellos que últimamente había leído, y que además despertó mi interés por la vida de San Juan de la Cruz, al punto de hacerme realizar un viaje a Fontiveros, su cuna. Pero también lo señalaba como una biografía poetizada, por lo que me quedó el regusto de buscar alguna más históricamente canónica. Así llegué a otra estación que tampoco era exactamente la buscada, pero que por sus características compensaba detenerse en la misma.

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La noche enamorada es un texto de un autor, Pedro Miguel Lamet, prolífico y que aborda muy diversos géneros y formatos, lo que se traduce en el dominio de una prosa ágil, elegantemente elaborada y muy documentada, por todo ello de fácil y gratificante lectura.

En este caso la obra citada es una novela histórica referida a la biografía de San Juan de la Cruz. Podríamos decir que es más histórica que novela por cuanto la percha narrativa (así denominada por el autor) es muy liviana y un mero pretexto para asentar muy sólidamente las andanzas de San Juan así como los detalles de los diferentes medios sociales en los que transcurre su vida, y que constituye en definitiva el fuerte del libro. La historicidad y fuentes señaladas por el autor en su Apéndice al libro lo corroboran, y de ellas destaca el autor este otro librito titulado Vida de S. Juan de la Cruz, del Padre Crisógono de Jesús, de la Orden de Carmelitas Descalzos, que si pequeño en formato concentra muy acertadamente los datos objetivos conocidos con una bella prosa, ilustraciones de Francisco Zucchi, de 1748, y citas muy adecuadas.

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Para concluir, señalar que la asimetría señalada en nada menoscaba el interés y el disfrute que proporciona su lectura y los muchos motivos de reflexión que aporta.

En cuanto a complementos musicales, decir San Juan de la Cruz es decir Mompou y la Música callada que los une. La versión que más me gusta es la de Javier Perianes, que acierta perfectamente con la sensible delicadeza y hondura de ambos personajes.

En lo que a artes plásticas se refiere múltiples retratos se pueden encontrar, e incluso se puede invocar al famoso Cristo de Salvador Dalí, pero creo que nada representa mejor todo el significado y la personalidad de San Juan que ese pequeño dibujo realizado por él mismo, que aún se conserva en el convento de la Encarnación de Ávila, y que el Santo había regalado a la hermana Ana Mª de Jesús.

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Otro de los senderos veraniegos explorados fue el de los cuentos, e inexorablemente en este camino había de toparme con la magna obra de Dña. Emilia Pardo Bazán, y la inmensa fortuna de que se puede acceder a la totalidad de su excelente producción cuentista  completa en esta web.

Pero la cosa no quedó ahí. La generosa diosa Fortuna quiso que camino de esta bella ciudad de la costa levantina hiciese escala, como siempre que tengo la más mínima oportunidad, en Madrid, donde con motivo de la efeméride de su fallecimiento la Biblioteca Nacional celebra una excelente exposición que se glosa su vida, su personalidad y su obra, entre otros varios aspectos.

La citada exposición está magníficamente comisariada por Isabel Burdiel, Catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, y que en 2019 publicó una biografía sobre Pardo Bazán que al decir de la crítica es la referencia obligada para el conocimiento de nuestra autora.

Pues bien, el catálogo de tal exposición, cuya portada es la imagen que figura más arriba, está también introducido por Isabel Burdiel, y junto a otros nueve especialista en diversas facetas, nos muestra una imagen poliédrica, con muchas caras desconocidas, luces y sombras, de una autora que fue bastante ignorada. Anecdóticamente citaré que repasando los ya muy viejos libros de aquel mi lejano bachiller, en la Antología Literaria Española Contemporánea, firmada nada menos que por Lázaro Carreter y Correa Calderón en el año 1964, que comienza con Bécquer y termina con Celaya, no se la menciona.

La exposición y el catálogo citado se suman al actual interés creciente por tan interesante autora, y nos la muestran, así se menciona en más de una ocasión, como una figura poliédrica, que se mueve con gran facilidad en la dicotomía, aspecto este que la autora nunca rehuía. En este sentido Ramón Villares, de la Universidad de Santiago de Compostela, como …con evidente perspicacia…establecía claramente las fronteras entre patria y tierra…lo que la llevaba a reflexionar como debía ser tratada España y que remedios se le podían aplicar en aquellos decisivos tiempos.

Otra de sus dicotomías, en la que hubo de navegar con gran complejidad y detalle de circunstancias, fue entre razón y fe, ella que tan reiteradamente confesó su profesión de fe católica. Recuerda la actitud unamuniana, pero sin el carácter trágico de este, sino abordándolo con gran coraje, y en muchas ocasiones hasta con humor. Este aspecto, en unos tiempos de una religiosidad basada en la ortodoxia, es abordado con gran detalle, y pienso que también con gran acierto, por María Cruz Romero Mateo, de la Universidad de Valencia. También aquí se ponen de manifiesto dos conceptos que podían ser transversales en la actitud intelectual de Pardo Bazán: su modernidad y su independencia, lo que ejercitados en terreno tan delicado nos dan como resultado otro de sus valores: su valentía. Dignos de mención en este sentido sus análisis sobre el feminismo y la Iglesia, también señalados en este capítulo del catálogo.

Todo ello, no cabe duda, la hizo un personaje incómodo no solo durante su tiempo, recuérdese la gran polémica intelectual que se generó con su intento de acceso a la Real Academia, sino también tras su muerte, hasta el punto de estar oculta, como otros muchos intelectuales, por un régimen, el franquista, para quien estas ansias de cultura y libertad se hacían indigeribles. Y en el caso de Pardo Bazán con la trágica ironía de la usurpación de un lugar, las Torres de Meirás, que ella había construido como expresión y a medida de su personalidad.

Pero Pardo Bazán nunca se daba por rendida en su lucha por la modernidad, pues ella decía, como bien recuerda Isabel Burdiel, que Vivir es tener opiniones, deberes, aspiraciones, ideas. No pensar por decreto.

En definitiva, el descubrimiento de una gran exposición que quien no pueda disfrutarla in situ sí puede hacerlo a través de la página web y del catálogo reseñados.

El complemento musical de Dña. Emilia me sugiere a Stranvinsky. Espíritu libre, innovador y atrevido, en ocasiones hasta el escándalo, en constante búsqueda de la modernidad. Su disonancia polifónica, sobre todo en su Consagración de la Primavera remeda de algún modo la disonancia social en la que se movió Pardo Bazán.

En laa exposición abundan pinturas de excelente factura, y firmados por prestigiosos artistas, como La coronación de Quintana, de López Piquer, perteneciente al Prado, un retrato de Gómez de Avellaneda, de Federico de Madrazo, perteneciente al Lázaro Galdiano, o un Retrato de Amalia de la Rúa, de Joaquín Sorolla, por citar solo algunos de los muchos. Pero a mí me llamó especialmente la atención la abundante, y buena, obra de Joaquín Vaamonde Cornide, autor a quien no conocía, y del que reproduzco una semblanza recogida de internet, del que, como se ve en dicha semblanza, cuelgan dos obras en el Museo del Prado. De las varias obras a la autora dedicadas me atrajo especialmente la titulada Emilia Pardo Bazán no Ateneo de Madrid (1897) no solo por sus características pictóricas sino por el mensaje transmitido, actitud de Dña. Emilia incluida.

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Como final de este apartado, señalar que muy interesantes actos complementarios a la exposición pueden seguirse a través del canal de la Biblioteca Nacional en YouTube.

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Pero sin duda el gran descubrimiento de estos días de asueto en esta bella ciudad de la costa levantina es este de Ana María Bascary sobre la represión y la resistencia femeninas en la posguerra inmediata en Villarobledo, provincia de Albacete.

En este caso, a diferencia de los dos anteriormente reseñados, no lo será por la belleza de su prosa, pues primero no es el objetivo del libro, y segundo, el horror que tal prosa señala impide toda degustación estética.

La importancia radica en el riguroso y documentadísimo trabajo de investigación, y sobre manera en colaborar en mantener la memoria de la dignidad y el sacrificio de unas personas tan injusta y vilmente tratadas. Decía no sé quien que los humanos no nos morimos mientras no dejemos de estar en la memoria de nuestros seres queridos, y por ello la ovetense Julia Conesa suplicaba …que mi nombre no se borre en la historia…

No se trata de reabrir heridas ya cicatrizadas ni de atizar estériles odios, se trata, como decía D. Gregorio Marañón con otro motivo, de demostrar que la dignidad humana existe, y de hacer justicia a esa dignidad. Tapar la historia con …la pesada losa del silencio…solo conduce a la demencia social.

Obviamente como complemento pictórico cuando se trata de explicitar los horrores de las guerras la referencia inexcusable es Goya (aunque por desgracia no faltarían otras muchas alternativas). Y en este caso escojo su serie de grabados Desastres de la guerra.

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En cuanto a música, muchos fueron también los  que tuvieron que sufrir las represalias del franquismo (Rosa García Ascot, Ernesto Halftter, Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Salvador Bacarisse, Gustavo Pittaluga, Fernando Remacha y Juan José Mantecón, los integrantes del Grupo de los Ocho, por citar algunos), que como con tantos otros artistas el régimen se ocupó de que fueran ignorados en nuestro país, a pesar de que estaban recibiendo el reconocimiento en el resto del mundo. En esta ocasión escogemos a Roberto Gerhard , y en concreto su cantata La peste , por su paralelismo con la situación descrita en el libro.

Y, en fin, en esta injustificada manía de reivindicar el desorden, incluso en la lectura, en la que uno anda de flor en flor, siempre se tiene un fondo de armario al que se vuelve para deleite de su lectura, como  ha de hacerse con los clásicos. En este sentido, en la actualidad tengo Los Episodios Nacionales, de D. Benito Pérez Galdós, y El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Sin palabras.

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Cenicienta

23 Jul

 

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I

La vida de Cenicienta era triste y monótona, pero eso mismo que podría parecer muy negativo a ella le proporcionaba si no autoestima, sí seguridad. Por otra parte, a pesar de lo anterior, Cenicienta tenía un carácter dulce y un gran sentido de la empatía, que trasmitía con facilidad.

Desde que sus padres le habían sido arrebatados en aquel odioso accidente en que un camión cuyo conductor estaba bajo los efectos de estupefacientes arrolló su automóvil, cada día los añoraba más. De hecho no pasaban muchos días sin que fuera a visitar su sepultura, y allí, al pie de aquel fresno que le daba sombra, abría su alma y vertía sus confidencias con la seguridad de que su madre la escuchaba, esperando encontrar sus consejos en el fondo de su corazón. Mucho añoraba su ternura, y la rectitud y el cariño de su padre.

Tras su orfandad, todavía niña fue acogida por una tía paterna, viuda y con dos hijas. Su tía no se parecía en nada a su padre. De carácter hosco, era muy envidiosa, siempre estaba amargada y enfadada contra el mundo, y procuraba encargarle las tareas más ingratas de la casa. Sus primas, orgullosas y engreídas parecían creerse sendas reencarnaciones de la reina de Saba, y la ignoraban totalmente, sin hacer el más mínimo esfuerzo por integrarla en su mundo infantil, lo que de alguna manera hubiera suavizado su dolor.

Así que Cenicienta se encerraba en si misma y sus estudios. Sin amigas verdaderas, y tratándose solo muy superficialmente con alguna compañera de estudios, no tenía ninguna vida social. Eso unido a su inteligencia natural facilitaba que avanzase en sus estudios con brillantez y excelentes calificaciones, lo que alimentaba aún más la sorda inquina de su tía y sus primas.

Cuando alcanzó la mayoría de edad y pudo tomar sus propias decisiones, gracias a su tierno carácter y su excelente curriculum académico no le fue difícil encontrar un trabajo de becaria en una importante, si no la más, editorial de la capital. Además, como no tenía ningún tipo de vida social y los estudios los llevaba con mucha facilidad, lo que le significaba tener mucho tiempo libre, se buscó para los fines de semana y festivos un trabajo de camarera en una conocida cadena de comida rápida.

Todo ello le permitió adquirir una mínima autosuficiencia económica, y poder abandonar el aquelarre en el que estuvo aprisionada durante estos últimos años. Alquiló un minúsculo estudio en las afueras de la ciudad y pudo acceder a una vida que además de libertad le proporcionaba tranquilidad. ¡Casi nada!. Por si fuera poco, los habituales y largos desplazamientos en el transporte público, añadido a los conocimientos colaterales que iba adquiriendo en su trabajo en la editorial, le permitían ir adentrándose en el maravilloso mundo de la literatura.

El trabajo era rutinario, pero a ella le parecía apasionante por el ambiente y los personajes entre los que se movía. Había ingresado como becaria y asignada al departamento de distribución, quizá el menos artístico de la casa. Su trabajo consistía en controlar que los distintos pedidos eran enviados en la fecha contratada y después que eran recibidos adecuadamente y de todo ello llevar unos rutinarios registros. Más por otra parte dado su carácter empático y servicial sus compañeros le pedían constantes favores que ella satisfacía con alegría y presteza, e incluso la utilizaban para tapar o justificar pequeños errores del día a día, lo que le iba granjeando la simpatía de todos.

Cenicienta estaba contenta. Al haberse librado del ambiente opresor en que había vivido era como si le hubiesen quitado una enorme losa de encima de su ánimo, y se tornaba cada día más alegre. Continuaba yendo a visitar la sepultura de sus padres y contándoles sus sentimientos con la seguridad de que ellos la escuchaban y ahora se alegraban de su nueva disposición de ánimo.

Todo ello hacía que su carácter y el trato con sus compañeros fuese cada vez más abierto, especialmente con Paloma, la secretaria de dirección de libros artísticos, el departamento de élite y más admirado de la casa.

Paloma era todo lo contrario a Cenicienta. Proveniente de una familia acomodada y con muy buenas relaciones había estudiado lo justo para obtener, eso sí, una brillante licenciatura en artes, y posteriormente, gracias a las influencias de la familia, su actual puesto de trabajo, envidia de toda la plantilla de la editorial.

De carácter extrovertido y jovial, era de natural agraciada y elegante, además de ser muy cuidadosa con su aspecto físico. Conocía a todo el mundo y sus historias, y mantenía una dilatada y muy activa agenda social.

Inteligente y de fondo bondadoso había sabido adivinar las virtudes de Cenicienta, y enternecida por su innata tristeza se había acercado a ella intentando animarla y ayudarla en su vida laboral. Así que pronto trabaron una sincera amistad que les llevaba a compartir sentimientos y confidencias y en la que Paloma trataba de alegrar a Cenicienta convencerla para que se incorporase a una vida social más activa, algo que la timidez de Cenicienta rechazaba. Estaba, eso sí, muy contenta de compartir a menudo con Paloma la hora de las comidas del mediodía, en las que tenían alegres charlas y con las que ambas intimaban cada vez más, pero cuando Paloma le proponía algún plan para después del trabajo Cenicienta educadamente lo rechazaba, y todo más aceptaba compartir un café de media tarde antes de volver a su pequeño apartamento y a sus estudios.

 

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II

Llegó el verano y con él se aproximaba un acontecimiento especialmente esperado por el personal de la editorial. Todos los años D. Juan, su dueño  y del amplio conglomerado de empresas que giraban alrededor de ella, gustaba de celebrar su onomástica organizando una gran fiesta en el amplio castillo medieval de su propiedad, sito en una villa próxima a la ciudad.

El lugar era de ensueño. El castillo, que databa del siglo XV,  había sido restaurado hasta en sus más mínimos detalles conservando todo su esplendor original, y al propio tiempo dotándolo de todas las medidas de confort actuales, sin tener nada que envidiar al más lujoso establecimiento hotelero.

A su vez estaba rodeado por una generosísima extensión de terreno donde abundaban paseos bajo frondosas arboledas, amplios jardines con abundante dotación floral y hasta de un riachuelo que se remansaba formando un lago que proporcionaba un espacio pleno de serenidad y paz. Diversas especies de pájaro, sin que faltasen las cigüeñas, tenían allí sus nidos y amenizaban el ambiente con las música de sus trinos. Liebres y hasta algún ciervo sorprendían al visitante con sus cercanas carreras. Todo ello ponía de manifiesto la buena conservación natural del entorno.

El castillo, además, en todos los eventos que las empresas de D. Juan en él celebraban, estaba atendido por una de ellas, a la sazón la más prestigiosa en restauración gastronómica de la ciudad.

A la fiesta eran invitados no solo todos los componentes de la empresa con sus parejas, sino también los autores que componían la nómina de las publicaciones de la editorial, así como otros muchos a los que se quería agasajar y captar, junto con gentes del mundo de la crítica y el periodismo. Todo el que era alguien en el ámbito de las letras recibía su invitación. También en ocasiones acudían figuras de otras artes, como las plásticas, la música o la danza. Todos tenían cabida en las muy numerosas estancias del castillo y los diversos establecimientos adyacentes que componían la propiedad. El festejo duraba hasta el día siguiente, y en ocasiones se prolongaba hasta un tercer día si los invitados se animaban a continuar.

En definitiva, era el evento social de la temporada, y con el que no solo se rendía homenaje de respeto y agradecimiento a D. Juan, sino que se inauguraba la estación del verano, con lo que de vacación y descanso conlleva. Además en esta ocasión se añadía una circunstancia más, de gran significado para D. Juan y la empresa. Ciro, hijo único de este y por tanto destinado a ser el heredero universal del gran imperio editorial, regresaba de Estados Unidos tras tres años de intensa formación en importantes universidades en el ámbito de la literatura y los negocios editoriales. Se incorporaría a la empresa en la temporada siguiente. Y aunque su padre quería que lo hiciese sin privilegios, desde puestos inferiores y a poder ser pasando de incógnito, era evidente que más temprano que tarde llegaría a los más altos puestos de dirección.

Siempre que llegaban estas fechas Paloma estaba cada día más emocionada pues sabía que era una jornada muy divertida de la que podría disfrutar no solo con sus compañeros de trabajo sino con muchos y muy interesantes personajes, bastantes de ellos ya conocidos por sus relaciones familiares. En esta ocasión, además, quería transmitirle toda su emoción a su amiga Cenicienta, y conseguir que al fin venciese su timidez y se introdujese en el mundo de las relaciones sociales.

Sin embargo Cenicienta, aunque le agradecía a su amiga el interés que ponía en ella y no quería desairarla, no estaba muy segura, e incluso pensaba en buscar una excusa educada para no acudir, segura además que dada su insignificancia nadie se percataría de su ausencia ni la echaría de menos. No sabía como desenvolverse en ambientes como el que allí se formaría, y además tampoco tenía ni el vestuario ni los complementos apropiados a la ocasión.

-Ni lo sueñes -exclamó Paloma, fingiendo indignación -para eso estoy yo aquí. Seré tu personal shopper y este fin de semana dejamos zanjado el tema del vestuario, los complementos, el maquillaje y la peluquería. Y esto no es negociable. Pues faltaría más!

 

 

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III

 

Y llegó el gran día de la fiesta.

El castillo y todos sus alrededores estaban envueltos en un atardecer transparente en el que los colores de la puesta del sol parecían ir armonizándose con la iluminación de los jardines hasta componer una sinfonía de  tonalidades suaves y sugerentes que invitaban al disfrute de la relajación y la comunicación entre los invitados. Al fondo una orquesta de cuerda contribuía a completar el ambiente con una música suave y tan acariciadora como la brisa que, sin molestar, aliviaba los rigores de la temperatura ya veraniega.

Mientras los invitados iban llegando una legión de camareros distribuían exquisitas creaciones gastronómicas y estimulantes bebidas.

En un determinado momento, ni demasiado pronto ni demasiado tarde para no llamar la atención pero tampoco  desairar la etiqueta, llegaron Paloma y Cenicienta a bordo del deportivo automóvil de la primera. Ambas eran personas discretas y además eran conscientes que entre los asistentes figuraban personajes de la vida social de mayor repercusión mediática. Pero no lo consiguieron. Estaban bellísimas. Esbeltas, irradiaban juventud y elegancia, con sendos trajes de noche de exquisito diseño, sin ser ni extravagantes ni provocativos.

Pronto comenzaron a formarse corrillos de conversación entre los que Paloma, conocedora prácticamente de todos los invitados, se movía como pez en el agua e iba haciendo las presentaciones de Cenicienta. Las damas asistentes, siempre muy observadoras para estos menesteres, fueron pródigas en alabarles la elegancia de sus atuendos, destacando no solo los vestidos sino la perfecta conjunción con los complementos, y muy especialmente los zapatos.

A medida que transcurría la noche Cenicienta empezaba a sentirse relajada y contenta, satisfecha por haber cedido a los consejos de su amiga Paloma, que ni un solo momento dejo de estar pendiente de ella. Pero también comenzó a moverse entre los distintos corrillos al ir conociendo a las personas y también porque acudían a ella, demandando su conversación, que se iba volviendo más fluida, impresionando a todos por su discreción, sentido y amplia cultura.

Evidentemente entre los jóvenes se establecía una especial afinidad, por lo que en un momento dado coincidieron en el mismo grupo Cenicienta y Ciro. Este quedó sorprendido con el conocimiento que ella tenía de la sociedad y modo de vida norteamericanos, y mucho más cuando a su requerimiento le confesó que nunca había visitado tal país, pero que uno de sus campos de interés era la geografía social. Y lo mismo sucedía con sus manifestaciones artísticas.

La conexión que se estableció entre ambos no podía pasar desapercibida para una persona muy observadora como D. Juan, máxime cuando este se percató de que, él que se preciaba de conocer prácticamente a toda su plantilla, en este caso no sabía nada de ella. Por ello, como también había observado la especial relación que Paloma mostraba con ella, hizo un aparte discreto, y le preguntó:

-Paloma, dime quien es esa chica con la que tanto habla mi hijo, y que yo no conozco?

-Tiene buen ojo, D.Juan -contestó Paloma, que sabía que podía tener ciertas confianzas con su jefe -es uno de los diamantes de su plantilla. Pero ciertamente es posible que no la conozca porque lleva muy poco tiempo en la empresa. Además es muy discreta y le gusta pasar desapercibida. Es la nueva becaría del departamento de distribución. Pero es persona de grandes capacidades. Y en cuanto a su hijo -continuó Paloma, mientras le guiñaba un ojo humorísticamente -no se preocupe. Cenicienta, que así se llama, es extremadamente recta y honrada.

-Cenicienta, curioso nombre -replicó D. Juan -Paloma, tú que tienes gran tacto podrías presentármela discretamente?

-Por supuesto, D.Juan. Buscaré el momento oportuno, no se preocupe. 

Y dicho y hecho. Paloma se acercó a Cenicienta y, so pretexto de dar un paseo y charlar un rato, maniobró para introducirse en el campo visual de D. Juan a una distancia acorde con las normas de la cortesía.

-Qué tal lo estás pasando, Ceni? -así la llamaba siempre coloquialmente Paloma, a tiempo que le regalaba una sincera sonrisa -estás a gusto?

-Sinceramente sí, Paloma, y te agradezco mucho que me hayas animado a venir -le contestó Cenicienta -es estupendo encontrar y charlas con tan interesantes y cordiales personajes.

-Ves?, te lo decía, estaba segura que ibas a disfrutar.

En ese momento oyeron la voz de D. Juan:

-Paloma, por favor, podéis acercaros?

-Por supuesto, D. Juan. Muy buenas noches y felicidades, por su onomástica, y como siempre por el acierto de esta maravillosa fiesta.

-Muchas gracias, Paloma. Tú siempre tan encantadora y atinada. Y ahora, querrías presentarme a tu amiga, que se está convirtiendo en la estrella de la noche?

-Faltaría más, D. Juan. Cenicienta, Ceni para mí, es, a parte de una de las más eficaces trabajadoras de la empresa, una de mis mejores y más admiradas amigas por su estupendo carácter y por sus amplísimos conocimientos. Becaria en el departamento de distribución y con una doble licenciatura en Bellas Artes y en Sociología. 

Y dirigiéndose a Cenicienta continuó:

-A D. Juan no necesito presentártelo, verdad?. Eso sí, y él sabe que lo digo con toda sinceridad, D. Juan es un gran jefe, y persona en quien siempre podemos confiar.

-Bueno, Paloma, todos sabemos de tu buena educación, y también sabemos de tu sinceridad, por lo que te agradezco tus palabras.

Y continuó:

-Y tú, Cenicienta, y te tuteo si me lo permites, no por establecer rangos, si no por la edad, me permites también que te llame Ceni, por la confianza que ambos tenemos en nuestra común amiga Paloma?

-Por supuesto, D. Juan, y es un honor conocerlo, y sus palabras. Y aprovecho también por felicitarlos por los motivos que expresó Paloma, y agradecerle la invitación a esta magnífica fiesta -expresó Cenicienta.

 

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IV

 

Al día siguiente Cenicienta despertó temprano. Tras asearse y recoger su equipaje, escribió una nota de despedida para Paloma que le introdujo por debajo de la puerta de su habitación, pues no quería ni despertarla ni incomodar su intimidad.

Bajó al comedor para el desayuno, estaba recién abierto y aún vacío. Se sirvió un abundante plato de fruta variada y una taza de humeante y oloroso café, y se sentó en una de las mesas de la terraza, dispuesta a disfrutar de las vistas del amplio jardín, y del silencio solo roto por los cantos de los pájaros. Con el amanecer aún reciente, el aire limpio transmitía fragancias de las flores. Se regocijó con ambiente y los agradables recuerdos de la fiesta.

Había pasado no muchos minutos ensimismada en este ambiente cuando apareció Ciro:

-Buenos días, Ceni. Parece que somos los únicos que madrugamos. Puedo sentarme en tu mesa?

-Por supuesto -contestó ella -y esa forma de madrugar?. Costumbres americanas o de natural en tí?

-Un poco de todo. Me gusta aprovechar el tiempo, y parece que por las mañanas estira un poco más. Quiero acercarme hasta  la biblioteca de la universidad a recoger bibliografía, a ver si por fin acabo mi trabajo de tesis. Y tú?

-Un poco lo mismo. Me gusta adelantar los temas de estudio los fines de semana, así durante la semana estoy menos estrenada con el trabajo. Además en la cafetería  del trabajo complementario tengo turno de tarde. 

-Vaya, eres admirable. Qué ritmo de vida! -exclamó Ciro.

-Bueno, supongo que parecido al tuyo, verdad? -replicó Cenicienta.

-Pues la verdad es que sí. En fin, son los tiempos que nos toca vivir. Bueno, como yo también me voy, si quieres te acerco, sin prisas, que yo tampoco la tengo.

-Pues te lo agradezco, Ciro. Iba a pedir un taxi pero casi mejor acepto tu invitación. Por mí parte, nos podemos ir cuando tu quieras. Ya tengo mi maleta hecha.

Durante el viaje continuaron una animada conversación, compartiendo opiniones e intereses cada vez más coincidentes. Al llegar al portal de Cenicienta se despidieron amigablemente sabiendo que habían encontrado una sincera y alegre amistad.

 

…y colorín colorado…  

…vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza, y el señor cura a sus misas….  (Fiesta.- J.M. Serrat, 1969)

 

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Madrid: Vivian Suter.

16 Jul

Madrid ha tenido la suerte de heredar la capitalidad de uno de los mayores imperios que en la historia han sido. Quizá por ello, quizá por otras varias razones el caso es que es una ciudad dinámica y vital desde mucho antes incluso de la aparición de payasadas oficiales. Gran número de visitantes de muchos países acuden atraídos por ese dinamismo. Esto hace que también se refleje en su vida cultural.

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En dicho ámbito, y en lo que a la plástica se refiere convendremos que hoy en día es difícil encontrar algo que nos sorprenda o que pueda considerarse original. Pues bien, lo hemos encontrado en Madrid, y más concretamente en la exposición de la obra de Vivían Suter, organizada por el Museo Reina Sofía en su espacio del bello Palacio de Velázquez del Retiro.

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Vivían Suter es una artista nacida en Buenos Aires en 1949, pero considerada de origen suizo por haber desarrollado su trayectoria en Basilea, para establecer posteriormente su residencia en plena selva guatemalteca, lo que ha tenido una profunda influencia en las características de su obra, al punto que tras pasar una serie de tormentas tropicales que llegaron a trastocar muchos de sus lienzos, llega a considerar a la naturaleza como coautora de su obra.

Y a partir de aquí comienza la originalidad citada del hecho expositivo. Los telas, la mayoría de gran y muy gran formato, conservando cada una su autonomía cuelgan sin bastidor ninguno, conformando una gran selva por la que el visitante puede pasear entre ellas, con una relación con el espacio arquitectónico que hace de continente, pero remitiendo indudablemente al entorno en que fueron creadas.

Las muy variadas formas abstractas y la amplísima gama cromática, casi siempre muy luminosa, conforman un todo armonioso y alegre. En definitiva, bello y en el que se percibe un gran trabajo de experimentación, incluido también el ámbito textural.

En definitiva, una experiencia sensorial que no se debe obviar, y que haciéndolo con mente amplia y sin prejuicios nos regalará un gran goce estético y la satisfacción de la originalidad.

Y si quiere finalizar todo ello con un regalo de la vida, tómese un bocadillo de calamares y una caña muy fría a la sombra de uno de los varios chiringuitos (de los de verdad, no los funestos de los que cada día nos enteramos) al borde del Estanque Grande del Retiro y agradézcaselo al destino.

Después, actúe en consecuencia.

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Parada discrecional: Villanueva de Cañedo

9 Jul

Todas las tierras tienen su historia y sus ciclos, mucho más semejantes entre sí de lo que podría parecernos a primera vista, que dicen que la historia es circular y que después de los griegos pocas cosas quedan que nos sorprendan.

Y por cierto, ahora ya se admite que el Medievo no es la época oscura e inculta que durante años nos mostraron, sino que fueron tiempos llenos de arte y cultura, en los que, además, se decidieron las estructuras de las naciones tal como hoy las conocemos.

En Castilla soplaban vientos de continuas guerras entre moros y cristianos. Las fronteras de los condados y los reinos variaban constantemente como resultado de aquellas. Quizás por ello, para salvar la retaguardia de la reconquista, se construyó, entre otros, el Castillo de Villanueva de Cañedo, allá por el siglo XI, y dada la carencia de orografía defensiva se le dotó del enorme foso que lo rodea.

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Otras versiones aseguran que su construcción fue autorizada por Juan II , padre de Isabel, denominada la Católica, y vencedor de la batalla de Higueruela, protagonizando el bello poema de Abenámar. Dicha construcción fue llevada a cabo por la Casa de Alba, a la que el rey había concedido el señorío de Alba de Tormes, y posteriormente el condado del mismo nombre, y se realizó sobre los restos del castillo anterior del siglo XI al que hacíamos mención, y del que se conserva todavía el sótano.

En aquellos tiempos convulsos de continuas conspiraciones, traiciones y guerras, muertos Juan II y su hijo, Enrique IV, en 1476  el ya duque de Alba, entrega la localidad de Villanueva de Cañedo con su castillo a los Reyes Católicos, a cambio de la de San Felices de los Gallegos, como un episodio más dentro de las luchas, capitulaciones e intrigas habidas en Castilla durante la conflictiva sucesión de Enrique IV. El castillo llega a albergar a Fernando II de Aragón en su camino hacia la batalla de Toro, durante la guerra contra Juana la Beltraneja. Una cadena labrada en piedra sobre un escudo del Obispo, a la entrada del Castillo revela este acontecimiento.

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Posteriormente los Reyes lo ceden  al mariscal de Castilla Alfonso de Valencia y Bracamonte, siniestro personaje que había luchado a favor de Enrique IV y por él defendió Zamora frente a las tropas de Isabel, la denominada la Católica. Aunque poco después rindió pleito homenaje por segunda vez a los reyes Fernando e Isabel y se comprometió a ayudarles en su lucha contra el rey Alfonso V de Portugal, esposo de Juana la Beltraneja. Pero una vez más traicionó dicho compromiso entregando  la ciudad de Zamora, aunque dicha traición acabó siendo perdonado por el infante Fernando II de Aragón.

Al año siguiente, en 1477, Alfonso de Valencia lo vende a  Alonso Ulloa de Fonseca Quijada, obispo de Ávila, que fue capellán de Juan II, y acérrimo defensor de Isabel, la denominada la Católica, al punto de luchar como capitán de sus tropas en la batalla de Toro.

Sabido es que las jerarquías de las iglesias siempre estuvieron muy preocupada por los asuntos terrenales, sobre todo cuando se trataba de estar apegadas al poder y ejercerlo como uno de los mantenedores de la sociedad estamental terciaria , lo que además les instaba a llevar estilos de vida que , cuando menos, podríamos denominar de sorprendentes.

​Y volviendo al castillo, el objetivo del bueno de D. Alonso será convertirlo en su residencia habitual para allí vivir con su amante Doña Teresa de las Cuevas, alejados de las habladurías de las villas cercanas.

​Legitimado su hijo Gutierre por los Reyes Católicos, el primogénito, será el heredero del mayorazgo y el primer Señor de Villanueva de Cañedo.

​A partir de este punto, la leyenda popular denomina al castillo del Buen Amor, en honor a los sentimientos del Obispo hacia Doña Teresa.

Desde entonces el castillo pasó por múltiples avatares y propietarios hasta que en la actualidad acabó convirtiéndose en un más que confortable establecimiento hotelero.

Muy acogedor y cómodo, está instalado en medio de un gran espacio natural con amplísimos jardines, rosaledas, laberintos y hasta un lago donde el sosiego se respira y se palpa. El silencio es un bálsamo solo adornado por el canto de multitud de pájaros que dan testimonio del auténtico ambiente de naturaleza en libertad, lo mismo que las liebres que a cada paso saltan por delante del paseante. Pasear por estos entornos relaja y devuelve la paz. Como comprendemos, y envidiamos, entonces al bueno de D. Alonso!.

Para que nada falte, en los amplios alrededores hay también abundantes viñas, que proporcionan la uva para confeccionar unos sabrosos caldos propios, perfecto complemento para la exquisita gastronomía que nos oferta el amabilísimo personal del establecimiento, y que nos permite descubrir sorprendentes delicatesen como los limones serranos, y por cuya novedad aconsejamos dejarse arrastrar.

En definitiva, experiencia sin duda recomendable para quien quiera huir por un breve espacio de tiempo del mundanal ruido (lástima que inexcusablemente haya que volver), y aprovechar para conocer y meditar sobre nuestra historia.

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Caperucita Roja

2 Jul

«Las cosas podían haber sucedido de cualquier manera y, sin embargo, sucedieron así…» (Miguel Delibes.- El camino)

Caperucita era una joven muy activa y generosa. De aspecto juvenil, gustaba de vestir ropa confortable y moderna, nunca extravagante, y peinar, eso sí, unas hermosas trenzas pelirrojas de las que estaba muy orgullosa. Incapaz de estarse quieta, además de llevar sus estudios avanzados y con gran aprovechamiento estaba implicada en multitud de causas de voluntariado solidario.

De natural afectuoso volcaba su cariño en la atención y cuidado de su abuela. Los tiempos pasados que tanto dificultaron los contactos personales, y que habían afectado de especial manera a las personas mayores, la tenían disgustada, por eso ahora procuraba esforzarse aún más en esas atenciones visitándola a diario, y estando pendiente de proveerla de todo cuanto le fuera necesario. Además últimamente veía a su abuela algo nerviosa, y eso la tenía preocupada.

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Afortunadamente la ciudad en la que vivían era de pequeño tamaño, no había grandes distancias, lo que le permitía que esas visitas fueran diarias. Además la casa de la abuela estaba en medio de un precioso bosquecillo que hacía más agradable el paseo, sobre todo en días como aquel de cielo azul y sol resplandeciente, y en os que los árboles proporcionaban una agradable brisa que evitaba el calor.

Iba sumida en estos pensamientos cuando escuchó que alguien se dirigía a ella:

-Buenos días, Caperucita. Donde vas tan pensativa?

Era D. Ramón, el director de la oficina bancaria a la que ella y su abuela tenían confiados sus ahorrillos. D. Ramón era un hombre mayor, no debía faltarle mucho para jubilarse, máxime en una actividad, la bancaria, en la que tanto se prodigaban los reajustes de plantilla y las prejubilaciones.

De porte serio y vestimenta convencional en la corbata exhibía los colores de la entidad. Siempre había sido muy correcto con su abuela y con ella. Pero había algo en su mirada que le restaba empatía. Los diálogos siempre eran protocolarios y ceñidos a los temas comerciales, y cuando se salían de ellos su interés parecía desvanecerse. Nunca un comentario personal más allá de lo que marcaba la estricta y más elemental educación.

En definitiva, nada tenía Caperucita en contra de D. Ramón, pero tampoco podría decirse que fuera santo de su devoción. En cualquier caso, como no podía ser de otra manera lo saludó con la máxima cortesía.

-Perdón, D. Ramón, iba ensimismada pensando en las compras que debo hacer para la abuela. Voy a visitarla, y me gusta llevarle todo lo que pueda necesitar. Y el caso es que últimamente le gusta mucho la miel para añadir a la leche. Siempre me la encarga, pero ahora, con la crisis de las abejas, está a veces muy escasa, difícil de conseguir. En eso pensaba, ¿donde la compraría?. Y usted, D. Ramón ¿qué hace por esta zona?.

-Pues casualmente también voy a ver a tu abuela. Hay algunos aspectos de su cuenta corriente que me preocupan un poco, y quisiera, si es posible, como siempre ayudarla. ¿Quieres que te acompañe?. ¿Quieres que vayamos juntos?.

-Gracias, D. Ramón, pero como le digo he de hacer compras por lo que creo que me retrasaré un poco. Pero, dígame, ¿es preocupante lo que me cuenta de mi abuela?. Hasta donde yo sé, y ya sabe que me tiene como asociada en su cuenta, es una mujer muy ahorradora y organizada.

-No, no te preocupes, Caperucita, meros tecnicismos, pero ya sabes que a mi me gusta ayudar en lo que pueda a mis clientes, y a tu abuela, sobremanera -exclamó D. Ramón, haciendo manifiestos esfuerzos para mostrar una voz suave y tranquilizadora.

De cualquier manera a Caperucita le sonó a una respuesta impostada, y le hizo pensar que tenía que ocuparse de ese asunto en su momento. Pero también pensó que cada cosa a su tiempo, y ahora la tarea era la compra, lo que además le permitía excusar la compañía de D. Ramón, que en verdad no le apetecía especialmente. Así pues, cada uno siguió su camino independiente.

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Un rato más tarde, concluidas las compras, Caperucita se dispuso a disfrutar al máximo el paseo a través del bosque. El suelo era mullido y de fácil caminar, multitud de árboles proporcionaban una acogedora sombra, y el sol atravesando sus ramas movidas por la brisa componían un bonito juego de luces que embellecía y hacía brillar aún más los colores de sus hojas. Los sonidos del canto de los diferentes pájaros proporcionaban una muy alegre melodía. Siempre que pensaba en esos pequeños hechos cotidianos de los que muchas veces no llegamos a percatarnos pero que representan tesoros en nuestras vidas, Caperucita rememoraba sus paseos por aquel bosquecillo.

Estos pensamientos llevaba cuando se dio cuenta que se le había pasado el tiempo de forma imperceptible, pues estaba ya llegando a casa de su abuela. Pero en este punto la alegría se tornó en preocupación. De la casa surgían ruidos de discusión. D. Ramón daba grandes gritos en un tono desabrido y la abuela parecía sollozar.

-Qué está pasando aquí ?-exclamó Caperucita tras cruzar el umbral de la vivienda, al tiempo que se dirigía a darle un beso en la mejilla a su abuela.

-Nada, hija, nada. No te preocupes, D. Ramón me explicaba alguna cosa sobre mi cuenta corriente que cree que podría ser ventajosa para mí. Cuanto me alegro por tu visita. Qué cariñosa eres, Caperucita, y cuanto te lo agradezco -decía al tiempo que trataba de disimular la lágrima que se deslizaba desde uno de sus ojos.

La cara de D. Ramón cambió al instante, adoptando una de esas melifluas sonrisas en las que es fácil adivinar la artificialidad, lo mismo que su voz.

-Cierto, Caperucita, nada de que preocuparse, pero como te dije cuando nos encontramos hay algunos aspectos que creo que podrían beneficiar a tu abuela. Su cuenta corriente en estos momentos está correcta, pero con la inflación y la actual deriva de los mercados pudiera ocurrir que en 2 ó 3 años estuviera un poco justa, y ya sabemos que con el paso del tiempo los mayores pueden tener mayor necesidad de atenciones y servicios. Por eso le explicaba que existen algunos productos bancarios ventajosos que podría aportarle fáciles ganancias que cubrirían desahogadamente esas alternativas.

Hizo una pausa y le pasó una serie de folletos a Caperucita.

-Mira, estos serían unos ejemplos. Estúdialos tú también y así los podéis comentar entre la dos -concluyó.

A Caperucita su amiga Circe le había enseñado el arte de adivinar que animal se encierra en cada una de las personas, y no cabía duda de que D. Ramón era un lobo, así que haciendo acopio de toda su serenidad y su calma se puso a revisar los papeles que le tendía.

Cuando hubo acabado comprendió que eran maniobras financieras sumamente complejas y de alta volatilidad, pero además sus resultados solo podrían ser consultados informaticamente y durante periodos de tiempo extraordinariamente breves. Aunque lo más inquietante de todo es que en caso de resultados negativos en las operaciones la responsabilidad de las mismas eximía al banco e iba contra la vivienda de la titular, pudiendo llegarse incluso al desahucio por parte del banco.

Una ola de indignación inundó el interior de Caperucita que quiso contar hasta diez para serenarse y darle a D. Ramón una respuesta adecuada y enérgica, sin irse por las ramas.

-D. Ramón, mi abuela y yo le estamos muy agradecidas por las gestiones realizadas hasta ahora, pero creo que en esta ocasión se ha pasado usted con unas pretensiones que de forma suave calificaríamos de inaceptables. Le agradecería se fuese de esta casa, y considerase haber tenido suerte que no están por aquí los leñadores, pero no tiente la suerte ni estire la cuerda, porque en alguna ocasión podría encontrarse con ellos.

D. Ramón palideció por más que tratase de ocultar su ira, pero percatándose de la determinación de Caperucita comprendió que lo mejor sería irse para nunca más volver.

... y colorín, colorado.

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Notas breves: Se acaba el curso.

27 Jun

A tantos y tantas «Maestra de pueblo»

Se acaba el curso. Un curso que fue difícil y duro, especialmente para los niños, quienes además de la imposibilidad de salir y correr tenían añadida la contrariedad de no poder ir al colegio y contactar con sus compañeros y amigos. Por que en general a los niños actuales les gusta ir al colegio, señal de que estos son alegres y hasta divertidos, y no como en aquellos tiempos grises de nuestra infancia, de disciplina dogmática y filosofía de la letra con sangre entra. Me alegro por ellos.

Por supuesto también fue un curso duro para los docentes, que tuvieron que multiplicar su trabajo en unas circunstancias muy adversas y desconocidas, a las que tuvieron que adaptarse prácticamente a ciegas.

Pero, a lo que voy. En muchos casos en estas fechas los niños cambiarán de ciclo, se despedirán de unos maestros (que palabra más bonita), que compartieron con ellos alegrías, esfuerzos y hasta algún disgusto durante varios años.

A veces estos niños quieren despedirse, y lo hacen por escrito, en cartas que por su papel y caligrafía demuestran su ingenua sinceridad, al tiempo que escriben cosas tan emotivas como …me has apoyado…eres la persona que cuando necesitaba un abrazo, estabas ahí para dármelo…siempre tenías una sonrisa para mí… También los padres saber valorar esas actitudes: …el cambio que he visto en X. ha sido brutal…en ganas, en interés, en seguridad…se ha generado en él un hábito que antes le costaba mucho…esa implicación, esa forma de trabajar con los crios…

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Estos párrafos son extraídos de escritos reales. Hace unas horas pasaba por delante de un colegio donde en su valla se exhibía un cartel, supongo dirigido a toda la comunidad educativa, que decía Sois un ejemplo, texto al que me adhiero. Tengo para mí que maestros así, vocacionales (estoy seguro que son la inmensa mayoría), hacen que se pueda tener esperanza en un mundo mejor, que Ignacio de Loyola escribía a Felipe II que… todo el bien de la cristiandad y de todo el mundo depende de la buena educación de la juventud…

Para ellos, por su trabajo, mi homenaje.

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Parada discrecional: Fontiveros

24 Jun

La casualidad, como siempre, me ha llevado a descubrir uno de los intelectuales más brillantes y lúcidos del panorama actual. Me refiero a Rafael Narbona.

Este prolífico autor escribe tan maravillosamente de filosofía de la literatura como nos emociona con sus relatos cortos, comparte sus ideas sobre la trascendencia o realiza atinadas y esclarecedoras críticas sobre libros de materias tan abstrusas como la economía, motivo por el que lo conocí.

Desde entonces Narbona es para mí, y perdóneme la aparentemente noña pedantería, un faro que me guía en el proceloso océano de las lecturas cual eficaz antídoto frente a mi ignorancia. Afortunada consecuencia de tal navegación es el conocimiento de José Jiménez Lozano, y más concretamente de una de sus múltiples obras, la titulada El Mudejarillo, biografía poetizada de Fray Juan De la Cruz, y uno de los textos más bellos que he leído desde hace mucho tiempo.

Así este feliz hilo de Ariadna me llevó hasta Fontiveros, pueblecito de la provincia de Ávila, cercano a Arévalo y Madrigal, tierra llana en la Comarca de La Moraña, suave y reposada, con lejanos horizontes. Aquí nació el Santo, tal día como hoy pero de 1542 . Población de escasos 800 habitantes, de bella aunque, como casi todas, incierta toponimia, de la que se tiene conocimiento ya en el siglo XIII, cuando es una aldea de importancia económica y demográfica, con asentamiento de familias nobles e hidalgos.

Su historia, con rastros celtíberos y romanos, se consolida al tiempo de la conquista de Toledo por los cristianos, y entra en el ámbito de la leyenda con el reto de Blasco Jimeno al Rey Alfonso I de Aragón, de tan triste recuerdo para los castellanos, leyenda que quedó inmortalizada para el recuerdo en la denominada Cruz del Reto.

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Más había de ser el antes referido nacimiento del Santo lo que le ponga en el camino del conocimiento universal.

Como casi todos los pueblos de Castilla (y, por supuesto, también de otras muchas regiones), a pesar de su pequeño tamaño encierra un rico patrimonio cultural, memoria de vida. De ello destacaremos solo algunos ejemplos, que la brevedad de estas paradas no da para ser exhaustivos, y la ignorancia del plumilla mucho menos.

Previamente he de señalar que cuando llegamos al pueblo tales monumentos estaban todos cerrados, así como el Espacio San Juan de la Cruz ‘Llama de amor viva’, que traíamos como referencia de posada, y biblioteca especializada. A punto estuvo de irse al traste toda la ilusión con que abordábamos esta jornada. Afortunadamente una amable señorita funcionaria del Ayuntamiento realizó el trámite de consultar con el Sr. Cura Párroco de la localidad, y este, personalmente, con suma amabilidad y paciencia nos mostró los citados lugares. Vaya para ambos nuestro más profundo agradecimiento por sus, además, desinteresadas atenciones.

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Iglesia de San Cipriano. Bien de Interés Cultural y Patrimonio histórico de España, comenzada a construir en el siglo XII, de estilo mudejar, inspirado en la Catedral Vieja de Salamanca y en la Colegiata de Toro, con diversos avatares de ampliaciones, destrucciones y reconstrucciones hasta el siglo XVIII, y en los que participaron figuras señaladas como Lucas Giraldo o Rodrígo Gil de Ontañón entre otros.

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En esta iglesia se encuentra la Capilla de la Pila Bautismal donde fue bautizado San Juan de La Cruz, así como también las tumbas de su hermano Luis y su padre Gonzalo, cuya muerte motivó la necesidad familiar de irse de la Villa en busca de una mejor vida.

Destaca también la existencia de un precioso órgano del siglo XVIII, que en la actualidad motiva una importante participación en el Festival de Órgano de Ávila, y con el que se realizaron significativas grabaciones.

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Otros puntos de interés de la iglesia, cuyas descripciones o historias no detallamos en aras a la brevedad, son el Altar Mayor, las capillas de los Pamo, Real de San Juan Bautista, San Antonio, del Cristo de la Piedad, de Santa María de los Mártires o Capilla Museo, o la Sacristía, pero que reiteran la riqueza patrimonial antes citada de nuestros pueblos.

Iglesia/casa natal de San Juan de la Cruz. Convento construido en el lugar donde estaba la casa natal de San Juan de la Cruz e inaugurado en 1723, con altar mayor obra de Gregorio Fernández.

También, al paso, pudimos apreciar la Escultura de San Juan de la Cruz, de bronce sobre pedestal de granito, obra del escultor Ricardo Font. Se erigió en 1928 por suscripción popular a propuesta del Sindicato Católico de la Villa con motivo del II Centenario de la Canonización del Santo (1726-1926). Aparecen el águila de San Juan y el escudo de la Orden del Carmelo.

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En las calles de Fontiveros también aparecen ejemplos de arquitectura popular y casonas blasonadas como la de Diego de Arriaga, la Casa solariega de los Cubas Maldonado, La Torre del que fuera el Palacio de Don Jerónimo Gómez de Sandoval , Marqués de Fontiveros, la Torre del palacio de la familia del Obispo de Jaén Alfonso Suárez, la Ermita de Santa Ana o “de la Bandera”, la fachada de la Casa Parroquial , la Ermita de Nuestra Señora de los Mártires, El Torreón en la Plaza de las “Cuatro Calles” , que por la brevedad de la parada no visitamos.

Afortunadas circunstancias las narradas que proporcionaron al viajero esta feliz estancia en Fontiveros, fue adobada con un exquisito menú y un buen caldo de la tierra en la cercana localidad de Medina del Campo, que en otra ocasión ha de se también motivo de comentario.

Como dice el maestro Serrat …de vez en cuando la vida nos besa en la boca…y toma café conmigo…Está fue una de esas ocasiones, se lo agradezco.

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