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Sentimiento inútil?

25 Oct

A Toni, sempiterno gran capitán, recientemente fallecido.

 

Mi admirado amigo José Ramón Alonso publicaba allá por le mes de marzo una entrada en su espléndido blog poniendo de manifiesto la extraordinaria personalidad de Abraham Flexner. He de confesar que hasta entonces no conocía la existencia de tan interesante persona.

Tan sabio personaje plasmó sus ideas en un libro titulado La utilidad de las cosas inútiles. Es cierto que Flexner no pensaba precisamente en ello, pero mucha gente pensará que pocas cosas hay tan inútiles como el fútbol. Sin embargo para otros muchos es capaz de dar forma a sentimientos (pertenencia, nostalgia) y como decía mi tío Adolfo, y estoy seguro que así lo sentía, llevar al club de sus amores (por supuesto, el Oviedo) en su corazón.

Pues de esto, y de otras muchas cosas, versó la estupenda presentación del libro Calvario y resurrección, del Profesor Ruiz de la Peña, con un prólogo ecuánime y sereno de ese periodista de raza que es Melchor Fernández Díaz, y un rico anecdotario no exento de ironía y muy fino humor a cargo del gran Francisco García Pérez. Todo ello conducido por la voz serena y grave de Carlos Rodríguez. José María García no pudo asistir por un indeseado, y esperemos que fácilmente solucionable, percance, pero quiso enviar un mensaje de voz, que por mor de los duendes del sonido fue de difícil audición.

 

Lo decía antes, mucha nostalgia sobrevoló en la presentación, y los sesentones asistentes compartimos nuestra añoranza por aquel viejo Tartiere de Buenavista, con su aroma british y que fue sacrificado en aras de la especulación,

o de aquel Oviedín del alma, con Paquito y Sánchez Lage, que fue capaz de quedar tercero en el campeonato de liga, y ganar al Real Madrid.

Y es que cuando alguien es capaz de llegar a la cima del Kilimanjaro (cuantas personas han logrado subir a un 6.000?) vistiendo la camiseta con los colores y el escudo de un  club, algo debe tener ese agua cuando la bendicen. Será inútil, como a lo mejor muchos otros sentimientos, pero lo es.

Del libro no me cabe la menor duda de que viniendo de la autoría de donde viene, ha de ser de gran calidad literaria, ameno, riguroso, divertido y hasta libérrimamente crítico. Tengan la seguridad de que cuando lo lea, a no tardar, les daré cumplida cuenta del mismo.

 

 

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A la orilla

17 Ago

…porque la cultura es la patria común de las personas civilizadas (Álvaro Ruiz de la Peña).

La orilla es un buen lugar.

Si es a la orilla del camino, no entorpeces al caminante, al tiempo que estás al tanto de quien pasa, y de las historias que relata.

Si es a la orilla del mar, la vista se ensancha en el horizonte, el rumor de las olas te regala su melodía, y habitualmente la brisa  te acaricia.

En cualquier caso, un buen libro es la perfecta compañía.

Y esto es lo que nos regala Álvaro Ruiz de la Peña, o por mejor decir nos lo regalan Elena de Lorenzo, Ramón D’Andrés y Xulio Viejo, coordinadores del volumen titulado Estudios Escogidos. Homenaje al Profesor Álvaro Ruiz de la Peña Solar, que con motivo de su jubilación decidieron realizar en Ediciones de la Universidad de Oviedo.

Los citados coordinadores esbillaron de entre la amplia bibliografía del Dr. Ruiz de la Peña veintinueve excelentes artículos, agrupados en tres epígrafes que reflejan las predilecciones intelectuales del justamente homenajeado. A saber, el Siglo XVIII, la Lengua y literatura asturianas, y la Literatura española, siglos XIX y XX, precedidos de un prólogo que titulan Palabras Preliminares, preñado de sentimiento y amistad, a la par que ingenio y concisión, en el que dibujan perfectamente su personalidad, dibujo que suscribo totalmente desde el honor de su amistad: …proverbial talante reflexivo e independencia intelectual…concepto inclusivo…profunda imbricación en su realidad social y cultural…

Con un excelente retrato fotográfico del homenajeado al comienzo, retrato de hondo calado psicológico,  y la citada Bibliografía completa al final se acaba de dar forma a un volumen de muy cuidada edición y estética.

Dice un buen amigo común que Álvaro de todo lo que escribe, escribe bien, incluidas aquellas añoradas columnas periodísticas, que, por cierto, por qué se acabaron?, cuando volverán?.

Además en sus escritos vemos (pag. 283) como, al hablar de lo que denomina realismo sucio o dirty realismo, nos muestra que nada de lo humano le es ajeno (cine, música, pintura,..), contemplándolo todo con una visión integradora, como no podía ser de otra manera en un auténtico humanista. Visión integradora que alcanza su máxima expresión cuando analiza siempre la evolución y expansión de las lenguas y literaturas españolas no castellanas desde la perspectiva de la evolución social de sus respectivas comunidades.

Poco sé de Álvaro y su obra como escritor, y por tanto desconozco si ha escrito mucha, poca o ninguna poesía. Y aunque lo supiera poco importaría, pues no tengo las capacidades necesarias para hacer su crítica, pero sí puedo saber como lector que en muchas ocasiones (Un recorrido por la poesía de Celso Amieva, o La prosa desterrada de Aurora de Albornoz), su prosa, incluso en la crítica, alcanza altas cotas poéticas.

Por otra parte, no se limita Álvaro a realizar un investigación descarnadamente erudita sino que reflexiona sobre los paralelismos de las épocas históricas (La concordia amenazada: El Aristarco, un periódico ovetense del Trienio) mostrando con tales paralelismos su interés por el presente y su compromiso ético.

Ese humanista interés integral antes señalado adquiere un especial significado en el mundo musical. A lo largo de muchos de los artículos hay detalles y menciones que lo atestiguan, pero es en Las impresiones y diarios de viaje de Isaac Albéniz. Diarios, dietarios y anotarios donde adquiere singular magnitud. Su personalísima relación con el piano queda patente en todo el artículo, en el que muestra sus altísimos conocimientos musicales, y así como la gran admiración que manifiesta por Albéniz, dejando entrever una cierta semejanza en ideología y gustos estéticos.

Otro aspecto ejemplar del Prof. Ruiz de la Peña es su continua reivindicación y testimonio de los valores cívicos. Y entre los muchos a los que podíamos aludir, nos parece interesante destacar la honestidad intelectual (ya señalábamos más arriba que su prologuistas destacaban la independencia intelectual como uno de los rasgos definitorios de su retrato psicológico y ético), y consecuentemente con lo anterior, su sentido de la autocrítica.

En ese entrañable artículo titulado Aquellos hispanistas, estos amigos (una memoria personal) en la que el autor esponja sus emociones, nos relata sus trabajos frustrados, incluida su tesis doctoral, interpretados, más que como errores, como motivos de aprendizaje. Solo un alma noble, que busca la verdad desinteresada, más allá de oropeles vanos, es capaz de tal generosidad. Y siempre, lo reiteramos una vez más, con esa su visión inclusiva, que lee la historia en clave de visión social de conjunto y de evolución.

Así pues, lectura más que recomendable, yo diría que obligatoria, para todas aquellas personas que crean, creamos, que los goces del espíritu pueden contribuir a hacer nuestra vida un poco mejor y este mundo un lugar un poco más habitable, y muy especialmente para los que sigan, sigamos, teniendo fe en la razón y amando nuestras raíces.