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Maridaje (III): Asturianadas.

18 Jul

ENCICLOPEDIA

 

Dos cuestiones previas: Primera, siguiendo el sentido de las entradas anteriores de esta misma serie, corresponde comenzar con un escritor. Segunda, tras permanecen con las citadas entradas en el turbulento siglo XIX, ya va siendo hora de cambiar, por eso retrocederemos para situarnos en el también interesante siglo XVIII, que no fue menos agitado que su continuador. Comienza con la guerra de sucesión española (de aquellos polvos vienen algunos de los lodos actuales) y acaba con la revolución francesa y la subsiguiente época de terror, amenizado el entreacto con las guerras austro-turca, ruso-sueca, de sucesión austriaca o de independencia de los Estados Unidos de América.

Más como para que una moneda sea de curso legal ha de tener su cara y su cruz, también en medio de estas vicisitudes habrían de ocurrir cosas positivas muy dignas de mención, no en vano el siglo acabará denominándose de las luces o de la Ilustración. A caballo entre el final de la edad moderna y el comienzo de la contemporánea se dan una serie de circunstancias que efectivamente van a marcar un final de época. Las estructuras sociales,  fundadas en el feudalismo y apuntaladas por las monarquías absolutas, que daban lugar a lo que Piketty denomina sociedades trifuncionales, son puestas en cuestión por una ascendente y cada vez más poderosa burguesía.

Obviamente todo esto había de tener su reflejo en el mundo del pensamiento, de la ciencia, de la cultura y del arte, que verán un notable desarrollo de la mano de la Ilustración, un movimiento cultural caracterizado por la reafirmación del poder de la razón humana frente a la fe y la superstición.

Bien, va siendo hora de aterrizar. A la hora de escoger un escritor que representase al Siglo de las luces obviamente la nómina sería amplísima, tanto a nivel mundial como español, pero en Asturias, y más concretamente en Oviedo, decir Ilustración y escritura es decir Padre Feijoo, por supuesto sin obviar, ni muchísimo menos, a Jovellanos o a Campoamor.

 

Benito_Jerónimo_Feijoo

Grabado de Benito Jerónimo Feijoo, por Juan Bernabé Palomino. Obtenido de Wikipedia

 

Curiosamente Benito Jerónimo Feijoo no había nacido en Asturias, si no en la aldea orensana de Casdemiro, en 1676, pero eso poco importa porque, además de que ya se sabe que gallegos y asturianos, primos hermanos, nuestro monje benedictino, tras años de formación, se traslada a Oviedo en 1709, en concreto al colegio de San Vicente perteneciente a su orden, como Maestro de estudiantes. Aquí publicó la práctica totalidad de su obra y aquí murió en 1764, habiendo rechazado las llamadas de Madrid, a pesar de haber sido nombrado Consejero Real por Fernando VI, de quien gozaba de gran estima al punto que en junio de 1750 publica una Real Orden prohibiendo escribir contra él.

La catedrática de la Universidad de Oviedo Dña Inmaculada Urzainqui asegura que «..si hay un autor que merece ocupar un lugar de primer orden en la historia del pensamiento y la literatura del siglo XVIII es sin duda Benito Jerónimo Feijoo…» y lo califica de …»primer ensayista moderno…», y Miguel Artolaen la introducción de su excelente libro Los afrancesados, llega a afirmar que «…nuestra última figura de valor universal sincrónico con el pensamiento europeo es Feijoo».

Fue siempre la actitud de Feijoo, coincidiendo con el siglo, la lucha contra las supersticiones, que mantenían al pueblo en la ignorancia y facilitaban su subordinación (nos suena esto?). En este sentido, en una de sus obras principales, Teatro crítico universal, se sirve de una antigua acepción del término teatro, entendido como panorama o visión general de conjunto, y además le añade el subtítulo de «Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes». Si bien es cierto que se convierte una de las obras más representativas de la Primera Ilustración en la España del siglo XVIII, no es menos cierto que por ese mismo sentido crítico se ganó ser una de las más criticadas y atacadas por sus contemporáneos.

Analizar la totalidad de la vida y obra de Feijoo evidentemente excede los objetivos de estas torpes y escasas líneas, y abundante bibliografía hay que cumple con creces y mejores resultados dicha meta. Por tanto quisiera limitarme a señalar dos aspectos parciales que llaman mi atención: su cosmopolitismo intelectual (sic) a pesar de su apartada vida, y su interés por los aspectos médicos, que condujo a que figuras insignes de la medicina mostrasen también especial interés por su vida y su obra.

Al respecto del primer punto, es cierto que, además de los viajes a diversos establecimientos de su orden, obligados por su formación, previos a su definitivo establecimiento en Oviedo, Feijo también hizo viajes por lugares cercanos que le imponían sus obligaciones, lo que le permitió  conocer a fondo la realidad física y social de Galicia, la montaña de León y Asturias. Además, en varias ocasiones viajó a la Corte, para gestionar aspectos de la publicación de sus obras, o entrevistarse con el rey Felipe V o con el joven príncipe Carlos, futuro Carlos III. Pero no es menos cierto que Oviedo era en 1709, año de su llegada, una ciudad periférica de una región aislada, con solo unos 7.000 habitantes y muy escasa vida cultural, una Universidad pequeña, con una biblioteca pobremente dotada en aquellas fechas y sin estudios de Medicina.

 

 

A pesar de ello Feijoo gustó de interesarse por todos los aspectos posibles del pensamiento, medicina, ciencias naturales, historia, supersticiones y creencias populares, filosofía, política, literatura y teoría literaria, filología, música, derecho, demografía, urbanidad, estética, enseñanza pública, moral, etc., pues como dejó dicho «…yo escribo de todo y no hay asunto alguno forastero al intento de mi obra…». Ello fue resultado de ser un  lector insaciable y enciclopédico, y al tanto de  las novedades que salían al mercado, lo mismo en los modernos Diccionarios (Moreri, Trevoux, P. Bayle, T. Corneille, Savérien, Ozanam, Calmet, Savary…) como en la prensa extranjera  y por la consulta directa de las más afamadas revistas del momento, como las Memoires de Trevoux, la más frecuentada, la Histoire de l’Académie Royal des Sciences, el Journal des Savants, las Nouvelles de la République des Lettres, la Histoire de l’Académie Royale des Inscriptions et Belles Lettres, de Sciences o la versión francesa del Spectator de Addison y Steele.

Además recibía infinidad de cartas de toda España, Portugal o América recabando su opinión o sugiriéndole que tratara sobre determinados asuntos (muchas de las Cartas eruditas tienen en ello su origen), por lo que acabó reuniendo un copiosísimo epistolario, que también fue una gran fuente de información de las tendencias contemporáneas. Lamentablemente, en palabras de la citada catedrática Urzainqui, «… todos sus papeles y materiales, que con su biblioteca se hallaban depositados en la abadía de Samos, se dispersaron con las medidas desamortizadoras, y los que, tras el regreso de los benedictinos en 1880, se recuperaron o todavía quedaban ardieron en su mayoría en el incendio de 1951 que asoló el monasterio…»

Cuentan sus contemporáneos que era  humano, amable y accesible . Ello le llevó a tener reuniones periódicas en su celda, lo que hoy consideraríamos una tertulia, que representaría también para él un importante foco de información, dados los eruditos personajes que por allí pasaban. Entre estos contertulios, con los que trabó una duradera y profunda amistad, destacan el ilustre médico Gaspar Casal («estimadísimo amigo») , y Juan D’Elgart («excelente anatómico francés que hoy vive en esta ciudad»), lo que pone de manifiesto el citado interés por los temas médicos. Precisamente este último realizó una disección del corazón de un carnero, convirtiendo dicha tertulia en el aula de la primera lección de Anatomía impartida en Asturias, que, como dijimos anteriormente , carecía por aquel entonces de estudios universitarios de medicina.

Esto entronca con el segundo punto que nos planteábamos: su interés por la medicina, y de la medicina por él. Dentro de su ánimo de desengaño de errores comunes, uno de los ámbitos para el desarrollo de tal actitud era el mundo de la medicina. En palabras de Sánchez Granjel  «…durante el siglo XVIII, la Medicina en España, como toda la cultura, vive una singular etapa de renovación…»,  lo que se plasmaba en un enconado debate cultural entre antiguos modernos, siempre en pos de la razón y la libertad crítica.

En 1722 Martín Martínez publica la primera edición de Medicina scéptica y cirugía moderna. Su actitud renovadora y crítica motivó varias polémicas importantes Y eso hace que en 1725 Feijoo, redacte ya desde Oviedo, la Aprobación apologética del Scepticismo médico, para la segunda edición de esa Medicina scéptica y cirugía moderna de Martín Martínez, en lo que podría ser uno de los primeros, sino el primero de sus escritos públicos, y en 1726, también la Carta gratulatoria de un médico de Sevilla al doctor Aquenza y la Respuesta a los doctores Martínez, Aquenza y Ribera. Además, ya en el primer párrafo de su Teatro crítico, nuestro autor afirma: «… buen ejemplo es del famoso Guillermo Harveo, contra quien, por el noble descubrimiento de la circulación de la sangre, declamaron furiosamente los médicos de su tiempo, y hoy le veneran todos los profesores de la Medicina como oráculo. Mientras vivió le llenaron de injurias, ya muerto, no les falta sino colocar su imagen en las aras…», como muestra del citado interés por la materia, que continúa durante toda la obra.

Otro dato interesante de esta relación es el hecho de que Feijoo, hombre nada amigo de aceptar halagos o nombramientos, al punto de rechazar, como se comentó anteriormente, la invitación de la Corte para formar parte de ella, en 1727 admite ser nombrado miembro de la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla  , la primera de Europa y primer centro de investigación científica instituido en España, cuyo origen se encuentra precisamente en la reivindicación de un pensamiento y acción ilustrados.

 

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Imagen obtenida de Wikipedia

 

En que términos fue propuesto y aceptó son datos que, llenándome de curiosidad, no pude encontrar pero a los que no renuncio.

Y cual es, como nos preguntábamos antes, el interés de la medicina por Feijoo?. Sin duda, amplísimo, comenzando por la destacada amistad con el Dr. Gaspar Casal ,  y las conocidas y citadas tertulias en su celda. A partir de ahí, es obligado seguir la documentadísima bibliografía al respecto aportada por la Dra. Urzainqui . De todos modos, por razones sentimentales permítaseme recomendar tres. En primer lugar, Telenti, Amalio.- Aspectos médicos en la obra del Maestro Fray B. Jerónimo Feijoo.- Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1969la obra de un gran internista y estupenda persona, que a sus saberes médicos unía un profundo humanismo, todo ello completado con una gran minuciosidad y un estupendo estilo literario. También es destacable en este mismo sentido «El saber ginecológico del Padre Feijoo» de Enrique Junceda Avello  . Pero quizá lo más llamativo sea la profunda admiración que por Feijoo tenía el egregio  D. Gregorio Marañón, al punto de que a parte de sus múltiples referencias, conferencias y participación en congresos sobre nuestro ilustre benedictino, lo convierte en el objeto de su discurso de ingreso en la Real Academia Española.

Y qué música escuchaba Feijoo?. Qué opinión tenía sobre ella?. Como fue la relación entre Ilustración y música?. Una vez más la bibliografía de la Dra. Urzainqui nos aporta las primeras luces para caminar por esos senderos.

El arte, como la vida de la que es expresión, no puede limitarse por una determinación cerrada de ordinales exactos. Por eso no se puede definir una música específica del XVIII, sino que hubo una evolución estilística, eso sí, muy importante, desde el barroco al clasicismo, que incluso convivieron, todo ello reflejó en gran medida, como no podía ser de otra manera, del cambio social al que venimos aludiendo.

El Setecientos representa un momento importante tanto por la excepcional personalidad de sus compositores, Vivaldi, Telemann, Bach, Handel, Hayden, Mozart, como por los cambios habidos en la instrumentación y la composición, o los desarrollos, naciendo formas como las sinfonías o los cuartetos.

Junto a estas aportaciones específicas, la música se convierte también en un potencial cultural conscientemente aceptado como  signo externo de educación desarrollada; su audición sale de la esfera privada del palacio, la iglesia, la casa noble, o del tiempo concreto de las fiestas populares para hacerse pública, doméstica.

Feijoo que, como se reseñó al principio, mostraba gran interés por todo tipo de materias, no podía dejar de mostrarlo también por la música. Antonio Martín Moreno lo estudia exhaustivamente en su obra Las ideas musicales del P. Feijoo (1676-1764) y la polémica que motivaron. Orígenes e influencias. Y se muestra en los múltiples escritos que dedica al tema. Por otra parte, entre los autores por él citados, para bien o para mal, encontramos a Sebastian DurónAntonio de Literes, Gaspar Sanz, Juan de Zumárraga o Enrique Manuel de Villaverde

Otros muchos nombres insignes pueden ser añadidos a la música en España en el siglo tratado, más por aquello de dejar de volar la imaginación, y de hacer un guiño al título de esta entrada, nos referiremos a continuación a un asturiano, Ramón de GarayNacido en Avilés en 1761, es por tanto seguro que Feijoo no conoció su música, puesto que murió en 1765.

 

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Plaza del Carbayo (Sabugo). Imagen obtenida de http://www.historiadelasinfonia.es

 

Ligado en un principio a la música religiosa (cantor de coro,  salmista de la capilla de la catedral de Oviedo, organista titular de la misma, o profesos de los niños seminaristas en el Monasterio de San Jerónimo), fue discípulo de José Lidón.   Posteriormente (1789) fue nombrado maestro de capilla de la Catedral de Jaén, lugar donde permaneció hasta su muerte. Como curiosidad decir que por exigencia de las condiciones para optar a dicho cargo, tuvo que ser ordenado sacerdote.

A parte de la música religiosa que debía componer por exigencias del cargo, también escribe música profana, y así en 1815 escribe una ópera de carácter patriótico titulada «Compendio sucinto de la revolución española» en forma de cantata escénica, cuyo motivo es la celebración de la recién terminada Guerra de la Independencia. La ópera no se volvió a representar en Madrid hasta el 8 de diciembre de 2008. También escribió una decena de sinfonías adoptando el estilo en cuatro movimientos típico de Haydn, que probablemente no fueron interpretadas ni publicadas en vida. Solo gracias a que sus manuscritos   quedaron depositadas en el cabildo de la catedral jienense han llegado hasta nuestros días, en que Pedro Jiménez Cavallé, autor también de un libro sobre su vida y obra, las editó. La grabación integral del ciclo de sus diez sinfonías ha sido realizada por el admirable José Luis Temes con la Orquesta de Córdoba, en el año 2011 para el sello Verso.

También más recientemente (2016) la Fundación María Cristina Masaveu Peterson propició  un proyecto de investigación  dirigido por el Dr. Paulino Capdepón Verdú, Catedrático de Universidad de la Facultad de Letras de Ciudad Real con el principal objetivo de  analizar y difundir  ese patrimonio musical.

Muerto Garay en 1823, en el día de hoy el Conservatorio Profesional de Música de Jaén lleva su nombre, en reconocimiento intemporal a un asturiano considerado uno de los grandes compositores del clasicismo en España, y sin embargo poco conocido en nuestra tierra.

 

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Catedral de Jaén. Imagen obtenida de http://www.andaluciainformación.es

 

En lo que a la pintura se refiere, si hemos de buscar un autor que encarne los ideales de la Ilustración (bisagra o transición de Antiguo Régimen a Edad Moderna, transformación del pensamiento social, objetivo en la cotidianidad de todos los  seres humanos en su totalidad, pintura de género), surge una vez más el nombre inmenso de Goya.

Más como nuestra intención en este caso es señalar autores asturianos, la búsqueda se hace un poco más árida, pues como señala el Profesor Javier González Santos , «…no fue Asturias una tierra pródiga en pintores…». A decir verdad dudé entre Luis Meléndezque aunque nacido en Nápoles, sus raíces familiares le entroncan con Asturias, o Francisco Reiter. Ambos tienen el encanto de los perdedores. El primero, hoy considerado unos de los mejores bodegonistas de la historia del arte y con obra colgada en el mismísimo Louvre, fracasó en vida, no fue admitido en la Corte y murió en la pobreza.

El segundo intentó infructuosamente ser aprobado como pintor en la Academia de San Fernando, aunque, como menciona el citado Prof. González Santos, en su momento fue afamado y popular en su ámbito, con su abundante producción de cuadros de devoción, de clara adscripción barroca.

También es el autor, en 1752, del primer plano que se conserva de la ciudad de Oviedo, así como las primeras descripciones sobre Santa Cristina de Lena.

 

Antiguas Cofradías_Plano de Oviedo de Reiter

 

Entre sus relaciones institucionales debemos mencionar en primer lugar la que mantuvo con la Cofradía de La Balesquida , por ser su padre, Guillermo Reiter, sastre de origen alemán, Mayordomo de esa Cofradía. En la Capilla se encuentran varias obras, dos  sobre la vida de San Bernardo de Claraval, así como  un armario policromado, de dos cuerpos superpuestos y cuatro puertas, que se utilizaba para guardar tanto los documentos como las joyas y dineros de la Cofradía. También mantuvo relación con el Colegio de Abogados de Oviedo, por cuyo encargo con motivo de su constitución, pinto en 1776 a su patrona,  «Nuestra Señora de Covadonga», obra que fue también estudiada por el Prof.  Javier González Santos. Para la Universidad de Oviedo pinta un retrato de D. Lorenzo Solís , fundador de su gran Biblioteca, que desgraciadamente desapareció junto a otros muchos bienes culturales, en el incalificable incendio del 13 de octubre de 1934.

 

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Nª Sra. de Covadonga Imagen obtenida adel diario La Nueva España

 

En su «debe» hay que incluir la autoría de la restauración de dudoso gusto, aunque ajustado a la época, del Apostolado asturiano de El Greco, el primero de los suyos.

 

P.D.: Además de las referencias señaladas en los enlaces, quien esté interesado en lo referente al siglo XVIII en Asturias, puede también leer:

  • https://elcuadernodigital.com/2017/11/27/el-legado-de-la-ilustracion-asturiana/
  • La hora de Asturias en el siglo XVIII, de Álvaro Ruiz de la Peña Solar, publicado en Oviedo en 2012, por el Real Instituto de Estudios Asturianos, y el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII. Libro de obligada lectura por su contenido, lleno de erudición y rigor y hasta de humor asturiano, y escrito con la exquisita prosa de Álvaro Ruiz de la Peña.

 

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Soria. Paseo al lado del Duero. Foto propia