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Maridaje (III): Asturianadas.

18 Jul

ENCICLOPEDIA

 

Dos cuestiones previas: Primera, siguiendo el sentido de las entradas anteriores de esta misma serie, corresponde comenzar con un escritor. Segunda, tras permanecen con las citadas entradas en el turbulento siglo XIX, ya va siendo hora de cambiar, por eso retrocederemos para situarnos en el también interesante siglo XVIII, que no fue menos agitado que su continuador. Comienza con la guerra de sucesión española (de aquellos polvos vienen algunos de los lodos actuales) y acaba con la revolución francesa y la subsiguiente época de terror, amenizado el entreacto con las guerras austro-turca, ruso-sueca, de sucesión austriaca o de independencia de los Estados Unidos de América.

Más como para que una moneda sea de curso legal ha de tener su cara y su cruz, también en medio de estas vicisitudes habrían de ocurrir cosas positivas muy dignas de mención, no en vano el siglo acabará denominándose de las luces o de la Ilustración. A caballo entre el final de la edad moderna y el comienzo de la contemporánea se dan una serie de circunstancias que efectivamente van a marcar un final de época. Las estructuras sociales,  fundadas en el feudalismo y apuntaladas por las monarquías absolutas, que daban lugar a lo que Piketty denomina sociedades trifuncionales, son puestas en cuestión por una ascendente y cada vez más poderosa burguesía.

Obviamente todo esto había de tener su reflejo en el mundo del pensamiento, de la ciencia, de la cultura y del arte, que verán un notable desarrollo de la mano de la Ilustración, un movimiento cultural caracterizado por la reafirmación del poder de la razón humana frente a la fe y la superstición.

Bien, va siendo hora de aterrizar. A la hora de escoger un escritor que representase al Siglo de las luces obviamente la nómina sería amplísima, tanto a nivel mundial como español, pero en Asturias, y más concretamente en Oviedo, decir Ilustración y escritura es decir Padre Feijoo, por supuesto sin obviar, ni muchísimo menos, a Jovellanos o a Campoamor.

 

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Grabado de Benito Jerónimo Feijoo, por Juan Bernabé Palomino. Obtenido de Wikipedia

 

Curiosamente Benito Jerónimo Feijoo no había nacido en Asturias, si no en la aldea orensana de Casdemiro, en 1676, pero eso poco importa porque, además de que ya se sabe que gallegos y asturianos, primos hermanos, nuestro monje benedictino, tras años de formación, se traslada a Oviedo en 1709, en concreto al colegio de San Vicente perteneciente a su orden, como Maestro de estudiantes. Aquí publicó la práctica totalidad de su obra y aquí murió en 1764, habiendo rechazado las llamadas de Madrid, a pesar de haber sido nombrado Consejero Real por Fernando VI, de quien gozaba de gran estima al punto que en junio de 1750 publica una Real Orden prohibiendo escribir contra él.

La catedrática de la Universidad de Oviedo Dña Inmaculada Urzainqui asegura que “..si hay un autor que merece ocupar un lugar de primer orden en la historia del pensamiento y la literatura del siglo XVIII es sin duda Benito Jerónimo Feijoo…” y lo califica de …”primer ensayista moderno…”, y Miguel Artolaen la introducción de su excelente libro Los afrancesados, llega a afirmar que “…nuestra última figura de valor universal sincrónico con el pensamiento europeo es Feijoo”.

Fue siempre la actitud de Feijoo, coincidiendo con el siglo, la lucha contra las supersticiones, que mantenían al pueblo en la ignorancia y facilitaban su subordinación (nos suena esto?). En este sentido, en una de sus obras principales, Teatro crítico universal, se sirve de una antigua acepción del término teatro, entendido como panorama o visión general de conjunto, y además le añade el subtítulo de “Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes”. Si bien es cierto que se convierte una de las obras más representativas de la Primera Ilustración en la España del siglo XVIII, no es menos cierto que por ese mismo sentido crítico se ganó ser una de las más criticadas y atacadas por sus contemporáneos.

Analizar la totalidad de la vida y obra de Feijoo evidentemente excede los objetivos de estas torpes y escasas líneas, y abundante bibliografía hay que cumple con creces y mejores resultados dicha meta. Por tanto quisiera limitarme a señalar dos aspectos parciales que llaman mi atención: su cosmopolitismo intelectual (sic) a pesar de su apartada vida, y su interés por los aspectos médicos, que condujo a que figuras insignes de la medicina mostrasen también especial interés por su vida y su obra.

Al respecto del primer punto, es cierto que, además de los viajes a diversos establecimientos de su orden, obligados por su formación, previos a su definitivo establecimiento en Oviedo, Feijo también hizo viajes por lugares cercanos que le imponían sus obligaciones, lo que le permitió  conocer a fondo la realidad física y social de Galicia, la montaña de León y Asturias. Además, en varias ocasiones viajó a la Corte, para gestionar aspectos de la publicación de sus obras, o entrevistarse con el rey Felipe V o con el joven príncipe Carlos, futuro Carlos III. Pero no es menos cierto que Oviedo era en 1709, año de su llegada, una ciudad periférica de una región aislada, con solo unos 7.000 habitantes y muy escasa vida cultural, una Universidad pequeña, con una biblioteca pobremente dotada en aquellas fechas y sin estudios de Medicina.

 

 

A pesar de ello Feijoo gustó de interesarse por todos los aspectos posibles del pensamiento, medicina, ciencias naturales, historia, supersticiones y creencias populares, filosofía, política, literatura y teoría literaria, filología, música, derecho, demografía, urbanidad, estética, enseñanza pública, moral, etc., pues como dejó dicho “…yo escribo de todo y no hay asunto alguno forastero al intento de mi obra…”. Ello fue resultado de ser un  lector insaciable y enciclopédico, y al tanto de  las novedades que salían al mercado, lo mismo en los modernos Diccionarios (Moreri, Trevoux, P. Bayle, T. Corneille, Savérien, Ozanam, Calmet, Savary…) como en la prensa extranjera  y por la consulta directa de las más afamadas revistas del momento, como las Memoires de Trevoux, la más frecuentada, la Histoire de l’Académie Royal des Sciences, el Journal des Savants, las Nouvelles de la République des Lettres, la Histoire de l’Académie Royale des Inscriptions et Belles Lettres, de Sciences o la versión francesa del Spectator de Addison y Steele.

Además recibía infinidad de cartas de toda España, Portugal o América recabando su opinión o sugiriéndole que tratara sobre determinados asuntos (muchas de las Cartas eruditas tienen en ello su origen), por lo que acabó reuniendo un copiosísimo epistolario, que también fue una gran fuente de información de las tendencias contemporáneas. Lamentablemente, en palabras de la citada catedrática Urzainqui, “… todos sus papeles y materiales, que con su biblioteca se hallaban depositados en la abadía de Samos, se dispersaron con las medidas desamortizadoras, y los que, tras el regreso de los benedictinos en 1880, se recuperaron o todavía quedaban ardieron en su mayoría en el incendio de 1951 que asoló el monasterio…”

Cuentan sus contemporáneos que era  humano, amable y accesible . Ello le llevó a tener reuniones periódicas en su celda, lo que hoy consideraríamos una tertulia, que representaría también para él un importante foco de información, dados los eruditos personajes que por allí pasaban. Entre estos contertulios, con los que trabó una duradera y profunda amistad, destacan el ilustre médico Gaspar Casal («estimadísimo amigo») , y Juan D’Elgart («excelente anatómico francés que hoy vive en esta ciudad»), lo que pone de manifiesto el citado interés por los temas médicos. Precisamente este último realizó una disección del corazón de un carnero, convirtiendo dicha tertulia en el aula de la primera lección de Anatomía impartida en Asturias, que, como dijimos anteriormente , carecía por aquel entonces de estudios universitarios de medicina.

Esto entronca con el segundo punto que nos planteábamos: su interés por la medicina, y de la medicina por él. Dentro de su ánimo de desengaño de errores comunes, uno de los ámbitos para el desarrollo de tal actitud era el mundo de la medicina. En palabras de Sánchez Granjel  “…durante el siglo XVIII, la Medicina en España, como toda la cultura, vive una singular etapa de renovación…”,  lo que se plasmaba en un enconado debate cultural entre antiguos modernos, siempre en pos de la razón y la libertad crítica.

En 1722 Martín Martínez publica la primera edición de Medicina scéptica y cirugía moderna. Su actitud renovadora y crítica motivó varias polémicas importantes Y eso hace que en 1725 Feijoo, redacte ya desde Oviedo, la Aprobación apologética del Scepticismo médico, para la segunda edición de esa Medicina scéptica y cirugía moderna de Martín Martínez, en lo que podría ser uno de los primeros, sino el primero de sus escritos públicos, y en 1726, también la Carta gratulatoria de un médico de Sevilla al doctor Aquenza y la Respuesta a los doctores Martínez, Aquenza y Ribera. Además, ya en el primer párrafo de su Teatro crítico, nuestro autor afirma: “… buen ejemplo es del famoso Guillermo Harveo, contra quien, por el noble descubrimiento de la circulación de la sangre, declamaron furiosamente los médicos de su tiempo, y hoy le veneran todos los profesores de la Medicina como oráculo. Mientras vivió le llenaron de injurias, ya muerto, no les falta sino colocar su imagen en las aras…”, como muestra del citado interés por la materia, que continúa durante toda la obra.

Otro dato interesante de esta relación es el hecho de que Feijoo, hombre nada amigo de aceptar halagos o nombramientos, al punto de rechazar, como se comentó anteriormente, la invitación de la Corte para formar parte de ella, en 1727 admite ser nombrado miembro de la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla  , la primera de Europa y primer centro de investigación científica instituido en España, cuyo origen se encuentra precisamente en la reivindicación de un pensamiento y acción ilustrados.

 

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Imagen obtenida de Wikipedia

 

En que términos fue propuesto y aceptó son datos que, llenándome de curiosidad, no pude encontrar pero a los que no renuncio.

Y cual es, como nos preguntábamos antes, el interés de la medicina por Feijoo?. Sin duda, amplísimo, comenzando por la destacada amistad con el Dr. Gaspar Casal ,  y las conocidas y citadas tertulias en su celda. A partir de ahí, es obligado seguir la documentadísima bibliografía al respecto aportada por la Dra. Urzainqui . De todos modos, por razones sentimentales permítaseme recomendar tres. En primer lugar, Telenti, Amalio.- Aspectos médicos en la obra del Maestro Fray B. Jerónimo Feijoo.- Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1969la obra de un gran internista y estupenda persona, que a sus saberes médicos unía un profundo humanismo, todo ello completado con una gran minuciosidad y un estupendo estilo literario. También es destacable en este mismo sentido “El saber ginecológico del Padre Feijoo” de Enrique Junceda Avello  . Pero quizá lo más llamativo sea la profunda admiración que por Feijoo tenía el egregio  D. Gregorio Marañón, al punto de que a parte de sus múltiples referencias, conferencias y participación en congresos sobre nuestro ilustre benedictino, lo convierte en el objeto de su discurso de ingreso en la Real Academia Española.

Y qué música escuchaba Feijoo?. Qué opinión tenía sobre ella?. Como fue la relación entre Ilustración y música?. Una vez más la bibliografía de la Dra. Urzainqui nos aporta las primeras luces para caminar por esos senderos.

El arte, como la vida de la que es expresión, no puede limitarse por una determinación cerrada de ordinales exactos. Por eso no se puede definir una música específica del XVIII, sino que hubo una evolución estilística, eso sí, muy importante, desde el barroco al clasicismo, que incluso convivieron, todo ello reflejó en gran medida, como no podía ser de otra manera, del cambio social al que venimos aludiendo.

El Setecientos representa un momento importante tanto por la excepcional personalidad de sus compositores, Vivaldi, Telemann, Bach, Handel, Hayden, Mozart, como por los cambios habidos en la instrumentación y la composición, o los desarrollos, naciendo formas como las sinfonías o los cuartetos.

Junto a estas aportaciones específicas, la música se convierte también en un potencial cultural conscientemente aceptado como  signo externo de educación desarrollada; su audición sale de la esfera privada del palacio, la iglesia, la casa noble, o del tiempo concreto de las fiestas populares para hacerse pública, doméstica.

Feijoo que, como se reseñó al principio, mostraba gran interés por todo tipo de materias, no podía dejar de mostrarlo también por la música. Antonio Martín Moreno lo estudia exhaustivamente en su obra Las ideas musicales del P. Feijoo (1676-1764) y la polémica que motivaron. Orígenes e influencias. Y se muestra en los múltiples escritos que dedica al tema. Por otra parte, entre los autores por él citados, para bien o para mal, encontramos a Sebastian DurónAntonio de Literes, Gaspar Sanz, Juan de Zumárraga o Enrique Manuel de Villaverde

Otros muchos nombres insignes pueden ser añadidos a la música en España en el siglo tratado, más por aquello de dejar de volar la imaginación, y de hacer un guiño al título de esta entrada, nos referiremos a continuación a un asturiano, Ramón de GarayNacido en Avilés en 1761, es por tanto seguro que Feijoo no conoció su música, puesto que murió en 1765.

 

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Plaza del Carbayo (Sabugo). Imagen obtenida de http://www.historiadelasinfonia.es

 

Ligado en un principio a la música religiosa (cantor de coro,  salmista de la capilla de la catedral de Oviedo, organista titular de la misma, o profesos de los niños seminaristas en el Monasterio de San Jerónimo), fue discípulo de José Lidón.   Posteriormente (1789) fue nombrado maestro de capilla de la Catedral de Jaén, lugar donde permaneció hasta su muerte. Como curiosidad decir que por exigencia de las condiciones para optar a dicho cargo, tuvo que ser ordenado sacerdote.

A parte de la música religiosa que debía componer por exigencias del cargo, también escribe música profana, y así en 1815 escribe una ópera de carácter patriótico titulada “Compendio sucinto de la revolución española” en forma de cantata escénica, cuyo motivo es la celebración de la recién terminada Guerra de la Independencia. La ópera no se volvió a representar en Madrid hasta el 8 de diciembre de 2008. También escribió una decena de sinfonías adoptando el estilo en cuatro movimientos típico de Haydn, que probablemente no fueron interpretadas ni publicadas en vida. Solo gracias a que sus manuscritos   quedaron depositadas en el cabildo de la catedral jienense han llegado hasta nuestros días, en que Pedro Jiménez Cavallé, autor también de un libro sobre su vida y obra, las editó. La grabación integral del ciclo de sus diez sinfonías ha sido realizada por el admirable José Luis Temes con la Orquesta de Córdoba, en el año 2011 para el sello Verso.

También más recientemente (2016) la Fundación María Cristina Masaveu Peterson propició  un proyecto de investigación  dirigido por el Dr. Paulino Capdepón Verdú, Catedrático de Universidad de la Facultad de Letras de Ciudad Real con el principal objetivo de  analizar y difundir  ese patrimonio musical.

Muerto Garay en 1823, en el día de hoy el Conservatorio Profesional de Música de Jaén lleva su nombre, en reconocimiento intemporal a un asturiano considerado uno de los grandes compositores del clasicismo en España, y sin embargo poco conocido en nuestra tierra.

 

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Catedral de Jaén. Imagen obtenida de http://www.andaluciainformación.es

 

En lo que a la pintura se refiere, si hemos de buscar un autor que encarne los ideales de la Ilustración (bisagra o transición de Antiguo Régimen a Edad Moderna, transformación del pensamiento social, objetivo en la cotidianidad de todos los  seres humanos en su totalidad, pintura de género), surge una vez más el nombre inmenso de Goya.

Más como nuestra intención en este caso es señalar autores asturianos, la búsqueda se hace un poco más árida, pues como señala el Profesor Javier González Santos , “…no fue Asturias una tierra pródiga en pintores…”. A decir verdad dudé entre Luis Meléndezque aunque nacido en Nápoles, sus raíces familiares le entroncan con Asturias, o Francisco Reiter. Ambos tienen el encanto de los perdedores. El primero, hoy considerado unos de los mejores bodegonistas de la historia del arte y con obra colgada en el mismísimo Louvre, fracasó en vida, no fue admitido en la Corte y murió en la pobreza.

El segundo intentó infructuosamente ser aprobado como pintor en la Academia de San Fernando, aunque, como menciona el citado Prof. González Santos, en su momento fue afamado y popular en su ámbito, con su abundante producción de cuadros de devoción, de clara adscripción barroca.

También es el autor, en 1752, del primer plano que se conserva de la ciudad de Oviedo, así como las primeras descripciones sobre Santa Cristina de Lena.

 

Antiguas Cofradías_Plano de Oviedo de Reiter

 

Entre sus relaciones institucionales debemos mencionar en primer lugar la que mantuvo con la Cofradía de La Balesquida , por ser su padre, Guillermo Reiter, sastre de origen alemán, Mayordomo de esa Cofradía. En la Capilla se encuentran varias obras, dos  sobre la vida de San Bernardo de Claraval, así como  un armario policromado, de dos cuerpos superpuestos y cuatro puertas, que se utilizaba para guardar tanto los documentos como las joyas y dineros de la Cofradía. También mantuvo relación con el Colegio de Abogados de Oviedo, por cuyo encargo con motivo de su constitución, pinto en 1776 a su patrona,  “Nuestra Señora de Covadonga”, obra que fue también estudiada por el Prof.  Javier González Santos. Para la Universidad de Oviedo pinta un retrato de D. Lorenzo Solís , fundador de su gran Biblioteca, que desgraciadamente desapareció junto a otros muchos bienes culturales, en el incalificable incendio del 13 de octubre de 1934.

 

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Nª Sra. de Covadonga Imagen obtenida adel diario La Nueva España

 

En su “debe” hay que incluir la autoría de la restauración de dudoso gusto, aunque ajustado a la época, del Apostolado asturiano de El Greco, el primero de los suyos.

 

P.D.: Además de las referencias señaladas en los enlaces, quien esté interesado en lo referente al siglo XVIII en Asturias, puede también leer:

  • https://elcuadernodigital.com/2017/11/27/el-legado-de-la-ilustracion-asturiana/
  • La hora de Asturias en el siglo XVIII, de Álvaro Ruiz de la Peña Solar, publicado en Oviedo en 2012, por el Real Instituto de Estudios Asturianos, y el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII. Libro de obligada lectura por su contenido, lleno de erudición y rigor y hasta de humor asturiano, y escrito con la exquisita prosa de Álvaro Ruiz de la Peña.

 

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Soria. Paseo al lado del Duero. Foto propia

Feriarte

26 Nov

Por séptimo  año consecutivo tuvo lugar, hace ya un mes,  Feriarteoviedo . Como su nombre sugiere, una feria de arte contemporáneo que patrocina la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo. y que se vehicula a través de la participación de diecisiete consolidadas galerías regionales y un sólido centro de formación como es la Escuela de Arte de Oviedo.

La circunstancia antes señalada de su séptima edición da idea de la consistencia del proyecto, en el que este año realmente se vio un incremento en la calidad de la obra expuesta. Por otra parte, no se limita la feria a la mera exposición y venta (o al menos, intento de venta) de dicha obra, sino que se complementa con una serie de actividades que también van creciendo en número y variedad, a las que asisten significativos ponentes invitados.

La guinda de la Feria la pone la concesión de una medalla de honor denominada “En recuerdo de Kely. 1960-2013”, recuerdo que bien merecido tiene nuestra aclamada y añorada artista.

Este año tan interesante galardón recayó  en otro no menos interesante creador, Vicente Pastor, presentado por esa estupenda y entusiasta galería avilesa que es  Amaga, y con una obra reflejo de su personalidad de gran fuerza expresiva en la estética, tanto plástica como matérica. De este artista habíamos realizado una reseña en su día a la que remitimos al paciente lector. Otra referencia a su fuerza colórica la hacíamos recientemente. Es fácil, pues, observar que es un autor por el que tenemos una especial preferencia.

Pero no fue esa la única sorpresa agradable que esta galería nos presentó. Allí pudimos descubrir también a Encarnación Domingo

Artista de amplio y consolidado curriculum y obra, tanto expuesta como adjudicada , transita desde una figuración minimalista que va derivando hacia una abstracción con algunos  visos de geometricidad (sic), al tiempo que experimenta con texturas, relieves, buscando una cierta tridimensionalidad, y materiales, con los que busca contrastes lumínicos. Estoy seguro que este atrevimiento expresivo de la autora aún nos depara muy interesantes hallazgos. La seguiremos con interés.

 

Otro hallazgo, en este caso no nuevo para mí, fue Nuria Formentí , presentada por la Galería Arancha Osoro.  Su poética sensualidad nos sugiere referencias a lo acuático y a lo femenino como fuentes de vida. Su interpelación de formas, colores y textos le confieren una fuerza que confirma esa vitalidad.

A modo de curiosidad, compárese esta imagen, afortunada propiedad del autor de estas líneas, con la siguiente:

Esta es una secuencia de ADN que se encuentran en los genes que están involucrados en los modelos de desarrollo anatómico de los seres vivos, este en concreto de la Drosophila melanogaster

Podrían o no ser pintados por la misma mano?. Tienen o no relación con la razón última de la vida?.

Otro hallazgo fue sin duda la interpretación sinestésica de Andrés G. Torcida (lamento desconocer sus direcciones de las redes sociales, que supongo tendrá) y su Estructuras de la música, en el interesante stand de la Escuela de Arte de Oviedo.

Evidentemente otras muchas cosas se me quedan en el tintero, quizás tanto o más interesantes que las mencionadas, pero en esto del arte prima la subjetividad, y uno a estas alturas de su calendario no está dispuesto ya a renunciar a tal placer.

 

La selección del mes.

29 Nov

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Aclaremos rápidamente el asunto para no crear equívocos. No se trata de que este disco se haya publicado recientemente como novedad. Se trata de un disco que, como se puede deducir de la portada, es ya bastante añejo, pero  que durante este mes he escuchado con mayor asiduidad.

Aclarado este asunto digamos que contiene dos conciertos para piano de Beethoven. En primer lugar el nº 5, en mi bemol mayor, op. 73, el famoso “Emperador”, y a continuación el nº 2, en si bemol mayor, op. 19, y que, como sabemos, realmente es el primero que escribió el genio de Bonn.

Podríamos calificarlo de un disco valiente, fundamentalmente por su estructura. Somete a la consideración del oyente sendos conciertos de dos épocas distintas de Beethoven; uno, el nº 2, de la primera, iniciado en 1794 e interpretado por primera vez en marzo de 1795, cuando predominaba el Beethoven intérprete, que pretendía llegar a la cumbre de los pianistas, sobrepasando a la pléyade de ellos que en aquellos días poblaban Viena, y otro, el nº 5, de su segunda época, compuesto en 1809 y estrenado en noviembre de 1811, cuando ya el genial compositor estaba en todo su apogeo. Incluso, del primero el propio autor llegó a hablar con un cierto desprecio, manifestando que no se trataba de una de sus mejores obras, mientras que del segundo se sentía orgulloso, hasta el punto de no permitir que su editor lo denominase con otro nombre que no fuera “Gran Concierto”.

Y, sin embargo, así las cosas, los intérpretes los colocan juntos, con el riesgo de la comparación, y yendo aún más allá, colocan en primer lugar al Emperador, y luego al que fue minusvalorado por su propio autor. Pero claro, eso pueden hacerlo tres genios como son Ashkenazy, Sir Solti y la Sinfónica de Chicago. En una interpretación que si en el Emperador se pone de manifiesto toda la grandiosidad, magnificencia y belleza conceptual, la “arquitectura beethoveniana”, que todo el mundo le admira, al nº 2, lo convierten en una obra primorosa, de una belleza estética admirable, con un segundo tiempo que es un gozo de sutileza, intimismo y romanticismo.

Retrato de Ludwig van Beethoven.- Joseph Willibrod (1804)

Retrato de Ludwig van Beethoven.- Joseph Willibrod (1804)

En ambos casos Ashkenazy alcanza un asombroso dominio de las dinámicas, consiguiendo en ocasiones momentos de gran introspección y lirismo, con pianísimos cristalinos y con un punto dulces, para posteriormente derrocharse en esa magnificencia ya comentada, en un torrente de sentimientos puramente románticos. Sir Solti conduce esa máquina perfecta que siempre fue la Sinfónica de Chicago, consiguiendo una concertación milimétrica con el solista en ese continuo carrusel sentimental.

Este diálogo de los dos conciertos, que van desde las reminiscencias del clasicismo del nº 2 al pleno romanticismo del nº 5 nos permite contemplar al artista genial que quiso romper la rigidez de las formas y abrir ventanas a inmensos horizontes de libertad. Fue persona que vivió etapas convulsas, de finales del s. XVIII y principios del s. XIX (Revolución, auge y caída de Napoleón, Congreso de Viena, ascensión de la burguesía, irrupción de la ideología liberal, revolución industrial), y que siempre desde su arte supo responder a un compromiso social, apostando por la transformación radical de los fundamentos estéticos, y buscando el discurso en el colorido tímbrico que reflejase sus estados de ánimo, como anteriormente reseñábamos, con un piano, su instrumento favorito, que bucea en su intimidad y una orquesta que prolonga la expresión de sus aspiraciones monumentales.

Este artista genial y comprometido, que en 1792 se instala definitivamente en Viena, realiza estudios universitarios, con especial querencia por la filosofía, y entra en contacto con ideales revolucionarios y republicanos que siempre defendió, es también hijo de su pasado, de unas ideas que tienen sus antecedentes en décadas anteriores, donde los artistas se esfuerzan en romper moldes y convenciones.

Esta época del XVIII en la que  la burguesía ilustrada en auge se esfuerza en la búsqueda del progreso y de un mundo más racional, cuestionándose ideas y estéticas, podría ofrecernos multitud de textos y autores para maridar con nuestro disco. Por no ser menor entre todos ellos, y por proximidad, se me viene a la mente nuestro paisano D. Gaspar Melchor de Jovellanos, nacido en Gijón en 1744. Y de su muy fecunda producción literaria, su Elogio de las Bellas Artes, discurso pronunciado en Real Academia de San Fernando en 1781. Contaba por entonces Beethoven 11 años. Ya había realizado su primera actuación en público, y publicado su primera composición. Al año siguiente dejará la escuela, y 2 más tarde obtendría su primer empleo en la orquesta de la corte del príncipe de Colonia, Maximiliano Francisco.

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D. Gaspar Melchor, hombre de visión enciclopédica en las dos acepciones que el DRAE concede al término, fue no solo un teórico, porque no le dejaron ser práctico, de la reforma (Informe sobre la Ley Agraria, Informe sobre espectáculos, Exposición al Príncipe de la Paz como respuesta a once puntos sobre instrucción pública en España, Informe sobre la reforma de cárceles, etc., etc.sino también un literato, con composiciones teatrales y poéticas de mayor o menor fortuna y libros de viajes, además de sus múltiples escritos e informes de orden pedagógico, económico, etnográfico, jurídico o político.

Y sintió una especial preocupación por el arte, de la que el librito que comentamos, pequeño en tamaño pero muy grande en contenido, es una muestra, y que, como citamos anteriormente, fue encargado por la Academia de San Fernando, de la cual era miembro de número, lo mismo que de las de Historia y de la Lengua.

En el prólogo de dicha obra, D. Javier Portús Pérez la considera un texto fundamental para la historiografía del arte español, puesto que, en sus palabras, es la primera vez que se superan esquemas estrictamente biográficos, y se pone la pintura en relación con fenómenos de órdenes sociales diversos que configuran la experiencia histórica, dando lugar al nacimiento del concepto moderno del arte en España.

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Y a quien asignamos el maridaje pictórico?. Instintivamente, máxime escribiendo estas líneas desde Zaragoza, pienso en Goya. Con ambos genios anteriormente citados comparte su sentido ilustrado y su profundo compromiso social. Con Jovellanos comparte el hecho de haberlo retratado en más de una ocasión, así como lo que hoy en día Facebook denominaría amigos comunes; y con el músico genial anecdóticamente compartiría la sordera, lo que sin duda a ambos condicionaría sus caracteres y ese punto hosco y de difícil sociabilidad.

Dicho esto, que cuadro escogeríamos de Goya?. Difícil tarea tanto por la gran calidad de toda su, además, cuantiosa producción como porque son infinidad los que cumplen los requisitos antes señalados. pero como me veo obligado a señalar uno, me quedo con El perro semihundido.

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Cuadro que forma parte de sus Pinturas negras procedentes de las paredes de la Quinta del Sordo; siempre resulta misterioso para cualquier observador.

Aquel joven que se sabía artista, y que quería alcanzar la fama, se lanzó a la aventura, y sin apenas recursos se fue a Italia a empaparse del arte de sus predecesores. Allí ya alcanza una mención especial del jurado en un concurso de Parma con el cuadro Anibal contempla por primera vez Italia desde los Alpes, que, por cierto en la actualidad está en el museo asturiano de la Fundación Seldas-Fagalde, en El Pito (Cudillero).

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A su vuelta a Zaragoza se dedica a la pintura religiosa, lo que le proporciona importantes beneficios económicos y un sólido prestigio profesional. Por eso y por la influencia de su cuñado Bayeu es llamado a la corte, y en Madrid alcanza las máximas cotas de éxito artístico, a lo que no es ajena por cierto, entre otros factores, su amistad con Jovellanos.

Pintor de gran perspicacia psicológica en sus retratos, es también un mordaz notario de su  sociedad con las series de grabados y un decidido y valiente denunciante de los desastres de la guerra, tanto con la serie de grabados del mismo nombre como con los cuadros referentes a los sucesos de mayo de 1808.

No ajeno a dificultades socio-políticas y económicas en el periodo de la Restauración, tanto por sus pensamientos como por los círculos de amistades en los que se movía, quizás alcance su cumbre artística en el Trienio Liberal con las Pinturas negras, que, como decíamos, decoraban su Quinta del Sordo y de las que El perro semihundido, era una de ellas, y en la que desde el punto de vista estético se acerca incluso a la abstracción, y desde el punto de vista de su contenido nos sumerge en todo un posible proceso interpretativo psicoanalítico.

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Tres inteligentes personas que comprometieron su vida en la búsqueda de su verdad y de la belleza, y que con ello contribuyeron a facilitarnos que sea un poco más fácil habitar este duro mundo. Gratitud y honra para su memoria.

Otras referencias:

http://www.beckmesser.com/entrevista-con-solti-recuperada/

https://www.youtube.com/watch?v=VJ2uv6RhN3Q

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/metapintura-un-viaje-a-la-idea-del-arte/1d0500f9-5f3c-4ad0-a345-5626e65fa702

http://www.temasdepsicoanalisis.org/perro-semihundido/

Reseñas breves (X): Javier del Rio

6 Mar

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El Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias organiza una exposición con obra de Javier del Río, uno de los más interesantes artistas plásticos asturianos contemporáneos, lamentablemente fallecido.

La exposición lleva por título “Javier y la arquitectura” y muestra obra gráfica, pinturas y esculturas que en su mayor parte tienen que ver con espacios físicos construidos y habitables.

Javier del Rio nació en Gijón en 1952. Su inquieto e independiente recorrido por el mundo del arte estuvo constantemente por el estímulo de la búsqueda, lo que le hizo cultivar todo tipo de lenguajes y de géneros, así como experimentar en estilos muy diversos. Viajero impenitente, supo absorber todos los estímulos y recrearlos con personalidad propia. Con tenacidad y esfuerzo se hace un brillante curriculum en un gran número exposiciones tanto colectivas como individuales. Tras una exposición en la Sala Cornión de Gijón, con gran éxito de crítica, fallece inesperada y súbitamente en 2004, truncándose así una de las trayectorias más importantes de su generación.

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Afortunadamente desde entonces hasta ahora su obra sigue siendo motivo de interés en exposiciones múltiples y en 2012 la Fundación Maria Cristina Masaveu Paterson tuvo el acierto de publicar el Catálogo razonado de su obra, que nos permite, como no podía ser de otra manera, una aproximación comprensiva y detallada a la totalidad de su compleja obra. Todo ello bajo la Dirección científica de Dña. María Soledad Álvarez Martínez, y la documentación de campo elaborada por Dña. Laura Mier Valerón, las fotografías de D. Alejandro Braña, prólogo de D. Ángel Antonio Rodríguez y semblanza humana de Dña. Guadalupe Rodríguez.

En el acto que ahora nos ocupa, en un tríptico que se puede encontrar en la página web, puesto que extrañamente en la propia exposición no se puede obtener ni el mínimo material de apoyo (suponemos que son cosas de la crisis), D. Alberto Martínez Villa, Historiador del Arte, nos guía por las obras expuestas, siempre relacionadas con paisaje, diversas formas de arquitectura y volumetrías, y como decíamos al principio, utilizando todos los materiales a su alcance, aguafuertes, óleos, hierro, piedra, y se lamenta el autor de esas líneas que algunas de estas obras, de las que afirma representan el mejor Javier del Río, no se encuentren aún en los museos.

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En cualquier caso, una exposición inexcusable sobre un muy interesante autor que aunque ya no esté físicamente entre nosotros, sabe transmitirnos que a través del arte su pintura, su alma y su visión están siempre vivas.

La pintura victoriana, la Colección Pérez Simón y el coleccionismo.

16 Sep

Hasta el próximo 12 de octubre podemos disfrutar en el Museo Thyssen-Bornemizza de Madrid de una estupenda exposición que lleva por título Alma-Tadema y la pintura victoriana en la Colección Pérez Simón. Comisariada por Véronique Gerard-Powell, profesora honoraria de la Universidad de la Sorbona de París, y procedente de París y Roma, para a continuación viajar a Londres, muestra 50 cuadros de una más extensa y rica colección.

Si bien la pintura victoriana estuvo durante bastante tiempo poco considerada hasta el punto de desaparecer prácticamente entre 1895 y 1900 , y desde una cierta óptica contemporánea pudiera  verse como excesivamente remilgada, vuelve a gozar hoy en día de una nueva revalorización, no solo por cuestiones estéticas sino incluso por cuestiones conceptuales y hasta sociales. No cabe duda que su búsqueda de la belleza representaba una actitud de escape crítico a la fealdad industrial imperante, e incluso se acercaba a los problemas que le eran contemporáneos desde ciertas convicciones socialistas, como fue el caso de Willian Morris, del que por cierto no figuran obras en esta exposición.

Como comenta María Cóndor en su brillante artículo titulado El Olimpo victoriano, en el número 186 de la revista Descubrir el arte, el posromanticismo de la época y su indagación estética es una respuesta crítica a la rigidez académica anterior, y busca adoptar un papel didáctico, así como de oposición a la moral de  puritanismo hipócrita de la época a través del impulso del desnudo y del nuevo papel de la imagen de la mujer. El desnudo femenino es contemplado como categoría académica, y en el caso de la Andrómeda, de Edward John Poynter, está considerado el desnudo más bello de la pintura británica, y además es el primero en su historia que aparece con sombreado púbico.

Andrómeda Edward John Poynter (1869) Colección Pérez Simón

Andrómeda
Edward John Poynter (1869)
Colección Pérez Simón

Algunas de las obras presentadas en la exposición se califican de auténticos iconos de la pintura británica, y la escuela señalada es totalmente diferente de lo que en esos momentos se realiza en el continente, y constituye un espacio temporal, fundamentalmente la década de los 60, auténticamente revolucionario dentro de la historia de dicha pintura. En su conjunto se caracterizan por su eclecticismo y libertad en los asuntos y su tratamiento, destacando no obstante dos ejes fundamentales: el culto a la belleza formal, encarnada en el ya antes señalado papel de la mujer, y la pasión por la cultura greco-romana, sus leyendas y sus mitos, tratadas además con un riguroso abordaje de las fuentes literarias.

Destaca en este sentido la visión de John William Waterhouse, por cierto el único autor que perduró a la práctica desaparición antes comentada, quizás por algunos elementos de modernidad que se pueden considerar como una mirada de apertura a los movimientos contemporáneos que habrían de aparecer en el horizonte estilístico. A tener en cuenta  a este respecto su obra titulada El canto de la primavera, y fechada en 1913.

El canto de la primavera.- Waterhouse (1913) Colección Pérez Simón

El canto de la primavera.- Waterhouse (1913)
Colección Pérez Simón

Respecto de esa visión personal de Watehouse también es de considerar el interés del autor por la mujer fatal o por la hechicera. Sirva de ejemplo presente en la exposición El filtro de amor que mostramos a continuación.

Estudio para Jasón y Medea (El filtro de amor). Waaterhouse (1906-1907) Colección Pérez Simón

Estudio para Jasón y Medea (El filtro de amor). Waaterhouse (1906-1907)
Colección Pérez Simón

El núcleo de la exposición, como ya deja entrever su título, lo constituye la sala Alma-Tadema, autor del que el Sr. Pérez Simón es uno de los principales coleccionistas. De las obras mostradas, destaquemos Las rosas de Heliogábalo, óleo sobre tabla de importantes proporciones (132,7 – 214,4 cms), realizada en 1888, fecha en que el pintor se encontraba en el culmen de su fama artística y social.

Las rosas de Heliogábalo Laurence Alma-Tadema (1888) Colección Pérez-Simón

Las rosas de Heliogábalo
Laurence Alma-Tadema (1888)
Colección Pérez Simón

 

La obra tiene, por supuesto, múltiples lecturas, pues a la meramente estética se puede añadir la moral al contraponer la aparente belleza con la real crueldad de la historia en la que por sádico placer el perverso emperador romano Heliogábalo da muerte a sus invitados mediante asfixia por lluvia de rosas.

Se haría interminable esta entrada si nos dejásemos llevar por la extasiante belleza de todos y cada uno de los detalles de la exposición, pero no quiero dejar de señalar El cuarteto. Tributo del autor al arte de la música, de Albert Joseph Moore, precisamente por cuanto tiene de referencia a ese maravilloso mundo, así como ese guiño de la insólita presencia de instrumentos musicales modernos en una escena que parece sacada de la Antigüedad clásica (cita del catálogo), y por el apasionante juego de líneas de su composición.

El cuarteto Albert Joseph Moore (1868) Colección Pérez-Simón

El cuarteto
Albert Joseph Moore (1868)
Colección Pérez Simón

O la Venus Verticordia de Dante Gabriel Rossetti, nacido en Londres en 1828 contra lo que su nombre podría sugerirnos, por la dulce sensualidad que evoca. Pastel sobre papel, y simplificación de otra versión anterior al óleo con el mismo tema.

Venus Verticordia Dante Gabriel Rossetti (1868) Colección Pérez-Simón

Venus Verticordia
Dante Gabriel Rossetti (1868)
Colección Pérez Simón

La colección  del astur-mexicano Pérez Simón está considerada como una de las más importantes, sino la más, de pintura victoriana, y de pintura británica en general, de la que ahora podemos disfrutar gracias a su generosidad, señalada no solo por los firmantes en el catálogo de la exposición, sino, y sobre todo, por los datos aportados en el mismo, que ponen de manifiesto el gran número de veces y de lugares en el mundo, y, por tanto, la facilidad con que sus obras pueden ser disfrutadas por el público.

Como el propio Pérez Simón manifestaba recientemente, las colecciones privadas juegan un importante papel en la recuperación, conservación, fomento y difusión del arte, sobre todo cuando se prestan a la exhibición pública de modo tan fácil y generoso como en este caso, añadimos nosotros. La historia del coleccionismo y consecuentemente la evolución del papel del coleccionista son magistralmente estudiados por María Dolores Jiménez-Blanco en su obra El coleccionismo del arte en España. Una aproximación desde su historia y su contextopublicación muy fácil de obtener a través de la red, de forma libre, y cuya lectura les recomiendo encarecidamente. En este contexto el Sr. Pérez Simón es un coleccionista impulsado únicamente, y ya es bastante, por la audacia y la pasión por la belleza, sin que en ningún momento le hayan guiado los intereses especulatorios o de cotización de mercado. Por ello, lejos de posesión egoísta camina hacia el disfrute compartido.

Por similares razones su muy extensa e importante colección, eso sí desde su óptica personal, y aquí radica también su faceta creativa ya que sus obras lo definen, sigue una planificación, que él califica de enciclopedista, al margen de modas o cotizaciones, y un rigor exquisito en el estudio y autenticación de las piezas. Es de admirar este tipo de coleccionistas y su actitud y deseamos seguir disfrutando de la belleza y el arte que comparten en próximas exposiciones.

Cézanne

28 Mar
Retrato de un campesino (1905).- Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Retrato de un campesino (1905).- Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Las exposiciones-espectáculo no son santos de mi devoción. No por nada especial, sino porque suelen estar ocupadas por grupos de personas que sin ningún miramiento, y nunca mejor empleada la frase, atropellan e invaden tu espacio, interponiéndose con la obra y la reflexión.

Pero no es menos cierto que en la mayoría de las ocasiones son las únicas oportunidades que tenemos los ciudadanos de a pie de acceder a la obra de los grandes de la historia, y además de un modo panorámico.

A mayor abundamiento, mi elegante acompañante siempre me plantea excelentes propuestas,  gratas de compartir. En el caso que nos ocupa, todo ello me llevó a un acercamiento a uno de tantos genios como habitan mi “enciclopédica ignorancia”: Paul Cézanne.

La montaña Sainte-Victoire, 1904. Cleveland Museum of Art

La montaña Sainte-Victoire, 1904. Cleveland Museum of Art

Personaje de vida novelesca y psique compleja y atormentada al que conocía menos que superficialmente por alguna visión aislada de sus bañistas o los jugadores de cartas en revisiones globales sobre el impresionismo, resulta ser uno de esos personajes que constituyen puntos de inflexión determinantes para la historia del arte.

Pintor poseedor de un indudable dominio técnico, se caracteriza por cuidar muy detalladamente la estructura interna de cada una de sus obras, lo que les confiere un significado y un discurso teórico que va mucho más allá de formas y colores.

En este sentido su riqueza conceptual le lleva incluso a superar su importancia dentro del impresionismo, aunque esto de por sí ya sería suficiente para hacerle ocupar un espacio preeminente entre los elegidos.

Laderas de Provenza

Ladera en Provenza

Así cuándo contemplamos Ladera en Provenza, cuadro según la cartela pintado en 1890, y ahora propiedad de la National Gallery de Londres, la intuición se remueve previendo el advenimiento y desarrollo del cubismo.

La curva del camino

La curva del camino

Del mismo modo, La curva del camino, de 1900, propiedad de la National Gallery of Art, de Washington, nos anticipa todo el infinito de la abstracción.

Salgo del evento con el firme propósito de profundizar en Cézanne, en su vida y en su obra. El viaje valió la pena.

Paul Cézanne

Paul Cézanne

Carreño de Miranda

6 Mar

Juan_Carreño_de_Miranda_(detalle)Probablemente la efeméride del mundo del arte que más veamos publicitada durante todo este año sea la del  400 aniversario de la muerte de El Greco, pero eso no debería eclipsar o hacer olvidar que coincide con otro 400 aniversario, en este caso la del nacimiento de otro gran pintor, además en este asturiano. Nos estamos refiriendo a Juan Carreño de Miranda.

Nacido un 25 de marzo, el de 1614, casi todas sus referencias bibliográficas, incluida la página web del Museo del Prado, sitúan su nacimiento en Avilés, mientras que Tolivar Faes, en su obra Nombres y cosas de las calles de Oviedo, citando con su elegancia habitual la fuente de D. Marino Busto, como Cronista Oficial de dicho Concejo, lo sitúa en el vecino de Carreño, aportando para ello dos importantes documentos, como es el del matrimonio del artista y otro que lo liga a uno de sus más insignes colegas y amigo, el gran Velázquez, en su concesión del Hábito de Santiago. Por qué esto?. Quizás se deba a que en aquellas fechas Carreño pertenecía al alfoz de Avilés?.

Como quiera que sea este dato histórico, eso no influye en el valor artístico de un personaje al que se le considera uno de los más sobresalientes del siglo XVII, pudiendo codearse con todo un Velázquez, no solo del que era contemporáneo sino que, como vemos, al que unía  un trato muy cercano.

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De Carreño, el citado Tolivar en la obra mencionada nos relata como en 1669 entra en palacio como pintor del rey, para dos años después ser elevado a pintor de Cámara, y como pintor de retratos lo sitúa próximo a la genialidad de Velazquez o Goya. También nos cuenta que a su muerte dejó fama de hombre bondadoso o desprendido.

Por su parte, D. Javier Portús Pérez, en la citada página web del Museo del Prado, también lo adjetiva como una de las principales figuras del panorama pictórico cortesano de la segunda mitad del siglo XVII.

Joan-Ramon Triadó, en su capítulo  El Barroco, de la Historia del Arte de España, llega a afirmar que … sus retratos son obras maestras de captación psicológica y composición barroca, y que, dentro de la importancia del retrato y especialmente del retrato cortesano en esta época histórica, así como Velázquez se convirtió prácticamente en el único pintor de Felipe IV, Carreño lo fue de Carlos II.

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Otra similitud de dicho autor es la que establece con el tema del desnudo femenino cuando asegura al referirse a La Venus del espejo,..bello desnudo misterioso y críptico…único desnudo de la pintura española del XVII, excepción hecha de La monstruo (1685), de Juan Carreño, verdadero retrato del horror, con los atributos de Baco.

El citado Museo del Prado cuenta con una buena representación de su obra, unas 36 piezas catalogadas, y en nuestro Museo Regional de Bellas Artes pueden admirarse tres, uno de sus retratos de Carlos II, un San Hermenegildo y una Magdalena. Además gran parte de su obra se encuentra en colecciones particulares y en otros Museos como la Academia de San Fernando, El Escorial, o Budapest, París, Munich, Berlín, Viena o Nueva York entre otros.

Recientemente el diario La Nueva España reseñaba la intención del Ayuntamiento de Avilés de realizar una serie de conferencias así como una exposición recopilatoria, para celebración de esta efeméride. Bienvenida sea dicha iniciativa, y en cualquier caso, es una buena ocasión para interesarse por la vida y obra de este nuestro paisano, que aunque ya de muy joven, con diez años, se trasladó a Madrid, contribuyó a situar el nombre de Asturias en la cima de la creación pictórica, y con no menos méritos artísticos que el durante mucho tiempo denostado y ahora publicitado Doménikos Theotokópoulos.

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