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Feriarte

26 Nov

Por séptimo  año consecutivo tuvo lugar, hace ya un mes,  Feriarteoviedo . Como su nombre sugiere, una feria de arte contemporáneo que patrocina la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo. y que se vehicula a través de la participación de diecisiete consolidadas galerías regionales y un sólido centro de formación como es la Escuela de Arte de Oviedo.

La circunstancia antes señalada de su séptima edición da idea de la consistencia del proyecto, en el que este año realmente se vio un incremento en la calidad de la obra expuesta. Por otra parte, no se limita la feria a la mera exposición y venta (o al menos, intento de venta) de dicha obra, sino que se complementa con una serie de actividades que también van creciendo en número y variedad, a las que asisten significativos ponentes invitados.

La guinda de la Feria la pone la concesión de una medalla de honor denominada “En recuerdo de Kely. 1960-2013”, recuerdo que bien merecido tiene nuestra aclamada y añorada artista.

Este año tan interesante galardón recayó  en otro no menos interesante creador, Vicente Pastor, presentado por esa estupenda y entusiasta galería avilesa que es  Amaga, y con una obra reflejo de su personalidad de gran fuerza expresiva en la estética, tanto plástica como matérica. De este artista habíamos realizado una reseña en su día a la que remitimos al paciente lector. Otra referencia a su fuerza colórica la hacíamos recientemente. Es fácil, pues, observar que es un autor por el que tenemos una especial preferencia.

Pero no fue esa la única sorpresa agradable que esta galería nos presentó. Allí pudimos descubrir también a Encarnación Domingo

Artista de amplio y consolidado curriculum y obra, tanto expuesta como adjudicada , transita desde una figuración minimalista que va derivando hacia una abstracción con algunos  visos de geometricidad (sic), al tiempo que experimenta con texturas, relieves, buscando una cierta tridimensionalidad, y materiales, con los que busca contrastes lumínicos. Estoy seguro que este atrevimiento expresivo de la autora aún nos depara muy interesantes hallazgos. La seguiremos con interés.

 

Otro hallazgo, en este caso no nuevo para mí, fue Nuria Formentí , presentada por la Galería Arancha Osoro.  Su poética sensualidad nos sugiere referencias a lo acuático y a lo femenino como fuentes de vida. Su interpelación de formas, colores y textos le confieren una fuerza que confirma esa vitalidad.

A modo de curiosidad, compárese esta imagen, afortunada propiedad del autor de estas líneas, con la siguiente:

Esta es una secuencia de ADN que se encuentran en los genes que están involucrados en los modelos de desarrollo anatómico de los seres vivos, este en concreto de la Drosophila melanogaster

Podrían o no ser pintados por la misma mano?. Tienen o no relación con la razón última de la vida?.

Otro hallazgo fue sin duda la interpretación sinestésica de Andrés G. Torcida (lamento desconocer sus direcciones de las redes sociales, que supongo tendrá) y su Estructuras de la música, en el interesante stand de la Escuela de Arte de Oviedo.

Evidentemente otras muchas cosas se me quedan en el tintero, quizás tanto o más interesantes que las mencionadas, pero en esto del arte prima la subjetividad, y uno a estas alturas de su calendario no está dispuesto ya a renunciar a tal placer.

 

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La selección del mes.

29 Nov

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Aclaremos rápidamente el asunto para no crear equívocos. No se trata de que este disco se haya publicado recientemente como novedad. Se trata de un disco que, como se puede deducir de la portada, es ya bastante añejo, pero  que durante este mes he escuchado con mayor asiduidad.

Aclarado este asunto digamos que contiene dos conciertos para piano de Beethoven. En primer lugar el nº 5, en mi bemol mayor, op. 73, el famoso “Emperador”, y a continuación el nº 2, en si bemol mayor, op. 19, y que, como sabemos, realmente es el primero que escribió el genio de Bonn.

Podríamos calificarlo de un disco valiente, fundamentalmente por su estructura. Somete a la consideración del oyente sendos conciertos de dos épocas distintas de Beethoven; uno, el nº 2, de la primera, iniciado en 1794 e interpretado por primera vez en marzo de 1795, cuando predominaba el Beethoven intérprete, que pretendía llegar a la cumbre de los pianistas, sobrepasando a la pléyade de ellos que en aquellos días poblaban Viena, y otro, el nº 5, de su segunda época, compuesto en 1809 y estrenado en noviembre de 1811, cuando ya el genial compositor estaba en todo su apogeo. Incluso, del primero el propio autor llegó a hablar con un cierto desprecio, manifestando que no se trataba de una de sus mejores obras, mientras que del segundo se sentía orgulloso, hasta el punto de no permitir que su editor lo denominase con otro nombre que no fuera “Gran Concierto”.

Y, sin embargo, así las cosas, los intérpretes los colocan juntos, con el riesgo de la comparación, y yendo aún más allá, colocan en primer lugar al Emperador, y luego al que fue minusvalorado por su propio autor. Pero claro, eso pueden hacerlo tres genios como son Ashkenazy, Sir Solti y la Sinfónica de Chicago. En una interpretación que si en el Emperador se pone de manifiesto toda la grandiosidad, magnificencia y belleza conceptual, la “arquitectura beethoveniana”, que todo el mundo le admira, al nº 2, lo convierten en una obra primorosa, de una belleza estética admirable, con un segundo tiempo que es un gozo de sutileza, intimismo y romanticismo.

Retrato de Ludwig van Beethoven.- Joseph Willibrod (1804)

Retrato de Ludwig van Beethoven.- Joseph Willibrod (1804)

En ambos casos Ashkenazy alcanza un asombroso dominio de las dinámicas, consiguiendo en ocasiones momentos de gran introspección y lirismo, con pianísimos cristalinos y con un punto dulces, para posteriormente derrocharse en esa magnificencia ya comentada, en un torrente de sentimientos puramente románticos. Sir Solti conduce esa máquina perfecta que siempre fue la Sinfónica de Chicago, consiguiendo una concertación milimétrica con el solista en ese continuo carrusel sentimental.

Este diálogo de los dos conciertos, que van desde las reminiscencias del clasicismo del nº 2 al pleno romanticismo del nº 5 nos permite contemplar al artista genial que quiso romper la rigidez de las formas y abrir ventanas a inmensos horizontes de libertad. Fue persona que vivió etapas convulsas, de finales del s. XVIII y principios del s. XIX (Revolución, auge y caída de Napoleón, Congreso de Viena, ascensión de la burguesía, irrupción de la ideología liberal, revolución industrial), y que siempre desde su arte supo responder a un compromiso social, apostando por la transformación radical de los fundamentos estéticos, y buscando el discurso en el colorido tímbrico que reflejase sus estados de ánimo, como anteriormente reseñábamos, con un piano, su instrumento favorito, que bucea en su intimidad y una orquesta que prolonga la expresión de sus aspiraciones monumentales.

Este artista genial y comprometido, que en 1792 se instala definitivamente en Viena, realiza estudios universitarios, con especial querencia por la filosofía, y entra en contacto con ideales revolucionarios y republicanos que siempre defendió, es también hijo de su pasado, de unas ideas que tienen sus antecedentes en décadas anteriores, donde los artistas se esfuerzan en romper moldes y convenciones.

Esta época del XVIII en la que  la burguesía ilustrada en auge se esfuerza en la búsqueda del progreso y de un mundo más racional, cuestionándose ideas y estéticas, podría ofrecernos multitud de textos y autores para maridar con nuestro disco. Por no ser menor entre todos ellos, y por proximidad, se me viene a la mente nuestro paisano D. Gaspar Melchor de Jovellanos, nacido en Gijón en 1744. Y de su muy fecunda producción literaria, su Elogio de las Bellas Artes, discurso pronunciado en Real Academia de San Fernando en 1781. Contaba por entonces Beethoven 11 años. Ya había realizado su primera actuación en público, y publicado su primera composición. Al año siguiente dejará la escuela, y 2 más tarde obtendría su primer empleo en la orquesta de la corte del príncipe de Colonia, Maximiliano Francisco.

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D. Gaspar Melchor, hombre de visión enciclopédica en las dos acepciones que el DRAE concede al término, fue no solo un teórico, porque no le dejaron ser práctico, de la reforma (Informe sobre la Ley Agraria, Informe sobre espectáculos, Exposición al Príncipe de la Paz como respuesta a once puntos sobre instrucción pública en España, Informe sobre la reforma de cárceles, etc., etc.sino también un literato, con composiciones teatrales y poéticas de mayor o menor fortuna y libros de viajes, además de sus múltiples escritos e informes de orden pedagógico, económico, etnográfico, jurídico o político.

Y sintió una especial preocupación por el arte, de la que el librito que comentamos, pequeño en tamaño pero muy grande en contenido, es una muestra, y que, como citamos anteriormente, fue encargado por la Academia de San Fernando, de la cual era miembro de número, lo mismo que de las de Historia y de la Lengua.

En el prólogo de dicha obra, D. Javier Portús Pérez la considera un texto fundamental para la historiografía del arte español, puesto que, en sus palabras, es la primera vez que se superan esquemas estrictamente biográficos, y se pone la pintura en relación con fenómenos de órdenes sociales diversos que configuran la experiencia histórica, dando lugar al nacimiento del concepto moderno del arte en España.

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Y a quien asignamos el maridaje pictórico?. Instintivamente, máxime escribiendo estas líneas desde Zaragoza, pienso en Goya. Con ambos genios anteriormente citados comparte su sentido ilustrado y su profundo compromiso social. Con Jovellanos comparte el hecho de haberlo retratado en más de una ocasión, así como lo que hoy en día Facebook denominaría amigos comunes; y con el músico genial anecdóticamente compartiría la sordera, lo que sin duda a ambos condicionaría sus caracteres y ese punto hosco y de difícil sociabilidad.

Dicho esto, que cuadro escogeríamos de Goya?. Difícil tarea tanto por la gran calidad de toda su, además, cuantiosa producción como porque son infinidad los que cumplen los requisitos antes señalados. pero como me veo obligado a señalar uno, me quedo con El perro semihundido.

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Cuadro que forma parte de sus Pinturas negras procedentes de las paredes de la Quinta del Sordo; siempre resulta misterioso para cualquier observador.

Aquel joven que se sabía artista, y que quería alcanzar la fama, se lanzó a la aventura, y sin apenas recursos se fue a Italia a empaparse del arte de sus predecesores. Allí ya alcanza una mención especial del jurado en un concurso de Parma con el cuadro Anibal contempla por primera vez Italia desde los Alpes, que, por cierto en la actualidad está en el museo asturiano de la Fundación Seldas-Fagalde, en El Pito (Cudillero).

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A su vuelta a Zaragoza se dedica a la pintura religiosa, lo que le proporciona importantes beneficios económicos y un sólido prestigio profesional. Por eso y por la influencia de su cuñado Bayeu es llamado a la corte, y en Madrid alcanza las máximas cotas de éxito artístico, a lo que no es ajena por cierto, entre otros factores, su amistad con Jovellanos.

Pintor de gran perspicacia psicológica en sus retratos, es también un mordaz notario de su  sociedad con las series de grabados y un decidido y valiente denunciante de los desastres de la guerra, tanto con la serie de grabados del mismo nombre como con los cuadros referentes a los sucesos de mayo de 1808.

No ajeno a dificultades socio-políticas y económicas en el periodo de la Restauración, tanto por sus pensamientos como por los círculos de amistades en los que se movía, quizás alcance su cumbre artística en el Trienio Liberal con las Pinturas negras, que, como decíamos, decoraban su Quinta del Sordo y de las que El perro semihundido, era una de ellas, y en la que desde el punto de vista estético se acerca incluso a la abstracción, y desde el punto de vista de su contenido nos sumerge en todo un posible proceso interpretativo psicoanalítico.

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Tres inteligentes personas que comprometieron su vida en la búsqueda de su verdad y de la belleza, y que con ello contribuyeron a facilitarnos que sea un poco más fácil habitar este duro mundo. Gratitud y honra para su memoria.

Otras referencias:

http://www.beckmesser.com/entrevista-con-solti-recuperada/

https://www.youtube.com/watch?v=VJ2uv6RhN3Q

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/metapintura-un-viaje-a-la-idea-del-arte/1d0500f9-5f3c-4ad0-a345-5626e65fa702

http://www.temasdepsicoanalisis.org/perro-semihundido/

Reseñas breves (X): Javier del Rio

6 Mar

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El Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias organiza una exposición con obra de Javier del Río, uno de los más interesantes artistas plásticos asturianos contemporáneos, lamentablemente fallecido.

La exposición lleva por título “Javier y la arquitectura” y muestra obra gráfica, pinturas y esculturas que en su mayor parte tienen que ver con espacios físicos construidos y habitables.

Javier del Rio nació en Gijón en 1952. Su inquieto e independiente recorrido por el mundo del arte estuvo constantemente por el estímulo de la búsqueda, lo que le hizo cultivar todo tipo de lenguajes y de géneros, así como experimentar en estilos muy diversos. Viajero impenitente, supo absorber todos los estímulos y recrearlos con personalidad propia. Con tenacidad y esfuerzo se hace un brillante curriculum en un gran número exposiciones tanto colectivas como individuales. Tras una exposición en la Sala Cornión de Gijón, con gran éxito de crítica, fallece inesperada y súbitamente en 2004, truncándose así una de las trayectorias más importantes de su generación.

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Afortunadamente desde entonces hasta ahora su obra sigue siendo motivo de interés en exposiciones múltiples y en 2012 la Fundación Maria Cristina Masaveu Paterson tuvo el acierto de publicar el Catálogo razonado de su obra, que nos permite, como no podía ser de otra manera, una aproximación comprensiva y detallada a la totalidad de su compleja obra. Todo ello bajo la Dirección científica de Dña. María Soledad Álvarez Martínez, y la documentación de campo elaborada por Dña. Laura Mier Valerón, las fotografías de D. Alejandro Braña, prólogo de D. Ángel Antonio Rodríguez y semblanza humana de Dña. Guadalupe Rodríguez.

En el acto que ahora nos ocupa, en un tríptico que se puede encontrar en la página web, puesto que extrañamente en la propia exposición no se puede obtener ni el mínimo material de apoyo (suponemos que son cosas de la crisis), D. Alberto Martínez Villa, Historiador del Arte, nos guía por las obras expuestas, siempre relacionadas con paisaje, diversas formas de arquitectura y volumetrías, y como decíamos al principio, utilizando todos los materiales a su alcance, aguafuertes, óleos, hierro, piedra, y se lamenta el autor de esas líneas que algunas de estas obras, de las que afirma representan el mejor Javier del Río, no se encuentren aún en los museos.

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En cualquier caso, una exposición inexcusable sobre un muy interesante autor que aunque ya no esté físicamente entre nosotros, sabe transmitirnos que a través del arte su pintura, su alma y su visión están siempre vivas.

La pintura victoriana, la Colección Pérez Simón y el coleccionismo.

16 Sep

Hasta el próximo 12 de octubre podemos disfrutar en el Museo Thyssen-Bornemizza de Madrid de una estupenda exposición que lleva por título Alma-Tadema y la pintura victoriana en la Colección Pérez Simón. Comisariada por Véronique Gerard-Powell, profesora honoraria de la Universidad de la Sorbona de París, y procedente de París y Roma, para a continuación viajar a Londres, muestra 50 cuadros de una más extensa y rica colección.

Si bien la pintura victoriana estuvo durante bastante tiempo poco considerada hasta el punto de desaparecer prácticamente entre 1895 y 1900 , y desde una cierta óptica contemporánea pudiera  verse como excesivamente remilgada, vuelve a gozar hoy en día de una nueva revalorización, no solo por cuestiones estéticas sino incluso por cuestiones conceptuales y hasta sociales. No cabe duda que su búsqueda de la belleza representaba una actitud de escape crítico a la fealdad industrial imperante, e incluso se acercaba a los problemas que le eran contemporáneos desde ciertas convicciones socialistas, como fue el caso de Willian Morris, del que por cierto no figuran obras en esta exposición.

Como comenta María Cóndor en su brillante artículo titulado El Olimpo victoriano, en el número 186 de la revista Descubrir el arte, el posromanticismo de la época y su indagación estética es una respuesta crítica a la rigidez académica anterior, y busca adoptar un papel didáctico, así como de oposición a la moral de  puritanismo hipócrita de la época a través del impulso del desnudo y del nuevo papel de la imagen de la mujer. El desnudo femenino es contemplado como categoría académica, y en el caso de la Andrómeda, de Edward John Poynter, está considerado el desnudo más bello de la pintura británica, y además es el primero en su historia que aparece con sombreado púbico.

Andrómeda Edward John Poynter (1869) Colección Pérez Simón

Andrómeda
Edward John Poynter (1869)
Colección Pérez Simón

Algunas de las obras presentadas en la exposición se califican de auténticos iconos de la pintura británica, y la escuela señalada es totalmente diferente de lo que en esos momentos se realiza en el continente, y constituye un espacio temporal, fundamentalmente la década de los 60, auténticamente revolucionario dentro de la historia de dicha pintura. En su conjunto se caracterizan por su eclecticismo y libertad en los asuntos y su tratamiento, destacando no obstante dos ejes fundamentales: el culto a la belleza formal, encarnada en el ya antes señalado papel de la mujer, y la pasión por la cultura greco-romana, sus leyendas y sus mitos, tratadas además con un riguroso abordaje de las fuentes literarias.

Destaca en este sentido la visión de John William Waterhouse, por cierto el único autor que perduró a la práctica desaparición antes comentada, quizás por algunos elementos de modernidad que se pueden considerar como una mirada de apertura a los movimientos contemporáneos que habrían de aparecer en el horizonte estilístico. A tener en cuenta  a este respecto su obra titulada El canto de la primavera, y fechada en 1913.

El canto de la primavera.- Waterhouse (1913) Colección Pérez Simón

El canto de la primavera.- Waterhouse (1913)
Colección Pérez Simón

Respecto de esa visión personal de Watehouse también es de considerar el interés del autor por la mujer fatal o por la hechicera. Sirva de ejemplo presente en la exposición El filtro de amor que mostramos a continuación.

Estudio para Jasón y Medea (El filtro de amor). Waaterhouse (1906-1907) Colección Pérez Simón

Estudio para Jasón y Medea (El filtro de amor). Waaterhouse (1906-1907)
Colección Pérez Simón

El núcleo de la exposición, como ya deja entrever su título, lo constituye la sala Alma-Tadema, autor del que el Sr. Pérez Simón es uno de los principales coleccionistas. De las obras mostradas, destaquemos Las rosas de Heliogábalo, óleo sobre tabla de importantes proporciones (132,7 – 214,4 cms), realizada en 1888, fecha en que el pintor se encontraba en el culmen de su fama artística y social.

Las rosas de Heliogábalo Laurence Alma-Tadema (1888) Colección Pérez-Simón

Las rosas de Heliogábalo
Laurence Alma-Tadema (1888)
Colección Pérez Simón

 

La obra tiene, por supuesto, múltiples lecturas, pues a la meramente estética se puede añadir la moral al contraponer la aparente belleza con la real crueldad de la historia en la que por sádico placer el perverso emperador romano Heliogábalo da muerte a sus invitados mediante asfixia por lluvia de rosas.

Se haría interminable esta entrada si nos dejásemos llevar por la extasiante belleza de todos y cada uno de los detalles de la exposición, pero no quiero dejar de señalar El cuarteto. Tributo del autor al arte de la música, de Albert Joseph Moore, precisamente por cuanto tiene de referencia a ese maravilloso mundo, así como ese guiño de la insólita presencia de instrumentos musicales modernos en una escena que parece sacada de la Antigüedad clásica (cita del catálogo), y por el apasionante juego de líneas de su composición.

El cuarteto Albert Joseph Moore (1868) Colección Pérez-Simón

El cuarteto
Albert Joseph Moore (1868)
Colección Pérez Simón

O la Venus Verticordia de Dante Gabriel Rossetti, nacido en Londres en 1828 contra lo que su nombre podría sugerirnos, por la dulce sensualidad que evoca. Pastel sobre papel, y simplificación de otra versión anterior al óleo con el mismo tema.

Venus Verticordia Dante Gabriel Rossetti (1868) Colección Pérez-Simón

Venus Verticordia
Dante Gabriel Rossetti (1868)
Colección Pérez Simón

La colección  del astur-mexicano Pérez Simón está considerada como una de las más importantes, sino la más, de pintura victoriana, y de pintura británica en general, de la que ahora podemos disfrutar gracias a su generosidad, señalada no solo por los firmantes en el catálogo de la exposición, sino, y sobre todo, por los datos aportados en el mismo, que ponen de manifiesto el gran número de veces y de lugares en el mundo, y, por tanto, la facilidad con que sus obras pueden ser disfrutadas por el público.

Como el propio Pérez Simón manifestaba recientemente, las colecciones privadas juegan un importante papel en la recuperación, conservación, fomento y difusión del arte, sobre todo cuando se prestan a la exhibición pública de modo tan fácil y generoso como en este caso, añadimos nosotros. La historia del coleccionismo y consecuentemente la evolución del papel del coleccionista son magistralmente estudiados por María Dolores Jiménez-Blanco en su obra El coleccionismo del arte en España. Una aproximación desde su historia y su contextopublicación muy fácil de obtener a través de la red, de forma libre, y cuya lectura les recomiendo encarecidamente. En este contexto el Sr. Pérez Simón es un coleccionista impulsado únicamente, y ya es bastante, por la audacia y la pasión por la belleza, sin que en ningún momento le hayan guiado los intereses especulatorios o de cotización de mercado. Por ello, lejos de posesión egoísta camina hacia el disfrute compartido.

Por similares razones su muy extensa e importante colección, eso sí desde su óptica personal, y aquí radica también su faceta creativa ya que sus obras lo definen, sigue una planificación, que él califica de enciclopedista, al margen de modas o cotizaciones, y un rigor exquisito en el estudio y autenticación de las piezas. Es de admirar este tipo de coleccionistas y su actitud y deseamos seguir disfrutando de la belleza y el arte que comparten en próximas exposiciones.

Cézanne

28 Mar
Retrato de un campesino (1905).- Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Retrato de un campesino (1905).- Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Las exposiciones-espectáculo no son santos de mi devoción. No por nada especial, sino porque suelen estar ocupadas por grupos de personas que sin ningún miramiento, y nunca mejor empleada la frase, atropellan e invaden tu espacio, interponiéndose con la obra y la reflexión.

Pero no es menos cierto que en la mayoría de las ocasiones son las únicas oportunidades que tenemos los ciudadanos de a pie de acceder a la obra de los grandes de la historia, y además de un modo panorámico.

A mayor abundamiento, mi elegante acompañante siempre me plantea excelentes propuestas,  gratas de compartir. En el caso que nos ocupa, todo ello me llevó a un acercamiento a uno de tantos genios como habitan mi “enciclopédica ignorancia”: Paul Cézanne.

La montaña Sainte-Victoire, 1904. Cleveland Museum of Art

La montaña Sainte-Victoire, 1904. Cleveland Museum of Art

Personaje de vida novelesca y psique compleja y atormentada al que conocía menos que superficialmente por alguna visión aislada de sus bañistas o los jugadores de cartas en revisiones globales sobre el impresionismo, resulta ser uno de esos personajes que constituyen puntos de inflexión determinantes para la historia del arte.

Pintor poseedor de un indudable dominio técnico, se caracteriza por cuidar muy detalladamente la estructura interna de cada una de sus obras, lo que les confiere un significado y un discurso teórico que va mucho más allá de formas y colores.

En este sentido su riqueza conceptual le lleva incluso a superar su importancia dentro del impresionismo, aunque esto de por sí ya sería suficiente para hacerle ocupar un espacio preeminente entre los elegidos.

Laderas de Provenza

Ladera en Provenza

Así cuándo contemplamos Ladera en Provenza, cuadro según la cartela pintado en 1890, y ahora propiedad de la National Gallery de Londres, la intuición se remueve previendo el advenimiento y desarrollo del cubismo.

La curva del camino

La curva del camino

Del mismo modo, La curva del camino, de 1900, propiedad de la National Gallery of Art, de Washington, nos anticipa todo el infinito de la abstracción.

Salgo del evento con el firme propósito de profundizar en Cézanne, en su vida y en su obra. El viaje valió la pena.

Paul Cézanne

Paul Cézanne

Carreño de Miranda

6 Mar

Juan_Carreño_de_Miranda_(detalle)Probablemente la efeméride del mundo del arte que más veamos publicitada durante todo este año sea la del  400 aniversario de la muerte de El Greco, pero eso no debería eclipsar o hacer olvidar que coincide con otro 400 aniversario, en este caso la del nacimiento de otro gran pintor, además en este asturiano. Nos estamos refiriendo a Juan Carreño de Miranda.

Nacido un 25 de marzo, el de 1614, casi todas sus referencias bibliográficas, incluida la página web del Museo del Prado, sitúan su nacimiento en Avilés, mientras que Tolivar Faes, en su obra Nombres y cosas de las calles de Oviedo, citando con su elegancia habitual la fuente de D. Marino Busto, como Cronista Oficial de dicho Concejo, lo sitúa en el vecino de Carreño, aportando para ello dos importantes documentos, como es el del matrimonio del artista y otro que lo liga a uno de sus más insignes colegas y amigo, el gran Velázquez, en su concesión del Hábito de Santiago. Por qué esto?. Quizás se deba a que en aquellas fechas Carreño pertenecía al alfoz de Avilés?.

Como quiera que sea este dato histórico, eso no influye en el valor artístico de un personaje al que se le considera uno de los más sobresalientes del siglo XVII, pudiendo codearse con todo un Velázquez, no solo del que era contemporáneo sino que, como vemos, al que unía  un trato muy cercano.

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De Carreño, el citado Tolivar en la obra mencionada nos relata como en 1669 entra en palacio como pintor del rey, para dos años después ser elevado a pintor de Cámara, y como pintor de retratos lo sitúa próximo a la genialidad de Velazquez o Goya. También nos cuenta que a su muerte dejó fama de hombre bondadoso o desprendido.

Por su parte, D. Javier Portús Pérez, en la citada página web del Museo del Prado, también lo adjetiva como una de las principales figuras del panorama pictórico cortesano de la segunda mitad del siglo XVII.

Joan-Ramon Triadó, en su capítulo  El Barroco, de la Historia del Arte de España, llega a afirmar que … sus retratos son obras maestras de captación psicológica y composición barroca, y que, dentro de la importancia del retrato y especialmente del retrato cortesano en esta época histórica, así como Velázquez se convirtió prácticamente en el único pintor de Felipe IV, Carreño lo fue de Carlos II.

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Otra similitud de dicho autor es la que establece con el tema del desnudo femenino cuando asegura al referirse a La Venus del espejo,..bello desnudo misterioso y críptico…único desnudo de la pintura española del XVII, excepción hecha de La monstruo (1685), de Juan Carreño, verdadero retrato del horror, con los atributos de Baco.

El citado Museo del Prado cuenta con una buena representación de su obra, unas 36 piezas catalogadas, y en nuestro Museo Regional de Bellas Artes pueden admirarse tres, uno de sus retratos de Carlos II, un San Hermenegildo y una Magdalena. Además gran parte de su obra se encuentra en colecciones particulares y en otros Museos como la Academia de San Fernando, El Escorial, o Budapest, París, Munich, Berlín, Viena o Nueva York entre otros.

Recientemente el diario La Nueva España reseñaba la intención del Ayuntamiento de Avilés de realizar una serie de conferencias así como una exposición recopilatoria, para celebración de esta efeméride. Bienvenida sea dicha iniciativa, y en cualquier caso, es una buena ocasión para interesarse por la vida y obra de este nuestro paisano, que aunque ya de muy joven, con diez años, se trasladó a Madrid, contribuyó a situar el nombre de Asturias en la cima de la creación pictórica, y con no menos méritos artísticos que el durante mucho tiempo denostado y ahora publicitado Doménikos Theotokópoulos.

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