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Henri Cartier-Bresson: El ojo del siglo XX.

25 Ago

Un buen amigo, infatigable promotor de causas sociales, a mi entender nobles y justas, tiene entre ellas la edición de una revista digital titulada Dignidad&Responsabilidad, y me ha invitado a participar en la misma.

Aún a riesgo de no estar a la altura que la empresa se merece, no es menos cierto que no me apetece escurrir el bulto ante tal propuesta. Creo sinceramente que en la actualidad el mundo de los medios llamados de información, tanto por lo publicado como por lo silenciado, está totalmente mediatizado por los intereses del sistema imperante, neoliberal y en el caso de nuestro país, bipartidista, único responsable de esta agobiante situación social que recorta ostensiblemente la posibilidad de participación ciudadana real y conduce a una franca recesión de los logros democráticos que tanto esfuerzo  nos ha costado conseguir.

Es pues necesario un revulsivo, la típica y tópica ventana que permita la entrada de aire fresco y que modifique esas condiciones. Y sinceramente creo que, con todas sus debilidades y amenazas, una vía, entre otras, pueden ser las publicaciones digitales, menos condicionadas por la esclavitud material. Es por ello por lo que acepté el envite de mi amigo.

Para la primera entrega me propuse reflexionar a cerca de la exposición que la Fundación Mapfre brinda en Madrid sobre la figura del fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson, pero la sola responsabilidad de mi impericia informática hizo que tales comentarios se publicasen incompletos, por lo que, a parte de brindarles el enlace con lo publicado en dicha revista, con la intención de invitarles a conocer la misma, quisiera añadir algunas consideraciones que allí no figuran sobre dicha exposición.

Realizada en colaboración con el Centre Pompidou y la Fondation HCB, y excelentemente comisariada por Clémente Chéroux, la exposición procedente del Centre Pompidou de París, estará en Madrid hasta el día 7 de septiembre, para luego viajar a Roma y posteriormente a Ciudad de México, y brinda una polifacética visión de la compleja evolución y obra del extraordinario artista, fundamentalmente fotógrafo, que fue Henri Cartier-Bresson, que por su actitud, testimonio y coincidencia temporal recibió con todo merecimiento la denominación de el ojo del siglo XX.

La exposición está estructurada en tres partes principales. La primera, de 1926 a 1935, nos muestras los inicios del artista, que comenzaron en la pintura, aspecto este que volverá a retomar en su etapa final, así como la importancia que tuvo su sólida formación inicial, su paso por el surrealismo, sus primeros contactos con la fotografía en el interesante mundo de Le Moulin du Soleil, su viaje iniciático a Africa, así como sus grandes viajes por Europa, México y Estados Unidos.

La segunda parte, de 1936 a 1946, contempla su intenso compromiso político, y su trabajo para la prensa comunista, el cine y la guerra. Para el comisario Chéroux esta es la fase más desconocida del personaje, e implica una pieza clave para entender la personalidad global del mismo y su posterior evolución.

No debemos olvidar en esta fase sus películas dedicadas a España, Victoire de la vie, documental sobre los hospitales de la España Republicana, de 49 minutos de duración, y L’Espagne Vivra, documental sobre la guerra (in)civil española y los años de posguerra, de 43 minutos de duración. Por cierto que ambos documentales están aún disponibles en DVD, en un doble cofre, junto con el resto de la obra cinematográfica de nuestro artista.

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La tercera parte se inicia en 1947 con la creación de la famosa agencia Magnum, que posteriormente abandonará al creer que se aparta de lo que fueron sus presupuestos iniciales, y concluye en los años setenta, cuando interrumpe su actividad de reportero, y retoma otras manifestaciones artísticas como el dibujo, en un aparente retorno a sus inicios.

La Fundación Mapfre estructura todo este proceso con dos estupendas visitas guiadas, una que dedica a su evolución estética, en la que por supuesto no podría faltar la consideración de su famoso instante decisivo, clásico entre los clásicos, ya expresado por Mirón en su Discóbolo, y filosofado, eso sí con más pesimismo, por Emil Ciorán.  La otra visita guiada está dedicada a su compromiso ideológico y social.

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Qué aficionado no recuerda, en mayor o menor número, alguna de sus fotografías más icónicas?. Pues bien, esta muestra nos permite aproximarnos a la personalidad de un artista completo que no solo persiguió su canon estético con todo rigor, pues era estricto en la composición estructural de sus solo aparentemente fáciles instantáneas, sino que además vivió plenamente y con toda lucidez el compromiso con su sociedad y su tiempo en ese tan convulso que fue el siglo XX, y que desgraciadamente parece que se continúa en el XXI.

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