Archivo | enero, 2022

Un mes, un libro (1): Una breve historia del futuro

29 Ene

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Vivimos tiempos de incertidumbres, y para muchas personas, sobre todo las de mi edad, no es la menor de ellas pensar que nos deparará el inmediato futuro, incluso el presente, con el gran y rapidísimo desarrollo de la tecnología.

Hoy para acciones básicas de la vida diaria (ir al banco, pagar la compra, pedir consulta médica, y otros muchos ejemplos más) es fundamental conocer informática a nivel de usuario. Pero el caso es que todo esto evoluciona a tal velocidad que en muchas ocasiones supera nuestra capacidad de adaptación, hace crecer la brecha digital y nos deja fuera de la actualidad, haciéndonos vulnerables, más incluso de lo que ya somos por naturaleza.

El caso es que esto no va a parar aquí. Aunque no nos demos cuenta nuestras vidas están altamente influidas por la inteligencia artificial con sus algoritmos o las blockchains hasta límites sorprendentes.

Pero no perdamos la calma. Como dijo alguien citado por los autores del libro que comentamos, el futuro ya estuvo aquí. Acaso no se produjo un cambio espectacular con la aparición de la era industrial, o con la caída de la sociedad estamental o absolutista, y por ir aún más lejos, del paso del paleolítico al neolítico?

Probablemente los habitantes del mundo en esas ocasiones tuvieron la misma sensación que nosotros de que todo a su alrededor se tambaleaba y su sociedad corría el peligro de desaparecer.

Frente a los retos e incertidumbres que nos plantea la vida, uno de los más sólidos asideros de los que disponemos es el conocimiento, por más que terraplanistas, negacionistas o antivacunas pretendan negarlo, y posiblemente de igual importancia que es la lucha contra la desigualdad es la lucha contra su ignorancia, si no es que una y otra están intimamente ligadas.

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Pues bien, Conrado CastilloNacho Villoch nos plantean este más que interesante libro con un sugerente título para que utilicemos el conocimiento como punto de apoyo de la palanca que nos puede ayudar a modificar nuestras rígidas y temerosas actitudes, desde la esperanza de que si la raza humana ya nos adaptamos antes y en multitud de ocasiones, bien podemos volver a hacerlo ahora. Aspecto este muy esperanzador puesto que además señalan que si bien es vertiginosa la aceleración de la tecnología, las emociones y sentimientos de los humanos permanecen.

Para ello los autores, como método que soporte sus interesantes reflexiones, realizan un paseo por el tiempo a modo de variaciones sobre diversas materias. Hacen una introducción del tema correspondiente mostrándonos como estaba en tiempos pasados, con estampas que a los neoadanistas pueden parecerles increíbles, para luego analizar como está en la actualidad, y posteriormente tratar de hacer un intento prospectivo para los próximos veinte o treinta años. Más lo consideran especulatorio.

Ahora bien, este innegable desarrollo tecnológico, con las evidencias tan altamente positivas en campos como por ejemplo la medicina, es siempre bueno? Servirá para que los humanos dispongamos de más tiempo libre y ocio, y consecuentemente la posibilidad de un mayor desarrollo intelectual e integral?. O como dice alguien tan poco sospechoso de colaborar con comunistas-bolivarianos revolucionarios como es el Instituto Tecnológico de Masachusetts (MIT) nos llevarán a un desempleo global del 80 %? Otra vez aparece el monstruo de la desigualdad.

Porque el modelo crece, sí, pero en ocasiones sin control, y garantizar un mínimo de estabilidad y dignidad a las personas implicadas en él es  muy difícil, dependiendo demasiadas veces de intereses espurios.

Por eso, y por otras varias razones entre las que no es la menor la de los delitos informáticos, es necesario que en este nuevo mundo siga persistiendo la ética (será verdad que alcanzará su esplendor en la década de los treinta del presente siglo?) y todas aquellas materias que la sustentan: la filosofía, la historia, las humanidades, etc. Estas disciplinas nos muestran reiteradas evidencias de que los instrumentos no son ni buenos ni malos en si mismo. Lo serán en la medida hacía donde se incline la voluntad del ser humano, con todas sus luces y sus sombras.

Nosotros decidimos hacia que lado empujamos.

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