Archivo | noviembre, 2021

El rey Midas

29 Nov

I

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Dimas Gordias gustaba de levantarse siempre antes del amanecer. Cómodamente sentado en una de las terrazas de su casa, la que daba al oriente, disfrutaba de esos momentos de silencio absoluto, previos al inicio del nacimiento del día. Silencio en el que la naturaleza parecía expectante ante el milagro de un nuevo comenzar.

Después una tenue luz ambarina rompe el negro de la noche, y las formas del horizonte comienzan a poder vislumbrarse.

El canto lejano de un gallo se une al suave murmullo de las olas dando entrada a la melodía del esperado nuevo día. Un punto rojo comienza a crecer hasta imponer la fuerza de la vida que se reitera.

Esos momentos los utiliza Dimas para reflexionar sobre su presente y preparar mentalmente la agenda del día, en el que seguro que también habrá que tomar decisiones que contribuyan a conformar el futuro inmediato y el más lejano.

Hoy Dimas se siente pletórico, lleno de fuerza y vitalidad. Quizás más que nunca está orgulloso de si mismo y de lo que ha conseguido. Ha creado un imperio empresarial, ha generado muchos puestos de trabajo y con ello el salario de muchas familias y asegurada por varias generaciones una estabilidad desahogada de la suya propia.

Y todo gracias a su esfuerzo y sacrificio personales, sin deber nada a nadie. Así lo ha reconocido esta noche pasada el presidente del Círculo Nacional de Empresarios en la jornada homenaje en que fue nombrado Empresario del Año, al mismo tiempo que alababa su audacia y su visión estratégica que, como dijo y todos aplaudieron, hacía que todo cuanto tocase se convirtiera en oro.

II

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Con ese ímpetu llegó a su despacho. Como siempre el primero de toda la plantilla. La mañana se sucedió con el vértigo habitual: repaso de los recortes de prensa previamente seleccionados por la eficiente Trini, su secretaria personal, luego lectura de la correspondencia y correos electrónicos y dictado de las contestaciones necesarias, atención a algunas llamadas de felicitación adecuadamente filtradas por Trini, reunión de equipo con los jefes de departamento, recepción de visitas señaladas, etc., etc.

Ya estaba entregado a este tráfago irreversible y habitual cuando sonó el teléfono privado, al que únicamente se accedía con la aquiescencia de la omnipresente Trini:

-Don Dimas, su hija. Dice que es importante.

-Gracias, Trini. Pásemela.

Dimas no se alteró. Belén, su única hija, la luz de sus ojos, era una persona seria y muy responsable, que sabía que podía recurrir a él siempre que lo estimase oportuno, porque lo haría solo por motivos de fuerza mayor, Nunca se permitiría distraerlo de lo importante, su trabajo.

-Dime, hija. Un placer oírte.

-Papá, estoy asustada. Marina se puso enferma, vinimos a Urgencias, y parece que la cosa es seria.

De pronto el universo de Dimas se conmocionó. La pequeña Marina era su única nieta, la otra joya de su vida, una niña juguetona, llena de alegría, que sentía auténtica pasión por su abuelo, y él por ella. La noticia le sentó como un directo de boxeo en plena cara.

-Pero, Marta, hija, qué es lo que pasa.

-No lo sé, papá, pero estoy muy asustada. No podrías venir?

-Por supuesto, ya sabes que vosotras y tu madre sois lo primero en mi vida. En diez minutos estoy ahí. Tranquila, que llego pronto y verás como todo se arreglará.

Al instante dio las órdenes oportunas:

-Trini, por favor, encargase de suspender toda mi agenda. Mi nieta está en Urgencias, y lo primero es lo primero. Qué tengan preparado el coche en cinco minutos. Si hay algo importante comuníqueselo a Emilio, ya sabe que usted y él tienen toda mi confianza para resolver imprevistos.

-Por supuesto, D. Dimas, así se hará todo, no se preocupe. Y que lo de la pequeña Marina no sea nada y se solucione satisfactoriamente -respondió ella.

-Gracias, Trini. Eso espero.

III

 

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Efectivamente no habían pasado diez minutos cuando Roberto, su eficaz conductor, estacionaba el coche en las proximidades del Área de Urgencias del Hospital Universitario, un orgullo de toda la región, y donde lo aguardaba su hija que al verlo se abrazó a él temblorosa y muy emocionada.

-Pero, hija, que pasó?

-No sé, Papá, estoy muy asustada. Esta mañana, y después de desayunar como siempre, me dijo que se sentía mareada. Me dio el tiempo justo para cogerla antes de que se cayese, pues si no se hubiera golpeado con el suelo. Perdió el conocimiento y estaba muy pálida, así que sin pensarlo pedí un taxi y vinimos para Urgencias. La ingresaron de inmediato y parece ser que le están haciendo pruebas, pero no sé  más, pues nada me dijeron aún.

-Pero, y como que perdió el conocimiento? Y lo recuperó?

-Sí, ya en el taxi lo recuperó, pero me dijo que estaba muy mareada y casada.

-Pero, había dormido bien?  Le sentó bien el desayuno? Estaba mal estos últimos días?

-No, Papá, todo estaba bien. Ya ves que ayer estuvimos en la cena de tu homenaje, y cuando llegamos a casa Antonia ya la había acostado, y dormía plácidamente. No me explico que pudo haber pasado. Tú la viste estos días y estaba alegre y juguetona como siempre -Papá, Papá, estoy muy asustada, qué podemos hacer?

-No te preocupes, hija, no hay que asustarse antes de tiempo, puede ser una lipotimia sin importancia. Ya verás como al final todo se arregla.

Dimas era un hombre muy influyente en la ciudad, además de amigo de realizar muchas acciones filantrópicas, por lo que tenía una agenda de contactos muy importante, en concreto también en el sector de la sanidad. Uno de esos contactos era el Jefe de Servicio de Urgencias. La empresa de Dimas había realizado múltiples aportaciones materiales a ese Servicio, especialmente con motivo de la última pandemia, con objeto de hacer algo más confortable la estancia y la espera de los usuarios, y las intensas jornadas laborales de los trabajadores, y por ello le estaban reconocidos y agradecidos.

Sin dudarlo buscó su número en la agenda de su teléfono, y lo marcó. Como esperaba obtuvo contestación casi inmediatamente.

-Buenos días, Luis. Qué tal estas? Sí, sí, bien, muchas gracias. Perdona que te moleste. Hace una media hora ingresaron a mi nieta Marina ahí, en tu Servicio, y la verdad es que su madre y yo estamos un poco asustados, sobre todo ante la falta de noticias. Podrías, por favor, enterarte de como va la cosa y decirnos algo? Te lo agradecería mucho.

-….

-Muchas gracias, Luis. Te reitero mi agradecimiento. Esperamos aquí, en la sala de espera.

Y dirigiéndose a su hija le comentó:

-Va a enterarse del caso. Es un buen amigo y una gran persona, siempre tuvimos muy buena relación. Dentro de unos minutos un celador vendrá a buscarnos para llevarnos a su despacho y nos informará. 

Efectivamente no había pasado diez minutos cuando un celador entró en la sala de espera y preguntó:

-Familiares de Marina Rodríguez Gordias, por favor?

Dimas y su hija se levantaron como un resorte y se dirigieron hacia él.

-Acompáñenme, por favor. El Dr. Arias quiere verlos.

Les acompañó a un despacho cercano, sencillo, pero amplio, luminoso y muy funcional.

Tras los saludos de cortesía el médico les explicó:

-Bueno, veréis, lo primero y más importante es que la niña está bien. Ya se ha recuperado del mareo, y en cama se encuentra confortable. Por cierto, es una niña muy agradable y educada, aunque la pobre dice estar muy cansada. De los estudios básicos propios de Urgencias podemos objetivar que tiene una anemia intensa y crónica. Las causas de esto pueden ser muchas y por lo tanto hay que realizar más estudios para determinar cual es la de Marina.

-Pero, como anemia, y crónica? -respondieron al unísono padre e hija.

Continuó Belén:

-Si Marina come muy bien, y además es muy juguetona, no podría tener anemia antes de ahora, habría tenido síntomas, se habría cansado, no es así, doctor?

-Bueno, mirad, las anemias son un mundo muy extenso. La relación entre el comer y la anemia es un mito popular que ahora prácticamente en nuestro medio no tiene influencia, y lo del cansancio, precisamente por ser crónica la anemia e ir desarrollándose lentamente, el organismo va poniendo en marcha mecanismos de adaptación que hacer que solo se muestren los síntomas cuando por alguna circunstancia desencadenante se supere determinado umbral. Así que médicamente es perfectamente entendible. Lo importante, insisto, es que la niña está bien, la estabilizaremos pasándolo unas transfusiones, con lo que se recuperará perfectamente, y luego queda encontrar la causa del proceso, por lo que la ingresaremos para hacerle los estudios pertinente.

<<No os asustéis,  todo está controlado, y es de esperar que todo evolucione satisfactoriamente , pero hasta no haber realizado los estudios citados, no podemos saber más.

La inquietud de Dimas iba en aumento:

-Ingresarla? Hay estricta necesidad de ello? Entonces, es más grave de lo que nos quieres tranquilizar -inquirió Dimas.

-No, Dimas, no te alarmes, de verdad que la niña no corre ningún peligro, y está perfectamente estabilizada, pero los estudios complementarios necesarios es mejor hacerlos observando de forma constante y directa la evolución del paciente. Por otra parte en nuestro hospital contamos con un Plan de Humanización de la Asistencia, sobre todo en las Áreas de Pediatría, con lo que para ella el ingreso no le va a suponer ningún estrés emocional. Te lo aseguro. Por si fuera poco, yo personalmente me comprometo a estar muy pendiente de la evolución.

-Te lo agradezco mucho, Luis, pero, y no te ofendas si por nuestra mutua confianza te hago esta pregunta: así las cosas no sería mejor llevarla a un centro especializado, no sé, Navarra, Madrid, Estados Unidos? Donde tú nos recomiendes, donde haga falta, sin reparar en medios materiales.

-Comprendo tu inquietud, Dimas, y por supuesto que no me ofendo. Yo también soy padre, y si Dios quiere algún día seré abuelo. Esa es una decisión que siempre sois libres de tomar, y yo os informaría con total sinceridad de las opciones que eligieseis, pero te puedo asegurar que aquí nuestros servicios de Pediatría y Hematología están  tan capacitados  como el hospital más puntero para tratar estos casos, y cuentan con todos los medios técnicos necesarios.

<<De todos modos, entiendo que en este momento estéis en estado de shock, que necesitáis asimilar la nueva situación, y que seguramente querréis hablarlo en familia. 

<<Por nuestra parte continuaremos con los estudios básicos y os mantendré informados en todo momento de la situación, lo mismo que hará quien  vaya a ser su médico, Ahora os llevaré a que veáis a la niña y podréis acompañarla al ingreso, así conocéis  el sitio donde va a estar, y os quedáis tranquilos al respecto. Unicamente os pido que con la niña actuéis con naturalidad y sin dar signos de ansiedad o miedo. Los niños son muy sensibles a estos aspectos.>>

 

IV

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Efectivamente pasaron unos días en que Martina se adaptó bien a su nueva situación mostrándose alegre y confiada. Estableció muy buena relación con la médica que diariamente la atendía, Adela Pérez, una residente de primer año, joven y espabilada, que además de la atención médica diaria pasaba largos ratos de charla con la niña en los que se contaban mil historias. Por otra parte Adela mantenía puntualmente informada a la familia de la evolución y resultados de los diversos estudios clínicos.

Pasada una semana el doctor Carlos Conde, jefe clínico del Área de Pediatría donde estaba ingresada Martina, convocó en su despacho a la familia. Lo acompañaban la Dra. Pérez y el Dr. Arias.

-Buenos días. Quiero comunicarles que ya tenemos una idea del proceso de la pequeña Martina, y me alegra decirles, en primer lugar, que las noticias son relativamente tranquilizadoras -expresó el Dr. Conde.

-Como que relativamente, Dr.? Eso me inquieta – comentó Belén alarmada.

-No te alteres, hija, deja que el Dr. nos explique -replicó Dimas.

-No se preocupe, es comprensible -expresó el Dr. Conde. Les explico: Martina tiene un tipo de anemia crónica, probablemente de origen genético, que le condujo a esta situación, porque su médula ósea es incapaz de fabricar el número suficiente de glóbulos rojos. Las buenas noticias a las que me refería son tres, a saber, primero, el grado de la enfermedad en Martina es muy leve, segundo, la anemia se puede controlar con tratamiento de mantenimiento con transfusiones siempre que las precise, y tercero, y quizás más importante, esta alteración tiene tratamiento definitivo en muy alto porcentaje con un transplante de médula. 

>>Por otra parte, actualmente Martina, que por cierto es una niña muy positiva y valiente, está totalmente compensada, y podrá irse para casa hoy o mañana haciendo vida normal, con el seguimiento y controles que les indicaremos. La Dra. Pérez les dará un informe completo y les aclarará cuantas dudas tengan al respecto.

En ese momento terció el Dr. Arias tratando de mostrar toda la cordialidad y tranquilidad en su tono de voz:

-Ya veréis como todo va a ir bien. Lo importante es que el problema está identificado y que tiene solución.

Las caras de Belén y de Dimas mostraban un estado de total estupefacción y alarma, y a continuación bombardearon a preguntas al Dr. Conde, sobre todo por la naturaleza grave o no de la enfermedad y  el posible trasplante de médula, preguntas a las que el Dr. contestó con un tono de voz persuasivo y esperanzador, mostrando en todo momento un alto nivel de empatía.

Al día siguiente Martina se despidió de su ya amiga Adela con un gran y prolongado abrazo, prometiéndose ambas volver a verse pronto, y se marchó para su casa donde continuó mostrando el carácter alegre y juguetón de siempre, sin que nada hiciera sospechar el más mínimo signo de enfermedad ni del susto pasado. 

 

V

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Aquella misma tarde Dimas, ejerciendo su papel de pater familias, decidió que había que pedir una segunda opinión antes de decidirse a seguir las indicaciones del Hospital Universitario Central. Así tras consultar diversas clasificaciones se decantó por el Hospital Clinic de Barcelona, cuyo Servicio de Hematología permanecía en primer lugar de las mismas durante varios años, y donde, por cierto, el Profesor Ciril Rozman realizó el primer trasplante alogénico de médula ósea en 1976.

Haciendo uso de su agenda no le fue difícil a Dimas concertar una cita con ese Servicio en breve espacio de tiempo.

Esta vez Martina protestó, no quería irse tan lejos, y además quería que la tratase la Dra. Pérez. A pesar de ello fueron al Clinic y tras una entrevista inicial, y unos pocos días de ingreso en la que le repitieron algunas de las pruebas, Martina estaba más descontenta porque echaba de menos su hospital. Al final el resultado fue el mismo diagnóstico y el mismo plan terapéutico que el ofrecido en el Hospital Universitario Central de su ciudad.

Aquel viaje desilusionó mucho a Belén, y Martina no dejaba de repetir que ya decía ella que mejor la tratase la Dra. Pérez.

El único que no cejaba en su empeño de encontrar soluciones mágicas era Dimas, así que tras preguntar, investigar y consultar en internet decidió que el mejor y más adecuado centro del mundo para tratar a Martina era la Mayo Clínic y que allí debían ir, como siempre que él tomaba una decisión, a la mayor brevedad posible.

Belén aceptó a regañadientes y a Martina la convenció diciéndole que irían al centro de la Clínica en Florida, y que después  a Disneyland. Por supuesto el viaje lo hicieron en Business Class, lo que para Martina fue más descansado y mucho más entretenido.

Por fin llegaron. Martina ingresó durante cuatro días en que le repitieron los mismos estudios que en su ciudad y en Barcelona y, oh milagro de la globalización!, el mismo diagnóstico y la misma propuesta de solución.

Acabada  la prometida excursión  a Disneyland, y ya en el viaje de vuelta, mientras Martina dormía, Belén afrontó a su padre:

-Bueno, papá -exclamó- supongo que ya te habrás convencido de que en nuestro hospital saben tanto como en cualquiera de los mejores sitios, así que volveremos allí, nos pondremos en manos del Dr. Conde y la Dra. Pérez, y dejaremos de marear a Martina. Y esta vez no voy a dejarte que me convenzas de otra cosa.

-Sí, hija, tienes razón, y cuando la tienes hay que dártela. Sabes que lo hice porque quiero lo mejor para Martina, pero ahora por muchas razones sé que habitualmente lo mejor lo tenemos muy cerca. Te prometo no inmiscuirme más.

 

VI

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Cuando le comentaron a Martina tales decisiones se puso muy contenta, y exclamó:

-Estoy segura que la Dra. Pérez me va a curar.

Al reencontrarse ambas se fundieron en un abrazo que a Martina le aportó más energía que cualquiera de las transfusiones.

-Bueno, pues manos a la obra -manifestó el Dr. Conde-, dado que los tres centros coincidimos en el diagnóstico y el tratamiento a seguir, cuanto antes comencemos mejor, puesto que aunque Martina responde bien a las transfusiones y su estado general es estupendo, es evidente que esa no es la solución definitiva y así no puede seguir indefinidamente.

>>Así que el primer paso es buscar el donante de la médula e ir preparando el transplante>>

-Doctor, parece que eso del transplante me infunde mucho respeto. Es peligroso? Va a sufrir mucho Martina? -exclamó Belén.

-La comprendo, Belén, usted ve las cosas desde su papel de madre y es natural que así sea. No la voy a engañar, es un proceso un largo, digamos 2-3 meses siendo realistas hasta ver los resultados, pero hoy en día tenemos los procedimientos muy controlados, y yo espero que no haya ningún problema. Además como le decía, el estado general de Martina en estos momentos es óptimo, por lo que también debemos aprovechar esta situación. Martina es una niña muy fuerte y muy valiente. Seguro que todo va a ir bien.

Dimas permanecía callado y pensativo, hasta que manifestó:

-Dr. Conde, en sus manos ponemos toda nuestra confianza, y he de ser yo quien diga esto al tiempo que le pido excusas si nuestra, fundamentalmente mía, actitud ha podido ofender o traslucir desconfianza. Y por supuesto, y por otras muchas razones, el primer voluntario a ser el donante he de ser yo.

-No se preocupe, Sr. Gordias, no tiene nada que explicar. Como le digo a su hija, los sentimientos  familiares siempre son comprendidos. Todos somos padres y abuelos. O sea que ahora todos jugamos en el mismo equipo, el de Martina, y seguro que vamos a ganar la competición.

Comenzó el proceso médico, y aquí saltó la primera y gran sorpresa. Por una parte Martina no tenía hermanos y por otra el estudio de  la compatibilidad de los familiares con Martina mostraba índices muy bajos por lo qué, pensando en la eficacia se desechó esta opción.

Esta primera dificultad que se podría convertir en decepción, y que algunos podían interpretar como un mal augurio fue vencida por el efecto que hicieron las palabras del Dr. Conde. La familia se unió como una piña, que era estimulada una vez más por la simpatía y el optimismo de Martina, y sostenida por la empatía y comprensión, que actuaban como bálsamo sicológico, de la Dra. Pérez y el Dr. Conde.

Ellos, a través del Banco de Sangre acudieron al Registro español y al europeo de donantes de médula  y sangre de cordón umbilical y en quince días tenían localizados tres donantes anónimos compatibles, dos en España y uno en Francia.

Puesto en marcha el proceso del tratamiento fueron unos meses muy duros. Martina fue sometida a fármacos muy enérgicos y tuvo que estar totalmente aislada cuatro semanas. Pero todo lo sobrellevaba con aceptación y alegría ejemplares. Belén, su madre, no se separó un minuto de su cama, y la dedicación y empatía de la Dra. Pérez fue un estímulo constante. Su abuelo se encargó de la intendencia externa facilitando todo tipo de trámites y enviándole a Martina mensajes que la hacían reír y romper el tedio de los días de aislamiento.  El carácter de Dimas parecía haber cambiado como por ensalmo. Era otro, cercano y cariñoso, y procurando ser amable y agradecido con todo el personal del Hospital.

Y por fin llegó el gran día. Los últimos análisis mostraron inequívocamente que el tratamiento había resultado exitoso, La médula de Martina funcionaba de forma autónoma fabricando la cantidad correcta de glóbulos rojos. Fue dada de alta y podía hacer vida normal. Unicamente debería hacer controles periódicos rutinarios pero que previsiblemente serían normales. En la despedida la emoción embargaba a todos, familia y personal sanitario, que habían quedado admirados de la ejemplar actitud de Martina.

 

VII

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Pasaban las semanas y en aquella familia reinaba una nueva alegría. Dimas continuaba levantándose aa su terraza antes del amanecer, e incluso ahora un poco primero, pues las emociones pasadas le mantenían en situación de cierta excitación continua.

Pero ahora los pensamientos eran muy otros. Ya no preparaba agendas ni reuniones de trabajo ni estrategias de ganancia de nuevos nichos de negocio. Pensaba que la vida le había querido enseñar algo importante y no debía desaprovechar la oportunidad. Las cosas importantes como la salud de los suyos o el tiempo que por su trabajo no había pasado con ellos si les hubiera llegado a suceder  algo malo no lo había podido comprar ni recuperar con dinero.

Pensaba también que había tenido que ser un hospital público, es decir de todos,  el que le había solucionado el problema, de forma generosa y gratuita, sin preguntarle si era pobre o rico, sin pedirle una tarjeta de crédito a la entrada. Y había sido una mujer, y una mujer joven, que sacrificaba sus horas de juventud a los pies de la cama de los pacientes y los libros, que posiblemente tendría un sueldo mensual con el que no podría cubrir ni una sola de las celebraciones con las que él agasajaba a su familia, la que había devuelto, sin preguntar nada más, la salud a su nieta, lo mismo que hacía con otros muchos niños.

Y sobre todo pensaba que la curación había radicado en la obtención de unas células que unos donantes de forma anónima y gratuita, sin esperar nada a cambio, ni tan siquiera un mínimo reconocimiento, habían cedido para aquellos prójimos que las necesitasen.

Evidentemente con cuanta gratuita generosidad se había encontrado, y todos esos logros, que hundían la raíz de sus orígenes en la solidaridad de unos seres humanos para con otros, no los habría podido comprar con todo el oro del mundo.

Todo eso tenía que tener un significado, tenía que implicar una actitud por su parte. Qué pena no haberse dado cuenta antes, pero a fe que en el futuro lucharía por echar hacia adelante esa actitud activa y cooperadora.

Y se sintió mucho más feliz al contemplar el milagro, gratuito y eterno, del nacimiento de un nuevo día.

 

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