Archivo | febrero, 2021

Plá(s)ticas (V): Peces en el mar.

26 Feb

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…del salón en un ángulo claro…por su dueño jamás olvidados…nadan unos peces.

De donde vienen?. A donde van?. Aquí el grande no se come al chico. El grande viene de Sydney (Australia). Lo trajo una persona muy querida que ahora no está. No sé como fue comprado. No tiene firma, por lo que no puedo saber a ciencia cierta el nombre de su autor ni las características de su escuela. Solo puedo saber lo que en su plá(s)tica me cuenta, y de lo que en alguna navegación en la nube entresaco.

Sydney es una de las ciudades con mayor atracción turística y mejor calidad de vida, y por otra parte tiene una muy estrecha relación con la pesca, no en vano su mercado de pescado es el mayor del mundo y cuenta con un muy afamado restaurante en el interior del mismo. En la actualidad está siendo modificado, proyecto concedido a una empresa danesa, para convertirse en uno de los focos icónicos de atracción turística de la ciudad. Además su Acuario es también líder en visitantes y especies marinas, y su relación con la pesca deportiva es una de las señas de identidad de la ciudad.

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En este escenario nuestro pez nada corriente arriba con fuerza y porte orgulloso. Su silueta irradia arrojo y convicción. A su derecha otro animal acuático (galápago?, tortuga?) le acompaña con apariencia de tener que realizar un cierto esfuerzo. El grupo se completa con una figura antropomorfa con una de sus extremidades superiores levantada, terminando en pico de lanza. Estará pescando, o simplemente comparte y completa el hábitat?. Quien sabe!.

El conjunto comprende también figuras , lineas sinuosas, otras circulares, todas con simetrías muy ondulantes, que comparten la diagonal de las figuras, en blancos, ocres, marrones, amarillos, que pudieran ser una abstracción del marco donde tiene lugar la acción, o simbolismos de significado étnico. Quien sabe!.

El arte aborigen australiano es muy rico. En él se pueden distinguir dos etapas claras, el primitivo, antes de la llegada de los británicos y de otras nacionalidades occidentales, y el contemporáneo. En todo caso, este último bebe de las raíces de aquel, y ambos tienen en común dos aspectos importantes, a saber, en primer lugar el tiempo del Sueño , que es una especie de «érase una vez» espiritual, una red compleja de conocimiento, fe y prácticas que derivan de historias de creación, y condicionan toda su vida física y metafísica.

El otro aspecto importante, también con raíces ancestrales, es la pintura de puntos. Respecto de esta, incluye colores simbólicos tradicionales de los aborígenes, que desarrollarán en cualquier superficie (roca, cuevas, cortezas…).

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Bark painting ‘The Djanggawul in Djabu mada [language] territory’ by Mutitjpuy Mununjgurr, Yirrkala, 1967

Admirar estos aspectos bien merece una visita, aunque sea virtual, al Museo Nacional de Australia, y la navegación por otros blogs más documentados que el presente. También podemos encontrar arte aborigen australiano en diferentes museos. Así por ejemplo, en Neuchatel (Suiza) hay un museo, La grange, dedicado exclusivamente a este género artístico. Pero también en París, Utrecht y en la Universidad de Virgina podemos encontrar excelentes muestras de ello.

Y nuestro pez?. De que especie será?. No entiendo nada de peces, y mucho menos de peces australianos, pero tras búsqueda insensata y googleliana (perdóneseme la licencia), la silueta más sugerente es la de una Golden Damsel o la de un Barramundi. Juzguen ustedes mismos y decídanse.

En cualquier caso, supongo que tendrá su música. Por su vigor y por sus raíces ancestrales me atrevo a sugerir un compositor: Peter Sculthorpe. Y de su amplio catálogo, la obra Earth Cry, concierto para didyeridu y orquesta, en concreto en la versión de la Sydney Symphony Orchestra. No oyen su lamento desde las entrañas milenarias con todo el colorido orquestal de tan fértil tierra?

Y los peces chicos?. Nadan en un ambiente más sereno, más plácido. La luz y los colores son suaves. Van al encuentro uno de otro. Quizás juegan?, quizás coquetean?. Qué nos dirá su creadora, Esther Cuesta?

Esta avilesina, con muy amplia formación artística que comprende la pintura y el dibujo a la forja, pasando por el diseño gráfico, la cerámica, la escultura, la producción de video e incluso las marionetas, sabe moverse en soportes múltiples, que va desde el papel de seda encolado y teñido hasta el grabado,.

Su curriculum es denso desde que allá por 1989 comenzase a participar en exposiciones colectivas, para consolidarse también en exposiciones individuales en los principales museos y salas de nuestra geografía y de fuera de ella. Por supuesto tal actividad en una artista tan comprometida habría de venir jalonada con varios premios como el Casimiro Baragaña, el Certamen de Luarca , el de la Junta General del Principado de Asturias o el de la Caja de Ahorros de León, por citar solo algunos.

Preocupada por el espacio habitacional como algo multisensorial, reflexiona sobre ello, junto con otros artistas, en alguna de sus exposiciones , así como en varias colecciones. Momento de ensoñación fue definida su presencia en la Semana del Arte de Madrid.

Por supuesto, todo ello sin dejar de ser conocedora de la realidad social en la que vivimos, es también firmante recientemente del manifiesto Salvar lo público, junto con una numerosa pléyade de artistas de lo más significativo de nuestra sociedad, y colabora con su obra Por todo lo que importa en la que aporta ese …entramado de formas punzantes agrestes y agresivas…que añade una expresividad perturbadora… a las que se refería no ha mucho el extinto crítico Rubén Suárez. Exposiciones como Casas, De papel y otras tintas o En la ciudad profundizan en esta temática. También le llevó a exponer en el Colegio de Arquitectos de Asturias con el título de La ciudad imaginada.

Pero otras facetas de Esther Cuesta saben alternar con un cromatismo lírico y poético, del que pueden formar parte los pececillos del ángulo claro. Su colección Mil peces y obras como Desde que cambió mi cielo (2018) lo atestiguan.

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Desde que cambió mi cielo.- Esther Cuesta (2018)

Lo(a)s auténtico(a)s artistas llevan en las venas el inevitable impulso de la exploración de nuevos caminos, es por ello que Esther Cuesta sin olvidar sus collages y papeles y sin renunciar a su cromatismo cálido y luminoso que construye un abstracto con sugerencias geométricas, sin referencias figurativas, nos regala a través de las redes su serie Soltando amarras. Aparentes enrejados que sin duda atravesaremos con el arma cargada de futuro de su poesía.

Por supuesto, para mis tiernos pececillos cuestianos la música no puede ser otra que los Juegos de agua, de Ravel. Tenemos muchas y buenas versiones, pero me quedo, por su delicadeza y ternura, con esta de de Jean-Yves Thibaudet. Disfrútenla.

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Hipotenusa

21 Feb

Escuchaba en Radio Clásica un programa de música contemporánea, y más en concreto su sección Tangencias cuando me dio por pensar en la sonoridad de las palabras, y como estas muchas veces guardan curiosos simbolismos más allá de su sentido literal, en este caso geométrico.

Y es así como me vino a la cabeza otra de esas palabras que me rondan constantemente desde mi ya lejana adolescencia. Esta palabra es hipotenusa.

Efectivamente me gusta su sonoridad, que sugiere el nombre de alguna de esas sumas sacerdotisas griegas (sí, ya sé, es palabra de origen griego), que entrega su vida y su sexualidad a mayor gloria de alguna mítica deidad y al cuidado de su templo.

La hipotenusa en firme y recta, no podía ser de otra manera, y controla y armoniza a los catetos.

Los pobres catetos, que en lenguaje cheli, tienen una connotación ofensiva, no se atreven a salirse de su vulgar verticalidad, de su ángulo canónico de los 90º, pero la hipotenusa es valiente, y se atreve, porque puede, a trazar diagonales y a controlarlos.

Y así, con la arrogancia y el mando de la sacerdotisa, uno de los mayores geómetras que en el mundo han sido supo trazar su ley, una ley que nos ayuda a deducir el orden del universo y la posición de los objetos en él.

Ya está aquí el último número de El Ciervo. Número 785 – El blog de El Ciervo

12 Feb

Al país le hace falta, en efecto, mucho aire: lo pide el edificio constitucional, que muestra algún desgaste en los forjados; la coalición de gobierno, que debería dejar los sueños secos, húmedos y gaseosos para el doctor Freud; la ladrante e irrespirable oposición, que aún no acepta (igual que Trump) un resultado electoral que la…
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