Archivo | enero, 2021

Maridaje (IV): Bella Italia

27 Ene

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Tal día como hoy, pero de 1901, moría en la ciudad de Milán una de las figuras cumbres del universo musical, fundamentalmente en lo que a su planeta operístico se refiere: Guiseppe Verdi.

Dicen que los aficionados, como en otras tantas cosas, se polarizan de modo irreconciliable sobre quien ocupa el número uno de podio de la actividad, Verdi o Wagner. Si estas polémicas siempre son estériles, pues solo sirven para añadir más pasión a algo que de por sí ya la tiene, en este caso son además injustas, pues se olvidan nombres cuya relación es amplia, por lo que aquí la obviamos. Lo mismo que hacer más énfasis en dicha cuestión.

Centrándonos en Verdi, nacido en 1813 en Le Roncole, población cercana a Busseto, pronto mostró afición y capacidades para el mundo musical, al punto que con solo 8 años llegó a ser organista oficial con remuneración de la iglesia de su pueblo, y con tanta afición que cuando se desplazó a estudiar a Busseto, todos los domingos volvía al pueblo para ejercer su cargo , tras recorrer los cuatro kilómetros a pie que separan ambas localidades, y después otros tantos de vuelta, .

Con doce años comenzó su formación musical reglada, y con trece ya interpretó, por obligada sustitución de un músico, sus propias composiciones en público. En los años siguientes su trayectoria fue brillante, alcanzando gran éxito de público y especialistas. Sin embargo es también conocida la anécdota de que el Conservatorio de Milán le negó la posibilidad de estudiar en dicha institución que años después llevaría su nombre. Ello no fue óbice para que gracias a Antonio Barezzí, su mecenas y suegro, acabará haciéndose un nombre y un lugar en la vida musical y operística de esa ciudad, capital cultural del norte de Italia.

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Conservatorio de Milán e Iglesia de Santa María della Passione.

Cuando su trayectoria como compositor comenzaba a orientarse en plenitud, la muerte de sus dos hijos y su joven mujer lo sumió en una profunda tristeza, a la que se sumó el estrepitoso fracaso de su ópera Un giorno di regno por lo que prometió no volver a componer nunca más. Y un talento genial se hubiese perdido si no llega a ser por la insistencia de Bartolomeo Morelli , impresario de La Scala, que le ofreció un libreto anteriormente rechazado por otro compositor.

De esa insistencia nació Nabuco , una de sus obras cumbre que triunfó en toda Europa y América. En La Scala marcó un récord de representaciones que aún no ha sido superado. Su famoso coro Va pensiero se consideró el himno de la unificación nacional frente al dominio austriaco.

A partir de ahí la trayectoria está jalonada de éxitos, dando muchos títulos que figuran en el olimpo operística y que aquí obviamos por ser bien conocidos por los aficionados y figurar profusamente en cualquier enciclopedia. También con altibajos anímicos creados por las dificultades de alguno de sus estrenos, y por avatares de su vida personal, e incluso una cierta participación en la vida política de su época. En cualquier caso este compositor, uno de los más importantes de todos los tiempos, representa el paradigma del romanticismo y el puente entre el bel canto y el verismo.

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La Scala, de Milán

Entre tanto, que ocurría en Italia en el ámbito literario?. Continuando con el romanticismo aparece en 1818 en Milán el periódico Il Concilliatore, que se convierte en su principal altavoz, con una nómina de firmas ilustres, entre las que destaca Alessandro Manzoni. Periódico también de compromiso político, de tendencia liberal, y claro luchador por la independencia italiana, lucha de la que decíamos antes a Verdi, y más concretamente a su Coro de esclavos, habían convertido en santo y seña.

Manzoni instiga en Italia la reforma del romanticismo tratando de descubrir y expresar la verdad histórica y moral como fuente de belleza.En Italia, el devenir de la reforma literaria tomó otra dirección, siendo Manzoni el principal instigador de esta reforma. El formuló los objetivos de la nueva escuela, que aspiraba a descubrir y expresar la verdad histórica y moral como fuente de belleza. Su principal obra, Los novios, constituye una referencia básica en la literatura italiana, comparable  para muchos a la Divina Comedia de Dante, y la que le dio fama inmortal. Con ella logra una obra de arte realista, en la que es destacable la construcción de los personajes y la detallada y profunda descripción sicológica de los mismos. 

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Alessandro Manzoni, por Francesco Hayez

Otro personaje singular en este ámbito, sobre todo en la poesía, fue Giacomo Leopardi , considerándosele no solo como el mayor poeta lírico italiano después de Dante, sino también como el más perfecto escritor en prosa que ha dado la literatura italiana. Y por cierto muy admirado por nuestro Unamuno, que hace referencia a él en su Sentimiento trágico de la vida.

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Giacomo Leopardi (1820), por A. Ferrazzi

En el ámbito de las artes plásticas también el romanticismo italiano pone de manifiesto esos rasgos distintivos respecto de Europa, que se manifiestan por su claro compromiso cívico-político por la reunificación e independencia de la nación. Destaquemos aquí al veneciano Francesco Hayez y al turinés d’AzeglioDel primero, su obra La Meditación, de 1851, se considera una alegoría de la Italia fragmentada tras los acontecimientos de 1848 : una joven madre está preparada para alimentar a sus hijos, una imagen de gran modernidad de la patria “bella y perdida”. También se considera una de las obras más notables del romanticismo su El beso.

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La Meditación, por Francesco Hayez, 1851, óleo sobre lienzo, 92,3 x 71,5 cm, Verona, Galería de Arte Moderno “Achille Forti”.

Del segundo, personaje de interesante biografía siempre marcada por un fuerte compromiso político patriótico, destacamos su El estudio del pintor en Nápoles, de 1827.

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El estudio del pintor en Nápoles, por Massimo D’Azeglio, h. 1827, Turín, GAM (Galleria Civica d’Arte Moderna e Contemporanea).

Esos fuertes acontecimientos políticos de la segunda mitad del XIX que conducen al Risorgimento dan paso como contraposición al realismo y otras escuelas como los Macchiaioli, que rompiendo las reglas se dedican a pintar al aire libre, poniendo énfasis en la luz natural, las sombras y los colores (macchie, literalmente parches o manchas), lo que les lleva a poder ser considerados unos precursores de los impresionistas, e igual que a estos a ser ridiculizados por la crítica ortodoxa.

Movimiento complejo surgido de una época también muy compleja y convulsa, tuvo una fuerte implicación social. Tras su finalización estuvo durante mucho tiempo en una situación de oscuridad y silencio por parte de la crítica y el público, hasta que en el último cuarto del pasado siglo XX comenzó a ser estudiado nuevamente. A este respecto, en el año 2013 tuvo lugar en la Sala Mapfre de Madrid una muy amplia (reunió másde 100 obras )e interesantísima exposición de este movimiento, co-producida con los museos de Orsay y de L’Orangerie de París,  y la publicación de un documentado catálogo donde se contemplan todos sus aspectos.

Por cierto que próximamente en la ciudad de Padua tendrá lugar otra exposición, que estará abierta hasta el próximo 18 de abril. Se ve que el interés por este movimiento está en auge.

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Portada de catálogo: Telemaco Signorini: La sirga, en Le Cascine de Florencia (detalle), (1864). Colección particular

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Silvestro Lega: Los últimos momentos de Guiseppe (1873).- Rhode Island, Museum of Art, Providence.

Posteriormente a él, apenas comenzado el siglo XX, aparecerá otro movimiento rupturista de claro sello italiano, el futurismo. Pero esa ya es otra historia.

Ex libris (IX): Asturias, si yo pudiera..

11 Ene

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Un amigo de mirada muy ancha sobre el arte de vivir en sociedad y muy atento a todo lo que pasa en ella tuvo la generosidad de regalarme una joya. Un libro titulado Hijos del carbón, de una autora que, en mi proverbial enciclopédica ignorancia, desconocía: Noemí Sabugal.

Más como hoy todo se puede rastrear en internet, así tuve la oportunidad de conocer una periodista leonesa que tiene un exitoso curriculum en esa profesión, además de tres novelas anteriormente publicadas, y premiadas en diferentes ocasiones, así como ensayos, relatos y la presencia en varias antologías.

Pues bien, en el libro motivo de estas líneas Noemí Sabugal nos hace un amplio relato en muchas ocasiones emocional e intimista, refiriéndonos detalles entrañables que a los mayores nos retrotraen a nuestra infancia, como aquellas cocinas de carbón, que eran el único foco calefactor de la casa y donde también se calentaban las zapatillas o unos ladrillos que luego permitirían combatir por la noche el frío y la humedad de las camas. También con su lado de duro realismo con la descripción de esa terrible enfermedad que es la silicosis.

Pero también hace un repaso histórico, sociológico y político de la desaparición de la minería del carbón y las causas que la condicionaron, poniendo muchas veces el dedo en la llaga de decisiones y motivaciones absolutamente interesados y egoístas, que condujeron a la ruina de muchos pueblos y muchas personas con nombres, apellidos y familias. Y lo hace con una incontestable documentación, que le tuvo que significar un gran esfuerzo, tanto de trabajo de campo como de investigación archivística.

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Muy interesante el aspecto de como en los tiempos de las vacas gordas los propietarios de las empresas privadas mineras obtuvieron más que pingües beneficios a costa del esfuerzo, el sacrifico e incluso de la salud de los trabajadores. Y tuvieron la habilidad, otros dirían visión para los negocios, de generar todo un entramado social que hacía que los trabajadores en su cotidianidad fueran totalmente dependientes de las empresas, sin otros horizontes, lo que hacía que su capacidad de negociación o reivindicación quedase totalmente neutralizada.

Y posteriormente, ya en su declive, los responsables sociales carecieron totalmente de anticipación y previsión de futura, lo que añadido al total fracaso en la gestión de los fondos mineros, hizo que esa dependencia de las cuencas no se pudiera solucionar, condenando a esas zonas y a sus habitantes a la miseria o el abandono.

Todo este análisis multifactorial lo hace la autora con gran entusiasmo y por un sentido de la responsabilidad, pues al fin y al cabo, como dice mi generoso amigo, también nos está relatando la forja de una identidad, la de ser minero. Como cuenta (pag.: 129) que le relata Álvaro Rodríguez Matilla, picador del Pozo Salgueiro “…yo acabaré en cualquier sitio, pero siempre me consideraré minero…es una forma de vida, quién no lo ha vivido, a lo mejor no lo entiende…”, para a continuación relatar una entrañable pero trágica anécdota que pone de manifiesto como el minero entiendo la amistad y la lealtad. Pues es en esa identidad en la que Noemí Sabugal se siente integrada por herencia familiar y por convencimiento personal.Triste, muy triste es que esa condición ser minero, por los intereses y negligencias señalados, haya abocado a muchos miles de personas y sus familias al paro, cuando no a la ruina.

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El estilo literario es muy ágil, mostrándonos una periodista de raza, que se mueve en cualquier terreno con la habilidad que esa profesión requiere, pero también con un fondo cultural muy amplio y sólido que le permite realizar una constante integración artística de los hechos que nos cuenta, por muy trágicos que ellos sean, todo ello combinado con una gran humanidad, es decir ternura y comprensión sobre las personas.

Un ritmo cinematográfico con abundantes flasbacks y contrapuntos nos arrastra haciendo la lectura fácil, aditiva y muy emotiva. La buena prosa de Noemí Sabugal alcanza con frecuencia el calificativo de poética, con rasgos machadianos, como cuando en una visita al Pozo Ibarra (pag.: 112), y tras contemplar el triste espectáculo de ruina total en que actualmente se encuentra, nos dice … sobre el terreno yermo han crecido algunos chopos. Así en más momentos la descripción es detallada pero nostálgica, notarial pero poética.

Un relato, pues, escrito con una buena literatura y una documentación rigurosa que nos permitiría considerarlo una buena referencia histórica, pero ante todo y sobre todo escrito con el corazón. Un documento de lectura inexcusable no solo para los que somos de Asturias (el libro habla también de todas las regiones de la minería del carbón de España) y la amamos, si no también para los que quieran conocer todo lo referente al desarrollo, que fue, de una importante actividad productiva, y los entresijos que se encierran en su evolución y declive.

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