Archivo | octubre, 2020

Pola Seca (VI): La soirée (II)

28 Oct

Tras el bálsamo de la música, tan bien administrado por Esteban, todos quedamos sumidos en un estado de gran serenidad, listos a la receptividad y al sosiego necesarios para una conversación interesante. El silencio exterior se sumaba a nosotros , y únicamente era matizado por el sonido de algún grillo y el mugido lejano de alguna vaca. La oscuridad era iluminada por una preciosa luna llena, y en el cielo despejado una multitud de estrellas presagiaban un soleado amanecer al día siguiente.

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Para comenzar su discurso, Adela se recostó suavemente sobre su butaca, todo su cuerpo adoptó una postura que expresaba serenidad, y su cara parecía ensimismada en el recuerdo.

– Mi querido Alfonso – comenzó -, como nuestros amigos saben, yo nací en Madrid, en el seno de una familia típica de la clase acomodada, con una posición económica más que desahogada, en la que se vivía según las entonces consideradas normas del buen decoro, y tratando de evitar todo tipo de estridencias, tanto personales como sociales.

<< Mi padre se ganaba muy bien la vida con negocios de importación y venta de productos ultramarinos, y gozaba de una gran consideración, por su honradez, lo que generaba confianza entre una amplia clientela de clase similar a la nuestra. Por otra parte, tenía una especial habilidad para realizar eficientes inversiones, con las que consolidaba su capital.

<< Mi madre ejercía su papel de esposa y madre según mandaban los cánones, y controlaba el hogar y las tareas a realizar por cada miembro del entonces denominado servicio, así como el desarrollo de nuestras actividades escolares. El tiempo que le quedaba libre lo dedicaba a actividades culturales y obras pías.

<< Como ve, todo un clásico de la burguesía biempensante de entonces. Yo fui la menor de dos hermanas que, aunque nos queríamos muchísimo, como luego se verá, teníamos un carácter y unos objetivos bastante distintos. Mi hermana, María, era una muchacha típica , que diría el maestro Serrat. Muy alegre, extrovertida, sociable, le encantaban las reuniones, las fiestas, y cuidar su aspecto exterior, con peinados y vestidos a la moda. Aspiraba a un matrimonio bien y formar una familia también típica. En principio lo consiguió, su marido fue un tipo excelente, y tuvo una hija, Socorro, que era una niña preciosa y muy lista. Desgraciadamente, la guerra de 1936, que yo prefiero denominar incivil, la dejó viuda. Pero esa es otra historia a la que volveremos más tarde.

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<< Yo era todo lo contrario. Introvertida, prefería la soledad de mis lecturas, donde volaba mi imaginación, conocía nuevos países y a personajes que me parecían ciertamente interesantes. Recuerdo como me impresionaron las novelas de Julio Verne, especialmente la de 20.000 leguas de viaje submarino , y los relatos de Joseph Conrad. Quizás ello influyó en mi posterior vocación.

Ye que la mar tira munchu – terció Ramón.

– Es gran verdad, amigo Ramón. Mi obsesión era leer para conocer, y posteriormente estudiar, en cuyo universo me sentía feliz. Apenas salía y no tenía muchos amigos. Las reuniones me aburrían, y la moda, para mí era un asunto de excesiva frivolidad.

– Qué estudió, Adela?. Y como lo hizo?. Porque en sus tiempos el acceso de la mujer a los estudios estaba muy complicada – pregunté, al tiempo que la conversación me parecía cada vez más interesante.

– Tiene razón, amigo Alfonso. En mi juventud era complicado, había que vencer muchos prejuicios, y el acceso de las niñas y las mujeres a los estudios y a la cultura en general estaba muy dificultada, pero también era una época ilusionaste y muy bonita en muchos aspectos. La pena es que en años posteriores también se puso difícil, en este caso tanto para las mujeres como para los hombres, pues tuvimos que vivir épocas grises y tenebrosas, que es penoso recordar con serenidad y ecuanimidad.

<< Pero, si tiene paciencia, y los demás también, lo repetiré una vez más – dijo Adela, al tiempo que su cara volvía a mostrar la nostalgia y el ensimismamiento del recuerdo.

– Adelante, Adela, hágalo por favor, en primer lugar para conocimiento de Alfonso, y segundo porque sabe usted bien que siempre que sale este tema, da lugar a sabrosas y productivas reflexiones – terció Esteban.

Versión 2

– Pues, con la venia de todos ustedes. Mi padre, aunque no tenía estudios universitarios, era un hombre de extremada curiosidad intelectual, y además, como casi todos los burgueses de la época, muy aficionado a las tertulias de café. En una de ellas, la famosa del café Suizo, que tantas anécdotas encierra, tuvo lo inmensa fortuna de conocer a D. Santiago Ramón y Cajal, como saben una de las mentes más preclaras que dio nuestro país, admirado en todo el mundo en aquella época, y que posteriormente fue en parte olvidado, y ahora no lo suficientemente reconocido.

<< Perdonen, que me pierde la pasión. Como les decía, mi padre tuvo la fortuna de conocer a Cajal y establecer con él una cierta amistad. Por otra parte, por sus negocios de ultramarinos había tenido también la oportunidad de trabar gran amistad con D. Manuel de Maeztu y Rodríguez, padre de Ramiro y de María, además de Miguel, Ángela y Gustavo. La verdad es que Ramiro no le caía muy bien, por la radicalidad de su ideas y posturas, pero sentía autentica pasión por María, quizá por ser una joven y de edades similares a las nuestras, quizá por qué admiraba su espíritu valiente y emprendedor.

<< El caso es que cuando D. Santiago es nombrado Presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) , al frente de una Junta Directiva de auténtico lujo intelectual, decide apoyar un entusiástico proyecto que le presenta María de Maeztu. Es la Residencia de Señoritas. Pero como todo tipo de estos proyectos, contaba con muy escasa financiación, de hecho su corto presupuesto inicial salió de parte del dinero reservado para los viajes de los pensionados o becarios de la JAE, a los que la Primera Guerra Mundial había impedido la salida a Europa.

<< Ante ello mi padre colaboró con significativas aportaciones económicas, y mi madre se convirtió con gran fervor en una de las más activas maridas. Así que mi acceso a tal institución estaba predestinado.

<< Para mí fue alcanzar la felicidad, conseguir el sueño de mi vida, poder estudiar en un ambiente científico e intelectual del máximo nivel. Conocer a personas como  Zenobia Camprubí, Gabriela Mistral, Victoria Ocampo, María Martínez Sierra, Clara Campoamor, Concha Méndez, Victoria Kent o Matilde Huici,  Luis Jiménez de Asúa, Gregorio Marañón,  Rafael Alberti  Azorín, Pío Baroja, Unamuno o Ramón María del Valle Inclán, y tener profesoras como  María Goyri, María Zambrano, Victorina Durán o Maruja Mallo, fue un lujo que muy, muy pocas personas pudieron disfrutar en España.

<< Aún recuerdo con emoción cuando en el año 1931 Marie Curie, acompañada de una de sus hija, Eve, estuvieron en Madrid en su segundo viaje a España, para dictar una conferencia en la Residencia de Estudiantes, y se hospedó en nuestra Residencia. Habría de volver en 1933, el año anterior a su muerte, para presidir, también en la Residencia de Estudiantes, una reunión internacional  sobre el porvenir de la cultura en calidad de vicepresidenta de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. Acudieron a estos actos profesores de las universidades de Harvard y Cambridge, junto a personalidades como el escritor francés Paul Valéry o los españoles Gregorio Marañón y Miguel de Unamuno.

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<< Así que no es de extrañar que con el estímulo de semejante ambiente no se me multiplicasen las ganas de estudiar una carrera universitaria, en concreto alguna que profundizara en la ciencia y la investigación. Y la oportunidad escogida fue Oceanografía, de ahí la anterior referencia de Ramón a mi querencia por el mar.

<< Tuve la fortuna de que mientras continuaba mis estudios, pude comenzar a trabajar trabajar como alumna interna en el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Posteriormente me licencie en Ciencias…

Sí, pero hay que decilo tou. Licenciose con Premiu Estraordinariu – interrumpió Ramón.

– Bueno, Ramón, le agradezco sus muestras de amistad, pero eso no deja de ser anecdótico.

Buenu, perdóneme por interrumpila

– No importa, Ramón, no hay nada que perdonar, y además tenemos mucha noche por delante, y las viandas con que nos regala son, como siempre, exquisitas. El caso es que unos meses después, pude participar en una campaña oceanográfica durante y mes, por toda la costa mediterránea española, a bordo del buque Giralda, y tuve también la fortuna de trabajar como ayudante del oceanógrafo y naturalista francés Julien Thoulet. Aquí sí que me perdonaran la inmodestia al decir que fui la primera científica española en participar en una expedición oceanográfica, y lo digo no por atribuirme méritos, sino por reivindicar algo que Alfonso señalaba antes, la dificultad de las mujeres para acceder a la ciencia.

<< Al regreso, gané unas oposiciones que me permitieron incorporarme al laboratorio del IEO en Baleares, también como la primera mujer en hacerlo. Posteriormente viajé a los laboratorios situados de Málaga para investigar sobre la biología de los moluscos. De este estudio nació mi primer artículo científico, Algunos moluscos comestibles de la provincia de Málaga, publicado en el Boletín de Pescas del IEO en 1923. Fue el primer artículo en el área de ciencias del mar que firmaba una mujer en España.

<< Posteriormente me fui a París a trabajar con M. Adrien Robert, profesor de la Sorbona (París), y en la Estación Biológica de Roscoff en la costa septentrional de Bretaña (Francia), y después al Laboratorio de Fisiografía de la Universidad de Columbia en Nueva York (EE. UU.), tutorizada por algunos de los mejores científicos de la época, y por fin, ya en mi país obtuve el título de profesora para institutos de enseñanza secundaria y lo ejercí como profesora de Historia Natural en el Instituto Nacional Nuevo de Bilbao.

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<< Hasta aquí la parte más bonita, o una de las mas bonitas de mi vida, y que recuerdo con mucha nostalgia. Ahora bien lo menos agradable. Tras finalizar la Guerra Incivil de 1936, el bando llamado nacional realizó una depuración de los funcionarios y profesionales en todos los niveles de la enseñanza, que habían sido fieles al anterior gobierno, el legítimamente constituido, y a mí me comunicaron mi cese definitivo, quedándome sin ningún derecho legal, y por supuesto también sin retribuciones.

<< Me salvó que mi hermana María, y aquí viene lo que antes les contaba del cariño mutuo que nos teníamos, era viuda de guerra de un oficial del ejercito ganador, por lo que su hija Socorro pudo estudiar Magisterio sin más trabas que las estrecheces económicas propias de la época. Cuando mi sobrina acabó su carrera formó parte de un grupo de compañeras que fundaron la Asociación de Maestras Católicas, por lo que era bastante bien vista por las autoridades del momento. Así que pudo presentarse a las oposiciones correspondientes sin mayor impedimento. Cuando sacó su plaza escogió precisamente este pueblo, que entonces tenía más habitantes y estaba lleno de vida, y cuando se vino a vivir aquí, junto con su madre, ambas me recogieron y trajeron con ellas, por lo que les guardo gratitud inmensa, y por eso, por conservar su memoria, y porque esta tierra fue magníficamente generosa conmigo, aquí estoy desde entonces.

<< Para acabar, que ya les aburrí bastante, les diré que nunca quise renunciar a lo que consideraba que legal y moralmente que me pertenecía, y luché por ello por todas las vías que la legislación vigente me permitía, a veces con gran dificultad, obtuve la rehabilitación e incluso el reconocimiento de mis trienios.

Todos asistíamos a su discurso con atención y admiración, y en esta última fase con cierta tristeza, pero era Esteban el que mostraba un gesto más reconcentrado, hasta que como quien piensa en voz alta manifestó:

– Qué injusta es la vida, Adela. Personas como yo, sin ningún mérito especial alcanzamos, incluso sin quererlo, el éxito, el reconocimiento y el aplauso social, y otras como ustedes los estudiosos y científicos que tanto aportan a la sociedad son víctimas de todo tipo de discriminación, desconocimiento e incluso injustificable persecución, solo por cumplir con su obligación como ciudadanos.

– Calma, Esteban, y vayamos por partes. Primero, eso de que los músicos no tienen mérito o esfuerzo no lo comparto. Le recuerdo que es frase suya la de que en el escenario aplaudimos a un esclavo, tal es el esfuerzo y la dedicación que exige llegar a los niveles, y no diré de fama, que eso es efímero, si no de excelencia a los que usted llegó.

<< Y en cuanto a lo de aportar a la sociedad, estoy segura que en su fuero interno es consciente de la felicidad que brindó a muchos miles de personas con su música, y su contribución a la cultura, y a través de ella a la mejoría de nuestra sociedad. Cultura y ciencia los pilares sobre los que se asientan las sociedades dignas.

<< En cuanto a lo de “injusta”, lo sería si fuese intencionado, pero creo que la vida es simplemente azar, y somos los humanos los injustos al no hacer nada por combatir la raíz de todos los males, que es la desigualdad. Si todos los humanos sintiéramos la fraternidad, o, aunque solo fuera por egoísmo social, simplemente la solidaridad, ese reparto poco equitativo de los males que hace el azar al que me refería, quedaría en su inmensa mayor parte solucionado.

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Este punto me atreví a intervenir en el coloquio:

– Totalmente de acuerdo con usted, Adela – manifesté – estoy seguro que Esteban también. En cuanto a lo de injusta y la persecución que usted, como otros cientos de miles de españoles sufrieron, sí quisiera hacer algún apunte, si es que no ofendo a nadie ni despierto viejos recuerdos dolorosos.

Esta vez fue Carmina la que terció:

Ay, fiu!, nun ofendes, y en lo de despertar nun te preocupes. Toos tenemos llorao munchu pe-les nuestres pites, pero col sosiegu de la amistá y esti sentiu del tiempu que tenemos, too ta ya cicatrizau.

– En ese caso, expresaré mi opinión, sabiendo que es solo eso, mi opinión, y que si alguien opina de otra manera, estoy dispuesto a respetarlo, y dialogarlo si no lo comparto, y sobre todo que si a alguien ofendo, estoy mucho más dispuesto aún a retirarlo.

<< Sinceramente creo que la postguerra fue aún más cruel que la guerra. Al menos en esta, aunque siempre inhumana, se va con el pecho por delante, pero la otra fue cruel, en muchísimos casos sádica y criminal, donde se dieron rienda suelta a bajos instintos, envidias, odios, delaciones, purgas injustificadas, etc.

<< Por otra parte, y si lo anterior no fuera bastante, demostró también los más estúpido y casposo del ser humano. Se desató un odio a la intelectualidad, por el mero hecho de serlo, que hizo que España quedase vaciada de lo más valioso de su cultura, y que esta fuese representada por personajes que si no fuesen de pena podríamos denominar de astracanada.

<< Gran admirador de la figura y la obra de D. Santiago Ramón y Cajal, lo mismo que Adela, siempre pensé que tuvo la suerte de morir en 1934, porque si hubiera durado 3 ó 4 años más, tendría que pasar la amargura de ver destruidas muchas de sus obras e ideas, y su innegable pensamiento e implicación cívicas tal vez le hubiese llevado por derroteros no muy distintos a los de D. Miguel de Unamuno.

<< Pero baste con esto, que no quiero que mi amargura ensombrezca este maravilloso paraíso.

– No ensombrece nada, Alfonso – manifestó Adela, mientras los demás asentían. Quizá todos pensamos como usted, pero aquí afortunadamente todas las perspectivas son relativas, y lo abordamos con total serenidad, como aprendizaje para tratar que el eje del futuro de nuestro espacio-tiempo sea mejor para todos.

Así continuamos la noche charlando de historia, ideas, música y pintura hasta que la luz volvió a aparecer tras el perfil de las montañas del fondo. Así que Ramón anunció:

Bueno, amiguinos, va faciendose hora de que cada mochuelo vaya pa su olivo hasta la próxima. Por cierto, Alfonso, paezme que mañana vienen los del reparto, asina que vaya pensando que quier facer. La habitación de enriba suya ye, pero si quier volver con ellos, tamién ye cosa suya.

Y tras despedirnos con efusivos y sinceros abrazos, dimos la reunión por concluida.

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Continuará

Plá(s)ticas (IV): El d(D)escubrimiento

8 Oct

Si tuviéramos que poner música a las anteriores pláticas sobre plástica ya publicadas en este cuaderno probablemente tendría predominar el contrapunto. En la presente ocasión procuraré que sea concertante, basada en un acorde que es el descubrimiento. Trataré de explicarme.

Como tantas veces en la vida el descubrimiento tiene su origen en la casualidad, motor importante para lo bueno y para lo malo. Y aunque también hemos de admitir que en las más de las ocasiones los descubrimientos son resultado de la tenacidad y el esfuerzo (“que la inspiración te encuentre trabajando”), en el caso que nos ocupa es fruto del  imprevisto.

No es ningún secreto que el pasado (?) confinamiento desarboló en gran medida el mundo del arte y la cultura, entre otros muchos, al tiempo que fomentaba la búsqueda de soluciones más o menos imaginativas, como pudieran ser las exposiciones o subastas en linea. Pues bien, fue en una de estas últimas, la organizada por la interesante Galería The 451Shop, donde topé con una autora que hasta entonces nutría las filas de mi enciclopédica ignorancia.

ENCARNA

Sin título.- Encarna Díaz Velasco Técnica mixta, encáustica sobre cartón (2009)

Encarna Díaz entre otras virtudes artísticas, que luego trataremos de repasar, tiene la personal de la generosidad, como ya demostraba el hecho de su participación en la exposición citada. Así que desde nuestra primera conversación telefónica me ofreció la posibilidad de conocer su preciosa casa-estudio, donde, en compañía de su esposo, con total gratuidad y sin limitaciones de tiempo, nos mostró muy diversas facetas de su obra artística, estilos y épocas.

Y fue en este entrañable escenario donde tuve la fortuna de descubrir una gran artista en la plena extensión del término. La manifestación artística de Encarna es muy amplia, valiéndose de lenguajes expresivos muy diversos (pintura, escultura, fotografía, grabado, cerámica, instalaciones, poesía, libros de autor, art joyas) siempre con una orientación experimental, que le hace tener una sugerente evolución, en ocasiones anticipándose  a los tiempos y las circunstancias, y con un fuerte compromiso social y ambiental, basado en convicciones sólidas y muy elaboradas.

De muy sólida formación es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, y Doctorado Internacional, con una Tesis Doctoral sobre Fernando Castro Pacheco, punto de inicio para su relación con El Descubrimiento, que se continuaría con diversas estancias y exposiciones en México, así como investigaciones sobre la cultura maya y establecimiento de relaciones que incrementaría su proyección internacional. También es digno de mención el esfuerzo dedicado a la formación complementaria, que llega hasta fechas muy actuales y en todas las facetas de sus múltiples lenguajes, poniendo de manifiesto ese espíritu de búsqueda que mantiene muy vivo nuestra autora.

Su curriculum expositivo es muy amplio y temprano, pues comienza en 1977, aunque este aspecto siempre está subordinado a la integridad de sus fines artísticos y de su trayectoria, no realizando concesiones en estos por una línea en aquel. Lo mismo ocurre con sus premios, menciones o selecciones. Su obra permanente ocupa museos y colecciones particulares de España e internacionales.

Iniciada en la figuración y las técnicas clásicas como la acuarela, rápidamente se introduce en el abstracto y las técnica mixtas, donde su inspiración se mueve como pez en el agua, pero sin renunciar a las primeras. Al respecto, destacan sus Cajas con luz de 2007. Esta evolución experimentadora adquiere mayor interés si se contempla en el contexto del entorno donde vive, extremadamente clásico y conservador, cuya superación da idea de la libertad creadora de la autora, que obtiene su inspiración de hechos sorprendentemente cotidianos, iluminados por una fuerza interior que hace que sus obras vayan adquiriendo vida propia en su desarrollo. Sorprende a este respecto su serie de Máscaras., reflexión sicológica sobre la naturaleza humana realizada pocas semanas antes del comienzo del confinamiento, que acabó mostrándose como si de una premonición se tratase.

 

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Encarna Díaz.- Máscaras

 

En la actualidad destaca su interés por la encáustica, técnica clásica al punto que ya está mencionada por Plinio el Viejo y detallada por Vitruvio, en los tiempos actuales ha ganado gran preponderancia por su versatilidad, tanto por los materiales empleados (pigmentos, ceras) como por la sutilidad de su su manejo (fuego).

Además, como decíamos más arriba, y nos muestra en una, como no podía ser de otra manera, preciosa y detallada página web, no debemos olvidar sus diversos instrumentos expresivos: pintura, escultura, fotografía, grabado, cerámica, instalaciones, poesía, libros de autor, art joyas, que la hacen portadora de un lenguaje muy holístico en el mundo del arte.

En definitiva, solidez conceptual, expresividad evolutiva y capacidad de experimentación en lo formal y en los lenguajes y materiales conforman a una auténtica artista que afortunadamente descubrí recientemente.

El otro descubrimiento, dialogante con la obra de Encarna, poco o nada tiene que ver con El Descubrimientopero también vino determinado  por la casualidad y lo imprevisto. Fue durante un paseo al azar por una de las muchas y bellas ciudades  de la Provenza, en concreto Saint-Remy, y en el que por deseo de mi esposa visitamos su mercadillo.

 

FRANCIA

Jules Cotte: Peinture à l’huile et fragments minéraux sur papier.

 

Sobre su autor,  Jules Cotte, nada puedo decir personalmente, por lo dicho en el párrafo anterior, y solo me cabe sugerir al lector a acudir a su página web, como hice yo, en la que uno puede intuir algunos detalles de su técnica.

Algunos aspectos se observan que parece compartir con Encarna. Procesos muy elaborados, soportes diversos, interés por la intervención de la naturaleza, técnica muy matérica, gran utilización de pigmentos y de materiales extraños añadidos, entre ellos tierra y minerales, y utilización del fuego, el agua y la exposición al aire. No son los cuatro elementos presocráticos que explican la naturaleza, dando a todo ello una contextualización filosófica?

Como quiera que sea, ahí están los dos, dialogando en la pared de mi salón, mientras los tres disfrutamos de buena música, en este caso la Obertura de las criaturas de Prometeode Beethoven, por aquello del fuego, y brindamos por la vida y la belleza con un buen vino, en este caso por supuesto un buen rosé de La Provenza. Quizá un Chateau Romassan de Domaines Ott?.

SALON

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Pola Seca (V): La soirée (I)

1 Oct

Desde la marcha de Ernesto yo había quedado en un estado de estupor causado tanto por la sorpresa como por alegría de lo vivido. Así estuve no sé cuanto tiempo hasta que apareció el bueno de Ramón.

– Entos, que, oh!. Piensa quedar ahí apalominau pa to la vida?. Espabile, que voy preparar la comida. Una ensaladina ligera y un pocu pescau a la plancha, y luego a descansar un ratín pa tar listu pa la tertulia, que estes nuestres sabese cuando empiecen pero nun se sabe cuando acaben, y aquí a veces les noches faense muy largues.

– Gracias, Ramón, es usted mi ángel de la guardia.

– Ande, nun diga babayaes. Paez  que la visita de Esteban trastornolu.

Y  dicho lo anterior desapareció por la puerta de la cocina. Yo, entonces, me di cuenta que por los amplios ventanales entraba una luz resplandeciente, que  con solo su color hacía sentir el calor del sol. En el cielo no había ni una sola nube, todo él de un azul reconfortante. Al fondo, los perfiles de las montañas se dibujaban con total nitidez, y la gran variedad de verdes de los prados y los distintos árboles ponían un maravilloso contrapunto cromático, tan espectacular en esos pocos días en que la meteorología asturiana se mostraba benigna con los mortales.

 

Versión 2

 

Todo ello me producía una sensación de bienestar y de gratitud a la vida, y a Pola Seca y sus vecinos, los que hasta entonces había conocido, al tiempo que sentía una burbujeante inquietud por ver que más sorpresas me reservaba la tarde.

Acabada la comida, tan apetitosa como todo lo que Ramón preparaba, me indicó:

– Hala, suba a descansar un rato, y nun se preocupe, que yo lu aviso sobre les seis, pa que esté preparau pa cuando llegue el personal.

La habitación era más que espaciosa, con una cama amplia y mullida, cubierta por una colcha nórdica de alegres a la par que discretos estampados. A los pies una ancha banqueta de rejilla hacía de piecero, y en ambos lados sendas mesillas de noche de madera de mango lacada, en tonos oscuros y con dibujos exóticos.

Contaba además con una pequeña biblioteca y adherida a la pared, una gran televisión de plasma, con solo dos canales, Berlin Philharmonic Digital Concert Hall y Medici.tv, que permitían escuchar y ver todo tipo de música clásica con un excepcional sonido. En una mesa de despacho de madera de cerezo reposaba un ordenador portátil, en el que, según pude comprobar más tarde, estaba dotado de una inteligente aplicación que eliminaba automáticamente y en todos los programas cualquier referencia a acontecimientos de los últimos doce meses. En otro mueble auxiliar reposaba una máquina de café automática, y en su frontal inferior un mueble bar perfectamente equipado con todo tipo de bebidas, snacks y frutas.

El cuarto de baño, igualmente amplio, tenía una gran bañera de hidromasaje, así como una columna de ducha de varias intensidades.

Por su amplio ventanal se colaba aquella maravillosa luz, tamizada por unos elegantes visillos de seda, que añadían calidez a la estancia. Sobre ellos unas cortinas de cretona inglesa, de un discreto tono beige que daba un toque de serenidad al entorno y que en ese momento estaban totalmente recogidas. Decidí entornarlas levemente hasta obtener el grado de penumbra que consideré adecuado para que me facilitase el sueño, que sabía iba a ser agradable u reparador, y al que pronto me entregué.

A las 6 en punto apareció Ramón portando una bandeja con unas exquisitas pastas de té, por supuesto hechas por él, y preparó dos humeante y aromáticos cafés en la máquina de la habitación, mientras me decía:

Bueno, ahora vamos tomar un cafetín pa espabilar y luego cuando té preparau, baje al salón de mi apartamento, que seguro que enseguida llegarán Carmina y Adela, pa tar aquí antes que Ernesto.

 

 

Paladeamos el exquisito café, y después siguiendo sus indicaciones, a las 18:25 estaba en el salón, preso de curiosidad. Por supuesto Ramón ya tenía todo preparado, y en una mesita auxiliar anexa a su tresillo había colocado un variado repertorio de café, refrescos y bebidas, así como unas amplias bandejas con canapés, galletas y porciones de bizcocho.

Tal como él había previsto, cuando daban las seis y media con solemnes campanadas en un magnífico reloj de repisa, colocado en la biblioteca de su despacho, y sobre el que no había reparado, sonó el timbre de la puerta.

Momentos después las dos damas, precedidas por Ramón, que al llegar a la puerta les cedió el paso gentilmente, penetraron en el salón. Inmediatamente reconocí a Carmina con su habitual sonrisa acogedora y un punto irónica. Se me aceleró el corazón al acercarme a ella.

– Carmina!!! – exclame – Me permite que le dé un abrazo como expresión de mi infinito agradecimiento, por haberme guiado por este paraíso y brindarme la oportunidad de conocer a Ramón y a Esteban?

– Ay, fiu, nun tienes que agradeceme na!. A lo que veo foi un aciertu – y dirigiéndose hacia mí fue ella la que inició el abrazo.

<< Pues tovía nun acabaste de conocer buena xente. Esta ye Adela, que ye de lo mejor. Ya vos ireis conociendo. Díxome Ramón que tú llameste Alfonso, no?

– Así es Carmina, y diga lo que diga, mi agradecimiento hacia usted será eterno – y añadí – encantado de conocerla, Adela. Estoy seguro que con estos amigos es usted, como ellos, de una categoría personal excelente – dije, mientras extendía mi mano hacia ella

Adela sonrió levemente y con cierta timidez dijo:

– No creo que alcance la bondad de estos tres, pero en fin, espero no desmerecer su confianza. Y por cierto, mi auténtico nombre es Adelaida, pero siempre me gustó más, y así lo usé, el apócope de Adela – al tiempo que estiraba su mano al encuentro de la mía.

Su saludo era cálido, y tierno, consistente sin ser exagerado, en ningún momento pasivo ni flojo. Sin duda inspiraba personalidad y confianza.

 

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– Bueno, feches les presentaciones, vamos sentanos y tomar algún aperitivu mientras esperamos por Esteban, que nun tardará, pues tamién ye muy puntual – afirmó nuestro excelente anfitrión.

Efectivamente daban las 7 en el antes citado reloj y sonaba el timbre de la puerta.

– Ya i-os lo dixi, exautu como el Big-Ben esi. En eso de los tiempos y los ritmos nun hay como los músicos – exclamó Ramón.

Elegante y sobrio como siempre y con su benévola sonrisa, Sebastian saludó:

– Buenas tardes a todos, encantado de verles. A Ramón y a nuestro nuevo vecino Alfonso los ví esta mañana – y dirigiéndose a la señoras, añadió – pero a ustedes hace unos días que no las veo, y saben que siempre es un placer volver a encontrarlas y compartir su agradable compañía.

– Buenas tardes, Ramón – respondimos los 4, casi al unísono.

– Como saben ustedes, hoy a nuestra habitual tertulia de los martes añadimos un nuevo y muy grato aspecto. Damos la bienvenida a Alfonso, y dado que es muy aficionado a la música, y además me hace la honrosa distinción de serlo también a mis interpretaciones, organizamos una pequeña soireé musical, aunque no sea ninguna de las fechas en que habitualmente lo hacemos, pero sinceramente creo que la ocasión lo merece.

<< Me he permitido hacer un rudimentario programa con las obras a interpretar, más que nada para que quede recuerdo de esta fecha. Como verán no es un convencional programa de mano, sino un simple listado de las obras, pues la biografía del intérprete no tiene mayor interés, puesto que todos nos conocemos bien, y además si nunca fui proclive a los elogios, en nuestras circunstancias mucho menos.

<< Y en cuanto a la explicación de las obras a interpretar, todos somos aficionados a la música y para disfrutar de esta los tecnicismos sobran, lo único que necesitamos es tener la mente abierta, gozar de la estética y compartir en buena compañía estos valores.

<< Sí quiero decirles que, en honor a Alfonso, me hubiera gustado interpretar el Concierto para piano y orquesta n.º 4 en Sol mayor Op. 58, de Beethoven, pues estamos en una de sus efemérides, que ese fue uno de mis primeros éxitos de público. Pero desgraciadamente, no tenemos orquesta. Ojalá algún día. De todos modos creo que hay una buena grabación de cuando lo hice en el Palau de la música de Barcelona.

<< También me hubiese gustado interpretar el Concierto para piano y orquesta, de Antón García Abril, que estrené, gracias a la generosidad del Maestro, y que fue el primero que toqué con orquesta, o el Segundo concierto para piano y orquesta de Rajmáninov, también de muy buenos recuerdos para mí, pero por la razón antes expuesta no puede ser. Algún día será.

<< Como contrapartida, me voy a permitir un capricho en forma de concesión a la nostalgia. Por cierto, Alfonso, le debo una corrección a mi biografía que le conté equivocadamente. Pero eso será luego, ahora vamos a lo que vamos. Voy a interpretar el mismo programa que hice cuando mi amada Maestra, Dña. J.P., me presentó a AC, el que posteriormente me admitió como su alumno en París, y ahí comenzó todo.

<< Bueno, pues dicho programa contenía Fantasía y fuga de Bach, la Sonata n.º 26 de Beethoven, la Rapsodia n.º 11 de Liszt,  Debussy, a petición del propio AC, y una pieza extraída de Goyescas, de E. Granados, en concreto El Pelele.

 

PROGRAMA

 

Se hizo el silencio, y comenzó a tocar con la misma profundidad y concentración con que un sacerdote llega a la consagración. La emoción creaba un ambiente de intensa comunicación entre las cinco personas que allí estábamos, sin decidirnos tan siquiera a aplaudir en los intermedios entre pieza y pieza, por miedo a romper aquel hechizo y porque sabíamos que nuestros sentimientos no era necesario exponerlos en forma sonora sino en la comunión que habíamos alcanzado.

Al acabar permanecimos en silencio otra vez, en actitud de compartida meditación, hasta que fue el propio Esteban el que habló:

– Bueno, y ahora como en todo concierto son típicas las propinas, en honor de Alfonso, que parece ser un gran admirador de mi versión de Iberia, interpretaré, del Cuaderno 3, Lavapiés, y para finalizar como siempre con el recuerdo eterno a mi querida esposa, Sérénade Spagnole, de nuestro amigo Marcial del Adalid, con quien nos profesábamos un gran cariño mutuo, como ya comenté.

Y dicho y hecho. Al final de estas dos piezas siguieron también unos segundos de silencio, pero luego el ambiente se llenó de serena alegría y amistad compartida. Nos acomodamos los cinco en el amplio y elegante tresillo de Ramón, y mientras este iba sirviendo los aperitivos que, a su pregunta, le  pedíamos, volvió a tomar la palabra Sebastián:

– Por cierto, Alfonso, le prometí que le aclararía un dato erróneo que le dí esta mañana, por lo que le vuelvo a pedir disculpas.

Hala, a otru que se-i contaxio la manía de les disculpes y de presentales siempre por duplicao – comentó Ramón con su habitual sorna, mientras seguía con su tarea.

– Ah, Ramón, que ye eso de les disculpes y les duplicidaes? – preguntó Carmina, con una sonrisa un tanto picarona.

– Ay, Carminina, fía, ye una larga historia. Contarétela en otra ocasión.

– Ahora sí que me dejes intrigá – se burló Carmina.

– Bueno – intervino Sebastián –  el caso es que yo esta mañana le dije a Alfonso  que mi primer maestro había sido mi tío abuelo J, y así es en realidad, y por ello de él guardo la gratitud inmensa que le tengo, pero también sería injusto que olvidase que quien me cuidó desde mis primeros días, me enseñó las primeras letras, me introdujo en el mundo de la cultura y quien hizo que por primera vez posase mis manos en un piano, fue mi tía paterna P., mujer soltera y bondadosísima que volcó en mí todos sus afectos.

<< Pero bueno, ya está bien de hablar de mí, compartamos estos deliciosos manjares, sólidos y líquidos,  con que Ramón nos regala cada martes, y quizás fuera bueno que usted, Adela, se presente a Alfonso, pues también su vida fue  apasionante.

En el rostro de Adela apareció un levísimo tinte de rubor, y comentó:

– Usted siempre tan exagerado en la generosidad, Esteban!. Pero bueno, y aunque ustedes ya conocen todo lo que voy a contar, lo repetiré en honor a Alfonso, nuestro nuevo amigo, y como pretexto para iniciar la conversación.

Y así continuó una más que agradable y sorprendente velada, que se prolongó, como al parecer eran todas las de este tipo, hasta bien entrada la noche, todo lo cual comenzaba ya a no sorprenderme.

Pero eso es otra historia.

 

DSCF2019(Continuará)