Pola Seca (II): Casa Ramón.

6 Jun

 

MAPA

 

El camino que me había indicado Carmina no era largo. De hecho, el edificio que después conocería como Casa Ramón estaba aparentemente bastante cerca. Además el trayecto era ancho, de buen andar y atravesaba  un amplio  robledal que proporcionaban una agradable sombra, lo que unida la leve brisa que se colaba entre sus hojas hacía el paseo de lo más placentero. El silencio, como siempre, presidía el ambiente, componiendo  la más relajante de las sinfonías.

La misma sensación indescriptible de bienestar que tuve cuando llegue a Pola Seca volvió a aparecer en mi cabeza, de modo que otra vez de forma mágica perdí la noción del tiempo y del espacio. Es más, como después me explicó Ramón, había tardado quince días en recorrer la distancia que nos separaba de la cercana casa de Carmina. Pero, bueno, esa es otra historia que ya abordaremos posteriormente.

 

ROBLEDAL

 

Como quiera que fuere, llegué ante un edificio de planta baja, piso y espacio superior abuhardillado con amplias cristaleras, todo de un color azul suave pálido, ya algo oscurecido por obra del tiempo. De estilo ecléctico, con aire a casa de indianos, y sobre la puerta, protegido por una airosa cornisa,  una clara grafía modernista enmarcada en un óvalo similar nos avisaba que aquello era Casa Ramón.

Con una bonita manilla recubierta de porcelana, que combinaba perfectamente con el resto del edificio, abrí la puerta con la mayor discreción de la que fui capaz. Un hombre de edad indeterminada, pero de aspecto jovial, levantó la vista del libro que estaba leyendo, apoyo sus gafas con esmerado cuidado sobre la mesa de madera y me miró con una mezcla de curiosidad y calidez.

– Buenas tarde – dije entre avergonzado y cansado.

– Buenes – me respondió – puedo ayudalu?.

– La verdad, espero que sí.

Y le relaté mi historia, como había llegado a Pola Seca confundido en un doble sentido del término, y como Carmina me mencionó que si alguien podría solucionar mi situación era él.

 

CASA RAMÓN

 

Así que conoció a Carmina, eh? – me comentó con cierta socarronería – Pues no sabe usté la suerte que tuvo. Y sí home sí, si quier puedo ayudalu. Pero antes, tome algo que veo que vien cansau. Que quier?. Vino?, cerveza?, un refrescu?, un cafetín?, agua fresca?.

– La verdad es que un vino lo tomaría de buena gana.

– Tinto, rosado o blanco?

– Tinto está bien, muchas gracias.

– Rioja, ribera, de Cangas?

– Ribera, por favor. Veo que está usted bien surtido.

– Pues sí señor. Aunque no lo paezca, nun nos falta de nada. Y ahora, venga, vamos a compartir un buen vino, con algo pa acompañalo, que ye lo mejor pa ver les coses más clares. Perdóneme un momento que enseguida- i preparo un pocu merienduca.

Se levantó y desapareció por una puerta que estaba tras de la barra, lo que me dio  un tiempo para permitirme contemplar aquella maravilla de establecimiento. Era un bar-tienda, de esos tan típicos en Asturias hace años, y que ahora son tan difíciles de encontrar, sobre todo tan surtidos, tan bien ordenados los productos, y con una decoración, simple pero armoniosa y acogedora.

La estancia estaba claramente dividida en dos espacios. Una parte de bar, formando una esquina, en uno de cuyos lados estaban tres mesas, una de ellas en la que se sentaba Ramón y ahora también yo, y en el otro lado de la esquina, un banco corrido con el respaldo artísticamente tallado. Completaban el espacio un mostrador, a modo de barra, de madera y porcelana, y ocupando toda la pared trasera, un precioso mueble aparador , en madera tallada, donde estaban perfectamente colocadas las diversas botellas. El suelo de este espacio era también de madera.

El otro espacio, la tienda, tenía el suelo embaldosado con una bonita cerámica de tonos tenues azules y dorados, en algunos puntos más desgastada por el paso del tiempo, y que ascendía por los laterales hasta media pared a modo de alicatado, donde se remataba con una cenefa, discretamente prominente, en similares tonos. El resto de las paredes estaban pintados del mismo azul pálido de la fachada. Había un mostrador de madera más clara que la del bar, en el frontal una cristalera que permitía contemplar los objetos contenidos. Sobre el mostrador, en uno de sus extremos, una báscula marca Ok, y en el otro extremo, una máquina de cortar fiambres. La pared posterior estaba también totalmente tapizada con otro aparador gemelo al del bar. En su centro, una preciosa caja registradora y un no menos atrayente molinillo de café, ambos de esos que un posmoderno (perdón) denominaría vintage (otra vez perdón).

 

CAJA REGISTRADORA

 

Por supuesto, en dicho espacio, entre el mostrador, el aparador y el techo, estaban ordenados de un modo increíble los artículos necesarios para la subsistencia cotidiana como alimentos, algunos objetos de ferretería y aperos de trabajo, e incluso algo de ropa e indumentaria elemental.

 

220px-Tienda_de_ultramarinos

 

No bien me había percatado de aquel prodigio de lógica y cotidianidad, apareció Ramón portando una botella de Pesquera tinto, reserva de 2016, por cierto un muy buen año para ese vino.

– Si tuviese aquí Esteban, a quien ya conocerá, tendríamos que ponelu en un decantador, pero yo creo que pa usté y pa mí valnos con que se aireé un poco mientras preparo algo pa acompañalo, pero si quier ir empezando usté, puede hacelo.

– De ninguna manera, Ramón, sería una descortesía impropia para la acogida que me está dispensando. Por cierto, excelente elección la suya.

– Muchas gracies, oh! – me replicó.

Y tras abrir la botella, que exhaló un aroma intenso a fruta, frutos secos y canela, y colocar las copas sobre la mesa, volvió a meterse por la puerta detrás de la barra, lo que me permitió fisgar el libro que estaba leyendo, Los Episodios Nacionales, de D. Benito Pérez Galdós.

Cuando volvió con los platos, cubiertos y una espléndida tabla de embutidos, le comenté:

– Perdone mi indiscreción, Ramón, pero veo que también hizo muy buena elección para la lectura.

– No hay nada que perdonar, oh, y ya sabe lo que dicen: un buen libro, un buen vino, un viejo roble en la chimenea, y sobre todo una buena charla con un amigo, o algo así, que non estoy muy seguro de recordarlo bien. Y ahora al lío. 

Me fue explicando que aquel excelente queso azul, que se dejaba untar fácilmente sobre el pan y se fundía en la boca como una espuma de consistente sabor, era de una localidad cercana, y que él lo consideraba el mejor queso del mundo.

– Qué franceses, ni qué franceses. Nun hay na como esti. 

También me explicó que los embutidos se los hacía servir siempre por los mismos proveedores, pacientemente seleccionados, el jamón desde Salamanca, y el chorizo desde León.

– Está todo exquisito, Ramón, es usted un perfecto y muy generoso anfitrión. Y el pan, también de primera calidad.

– Esi faigolu yo, y la verdad que sí, y no ye por echame faroles, pero salme bastante bien – replicó con un cierto orgullo contenido.

 

TABLA EMBUTIDOS

 

Mientras escuchaba con agrado sus amenas y documentadas indicaciones, y con el mismo agrado al menos, degustaba tan exquisitas viandas, una idea se abrió paso en mi cabeza, así que cuando Ramón descorchó una segunda botella del estupendo vino, y la conversación, al calor de todo ello, se hacía más fluida, me permití manifestársela.

– Perdone, Ramón, si le parezco un huésped poco agradecido, pero al oírle decir que tiene proveedores que le traen los pedidos, pensé que quizás con su ayuda, podría aprovechar para viajar con ellos de vuelta, y así solucionar mi extraña situación.

– Sí, home, sí. Ya-i dije, y repítoilo, primero, que nun hay na que perdonar, y segundo, que de una forma u otra, voy a ayudalu – y volvió a aparecer en su cara la sonrisa socarrona. Pero, mire, la tarde ya va de caída y se termina el día, ansina que hoy pocu podemos facer. Vamos disfrutar de la cena, usté de momento quedase a dormir hoy aquí, y mañana seguro que alcontramos alguna solución. Nun se preocupe, y confíe en mí.

No supe por qué, pero tuve la seguridad que podía y debía confiar en Ramón.

 

IMG_4837

 

(Continuará)

 

 

 

 

2 respuestas hasta “Pola Seca (II): Casa Ramón.”

  1. Encarnación Domingo junio 11, 2020 a 11:35 am #

    Precioso relato, he estado viajando segun se iba desarrollando la historia y por si había algún despiste, están la fotografías. Gracias, estaré atente al siguiente texto.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: