Archivo | mayo, 2020

Pola Seca (I): La llegada.

18 May

En uno de mis paseos de desescalada (sic) iba pensando si no existiría alguna palabra más musical que la sustituyera, y era tal el ensimismamiento que me producían tales ideas que sin darme cuenta perdí la noción del tiempo y del espacio.

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De súbito, de un modo mágico me encontré en medio de un paisaje paradisíaco, rodeado de prados, con un horizonte de suaves montes, donde el silencio me pareció atronador y en donde no se divisaba persona alguna.

Repuesto de la sorpresa me percaté de que ese atronador silencio estaba matizado por el murmullo de un río no muy lejano, el sonido de algún pájaro y de la brisa entre las hojas de los árboles, y que un poco más allá se iniciaba un sendero que parecía conducir a un núcleo de cuatro o cinco casas, discretamente distanciada entre ellas.

Movido quizás por el embrujo del momento, quizás por la curiosidad, tal vez por la necesidad de aclarar donde estaba, pues evidentemente estaba perdido, decidí seguir el sendero, ya que entendía como probable que en aquellas casas hubiera algún habitante que podría ayudarme.

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Así fue. A los pocos cientos de metros divisé una casa de dos plantas, tras de la cual se adivinaba una poblada huerta , y en la parte delantera un amplio césped, con un pozo en el medio, y por el que correteaban media docena de gallinas. Los laterales del césped estaban rodeadas de abundantes hortensias y calas.

La casa tenia una agradable antojana en la que en un cómodo sofá estaba sentada una mujer como de unos ochenta años, de aspecto muy vital, pelo de media melena, absolutamente blanco pero perfectamente cuidado y peinado, y una sonrisa un punto irónico, pero que inspiraba franqueza. Estaba ensimismada en tareas manuales, con un precioso cesto de costura a sus pies.

CASA CARMINA

Con cuidado para no asustarla, pero haciendo desde unos metros antes el ruido justo para que se percatase de mi presencia, me aproximé a ella.

– Perdone que la moleste, señora. Creo que estoy perdido. Podría, por favor, indicarme donde estoy, y como podría volver a Vetusta?

– Buenes tardes, fiu, non me molestes pa na. Tas en pueblu que llamen Pola Seca, y a lo mejor en vez de perdete, atopástete, pero eso ye otra historia. Lo que nun te puedo decir ye como dir a Vetusta, fai tantos años que nun voy ni a Vetusta ni a ningún otru sitiu que olvidóseme como ye eso de viajar o como se fai.

HORTENSIAS

– Y no sabe usted si hay alguien que me pudiera ayudar en ese sentido?

Mira, siguiendo esi otru camín, no muy lejos, ta el bar de Ramón, y esí sabe munches coses. Igual sabe eso tamién – me dijo sin dejar de regalarme su acogedora sonrisa.

Me despedí, expresándole mi gratitud, de tan amable señora y me dispuse a seguir sus indicaciones.

Así fue como conocí a quién más tarde me enteraría que llamaban Carmina, y unos minutos después conocí también a Ramón.

ALDEA

(continuará)

Maridaje (II): Bruch y otras hierbas.

13 May

Si el mundo musical, como todos los demás, no estuviera tan profundamente conmocionado por la tragedia que estamos atravesando, a estas horas estaría recordando que se cumple el duocentésimo quincuagésimo (madre mía, con lo fácil que es decir 250!)  aniversario de la muerte de Beethoven, y todo serían homenajes, ciclos de conciertos y edición de versiones de referencia.

 

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Retrato de Beethoven realizado en 1803 por Christian Hornemann

 

Pero en fin, la vida es aquello que sucede mientras uno hace planes (John Lennon dixit), y la triste realidad es la que es.

Más como la vida afortunadamente es tozuda, y sigue, volveremos al tema de las efemérides musicales.  En este sentido, en 2020 podemos celebrar más de diez, y para variar de la principal, expuesta al comienzo, centrémonos en otro compositor, por ejemplo, Max Bruch, el cual, por cierto, es (era) muy poco programado en las salas de conciertos, salvo por su archiconocido Concierto para violín nº 1.

Nacido en Colonia en 1838, y desde pequeño mostró grandes aptitudes tanto para la interpretación como para la composición. También muy joven debutó como director orquestal, actividad que continuó con éxito notable hasta que en los diez últimos años de su vida renunció a  sus muchos cargos y se dedicó por entero a la composición.

Siempre estuvo adscrito al romanticismo , teniendo como sus referentes a Mendelssohn,  Schumann o Bramhs. Y aunque en las épocas adultas y finales de su vida ya habían aparecido Wagner, Stravinsky, Mahler o Schoenberg, entre otros, introduciendo conceptos novedosos y hasta rompedores, Bruch siempre se mantuvo fiel a sus ideas, conservándose dentro de los más estrictos cánones de la totalidad y armonía, hasta el punto que François-René Tranchefort, en su libro Guía de la música sinfónica, llega a afirmar que “…sin llegar a liberarse de un academicismo que enmascara a los oídos contemporáneos la generosidad de su estilo y los acentos a veces postrománticos…”. No se olvide que llegó a ser el director de la Real Academia de Música de Berlín.

 

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Max Bruch

 

Por cierto que el mismo Tranchefort en su otro admirado libro, Guía de la música de cámara, ni lo menciona. No es menos cierto que sus dos cuartetos de cuerda, que constituyen sus Op. 9 y Op. 10 son también muy poco referenciados en otras publicaciones y no fueron grabados por primera vez hasta 1993. Y su último cuarteto en re menor es señalado como Op. Posth., habiendo sido hallado en 2013 en el Mozart-Stiftung de Frankfurt, y atribuido por posteriores investigaciones a un Bruch de 14 años. No obstante todo ello, creo que tales cuartetos encierran música más que digna de ser escuchada.

Algún otro crítico, como el musicólogo Jorge Luis Rozemblumencuadra a nuestro autor en lo que denomina El romanticismo exótico, por cuanto que, lo mismo que Liszt en sus Rapsodias húngaras Glinka, Lalo o Saint-Saëns, recurrieron a músicas de inspiración gitana o flamenca o popular española, Bruch en su Concierto para violín, nº 1 busca elementos cíngaros y populares. Interesante deriva de un estilo que en sus fase tardía llega a conocer el auge los nacionalismos musicales.  

Es de señalar que Bruch tuvo de alguna manera su contacto con lo español, por cuanto que su  Fantasia escocesa para violín y orquesta fue dedicada a nuestro Pablo Sarasatey él mismo le dirigió en Wiesbaden en noviembre de 1877, cuando el navarro interpretó su Concierto nº 2 en re menor.

En definitiva, un músico actualmente algo relegado, pero que conviene tener en cuenta y escuchar. A este respecto recomiendo los podcast del más que interesante programa Grandes Ciclosde Radio Clásica , que en la actualidad tan estupendamente dirige María del Ser.

Hasta aquí lo musical. Ahora retornemos a España para maridar a Bruch con un pintor y un literato.

Y en España decir romanticismo y pintura es, sin discusión, decir Francisco de Goya, sin duda una de nuestras mayores glorias artísticas. Pero por lo mismo que en el caso del músico preferimos escoger a alguien que no fuera el más renombrado, y por hacer una pequeña pirueta de dos pájaros al tiempo, me decantaré por Valeriano Bécquer , para después en lo literario entroncar con su hermano Gustavo Adolfo. Por cierto que ambos hermanos mantuvieron una gran afinidad, al punto que el pintor, tras su separación matrimonial y con dos hijos pequeños, se traslada a Madrid para vivir a la sombra y amparo económico de su hermano, relación afectiva que duró hasta su muerte.

Ambos eran hijos del también pintor José Domingo Bécquer , pintor costumbrista que participó en la ilustración de la obra España artística y monumental, que dirigió Pérez de Villaamil.  Huérfanos cuando Valeriano contaba 12 años de edad, fueron educados por sus tíos, entre ellos Joaquín Domínguez Bécquer, también pintor costumbrista, con quien nuestro protagonista aprendió el arte de la pintura.

 

LA GIRALDA

La Giralda desde la calle Placentines. José Domínguez Bécquer (1830 Museo Carmen Thyssen Málaga

 

El romanticismo, como estilo artístico se desarrolló en Europa y América durante el siglo XIX. Sus características más generales son: subjetivismo, exaltación de la personalidad individual, oposición a las normas clásicas, valoración de la Edad Media y de las tradiciones nacionales. En este tiempo Europa sufrió importantes cambios políticos; el romanticismo en América estuvo ligado a los procesos independentistas.

En concreto en España este periodo es tardío y breve ya que el posterior realismo tuvo mayor fuerza y predominó desde mediados del siglo XIX.  Así que podríamos considerar que  se desarrolla desde en la primera mitad del siglo XIX y el posromanticismo llega hasta la década de los 70 del siglo XIX . En lo social y político fue un siglo muy convulso. Pasamos por periodos absolutistas, liberales, revolucionarios y de Restauración hasta llegar al desastre de 1898; con momentos importantes como la Constitución de 1812 o la instauración de la Primera República en 1873, entre otros.

En lo pictórico el romanticismo promueve el corazón, la pasión, lo irracional, lo imaginario, el desorden, la exaltación, el sentimentalismo, el misticismo, la expresión de los sueños, el color, la pincelada y el culto a la Edad Media y a las mitologías de la Europa del Norte, así como a las culturas mediterráneas , orientales y árabes.

Valeriano Bécquer en 1864, tras una estancia en el monasterio de Viruela pinta temas fantásticos que compagina con la pintura de costumbres populares tomadas in situ. Este costumbrismo  continuó desarrollándolo cuando pensionado en  por el Ministerio de Fomento recorre las tierras de Soria, Aragón, Navarra y el País Vasco, y estudia los tipos, trajes y costumbres españolas, de aldea en aldea, lo que acabará constituyendo la parte más importante de su producción. Como consecuencia de las turbulencias socio-políticas antes mencionadas, sus últimos tiempos fueron de grandes dificultades económicas, subsistiendo gracias a colaboraciones como dibujante en diversos periódicos, facilitadas por su hermano.

De su extensa obra es archiconocido el retrato que en 1862 realizó de su hermano Gustavo Adolfo, y que ahora se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.  Todos los de mi generación pudimos conocerlo en nuestros textos del bachillerato y además ilustró los billetes de 100 pesetas de la última mitad del siglo pasado. Por ello, como ilustración y ejemplo de su pintura mostraremos otra obra conservada en el Museo del Prado, la titulada  Retrato de niña. Esta obra formó parte de la interesantísima exposición temporal titulada La infancia descubierta que tuvo lugar en dicho Museo en octubre de 2016, y en la que según Javier Barón, comisario de dicha exposición “…se observa la influencia  de la tradición de Murillo y sus atmósferas doradas, sobre las que podían destacar las calidades de los rostros y manos infantiles, y el retrato británico y su predilección por las actitudes graciosas y fondos naturales…”

 

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Retrato de niña (1852) Valeriano Bécquer Museo del Prado

 

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1878), fue hombre de múltiples contradicciones, que se esforzó en su literatura por encontrar la síntesis de un universo dividido entre el sueño y la razón.

Sus antecedentes familiares le facilitaron estar en contacto permanente con el mundo de la pintura, incluso el mismo en Sevilla llegó a formar parte del taller de pintura de Antonio Cabral Bejarano en 1850. Además fue un gran conocedor de la música. Todo ello le lleva a concebir todas las bellas artes como manifestaciones de un único sentimiento entusiasta, todo lo que evidentemente acabaría reflejándose en su obra. Destacó además como periodista, vinculado al El Museo Universal El Contemporáneo, pero por lo que es más conocido es como narrador de leyendas y por ser el precursor de nuestra mejor poesía contemporánea.

En definitiva, un hombre complejo tanto en su producción artística, que merece ser abordada en profundidad y en todas su manifestaciones, como en lo personal e ideológico, pues viene a concentrar todas la convulsiones y contradicciones de un periodo histórico tan trascendente para nuestra patria como fue el siglo XIX.

 

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