Ex libris (V): Rico en amigos

12 Dic

Si es cierto el dicho de que el que tiene un amigo tiene un tesoro, y yo lo creo a pies juntillas, entonces yo soy más rico que toda la familia Rothschild junta.

Y lo soy por partida doble, por el ingente número de ellos (mis amigos) y por la altísima calidad humana de los mismos.

Un grupo de los citados nos reunimos semanalmente en una tertulia denominada Viva D. José, en la cafetería Oxford, sita en la calle San Francisco, y cuyo acto fundacional se pierde ya en la noche de los tiempos. Es una tertulia en la que rendimos culto a la amistad, honramos a la libertad de expresión y al disentimiento vehemente pero respetuoso.  Arreglamos el mundo con facilidad (la armonización territorial nos lleva escasamente diez minutos), todo con apasionamiento  y alto volumen, que se quedan a la puerta de la cafetería en el momento de la despedida, porque nos queremos mucho. Tan es así que aunque todos somos ya ancianos venerables, e incluso algunos estamos inmersos en una brillante decrepitud, no queremos descolgarnos de los avances tecnológicos, y, cual si fuésemos miembros de una AMPA cualquiera, tenemos un grupo de whatsapp en el que cada vez que algún miembro de la tertulia publica o expone algo, todos los demás lo felicitamos efusivamente con elogios sin límites.

Además en esta tertulia hay escritores, humoristas gráficos, pintores, fotógrafos, finos analistas políticos, exigentes críticos artísticos, musicólogos aficionados y todo tipo de diletantes que saben navegar entre la provocación, el respeto y el raciocinio.

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Uno de los fundadores de la tertulia es José Manuel Vilabella Guardiola, contrastado erudito, escritor, gastrólogo (sic), grabador y coleccionista de todo tipo de cacharros inútiles, entre otras muchas habilidades. A su amplísimo curriculum pueden ustedes aproximarse a través de este enlace.

Vilabella podría haber sido un humanista en la Florencia renacentista, próximo a Bocaccio, un acomodado hacendado en la Cuba colonial, quizás contertulio de Morazán, un erudito diputado de la Asamblea Nacional de la Francia enciclopedista, compañero de bancada de Voltaire, o un dandy en la City londinense, por supuesto amigo de Oscar Wilde. Es decir, siempre heterodoxo, provocador y vehemente.

Pero no, Vilabella eligió ser un gallego, que con eso toda descripción está hecha, y habita  la patria del hedonismo y tiene por única bandera la amistad, compartiendo su erudición, ingenio y vehemencia con sus amigos, porque Vilabella es siempre generoso amigo de sus amigos y sobre todo un hombre bueno, en el sentido machadiano del término.

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Y así como es, así escribe. A borbotones, con vehemencia y un punto, o muchos puntos suspensivos, de provocación.

Pero ojo, amigo lector, Vilabella presume, y doy fe de que lo hace con toda razón, de que nunca miente,…excepto cuando escribe, que lo hace pero poco, solo alguna vez, adoptando personalidades múltiples, o literaturalizando (sic) algún sucedido, de modo que si no e vero e ben trovato. En esta reciente publicación a la que quiero referirme, Memorias de un gastrónomo incompetente, estoy seguro que, por la esencia misma de la obra, tales licencias poéticas están reducidas al mínimo.

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El libro es de muy fácil lectura, te atrapa desde la primera página, y la escritura fluye con gran facilidad. Está trufado (seguro que el gastrónomo prefiere este adjetivo a los de plagado, lleno u otros sinónimo), digo que está trufado de divertidas anécdotas, descripciones de personajes y datos de la evolución de las distintas épocas de la gastronomía  en España y de su bibliografía, aspecto este que el autor conoce muy bien por ser un hombre muy culto y un gran bibliófilo.

El estilo es, y no podía ser de otra manera, como el propio autor, muy provocador, y ecléctico. Se mezcla la autobiografía, la revisión histórica, lo periodístico y los relatos cortos, a modo de interpolaciones, lo que hace que el esquema y el ritmo sean muy heterodoxos, y por tanto las clásicas unidad de acción, tiempo y espacio salten por los aires, pero eso sí, con galanura e ingenio, coqueteando con la inteligencia del lector (recuerdan aquella revista que se llamaba La Codorniz?).

La cuidada composición  de Ediciones Trea, muy elegante en su sobriedad, se culmina con una cubierta ilustrada por una caricatura de Modesto Glez. Sanz, Nestor, también miembro de la tertulia, y del que otro día tenemos que hablar.

Como diría el autor, corran, vayan, compren el libro y léanlo. No se arrepentirán, se divertirán y aprenderán mucho de una parte no baladí de la historia social de nuestro país. Dulce et utile, dicen que dijo Horacio.

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2 comentarios para “Ex libris (V): Rico en amigos”

  1. Antonio Blanco diciembre 14, 2019 a 11:15 am #

    Hermosa entrada. Vilabella tiene que estar muy orgulloso de su nueva obra, pero también de la tertulia y de compañeros como tú, que traéis con acierto el espíritu humanista a nuestros días.

    • libreoyente diciembre 14, 2019 a 11:22 am #

      Gracias, amigo. Yo estoy orgulloso de amigos como tú que desarrolláis tan impresionantes tareas por nuestros semejantes. Enhorabuena por ellas.

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