Archivo | noviembre, 2019

Cosas veredes…: Trinidad Formoso

3 Nov

 

En estos confusos tiempos que la modernidad denomina líquidos y que los antiguos denominábamos de cuentos chinos, cuando los curatores (horrible anglicismo que el DRAE no contempla) organizan tantas exposiciones de discutible contenido, únicamente a mayor gloria de ellos mismos, y cuando un artista vale únicamente lo que los marchantes dictan que vale, es difícil encontrar una exposición más sincera y más honrada, aparte de su alto contenido estético, que la de Trinidad Formoso, titulada Luces de la Memoria, y que hemos podido contemplar en la Sala de Exposiciones del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo este pasado octubre.

Desde el aspecto del análisis estilístico no osaré a añadir nada a los precisos comentarios de Dña. Julia Barroso Villar, y únicamente pretendo enfatizar algunos aspectos, tanto personales como artísticos de la autora, que considero reseñables.

En primer lugar quisiera incidir, también lo hace la Sra. Barroso, en la discreción de Trinidad Formoso. Para quien no la conozca personalmente, sirva la circunstancia, extraordinariamente infrecuente en nuestros días, de que si se pretende rastrear su biografía en internet y sus redes sociales, no se encontrará un solo dato.

Otro aspecto que avala tal aseveración es el hecho de que siendo Trinidad Formoso una persona de amplísimo bagaje cultural, como lo demuestra la sabia conjunción en  la estructuración de su exposición de la plástica, la historia y literatura, concretamente poesía, y la música, a la hora de abrir su muestra, en vez de hacerlo con una sentencia poética propia, que modestamente coloca en el interior de la misma, deja tal lugar a Chillida, sin duda uno de sus referentes de inspiración.

 

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Centrándonos ya en su exposición, lo que más positivamente me impresionó fue su musicalidad.

La estructura física a la que antes aludíamos es en si misma un elemento discursivo, al modo que lo puede ser la estructuración del programa de un concierto sinfónico. Y en esa expresividad combina de un modo rítmico estructuras (series, binomios, etc), colores y formatos, componiendo así aspectos melódicos. Estoy seguro que ya la disposición de sus obras podían trasponerse a notas musicales.

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Esa tensión dialogada entre la propuesta expresiva de la autora y la percepción reflexiva del espectador acaba construyendo la melodía artística que colma nuestro espíritu. Es una tensión serena, fruto de un trabajo discreto y silencioso como decíamos antes, pero continuado, buscando la evolución por nuevos caminos, aparentemente sencillo pero con complejas estructuras internas, cual si de melodía mozartiana se tratase.

En cuanto a la técnica, como ya el título de la exposición nos anticipa, utiliza el collage, ese modo que nos conduce a las denominadas vanguardias históricas y a figuras como Picasso, Braque, Juan Gris e incluso Tápies, entre otros muchos, y que tanto significado tuvo con el cubismo, y por tanto con sus concomitancias entre plástica y música.

Al respecto, en esa búsqueda investigadora y evolutiva, inexcusable en todo buen artista, Trinidad incluye en este caso de modo sutil nuevos material como paja, telas, arena, y textos, variados textos, literarios y musicales, que sirven para poner en foco el sedimento intelectual de tiempos anteriores, es decir, para iluminar con la memoria, como también el título de la exposición manifiesta.

También introduce como un nuevo, al menos para mí, elemento estructural las series, en ocasiones de forma muy explícita, como la mostrada más arriba con la cita de Chillida o con sus Arnolfinis siglo XXI, por cierto la única obra con cartela con título, como si en las demás las quisiera dejar abiertas a esa tensión dialogada a la que hace alusión en su poética frase.

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En otras ocasiones la serialidad es más sutil, como en un breve pianissimo, referida únicamente a los colores,  tamaños o a algunas formas y materiales. En cualquier caso, nunca será un serialismo atonal schomberiano, sino siempre muy melódico, eso sí con modulaciones debussynianas. 

Tengo la certeza de que un retazo de partitura, lo mismo que otros textos, que aparece en el fondo de una de las obras (lamento no tener esa fotografía), y que corresponde a un allegro, a ritmo de cuatro por cuatro, no está escogido al azar, sino que corresponde a toda una declaración de intenciones.

En cualquier caso, profundo agradecimiento a la autora por el regalo que nos brinda, y que nos permite un disfrute sosegado y muchos motivos de reflexión, aspectos ambos de los que hoy en día estamos tan necesitados. Sin duda habrá que continuar siguiendo su evolución, que a buen seguro que no acaba aquí.

 

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