Archivo | octubre, 2019

La casa y el árbol

20 Oct

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Tengo un muy querido amigo, miembro de una familia extensa y con gran cantidad de amigos que le queremos sinceramente, que tiene por costumbre desde hace bastantes años, celebrar una fiesta en su casa rural, donde, entre otros valores, se mezclan la alegría del encuentro, la unión de familia y amigos y el homenaje a esta madre tierra nuestra, que tanto nos regala y a la que tan injustamente tratamos.

Pues bien, este año mi amigo me hizo el honor de solicitar que leyera unas breves líneas a modo de introducción de los actos que allí se celebran. Si a alguien pudieran interesar dichas líneas sería únicamente a los asistentes de la tierra, pero en homenaje a los organizadores de la fiesta así como a los valores por ellos manifestados, expongo dichas líneas. Evidentemente, por razones de preservar la intimidad evito los nombres propios, que sustituyo por asteriscos.

Ahí van las citadas líneas:

Hace ya unos cuantos años que tengo el honor y el gusto (y nunca mejor empleado el término) de acudir como invitado a esta estupenda fiesta de homenaje a la tierra y a todo lo que ella significa y nos da; y fiesta también de exaltación de la amistad.

Pues bien, en esta ocasión el honor es doble (o triple) puesto que la Organización me asigna la ennoblecedora tarea de ser el autor del pregón.

Más, esto significa también una importante responsabilidad, que va acorde con la prestancia de la asistencia. Responsabilidad que viene incrementada por el hecho de ser sabedor, tras investigar en antiguos legajos que constituyen los archivos de la Organización, de que esto es un hecho excepcional, puesto que hasta este año tal honor correspondía a alguno los miembros de la familia.

Pero, ay!, la Organización es tan buena, tan buena, que como le iba a poder negar nada!.

Así que acogiéndome de antemano más a su generosa benevolencia que a mis capacidades, con gusto (y otra vez el gusto) asumo la tarea de, y cito textualmente las siempre sabias palabras de la Organización,  pergeñar una “EVOCACIÓN personal, bajo el título “La FIESTA DE LA TIERRA en la Casa de la *** más allá de la familia”.

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Y efectivamente, cuando uno acude por primera vez a esta fiesta, sabedor de que se trata de una celebración tradicional de una familia extensa, teme encontrar un grupo ya aglutinado, con complicidades y códigos propios, y le pudiera surgir el temor no estar atinado en el encaje con el grupo.

Pero si así fuere es que el novicio ignora u olvida que lo que se va a encontrar es ni más ni menos que a la familia *** y a la Casa de ***.

Cuando uno llega a La Casa de *** la primera impresión es de un gran acogimiento. Como si la propia Casa le dispensara un grande y cálido abrazo. Se siente la Casa como lo que es, como un ente vivo, capaz de expresar sentimientos. Un acogimiento que es sincero y generoso, y que hunde sus raíces en la amistad, y que a través de esas raíces y su diversificación adquiere vida y fuerza desde muchos más sitios, pues la pluralidad es vida.

Más esas raíces no nacieron solas ni por generación espontánea, que hace ya tiempo que tales teorías quedaron obsoletas ante las evidencias de la ciencia. Esas raíces necesitaron una tierra  propicia y unos bondadosos y eficientes sembradores que añadiera la semilla oportuna.

Así el acogimiento y el generoso compartir, con la ayuda del paso del tiempo, un tiempo vivido con paciencia y con sosiego, fue conformando un tronco robusto, capaz de resistir vientos y sequías.

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A ese sólido tronco, como al árbol de Alberto Cortez, le brotaron muchas ramas, capaces de amparar descansos y recuerdos, y capaces también de dar frutos que son recogidos y cuidados con esmero, para que puedan ser repartidos solidaria y gratuitamente a otras generaciones, que se alimentan de ellos y luego con sus semillas puedan plantar nuevos árboles.

Así en estos tiempos de prisas y de comunicación rápida e excesivamente impulsiva a través de cacharros electrónicos en los que ni vemos el gesto ni oímos el tono de voz de nuestro interlocutor, al que no podemos estrechar la mano, el sólido tronco permanece aparentemente quieto, mientras que las semillas de sus frutos, acogimiento, amistad, fraternidad, alegría, sosiego, diálogo, así como el cuidado de la tierra que es la que da vida al árbol, todo esto se renueva, multiplica y extiende, en un proceso de trascendencia inacabable.

Cuentan que en los anocheceres de otoño, cuando la naturaleza nos regala una sinfonía de colores maduros y serenos, se siente una leve brisa con la que se producen sonidos en las ramas y en la hojas del árbol. Es su diálogo con la Casa, en el que, también como en la canción de Cortez, comparten recuerdos sobre la tierra en la que están plantados, aparentemente quietos, y sobre aquellos sembradores que a través de generaciones cuidaron esa tierra y los pusieron allí. Se lo agradecen y se sienten seguros de que, a pesar de las incertidumbres inherentes a la vida, nuevos sembradores seguirán viniendo a cuidarlos.

Y ellos, la Casa los acogerá, y el árbol y la tierra les darán los frutos necesarios para que puedan seguir compartiendo  la fiesta con alegría.

Así pues, rindámosle tributo de gratitud a la tierra, a la Casa y a la Vida, siguiendo lo programado por la Organización.

 

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Cincuenta años no es nada.

12 Oct

Aprovechando el tango de Gardel y Le Pera, y/o el álbum de Victor Manuel.

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Facultad de Medicina.- Universidad de Oviedo

El caso es que tal día como hoy pero hace 50 años, como recoge el diario La Nueva España de la época, …trescientos, entre chicos y chicas, muy jóvenes, con muchas patillas, muchos pantalones, y mucha expectación, divididos en tres grupos…, asisten a la primera clase, por cierto de inglés, e impartida por D. Francisco F. Mori, con la que se inauguraba la etapa contemporánea de una nueva Facultad de Medicina.

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A pesar del título de la presente entrada, cincuenta años son toda una vida, es más, una larga vida. Es un plazo que ya permite echar la vista atrás y contemplar la trayectoria de la institución y de todos nosotros, que formamos parte de ella.

¡Echar la vista atrás!. Interesante cuestión, en ocasiones difícil o triste, en ocasiones nostálgica, en ocasiones alegre. En todo caso, echar la vista atrás debería hacerse sin resentimientos ni culpabilidades, sin pasar inútiles facturas, y siempre para enmarcar un presente que proyecte el futuro. Es un mirar por el retrovisor para reconocer lo andado y que eso nos permita hacer mejor el trecho aún por andar.

De aquella Primera Promoción que comenzara su andadura, y de la que de los trescientos aludidos por La Nueva España sobrevivimos  (académicamente hablando, se entiende) unos ciento y pocos, todos sus componentes guardamos muy gratos recuerdos. Tan es así que desde entonces nos reunimos con una periodicidad no superior al bienio, e incluso algunos grupos lo hacemos una vez al mes en cena y culto a la amistad. En nuestras reuniones lo hacemos desde esa amistad citada en la que no hay nadie que tenga reparos a sentarse al lado de nadie; desde el respeto absoluto a la diversidad de ideas y opiniones, al punto de que hasta los más declarados y practicantes ateos acuden a la misa oficiada por D. Benjamin Morán, en recuerdo de los ausentes (desgraciadamente más de los que todos quisiéramos), y participan con la alegría y el respeto que da el compañerismo.

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Los comienzos de cualquier nuevo proyecto siempre son cuando menos inquietantes, y muchas veces dificultosos. Pero los que peinan canas y los que ya no peinamos nada sabemos que en la vida las dificultades unen. Así nos pasó a nosotros, y por ello guardamos gran recuerdo de todos aquellos profesores que de un modo generoso y totalmente desinteresado pusieron todas sus fuerzas en transmitirnos sus conocimientos y experiencia. Una mención muy especial debe ser hecha de D. Antonio Pérez Casas, primer Decano y auténtico padre de la Facultad, que venciendo dificultades sin cuento se empeñó en llevar esa nave a buen puerto, y al que probablemente Asturias no le haya reconocido en su totalidad las repercusiones positivas de todo tipo que le Facultad le reporta.

 

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D. Antonio Pérez Casas

 

Pasaron 50 años, es decir 44 años de ejercicio profesional (a mí me gusta decir de oficio) para los que aún seguimos en ello. Muchas cosas sedimentaron, queda el agradecimiento que es de bien nacidos, queda la amistad, que dicen que es, con la libertad, el mayor tesoro del ser humano. Y de lo profesional, qué queda?. Qué acabamos aprendiendo?.

 

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Hipócrates de Cos (Museo Pushkin)

A nuestra generación nos tocó presenciar cambios en el mundo que sin miedo a caer en hipérbole podríamos calificar de inconmensurables. Lo mismo ocurrió en las ciencias y en concreto en la Medicina. Siempre que a los compañeros más jóvenes les cuento que en la época en que yo cursé mi especialidad, no existían las ecografías, al menos de forma rutinaria, salvo un débil comienzo en el ámbito ginecológico, y  no digamos nada de la no existencia del TAC o la Resonancia, por poner algunos ejemplos hoy muy cotidianos, me miran con cara si no de incredulidad sí de gran asombro. Podríamos seguir poniendo ejemplos en el ámbito de la Oncología, Cardiología, Cirugía, Radiología Intervencionista, etc., etc., etc., pero este no es el caso.

Bendita tecnología, y gracias le sean dadas!. Probablemente sin ella yo no estaría hoy aquí para escribir estas líneas. Pero eso es todo?. No soy nadie para dar consejos, y menos lecciones a nadie, pero sí algo aprendí en estos años es que cuando tenemos a alguien al otro lado de la mesa del despacho, en la camilla o en la mesa de quirófano, no tenemos un hígado o unas coronarias o una próstata, y mucho menos tenemos un caso difícil a descifrar. Tenemos un ser humano con nombres y apellido, con familia y amigos, que sufre, y que ese sufrimiento también se extiendo a esa familia y amigos. Tenemos un paciente, porque padece.

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Ciencia y caridad.- Picasso (1898).- Museo Picasso, Barcelona

Expertos reconocidos que, por supuesto, saben mucho más que yo, aseguran que para la realización de un buen diagnostico el 70 % se debe a la historia clínica, el 20 % a la exploración física y el 10 % a las exploraciones complementarias (análisis, imágenes, biopsias, etc.). Podemos discutir las cifras, pero creo que no variarían mucho las proporciones. Y en todo caso, que es la historia clínica más que el dialogar con el paciente?. Es escuchar, es explicar. Y que es la exploración física más que el contacto de nuestros sentidos con la carnalidad del paciente?.

En resumen, es el encuentro de un ser humano que padece con otro ser humano que se pone a su servicio en disposición de ayuda, dispuesto a com-padecer. En ocasiones podremos curarle (bendita tecnología) o no, en otras ocasiones podremos aliviarle (bendita tecnología) o no, pero lo que siempre, siempre, podemos y debemos de hacer es consolarle. Desde la sinceridad, desde la verdad, desde la igualdad, y me atrevería a decir que desde la misericordia.

Esto comencé a aprender hace hoy 50 años, y por ello quiero dar gracias a Dios, a la Vida, y a todas las personas (familia, maestros, condiscípulos) que me acompañaron, estimularon y ayudaron en este maravilloso camino. Pero sobre todo, sea mi agradecimiento para los pacientes. Ellos me enseñaron siempre las más importantes lecciones, y todos, aquellos con los que a pesar de nuestra mejor voluntad y total honradez nos equivocamos por lo que sufrieron mayor o menor quebranto, y también aquellos a los que pudimos aliviar sus sufrimientos o incluso salvar la vida, de forma silenciosa, todos permanecerán indeleblemente en nuestro recuerdo.

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P.D.: Con motivo del XXV Aniversario de la finalización de carrera de la Primera Promoción, a la que me honro en pertenecer, editamos un pequeño libro titulado Memoria de una Promoción (1969 – 1975), coordinado por Ángel Álvarez Arenal, y con un rico anecdotario aportado fundamentalmente por José Luis Martín Benito.

Al comienzo de dicha publicación existe un amplio capítulo titulado La implantación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo (Notas para su historia), obra del  Dr. Víctor Álvarez Antuña, Profesor Titular de Historia de la Medicina, y que formaba parte de un más amplio Proyecto de Investigación del MEC. Quien quiera conocer la historia de esta Facultad y su nacimiento, del que hoy se cumplen cincuenta años, encontrará en ese trabajo respuesta a sus inquietudes, dado el rigor y precisión de su autor.

 

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La Primera Promoción en una de sus reuniones.