Archivo | julio, 2019

Plá(s)ticas I: Rhapsody in blue

9 Jul

Mucho se ha hablado, se habla y se hablará de las sinestesias, sobre todo entre colores y sonidos. No tenemos más que ver las relaciones descritas de la obra de Kandinsky y la música, o entre las creaciones de Scriabin y los colores. Una vez más la extraordinaria programación de la Fundación Juan March nos ofrecía hace dos años el ciclo Sinestesias. Escuchar los colores, ver la música, y del que podemos disfrutar en su página web.

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Pero no creo que esto es lo que sucediera a George Gershwin con su celebérrima obra que da título a esta entrada, al menos hasta donde yo sé.

Así pues el título no es más que un mero pretexto para hablar sobre dos pintores y sus respectivas obras en las que predomina el color azul, pero con un estilo ciertamente distinto, lo que para mi supone un bonito diálogo contrapuntístico.

En primer lugar me referiré a Paisaje vertical (2018), técnica mixta de 78 x 40 cms, de Díaz-Faes.

Alfredo Díaz-Faes Rojo (Oviedo, 1960) fue un artista autodidacta, hasta que en 1990 comienza a acudir al Taller Experimental de Humberto. Curiosamente con un trabajo profesional que, aparentemente, poco tiene que ver con las manifestaciones artística.

Posee un amplio currículo con once exposiciones individuales, que comienza en 1996 en la Galería Altamira de Gijón, hasta la más reciente de la Galería Amaga, de Avilés, incluyendo la Galería Orfila,  de Madrid. A esto se añade su presencia en diez exposiciones colectivas y treinta y dos certámenes.

De esta generosa siembra obtiene la cosecha de un Primer Premio, en el I Certamen de Pintura Casto, un Segundo Premio,en el II Certamen Cultural de la Fundación Asturias, y una Mención Honorífica el el I Concurso de Arte Joven de Asturias, así como la presencia de su obra en las colecciones de la Universidad de Oviedo y de la Fundación Asturias. Y lo que queda por venir.

Jaime Luis Martín califica su obra de enorme honestidad, y destaca su experimentación con la fibra de vidrio, material que domina. De la referida reciente exposición en la Sala Amaga, a la que pertenece la obra reseñada en este escrito, destaca su fuerza y pliegues (espesuras, densidades, destellos, deslumbramientos lumínicos), respecto sus puzzles de colores de épocas anteriores. Azules, verdes y marrones en un cromatismo sugerente e insinuante, a veces intempestivo y en ocasiones, sosegado y silencioso. (1)

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Para Ana María Fernández García, el artista domina como pocos las posibilidades de la fibra de vidrio, aplicada con delicadeza y gran pericia técnica, en obras que sonsacan su infinita riqueza de matices y posibilidades visuales. (2)

Aunque ya lo había apuntado en la referenciada exposición de la Galería Orfila de 2016, en esta última de la Sala Amaga Díaz-Faes cambia de paleta de colores y materiales y sobre todo de visión de formas, pasando de aquellos geometrísmos en fibra pura y cuadrículas que para Jaime Luis Martín eran puzzles de colores que tanto recordaban a Paul Klee, y que llegaron a ser seña de identidad del autor.

En la actualidad las formas se disuelven y vuelven a converger, pero de manera totalmente abstracta, en ocasiones evanescentes, en ocasiones contundentes, como oníricas o emergiendo de espacios profundos. En la paleta predominan los azules, y verdes, pero sin renunciar a ocres y rojos. Y siempre muy sugerentes para la ensoñación.

En el Paisaje vertical que nos ocupa, continuando con esa abstracción barroca que J.L. Martín le atribuye, del fondo surge un magma emergente azul, con tonalidades verdosas, que le dan cierto aire acuático, como si previniera de unas profundidades donde se guardase el arcano vital.

Dicho magma parece diluirse en dos espacios de azules más suaves, que dialogan a través de la fantasía, como si un día de otoño la niebla quisiera levantarse de nuestros valles para dejar paso a la plenitud del día.

Ese diálogo está interrumpido por el impacto, quizás la plenitud citada?, por un gran espacio de un azul intenso, que en un principio atrapa la visión del espectador, y que está presente también en otras de sus obras.

Diálogo de fuerzas emergentes y fuerzas evanescentes, de conjunción y de impacto dominante, paisaje que puede ser también la diversidad de fuerzas y situaciones que nos brinda la vida.

Me gusta contemplar esta obra escuchando El mar, de Debussy, con su definitivamente rompedor y romántico impresionismo.

De la otra autora, Trinidad Formoso, la obra, Sin título, es un collage, de 28 x 28. Un primer dato contrastante, el tamaño, pero sobre todo en este caso las formas fundamentalmente geométricas, con énfasis en las tres lineas rectas, dos de ellas, más anchas, verticales, paralelas y la otra oblicua, que se cruza en la parte central, atrayendo la mirada del espectador, y dándole una idea de racionalidad y geometría, incluso agobiante, como si quisiera impedirnos llegar más allá , y por supuesto fuera de toda evanescencia.

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Sin embargo, otra figura oblicua, ocre verdosa, de formas ondulantes, atrae también nuestra visión, nos invita a traspasar esa especie de enrejado,  y ver que sí hay ese más allá.

En el fondo, dándole un sentido de profundidad, el azul predominante, así como sus límites en blanco, tienen también bordes ondulantes, sugerentes de espacio amplio, de mar y cielo, que junto con la columna suavemente ocre, también de bordes curvilíneos , adyacente a las citadas rectas, le aportan un guiño de sensualidad ma non troppo, que también dialoga con la geométrica racionalidad antes señalada.

En el ángulo inferior derecho, un pequeño punto de luz, como de comienzo de amanecer, con lo que todo comienzo conlleva de esperanza, ilumina un difuminado verdoso, que más suavemente se proyecta en el lateral izquierdo del cuadro, acariciando la contundencia de una de las verticales azules.

Así, lo que en un primer impacto nos parecía un esquematismo excesivamente racionalista, cuando dejamos que el cuadro hable más, nos muestra un tempo andante de, quizás, un bonito cuarteto de cuerda (ordenada geometría, profundidad, equilibrio de colores y sensualidad, que le da el diálogo de rectas y moderadas curvas).

Me gusta contemplar esta obra escuchando el Cuarteto en do mayor, op. 76. No. 3, de Haydn, con especial atención a las conocidas variaciones de su segundo tiempo.

(1) Martín, Juan Luis: Tocar la fibra. Catálogo de exposición. Sala Amaga, Avilés (2018)

(2) Fernández García, Ana María: Sinceridad plástica poseída de color. Catálogo de exposición. Sala Orfila, Madrid (2016)

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