Archivo | junio, 2019

Contra la ira, templanza.

24 Jun

Se estrena una nueva Corporación Municipal en mi ciudad.

En ella no estará, por decisión propia, Mercedes González, que fue Concejala de Educación de Oviedo por el grupo Somos, y que unos meses antes de las elecciones afirmaba que dejaba la política, decepcionada y por motivos de salud que exponía con gran sinceridad y valentía.

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Son estos tiempos de desafección de la ciudadanía por la política y por los políticos, cansada aquella del papelón (sic) de una gran mayoría de estos últimos, con sus discursos llenos de palabras tópicas y huecas, de discursos repetitivos y sin contenido, cuando no groseros, de luchas con el enemigo, que no adversario, por la consecución del poder a costa de lo que sea.

Demasiados políticos se olvidan, por mucho que con la boca pequeña lo declaren, de las necesidades e intereses de esa ciudadanía, que paga sus escandalosos sueldos y otras prebendas. Esta ciudadanía siente hartazgo de negocios turbios y corrupciones sin límites, de cortedad intelectual que se trata de disfrazar con currículos amañados o directamente falsos, o con mentiras que se proclaman sin el más mínimo sonrojo.

En tiempos de todo esto y más, que justifica la citada desafección, personas del talante, la honradez, la generosidad, la coherencia y la dedicación sincera de Mercedes González significan, sin duda, un resquicio a la esperanza. No cabe duda que alguna exigua minoría más existirá con esas características, pues hasta en Sodoma y Gomorra acabaron encontrándose diez justos, pero tampoco me cabe ninguna duda que son casos excepcionales hasta la anécdota.

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Por todo lo anterior, hace pocos días un grupo de amigos quisimos reunirnos en torno a ella para testimoniarle nuestra admiración y respeto hacia su persona, y también hacia su legado en favor de nuestra ciudad y nuestros convecinos. Con personas así, poco importa con que siglas se presenten.

Solo desearía que su obra, entre la que,  a bote pronto y a modo de pequeño ejemplo, recuerdo la mejoría en becas y ayudas, la Universidad Popular, la Escuela de Salud, ese despacho siempre abierto como espacio de escucha y diálogo sin límites, sea mantenida como un punto de partida para seguir progresando, y no se caiga en la tentación de eliminarla solo por rivalidades estériles y poco comprensibles. Craso error cometerían a la vista de los ciudadanos quienes lo hicieran.

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Sinergias, un imposible?

19 Jun

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Tras el obligado parón sanitario, mi reincorporación a la bendita rutina diaria fue, como no podía ser de otra manera, a través de la música.

La primera vez que salí de casa sería con motivo del concierto que en el magnífico ciclo del Auditorio nos brindaron Gautier Capuçon al violonchelo y Gabriela Montero al piano.

La hondura con que interpretaron a Schumann, Mendelssohn y Rachmaninov, así como las dos propinas de este mismo autor, significaron un fantástico viaje de introspección, que nos pusieron en contacto con lo más radical de nuestras emociones, para luego elevarnos a niveles de trascendencia y gozo.

Posteriormente seguirían los conciertos de Nicolas Altstaedt al frente de la Oviedo Filarmonía, o los de nuestra Sinfónica del Principado (OSPA) con su director titular Rossen Milanov, o Hans Graf, como director invitado, y los pianistas Leon McCawley o Alexander Gavryliuk.

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Dijo alguien, no recuerdo quien, algo así como que el arte es lo que convierte a la mera subsistencia en vida real. La música nos enseña muchísimas cosas. En este caso, cuando dos artistas geniales, como los citados al principio, a los que anteriormente habíamos conocido como solistas, se unen en una noble tarea común, la grandiosidad de ambos se multiplica y su efecto supera límites increíbles de belleza y eficacia. No digamos nada si este milagro concertante ocurre entre un solista y una orquesta sinfónica.

Entonces, por qué no aprendemos?. Por qué no concertamos nuestros esfuerzos para colaborar a que sea un poco mejor (más bella) la vida de todos?. Por qué nos empeñamos en interpretar la partitura cada uno a nuestro aire, sin escuchar ni colaborar con los otros, con lo que solo conseguimos desconcierto y algarabía?.

Aprenderemos?. Quiero creer y tener la esperanza que sí, y, en la medida de lo posible, en esa partitura común quiero poner mis esfuerzos.

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