No hay mal que por bien no venga.

29 May

 

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Con la autorización del autor. Publicada en El Comercio.

 

Hoy ya se puede hablar del cáncer sin eufemismos (una larga enfermedad, etc.), a sabiendas que nos enfrentamos a algo que, si bien es más frecuente de lo que todos desearíamos, podemos considerarla una enfermedad crónica más, no distinta de muchas que a priori suponemos más benignas, y que la evidencia de los datos nos señala que ya tiene una tasa curación que va en aumento, y superior a la de no curación.

Pues bien, tal situación me llevó al HUCA, esta vez en calidad de paciente. Y dentro de los muchos regalos que al respecto la vida me hizo en forma de motivos de reflexión sobre tal circunstancia, sería un mal nacido si no mostrase mi agradecimiento al S. de Urología de dicho Centro, muy especialmente al Dr. Miguel Hevia y al Dr. Glez. Huerto, no solo por su alta capacitación técnica, sino también por su amabilidad y afecto en el trato, lo que demuestra su también alta categoría humana.

Imposible olvidarme del buen hacer, dedicación y cariño de todo el personal que, de un modo u otro, me atendió en la Planta y en S. de Reanimación (enfermera/os, auxiliares de enfermería, limpiadoras, celadora/es).

Estas son las caras que ví directamente, pero no ignoro que para que todo el engranaje funcione correctamente son también necesarias otras personas que de forma no visible y silenciosa cumplen su trabajo. Me refiero a personal de quirófano (anestesistas, enfermera/os, etc), personal de servicios centrales (laboratorios, radiología), administración, etc., etc., etc.

Para todo/as ello/as mi agradecimiento, admiración y cariño sempiternos.

Tenemos un gran sistema sanitario. Ese es un regalo que la vida nos da de forma gratuita no por nuestros méritos o por ser unos elegidos, sino por la azarosa fortuna de haber nacido es Asturias. Pero en este mundo complejo y cambiante que nos ha tocado vivir las cosas tienen un precio, incluso habitualmente cuanto más alto valor, más alto precio. Es así que en medios de las turbulencias y las crisis los sistemas sanitarios corren altos riesgos.

Sepamos apreciar en todo su valor las virtudes de nuestro sistema sanitario. Cuidémoslo como algo nuestro que es, y roguemos porque los gestores encargados de conducirlo acierten en las difíciles decisiones que, sin duda a menudo, tienen que tomar para conseguir el bien común.

Como última reflexión, no es malo que los sanitarios en algún momento pasemos por un trance similar, para ver la vida desde el otro lado. Por supuesto deseando que el final sea feliz, pero que nos permita experimentar en carne propia las sensaciones, habitualmente angustiosas, de la persona enferma, y así la comprendamos mejor y nuestra ayuda pueda ser, además de técnica, cercana y humana.

 

 

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