Archivo | febrero, 2019

Desidia cívica e institucional.

22 Feb

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Las sociedades que avanzan y son capaces de repartir el bienestar entre todos sus miembros, suelen tener algunas características  diferenciales, como pueden ser sentido del comportamiento ético, respeto a las normas y la justicia, incluida la social, capacidad de esfuerzo y laboriosidad, admiración e imitación por aquellos de sus miembros que sobresalen en la tarea común, y otras muchas que podríamos ir añadiendo.

De todas ellas querría hoy referirme a una en concreto: la investigación.

Esas sociedades a las que nos referíamos al comienzo realizan grandes esfuerzos dedicando importantes cantidades de recursos humanos y materiales a dicha tarea investigadora que, sin duda, no solo les hace estar en la vanguardia y por tanto tener un importante peso específico en el panorama global, sino que revierte en una serie de beneficios tangibles (p.ej: patentes, generación de empleo) e intangibles (prestigio, bienestar) para los miembros de su comunidad.

Desgraciadamente esto es algo a lo que, en general y salvo muy honrosas excepciones, no parece concedérsele gran importancia en nuestro país. Así tenemos que contemplar continuos recortes económicos en la materia, niveles más que injustos de inestabilidad y precariedad laboral de los investigadores, que hace que gran parte de nuestros más valiosos talentos jóvenes se tengan que ir y, afortunadamente para ellos, triunfar en otros países, después de haberles costeado un más que costosa formación, etc.

En fin, que desgraciadamente seguimos haciendo buena aquella lapidaria sentencia que D. Miguel de Unamuno pronunció allá por el año 1906, no cabe duda que con macabra ironía: Qué inventen ellos!. Tan es así que según los datos del año 2016, España ocupa el puesto 31 de la clasificación en inversión en I+D según el porcentaje del PIB, y que es del 1,22 %, y lo que es más grave, no solo sin aumenta sino incluso disminuyendo a valores de 2015.

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Pues bien, por las razones que sean, seguramente múltiples y alguna por azar, Asturias tuvo la fortuna de que en 1987 se incorporase al Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo una persona de la categoría humana y científica de D. Carlos López Otín, de cuya área es Catedrático desde 1993. El Profesor López Otín, en un tiempo relativamente breve, alcanzó las más altas cotas de la investigación a nivel mundial, y con él, su equipo y su Departamento.

Más, hete aquí que de pronto (?) alguien o “alguienes” (sic) se ponen a revisar con lupa sus trabajos del pasado y encuentran una serie de ellos con algunos defectos formales. Entonces de forma anónima, lo que ya demuestra el jaez de estos “alguienes”, lo comunican a la revista donde fueron publicados, que obliga a los autores a retirar dichos artículos, sin darles derecho de réplica o corrección.

De nada vale que un numeroso elenco de prestigiosos científicos, o incluso la Presidenta del Centro Superior de Investigaciones Científicas salgan en defensa de su alto valor científico, así como de la validez y reproducibilidad de las conclusiones de los trabajos obligados a retirar. De nada vale tampoco que la revista Nature (alguien va a dudar de su calidad científica?) le haya concedido el premio Nature Awards for Mentoring in Science, distinguiéndolo como mentor sobresaliente. El inquisitorial daño ya está hecho, y lo que es más duro aún, también a nivel personal.

Por mi parte no soy quien, no tengo la capacidad para ello,  para valorar la validez científica de las razones expuestas por la revista que obligó a retirar estos artículos, ni de la pertinencia de los argumentos en contra o a favor de de las conclusiones de dichos trabajos.

Mucho menos soy quien para hablar sobre su persona, a quien no tengo el honor de conocer. Pero a este respecto sí puedo decir con rotundidad que cuantas personas que conozco y me ofrecen credibilidad, que tienen la fortuna de estar de alguna manera próximas a su círculo, con absoluta unanimidad expresan su admiración por su ética personal, su entrega al trabajo, su generosidad y desinterés y su preocupación por su gente. Por todo ello, también con rotundidad me uno a las siempre acertadas palabras de Dña, Pilar Rubiera cuando manifiesta que López Otín nos hace mejores.

Pero, como ciudadano, más allá de todas las manifestaciones personales que en los medios de comunicación salieron en su defensa, en esta maloliente situación (no olvidemos la denuncia anónima) quedan en entredicho la Universidad de Oviedo y lo que quizás sea de mas calado, la investigación en si misma. Si estás son las armas y la calaña que pueden circular en este campo, aquí sí es donde se hace necesaria la máxima transparencia. Es por ello por lo que si las instituciones afectadas no se deciden a realizar una investigación formal e independiente de lo sucedido y con esos datos se posicionan oficialmente ante la ciudadanía que las sustenta, estamos cayendo una vez más en una desidia institucional que, por desgracia, parece conducirnos a un futuro inmediato nada halagüeño.

Autora: María Teresa Formoso

Roma, aperta… o tostón?

10 Feb

Como no quiero parecer conspiranoico (sic) no preguntaré qué hay detrás de, si no simplemente por qué este súbito y masivo ensalzamiento de la reciente película mejicana titulada Roma, hasta el punto de ganar el León de Oro del último festival de Venecia, mejor película para la Asociation New York Film Critics On Line y estar nominada por la Academia de Hollywood a diez categorías, incluida la de mejor película.

A mí es una de las películas que menos me gustó de las que ví en mucho tiempo. Ahora bien, si un plantel de sesudos expertos cinéfilos, así como una gran mayoría de las personas que hasta ahora la vieron, aseguran que es una buena película debe ser probable que el equivocado sea yo.

Más, lo anterior no es razón suficiente para que mi gusto cambie, aunque estoy dispuesto a aceptar razones en contra del mismo, por lo que trataré de justificarlo.

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Independientemente del derecho que el Sr. Cuarón crea tener para contarnos sus recuerdos, y de las explicaciones psicoanalíticas que justifiquen el avión cruzando el cielo lejano en la primera y en la última secuencia de la película, y todo lo cool que hoy pueda ser la estética del blanco y negro, el resultado cinematográfico me parece anticuado, obsoleto, previsible, ñoño y de una lentitud que conduce directamente al aburrimiento.

Las películas rodadas en exteriores, con toma directa de escenas de la calle y en blanco y negro son más antiguas que la pana, hoy en día no presentan ninguna novedad técnica ni estilística cinematográfica. La citada no se acerca ni de lejos a la otra Roma, la de la città aperta, ni mucho menos, por ejemplo, a Million Dolar Baby (genialidad de iluminación) o a tantas y tantas otras que se podían citar con similar estilo narrativo.

El neorrealismo surgió en varios países de Europa, sobre todo Italia, e inclusive en España, aunque aquí mucho menos por las causas de todos conocidas, ya a partir de las Segunda Guerra Mundial, es decir, a comienzos de la segunda mitad del siglo pasado.

También en Iberoamérica, como afirma Alberto García Ferrer en su más que interesante artículo El cine iberoamericano: El gesto y el acentoEn su nacimiento iberoamericano se produjo cine, en gran medida en exteriores y con un notable impulso regional, que no necesitó de las capitales, mientras que la sonoridad de la palabra permaneció ausente. La llegada del sonido significó un doble viaje: hacia el interior de los grandes estudios y hacia el corazón de las metrópolis. Treinta años después, con los formatos ligeros (el 16 mm, el súper 16 y el súper 8 mm), el cine iberoamericano conformó un segundo giro en el orden de sus esferas, acompañando la emergencia de los cines nacionales. Sólo dos décadas des- pués fue el vídeo el que incorporó nuevos actores, instaló miradas distintas, multiplicó escenarios, atravesó fronteras estéticas, cuestionó y quebrantó normas y recuperó parcelas ignoradas de la realidad para nuestra cultura.

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Es decir, nada nuevo técnicamente tampoco para Iberoamérica.

Pero bueno, si no la forma, tal vez podríamos salvar el contenido?. Pues a mi modo de ver, tampoco. El Sr. Cuarón es muy libre de bucear en su memoria y exponer sus recuerdos por las razones que estime más convenientes, pero que no piense que la película cumple alguna finalidad social o pretende visibilizar el papel de la mujer iberoamericana, en una sociedad machista y desigual, ni que en este sentido aporta ninguna novedad o lo consigue. Esto último ya está muy trabajado por muchos artistas desde hace años, y con superior impacto.

El acomodado barrio, la acomodada familia, y la tragedia de la violencia institucional que vemos de refilón, como expresión de la injusticia, la desigualdad y el machismo, al final de la película quedan exactamente igual, y sin que se cuestione ninguno de sus argumentos. Los señores siguen siendo los señores, y los criados siguen siendo los criados, por mucho que aparentemente se les integre a través de los espontáneos e inocentes sentimientos infantiles.

Si todos los acontecer que les van sucediendo a la familia y a la doncella protagonistas son previsibles desde el primer plano de las secuencias, el final conjuga, de forma reiterativa, lenta y prolongada, dicha previsibilidad con la ñoñería más absoluta.

El Sr. Cuarón está en su derecho, faltaría más, de rendir su más sentido homenaje en la forma que estime más oportuno a Liboria Libo Rodríguez, pero eso en modo alguno se transforma en una película de calidad, ni actual ni reivindicativa.

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No obstante, es muy probable que cuando algunos de mis pacientes lectores tengan la generosidad de leer estas lineas, tal producto haya recibido la bendición de la maquinaria hollywoodiense (sic) con el premio a la mejor película, y a varias categorías más.

Me alegro, que lo disfruten, …y sus razones tendrán, pero a mí que no me esperen para la próxima.

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