Archivo | diciembre, 2018

Cosas que pasan, …afortunadamente.

31 Dic

Había sido una mañana excepcionalmente tranquila. Así que, tras concluir mis obligaciones laborales, pude regalarme el lujo de dar un lento paseo por la ciudad, mirando escaparates (siempre hay que aprender de la sabiduría femenina!), y hasta de visitar la exposición de una joven artista emergente (Andrea de la Rubia; seguid este nombre, me lo agradeceréis). También tuve tiempo de ensimismarme en mis propias cavilaciones, pues como aconseja una buena amiga, es necesario tener un tiempo para encontrarnos en nuestro interior, y así poder proyectarnos al exterior.

Total, que relajado y satisfecho, mis pasos me llevaron espontáneamente a rematar tan feliz jornada a ese bar que vamos a menudo, donde te llaman por tu nombre, y donde, casi sin que tengas necesidad de pedirlo, te sirven una copa de bon vino y un pincho de tortilla como no hay otra igual. Pero esa es otra historia de la que tendré que hablar otro día.

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Pues señor, coincidió que a mi lado, en la barra, estaba una señora mayor. Seguro que sobrepasaba los 80 años, con ese aspecto encantador que esperamos encontrar en las abuelas de los cottages de la campiña británica, las que colaboran con Mrs. Marpple a desentrañar algún delito local desde la mesa camilla, alrededor de una humeante taza de té, y un trozo de strawberry cake. En el caso de mi aparentemente entrañable vecina, era un abundante zumo de naranja natural.

– Perdone si le molesto – me dijo de pronto.

– En absoluto, dígame usted – le contesté.

– Puedo hacerle una pregunta que tal vez sea impertinente? – prosiguió.

– Estoy seguro que viniendo de usted no será impertinente – le repliqué

– Donde compró esa bolsa tan bonita que lleva en la mano? – me dijo.

Efectivamente llevaba en la mano una bolsa de cartón con una estampación colorista y alegre, conteniendo una caja de bombones que una paciente agradecida me había regalado para endulzar estas fiestas.

– Es que llevo varios días buscando una similar, y soy incapaz de encontrarla en ninguna tienda. Hasta tengo la impresión de que cuando explico lo que quiero me toman por un poco chalada – continuó mi vecina de barra.

A medida que le explicaba la procedencia de mi bolsa una ocurrencia iba formándose en mi cabeza, así que cuando acabé le dije:

– Se la regalo con sumo gusto.

– No, por Dios, ni hablar, eso si que no. Perdóneme usted por preguntarle – me contestó, visiblemente azorada.

– Insisto – repliqué – y de verdad que lo hago encantado. El paquete de bombones puedo llevarlo perfectamente en la mano, sin necesidad de la bolsa.

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– Entonces tiene que permitirme una cosa.

– Usted dirá.

– Que le dé un beso .

– Por supuesto. Más encantado todavía.

Y acercándose prudentemente a mi cara me besó suavemente en la mejilla derecha. Yo, siguiendo nuestra costumbre de que cuando se da este tipo de besos amistosos se hace en ambas mejillas, fui a contestarle besándola en su mejilla izquierda y después en la derecha, a lo que ella reaccionó de la misma manera, haciéndolo en la mía izquierda, al tiempo que decía con toda candidez:

– Pues sí, dos mejor que uno, pero es que no me atrevía a tanto. Muchas gracias.

– De nada, señora. Un placer. Qué tenga usted unas felices navidades.

Y continuamos ambos con nuestras consumiciones, hasta que acaba la mía me despedí con la misma frase ritual, que ella contestó igualmente.

Al salir, pensaba en lo sencillo y gratuito que es pasar una mañana feliz, dar una pequeña e intrascendente alegría a alguien, y a su vez alegrarse por ello. También pensé en esa canción del maestro Serrat que nos dice que de vez en cuando la vida toma conmigo café . E incluso un vaso de bon vino y un pincho de excelente tortilla.

Y se lo agradecí. Le di gracias a la vida por ser tan generosa conmigo.

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La inhumanidad se disfraza de cualquier cosa

18 Dic

Todos nos consideramos buenos y convencidos de poseer la verdad. Si nos dejasen este mundo lo arreglaríamos en un santiamén. Hay que adoptar las decisiones  que hay que adoptar,…y punto.

Lo que pasa es que eso corresponde a la administración, que es quien debe tomar medidas, y solucionar los temas. Eso sí, sin menoscabar mis derechos. Pues estaría bueno!, que para eso está mi libertad individual.

Ademas, todos somos muy solidarios, y damos al me gusta en todas las redes sociales.

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Pues bien, estos días los periódicos nos informan de que el CEA (Centro de Acogida y Atención), de Cáritas, que acoge a enfermos toxicómanos, y trabaja con ellos en procesos de mejora y rehabilitación, trata de comprar una nueva vivienda a no muchos metros de donde se encuentra la actual, porque esta se queda pequeña, y motivos del Plan de Ordenación Urbana lo hacen más conveniente.

Y se armó la tremolina!!!.

Qué se les atiendan, faltaría más. Pobrecillos, son unos enfermos. Eso sí, que se les atienda por quien corresponda, a mí que no me impliquen, y por supuesto en mi barrio y cerca de mi casa, eso sí que no.

Toda una campaña acoso y desprestigio, llegando al borde de la violencia, se desató contra la intención de Cáritas. Razones?. A saber!, que yo sepa ninguna. La lógica, para qué?.

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La casa actual esta, como señalábamos antes a escasa distancia de la futura. Si eso es un problema ahora, por qué no lo era antes?. Los residentes del Centro está integrados en el actual barrio y colaboran incluso con las asociaciones de vecinos en la organización de festejos. Lo residentes del Centro JAMÁS, JAMÁS han creado un problema ni un conflicto.

Tengo el honor y la satisfacción de haber trabajado y convivido en el CEA hace 23 años, cuando este estaba en una céntrica calle de Oviedo y en todos estos años de seguimiento del Programa insisto en que no he conocido ningún problema ni conflicto. Así lo quiero testimoniar.

He conocido allí, y me enorgullezco de ello, a personas a las que recuerdo con gran cariño, buenas, con muchos valores y con gran dignidad, que la vida, a su pesar, las ha baqueteado sin piedad, hasta convertirlas en despojos; muchas veces para ganancia de desalmados que pasan por dignísimos miembros de una farisaica sociedad.

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Por qué esta cerrazón, está sinrazón, este odio demostrado por los que se oponen al Proyecto CEA?. Qué se esconde detrás de todo esto?. Quien gana qué?. Hasta donde nos conduce esta senda de odio?. Qué futuro le espera a este mundo, barco en el que viajamos todos,  si seguimos con esta inhumanidad?.

A quienes esto hostigan la Biblia les diría que mejor les sería que les colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogaran en lo profundo del mar.

Yo no llego a tanta radicalidad. Solo les deseo que cuando ellos o alguno de sus seres cercanos pasen por alguna situación de gravedad y carencia vital encuentren alguna persona tan generosa como lo/as trabajador/es del CEA que les puedan echar una mano y brindar su ayuda y su cariño.

 

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