Archivo | noviembre, 2018

De música contemporánea y otras controversias.

25 Nov

Nota previa: En el presente escrito nos vamos a referir al ámbito de la música denominada clásicaseria. Otras músicas actuales como el pop, el rock o el rap, aún gozando de todos nuestros respetos y hasta de nuestro gusto no estarán, de momento, incluidas en esta reflexión.

Vayamos, pues, al asunto.

Cuando escuchamos una creación contemporánea las reacciones no podrían ser de otra manera que dispares.

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Por un lado los detractores aseguran: esto no es música, es ruido; si me lo tienen que explicar, malo; yo solo entiendo lo que me gusta o lo que no me gusta;  o aquello que no se puede tararear (es decir, no tiene una melodía), eso no es música.

Por otra parte, los aficionados (entre los que me adscribo) rebaten: acaso no hay hoy compositores que realizan obras tonales y melódicas, incluso al estilo barroco?, no son del siglo XX el neorromanticismo o el neotonalismo?; que decir de la música de John Corigliano, Pedro Ituralde, Astor Piazzola , Leonard Bernstein, Joaquín Rodrigo, María Teresa Prieto, Rosa García Ascot (por citar dos mujeres y españolas) y tantos otros?.

Además, no fue rechazado hasta el olvido el mismísimo Bach (para muchos actualmente el dios padre de la música) en su contemporaneidad hasta que Mendelssohn lo rescató, solucionando tamaña injusticia?, no tuvo el gran Mozart que estrenar algunas de sus principales óperas en Praga porque en Viena, reina y señora del canon musical de la época había fracasado?, no fue condenado también al olvido el concierto para violín del mismísimo Beethoven hasta que una vez más Mendelssohn (siempre Mendelssohn!) también lo rescató, o alguno de sus últimos cuartetos fueron tildados de incomprensibles o extravagantes?.

El arte es una forma de expresión y comunicación que vive en unos tiempos y unas circunstancias, y con ellas ha de evolucionar y hasta experimentar. Los distintos lenguajes tienen distintos códigos, y muchas veces han de enseñarnos a entenderlos. Por qué El Greco usaba los colores que usaba?. Acaso no fue proscrito por Felipe II por este motivo, o porque su Martirio de San Mauricio no se ajustaba a los cánones teológicos de la época?.

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Tratemos de ampliar horizontes. Busquemos, y preguntemos sin reparo a quien pueda explicárnoslo las diferentes claves que nos hagan adquirir nuevos conocimientos, y quizás así no nos perdamos nuevos motivos de disfrute.

En definitiva la historia, y también la del arte progresa construyendo sobre raíces anteriores, y manteniendo sus esencias adaptándolas al presente.

Al respecto, les invito a escuchar los sábados, a las 12 de la mañana del streaming de la Fundación Juan March, y deleitarse con el ciclo Bach, el jazz y la improvisación, y si no pueden por el día o la hora, encontrarán todo el ciclo en los podcast de la Fundación.

También les recomiendo, a modo de carta de navegación, el libro de Tomás Marco Escuchar la música de los siglos XX y XXI.

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Y, con el permiso de mi admiradísimo Luis Ángel de Benito (no se pierdan su programa Música y significado), que lo disfruten!

 

P.D.: Otras muchísimas controversias nos quedan en el tintero, como por ejemplo la actitud del intérprete ante la partitura, o el papel de los directores de escena en la ópera, pero estas y otras serán motivo de otros escritos en el futuro (si Dios quiere)

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Bien novelada

12 Nov

Es común denominar a la ciudad de Oviedo la bien novelada. Vetusta, Pilares o Lancia son nombres que se atribuyen a la ciudad en novelas de tanta enjundia como La Regenta,  Tigre Juan, o El Maestrante, respectivamente. Incluso en otros casos aparece con su propio nombre, como en Nosotros, los Rivero.

La cosa no para ahí. D. José I. Gracia Noriega tiene, entre su prolífica obra, una titulada Oviedo en los libros, y D. J. Evaristo Casariego otra con el título de Oviedo en la historia y la literatura a través de 1.200 años, prologada por D. Antonio Masip, quien también echa un cuarto a espadas sobre el tema.

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Más no es este el tema de la presente entrada, sino de presentar una obra de obligada lectura para todas aquellas personas que, independientemente de la relación que tengan con la ciudad de Oviedo, gusten del exquisito placer de la lectura de novela, como instrumento que nos hace viajar a través del tiempo y del espacio, conocer en su integridad a otras personas, y disfrutar de las palabras y las historias bien narradas.

Y esta magnifica obra, que me proporcionó la fortuna de esos exquisitos regalos es Una ciudad bajo la lluvia, de Victoria R. Gil. Autora a quien, confesando una vez más mi enciclopédica ignorancia, no conocía, por lo que no puedo dar de ella más reseña que la aportada por la pestaña del libro. Pero ni falta que hace, porque por sus obras los conoceréis.

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La autora, basándose en un hecho real, la presencia en Oviedo para un mitin de D. Práxedes Mateo Sagasta, y uniéndolo con la inauguración del Teatro Campoamor, crea, tras un minucioso y admirable trabajo de documentación, toda una ficción que, más allá de lo que puede aparentar en lo anecdótico, tiene múltiples planos de lectura.

Es evidente que la autora es una gran admiradora de La Regenta y la sigue cual guía sacrosanta en una peregrinación vital, y así nos muestra esa sociedad finisecular y provinciana donde imperaba (y ahora, no?) el cinismo social, la diferencia de clases y el desprecio más humillante a la dignidad de las personas a las que se considera inferiores.

Pero solo con esto, por muy bien que se hiciera, y se hace muy bien, no aportaría nada, pues tal retrato ya lo había establecido de un modo definitivo D. Leopoldo Alas en su magna obra.

Es aquí donde la autora tiene un primer detalle de genialidad. La madre de nuestra protagonista es inglesa, y esto facilita un viaje de ambas a Londres en el que la autora contrapone ese clasismo casposo de una pequeña ciudad provinciana de un país que históricamente siempre pierde el tren de la modernidad, con el clasismo victoriano, tan rígido como el anterior, pero brillante cosmopolita y erudito de otro país que lucha por incorporarse a los nuevos vientos que se adivinan de esa citada modernidad.

La dinámica de la lucha de clases es otro plano que se vislumbra en la novela, y con algunos aspectos muy interesantes y actuales que sería pecaminoso desvelar aquí, y romper la emoción, y tal vez sorpresa, que encierra una trama muy bien urdida, con sus puntos de suspense en varios aspectos.

Todo ello, además, está escrito con una prosa muy ágil, en la que se trasluce quizás la habilidad de una buena periodista, y con capítulos poco extensos que, a más de facilitar su lectura, se ajusta a los ritmos de hoy.

Una prosa también muy rica, elegante y cuidada, aspectos estos muy de agradecer en los tiempos que corren.

En definitiva, como decía al principio, una historia bien novelada, de lectura indispensable para los amantes de este género, y que a buen seguro mis amigos lectores en este caso agradecerán el consejo.

Que la disfruten.

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