Archivo | diciembre, 2017

In memoriam: Félix Cienfuegos, compañero y caballero.

12 Dic

Van pasando los días, y con ello el escozor del latigazo se va mitigando. Ahora comienzo a poder controlar  los sentimientos, y expresarlos.

Son de esas cosas que, aunque sea un tópico decirlo, parecen increíbles. El compañero con el que cada día de consulta, antes de comenzar, echaba una parrafada ya no estará más. En menos de tres semanas el destino quiso llevárselo.

Félix Cienfuegos era un buen hombre, un compañero en el sentido cabal del término. El que siempre estaba dispuesto a decir que sí a cualquier favor que le pidieras, el que tenía  una sonrisa para cada hecho cotidiano. Al que JAMÁS, JAMÁS le escuche una palabra desabrida sobre nadie, y siempre sabía comprender e interpretar por el lado bueno esas pequeñas contrariedades del cada día. El que siempre tenía un comentario simpático para todas las personas que formábamos su entorno.

Era un hombre elegante, de porte atildado y de modales serenos y relajados, y con esa misma elegancia estoica que solo tienen aquellos cuya personalidad se hunde en el más puro clasicismo, afrontó la adversidad, el dolor y la muerte.

Porque murió con la misma elegancia con la que vivió.

Su amistad fue un honor, y su recuerdo será una guía.

Querido Félix, te recordaré siempre, y deseo que el Padre, cuya creencia compartimos, te tenga en el lugar donde sin duda te mereces. Descansa en paz.

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El trasplante

6 Dic

Hace pocas fechas recordábamos el que se considera el primer trasplante cardiaco de humano a humano en el mundo.

Hechos más o menos anecdóticos a parte, no cabe duda de que tal acontecimiento significó un extraordinario avance en el orden científico-técnico de la medicina, y que tales avances, unidos a un gran desarrollo de la actitud preventivista están permitiendo ganar batallas muy importantes para la salud y las vidas de muchos pacientes.

Pero tales victorias, lejos de envanecernos, no debe evitar que veamos dos, entre otros muchos, aspectos de la realidad del enfermar.

Primero, desgraciadamente tales logros no llegan por igual a todas las personas, incluso a algunas se les son negados, fruto de la injusta desigualdad material y social.

Segundo, aún para aquellas personas que tienen (tenemos) la fortuna de poder acceder a los avances científicos y tecnológicos, los sanitarios jamás debemos olvidar que al otro lado de su aplicación lo que hay es un ser humano doliente, con sus angustias y sus miedos, que espera que tales avances le (nos) sean aplicados con humanidad y empatía.

La lucha por la vida digna para todos debe continuar.