Archivo | octubre, 2017

Sentimiento inútil?

25 Oct

A Toni, sempiterno gran capitán, recientemente fallecido.

 

Mi admirado amigo José Ramón Alonso publicaba allá por le mes de marzo una entrada en su espléndido blog poniendo de manifiesto la extraordinaria personalidad de Abraham Flexner. He de confesar que hasta entonces no conocía la existencia de tan interesante persona.

Tan sabio personaje plasmó sus ideas en un libro titulado La utilidad de las cosas inútiles. Es cierto que Flexner no pensaba precisamente en ello, pero mucha gente pensará que pocas cosas hay tan inútiles como el fútbol. Sin embargo para otros muchos es capaz de dar forma a sentimientos (pertenencia, nostalgia) y como decía mi tío Adolfo, y estoy seguro que así lo sentía, llevar al club de sus amores (por supuesto, el Oviedo) en su corazón.

Pues de esto, y de otras muchas cosas, versó la estupenda presentación del libro Calvario y resurrección, del Profesor Ruiz de la Peña, con un prólogo ecuánime y sereno de ese periodista de raza que es Melchor Fernández Díaz, y un rico anecdotario no exento de ironía y muy fino humor a cargo del gran Francisco García Pérez. Todo ello conducido por la voz serena y grave de Carlos Rodríguez. José María García no pudo asistir por un indeseado, y esperemos que fácilmente solucionable, percance, pero quiso enviar un mensaje de voz, que por mor de los duendes del sonido fue de difícil audición.

 

Lo decía antes, mucha nostalgia sobrevoló en la presentación, y los sesentones asistentes compartimos nuestra añoranza por aquel viejo Tartiere de Buenavista, con su aroma british y que fue sacrificado en aras de la especulación,

o de aquel Oviedín del alma, con Paquito y Sánchez Lage, que fue capaz de quedar tercero en el campeonato de liga, y ganar al Real Madrid.

Y es que cuando alguien es capaz de llegar a la cima del Kilimanjaro (cuantas personas han logrado subir a un 6.000?) vistiendo la camiseta con los colores y el escudo de un  club, algo debe tener ese agua cuando la bendicen. Será inútil, como a lo mejor muchos otros sentimientos, pero lo es.

Del libro no me cabe la menor duda de que viniendo de la autoría de donde viene, ha de ser de gran calidad literaria, ameno, riguroso, divertido y hasta libérrimamente crítico. Tengan la seguridad de que cuando lo lea, a no tardar, les daré cumplida cuenta del mismo.

 

 

El grano y el granero

24 Oct

En estos tiempos interesantes que nos han tocado vivir (mandarín chino dixit) acciones como las de la Concejalía de Educación y Salud del Ayuntamiento de Oviedo, que tan acertadamente dirige Dña. Mercedes González, a través de su Escuela Municipal de Salud y de su Universidad Popular no van a solucionar el mundo ni a conjurar todos su males, pero sí que modestamente contribuirán a que la ciudadanía residente en Oviedo tengamos un mayor y más fácil acceso a la cultura y a la ciencia como instrumentos que nos facilitarán un mayor sosiego y, por qué no decirlo, algún instante de felicidad, en la búsqueda del rigor y del saber.

Con estos objetivos, entre otros, se celebraba ayer el comienzo de curso al unísono de ambas instituciones, y lo hacía con un conferenciante de excepción, el Dr. D. José Ramón Alonso Peña, afamado neurobiólogo y amenísimo y rigurosísimo divulgador, que deleitó a una encandilada y numerosa asistencia, en el Aula Magna del Edificio Histórico de nuestra Universidad, titulada Neuromitos: Ciencia y pseudociencia, y que fue seguida por un prolongado y animado coloquio con el público.

La señora Concejala y el responsable técnico de la Escuela de Salud, D. José Luis Peralta, tuvieron la generosidad de concederme el honor de hacer la presentación del conferenciante, sabedores ambos de mi gran admiración por el mismo.

A continuación transcribo el texto de dicha presentación:

Buenas tardes.

 Significa para mi un gran honor por partida doble estar hoy aquí presentando este acto.

 En primer lugar por participar en la inauguración conjunta del curso de dos instituciones municipales que me son tan queridas como la Escuela de Salud y la Universidad Popular, que están consiguiendo un cada vez mayor éxito entre la ciudadanía ovetense, gracias al generoso esfuerzo y el buen hacer de sus responsables, la Concejala de Educación y Salud y querida amiga Mercedes González, y el responsable técnico de la Escuela, mi compañero durante tantos años y también querido amigo José Luis Peralta. De ellos es el mérito de esta buena andadura, y estoy seguro que el futuro aún les depara muchos más éxitos. Yo les agradezco profundamente esta invitación.

 En segundo lugar, el honor de haber podido conocer y presentar a una persona como el Dr. D. José Ramón Alonso Peña.

 Hacer una semblanza de la personalidad y los méritos científicos de José Ramón Alonso emplearía el tiempo de más de una conferencia, y de las largas, y obviamente esa no es mi misión. Es a él a quien le corresponde hablar y a quienes ustedes quieren escuchar.

 Me consta que bastantes de los asistentes lo conocen, incluso profesionalmente, y por tanto también conocen estos aspectos a los que me refiero.

 Para quienes no lo conozcan aún, les aconsejo muy encarecidamente que se asomen a su blog titulado Neurociencia. Así, por casualidad, como muchas de las cosas que suceden en la blogosfera, lo conocí yo.

 Por supuesto, en dicho blog pueden leer su curriculum, en el que podrán comprobar la solidez de su formación científica, los puestos que como investigador posdoctoral, profesor visitante o conferenciante invitado ha ocupado en muy diversas e importantes instituciones científicas, así como su participación y dirección de significativos proyectos de investigación a nivel nacional e internacional, el amplio número de tesis doctorales, cursos o talleres dirigidos, la asombrosa cantidad de libros, capítulos de libros y artículos científicos publicados, su papel también como divulgador en medios periodísticos, y su inmersión en el mundo de la literatura, así como las universidades que lo distinguieron como Doctor honoris causa, la cantidad de premios y distinciones recibidas, tanto en el ámbito científico como literario, o los puestos de responsabilidad ocupados en un gran número de instituciones y fundaciones, incluido el de Rector que fue de la Universidad de Salamanca.

 Pero quien se asome a su blog también puede vislumbrar algunas facetas de su personalidad, como son su entusiasmo sin límites y su interés también sin límites por las más diversas actividades del ser humano, así como por el rigor y la verdad, aspecto este que es el núcleo de su conferencia de hoy, donde como tantas veces trata de desenmascarar esa cantidad de mensajes sin fundamento, cuando no interesados, que hoy circulan profusamente, creando únicamente confusión.

 Todo lo anterior convierten al Profesor Alonso a mi modo de ver en un auténtico humanista renacentista, de los que pueden decir con Terencio aquello de nada de lo humano me es ajeno. Sentencia que curiosamente es también el comienzo de esa gran obra que es El sentimiento trágico de la vida, de aquel universitario salmantino de adopción y universal de admiración que fue D. Miguel de Unamuno.

 Más por encima de todo ello, de su perfil científico, universitario o literario, la organización de este acto me regala la fortuna de haber podido conocer a una gran persona. Hombre generoso que respondió a nuestra invitación con prontitud y total disponibilidad dándonos desde el primer momento todo tipo de facilidades. En la actualidad el Profesor Alonso Peña está en Munich desarrollando otro de sus proyectos de investigación, por lo cual traerlo desde allí fue organizar un intrincado viaje cuyas condiciones de fechas, horarios, trayectos, etc. aceptó sin la más mínima cortapisa a las posibles incomodidades.

 Por todo lo anterior, José Ramón, es una suerte y un honor, que te agradecemos, el tenerte entre nosotros, y sabiendo la importancia que le concedes a la amistad, asegurarte que desde hoy tienes nuevos amigos asturianos a los que unir a ese grupo al que sabemos que tanto aprecias.

 Ahora, querido amigo, tuya es la palabra y nuestro será el placer de escucharte.

Acabo esta entrada con un muy sincero consejo: visiten Neurociencia: El blog de José Ramón Alonso. No se sentirán defraudados.

 

Nunca es tarde…

15 Oct

El día 26 del pasado mes de mayo se cumplirían 100 años del nacimiento del Dr. D. José Ramón Tolivar Faes. excelente médico, mejor persona, y significado intelectual, que extendió sus intereses a múltiples campos de la cultura.

Con tal motivo un grupo de amigos, convencidos de la necesidad de revisar su figura y su obra, tal vez injustamente olvidadas, organizamos una serie de actos que comprendieron charlas, exposiciones de una muestra de sus libros y de parte de su biblioteca, así como de sus pinturas y de algunas otras que ponían de manifiesto su actividad como coleccionista y como restaurador.

Como muestra de de mi admiración y respeto, y con ánimo de no extenderme ni repetirme en este post, adjunto el enlace donde se pueden leer las palabras con las que tuve el honor de colaborar en la mesa redonda organizada por el Ilustre Colegio de Médicos de Asturias y la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias.

 

 

Tolivar Colegio Médicos

15 Oct

Buenas tardes.

Es un honor y un motivo de gran emoción participar en este merecido homenaje de recuerdo y reconocimiento a D. José Ramón Tolivar Faes, médico insigne, ejemplo de profesionalidad y compañerismo, intelectual de talla en múltiples campos, lo que le confería un perfil renacentista, e, incluso por encima de todo esto, excelente persona, referente de bonhomía.

Sus aspectos profesionales e intelectuales son glosados, con mucho mayor acierto de lo que yo podría hacerlo, por mis compañeros de mesa.

A mí, nuestro querido Presidente y amigo me encomendó la honorífica tarea de reflexionar, inevitablemente ha de ser de forma sucinta, sobre el personaje, es decir sobre los aspectos públicos de su personalidad, que sobre los más íntimos lo hará su hija y mi querida amiga Ana Cristina.

Pues bien, era Tolivar hombre de extremada educación y exquisitas formas. Al respecto, hay una anécdota que creo revela muy claramente este aspecto de su personalidad.

En la revista Imago Medici, de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Facultad de Medicina, en un número extraordinario In Memoriam que se le dedicó con motivo de su fallecimiento, su hijo Leopoldo cuenta que habiendo aprobado con número sobresaliente las oposiciones del Cuerpo Nacional de APD, escogió para lo que a la postre sería su primera actividad profesional, la plaza del Concejo de Quirós, vacante entonces por fallecimiento de su anterior titular.

Pues bien, la primera acción al llegar a lo que sería su nuevo destino fue visitar, para presentarle sus respetos, a la viuda del compañero. Acción prácticamente impensable en nuestros días, que creo demuestra sobradamente la elegancia y fineza de espíritu que el Dr. Tolivar demostró a lo largo de toda su vida.

Cuenta también Leopoldo, en la continuación de la anécdota, que la viuda del compañero, en correspondencia le brindó el despacho de su difunto marido como posible lugar para su consulta, y dice Leopoldo

textualmente que de esta situación nació una entrañable amistad entre ambas familias, que se prolonga hasta el día de hoy.

Para mi fortuna, aquella viuda era mi bisabuela, con lo que así tuve la ocasión de conocer y admirar a José Ramón Tolivar desde mi infancia.

Por supuesto, el Dr. Tolivar, ya en Oviedo, fue el médico de cabecera de mi familia, y al echar la vista atrás creo que es la primera visión que tengo de un médico en ejercicio.

El recuerdo de su presencia me evoca un ejemplo de buen hacer profesional. Su sincero afecto y compasión por la persona enferma fue una lección que tuve la fortuna de poder admirar de cerca, incluso en alguna ocasión en carne propia.

En su actividad Tolivar era exquisitamente puntual, su consulta del Ambulatorio de la calle La Lila era un ejemplo de orden y sosiego, y sobre todo, él era extremadamente cortés y correcto con absolutamente todo el mundo.

Ese mismo orden y sosiego lo trasladaba a todos sus actos y actividades diarias, y así, acabada su consulta, recogía los avisos, y caminando se traslada al domicilio de sus pacientes.

Era la figura de un médico apacible, que llegaba sin prisas, que con su presencia serena infundía tranquilidad, que se sentaba a los pies de la cama del enfermo dispuesto a escuchar, a explorar y a explicar, y si fuera necesario consolar, como si todo su tiempo fuera solo para aquel enfermo, que parecía ser su único enfermo.

Así la profesionalidad se transformaba en compasión, y por esta, en ternura y cariño. Todo ello sin hacer en ningún momento distinción de clase social o estrato intelectual. Era un humano médico que estaba ayudando a un humano enfermo.

Creo que posteriormente esa visión, junto con otros aspectos de mi familia, influyó de modo significativo en mi vocación médica, y su ejemplo, con toda modestia, y con muchos menos méritos o aciertos, traté de incorporarlo a mi modo de entender la medicina. En él se hacían ciertos en toda su real grandeza humana esos aforismos del clásico que aseguraban que “no hay enfermedades, hay enfermos”, y sobre todo el que dice que “el médico debe intentar curar, si no puede,

intentar aliviar, pero lo que debe hacer siempre, siempre, es consolar”. Y a fe que el Dr. Tolivar, como decía antes, lo practicaba.

Otro aspecto del personaje era su compañerismo, que lo ejercía con un gran sentido de la ética y dignidad profesional, así como con prudencia y respeto por personas e instituciones, alcanzando en ello cotas difíciles de igualar.

Es de señalar que con cuantos compañeros de mi generación ha surgido en algún momento el tema de Tolivar como motivo de conversación, todos sin excepción recordaban con un brillo de alegre nostalgia el día que se acercaron a la Sección de APD de la entonces Jefatura provincial de Sanidad, cuya jefatura de Sección ostentaba. Recuerdan el exquisito recibimiento, su amabilidad e incluso sus buenos consejos. Un querido compañero ha llegado a asegurarme al respecto que fue la primera vez que se sintió profesionalmente importante.

Sin embargo, la lealtad a estas sus convicciones, como señala su hijo en el antes citado In Memorian le llevó en ocasiones a trances difíciles de renuncias profesionales, como fue el caso de su propia jubilación, tan voluntaria como dolorosa.

A este respecto su hija, mi querida amiga Ana Cristina, tuvo la gentiliza de proporcionarme una cita de su diario intimo en el que textualmente dice: “Cuando jubilado y viejo escribo esto sintiendo que he dejado de ser médico, pienso cuanta vida se me fue para lograr ser lo que ya no soy”.

Reflexión de alguien que sentía el ejercicio de la medicina como más que una profesión, como una de las razones esenciales de su vida. Y amargura que da aún más valor a esa virtud tan escasa que es la coherencia, y que Tolivar ejerció como muy pocos.

Otras características del personaje eran su minuciosidad y su capacidad de trabajo. Cuando tenemos ocasión de acercarnos de un modo más detallado a sus obras, y sobre todo a sus originales o a los documentos preparatorios, asombra el orden y detalle con que todo lo prepara y lo ordena, y cuando estamos viendo sus anotaciones, matizadas y rehechas un sinnúmero de veces, parece que estamos viendo un retrato psicológico de su personalidad.

Esa minuciosidad se refleja sobremanera en una de las facetas más importantes de su actividad intelectual, la de historiador, que mejor que yo analizan mis compañeros de mesa. Como tal, Tolivar era rigurosísimo, no especulaba, no hipotetizaba, era un notario de la realidad. Cuando Tolivar aporta un dato, ese dato está contrastado minuciosamente una y otra vez, y si fuese necesario era corregido. Eso sí, siempre, siempre, citando las fuentes. Y volviendo a su innata elegancia, cuando el dato o la imagen era cedida o aportada por algún amigo o conocido siempre lo señalaba con gran cariño.

Al respecto, Dña. Salomé Suarez, en 2008, con motivo de cumplirse el cincuentenario de la primera edición de su obra magna, “Nombres y cosas de las calles de Oviedo”, aseguraba, y cito textualmente que en muchos ámbitos, el periodismo local sin ir más lejos, «el Tolivar» es sinónimo de exhaustividad y de seguridad de hallar el dato preciso.

Pues bien, al ver su obra ingente, toda esa minuciosa preparación, y sus múltiples intereses intelectuales, además de un trabajo tan absorbente como es el ejercicio de la medicina, uno se pregunta como se arreglaba para abarcarlo todo, máxime en una época donde todavía no se vislumbraban los ordenadores ni los programas de tratamiento de textos. Sin duda que tenía esa privilegiada cualidad que el Dr. Marañón denominaba ser traperos del tiempo.

Pero de todas estas características, para mí las admirables son su gran discreción y su enorme generosidad, características que de alguna manera se entrelazaban. Decíamos al principio, y creo es algo que compartimos todos los que lo conocimos que Tolivar era un profesional y un intelectual de gran talla en muchos campos. Sin embargo nunca buscó, es más creo que en ocasiones rehuyó, el halago o los oropeles de los cargos o los títulos. Los que le llegaron por sus merecimientos los aceptó, por supuesto con alegría, y estoy seguro que en muchos casos por respeto a las instituciones que se los concedían.

Sinceramente pienso que esta su extremada discreción le llevó a que más allá de sus círculos íntimos o muy especializados no fuera todo lo conocido que sus valeres intelectuales merecían, por lo que actos de reconocimiento como el presente cobran un gran sentido.

Respecto de su generosidad, como antes decía ligada a su discreción y elegancia personal, en lo material nunca estuvo Tolivar atenazado por la necesidad de ganar o de tener, y lo que hacía, lo hacía motivado por

el convencimiento de su conveniencia o de la obra bien hecha. Al respecto baste la anécdota que describe la antes citada Dña Salomé Suarez en el mismo artículo, y según la cual recuerda que los beneficios obtenidos por Nombres y cosas de las calles de Oviedo fueron entregados por Tolivar -que costeó él mismo esa primera edición- a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que regentan la Cocina Económica. En las dos ediciones posteriores, ambas de la imprenta Gofer, Tolivar solicitó al Ayuntamiento que se hiciese lo propio con cualquier ingreso que generase el libro, el primero «importante» de su producción.

Dña. Pilar Rubiera, en un excelente artículo publicado con motivo de su fallecimiento, y que detalla exhaustivamente su personalidad, desvela que Tolivar atendió gratuitamente, y a veces estando en serias dificultades, a muchos enfermos, con actitud que califica de discreción de rasgos evangélicos.

En cuanto a la generosidad en lo afectivo, la puerta del despacho de Tolivar, o cualquier otra forma de comunicación, siempre estuvieron abiertas para el compañero o el amigo que solicitaban su ayuda o su consejo.

Antes citaba el ser médico como una de las razones esenciales de su vida. No quisiera terminar esta sucinta semblanza sin aludir a otra de esas razones esenciales, me pregunto si la más importante, su familia. Sus hijos son los dedicatarios de la primera edición de la obra antes reiteradamente citada, aparecen reflejados en sus cuadros y en muchas de las ilustraciones de otra de sus principales obras, Los hospitales de leprosos en Asturias. Esta constante presencia en su obra refleja de modo simbólico la intensidad afectiva que les une.

Pero mi último y emocionado recuerdo tiene que ser para su esposa, Ma Cristina, presencia constante a su lado, un testimonio continuo de afecto por encima de cualquier circunstancia. Un pequeño reflejo de ello es el hecho que relata su hija Ana Cristina: «el libro al que mi padre realmente tuvo más cariño de todos los que hizo fue una biografía de mi abuelo, Leopoldo Alas Argüelles, que hizo para regalársela a mi madre en el año 1974, con motivo de sus bodas de plata. Nunca se publicó, pero mi padre puso en ella alma, vida y corazón».

Por todo lo anterior, creo que puedo acabar diciendo que José Ramón Tolivar fue, en el sentido machadiano de la expresión, un hombre bueno.

Muchas gracias.