Archivo | octubre, 2016

Esa gran maestra que es la vida…

22 Oct
La piedra de Sísifo

La piedra de Sísifo

Recientemente, tanto como en la entrada anterior, reflexionaba sobre la teoría de la necesidad de una cara y una cruz en la vida, y hablaba de esos momentos maravillosos que vienen a ser la cara de la moneda. Pues bien, esa vida a la que me refería, como  gran maestra que es, rápidamente me imponía un ejercicio práctico: una de las personas más queridas por mí sufría una contrariedad laboral, que le causaba gran desilusión y tristeza, y consiguientemente mi ánimo también se afectaba.

Afortunadamente esa persona tiene su armazón ideológico y emocional sólidamente enraizado en valores positivos y sinceros, y tras el lógico impacto emocional y el reposo del acontecimiento, agradece el apoyo recibido, y hace el propósito de sacar  ánimos para seguir esforzándose y trabajar sin miedo al fracaso, considerando que es de este del que se aprende.

Aseguraba el clásico que La vida es breve, el arte largo, la ocasión fugaz, la experiencia confusa, el juicio difícil. Quien así lo asume, y lo hace con serenidad, sabe que nada se logra sin esfuerzo.

A esa querida persona le queda, si Dios quiere, mucho futuro por delante, muchas lecciones por aprender, y estoy seguro que muchos éxitos por conseguir, puesto que la carrera de la vida no la gana quien menos veces se cae sino quien más veces se levanta tras la caída.

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Esas cosas buenas de la vida (I)

9 Oct

Lo mismo que las monedas para que sean de curso legal, la vida tiene que tener su cara y su cruz. No es menos cierto que nadie ha dicho que la vida, en este sentido lo mismo que en cualquier otro, haya de ser equitativa, y mucho menos justa. De hecho probablemente su característica fundamental sea la de ser profundamente injusta.

Sin embargo, como dice el maestro Serrat, de vez en cuando la vida toma conmigo un café. En el caso que me ocupa, es decir en el mío, hasta toma una copa de cava (que lo prefiero al champán), y además con una inmerecida frecuencia.

Es por ello que me he propuesto ser consciente y agradecerle a la vida todos esos inmerecidos regalos, y para que no se me pierda su memoria, ir reflejándolos en mi bitácora.

Y qué mejor modo de empezar que recordando un día cargado de emociones y simbolismos?. El día de la boda de mi hija mayor, el día en que la acompañe al altar como padrino, compartiendo con ella sentimientos, alegrías y esperanzas. Feliz porque testimonia unos valores que traté de mostrarle y que ella hace trascender.

Gracias a ambas,  a la vida y a mi hija por ello.

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