Archivo | septiembre, 2015

…en el Campoamor (X): Del este al Walhalla.

20 Sep

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Llega un caminante. Viene del este, herido, derrotado, sin equipaje, pues lo ha perdido todo durante el trayecto. Es acogido en un espacio donde impera la ley del orden, donde todas las fichas están colocadas en su sitio exacto.

Tras diversos avatares su estilo de vida interpela dicho orden. Algunos de los más poderosos se inquietas, discuten y deliberan. Triunfa la opción de que dicho orden debe ser restablecido, aún a costa de que haya que silenciar sentimientos o eliminar seres humanos.

Pero entonces surge el amor y la desinteresada defensa de la vida. Más es inútil, el orden establecido triunfa. La fichas nuevamente se colocan en su sitio. Los sentimientos quedan anulados, y la esperanza de una vida nueva debe huir una vez más hacia el este.

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Todo esto no es algo aparecido en uno de nuestros diarios actuales como relato de lo acontecido a un refugiado. Es una lectura, eso sí muy subjetiva y sucinta, del argumento de La Walkiria, de Wagner, que en una extraordinaria representación pudimos disfrutar recientemente en nuestro Teatro Campoamor, como apertura de su LXVIII temporada de ópera. Es algo escrito en 1870, y basado en poemas épicos del siglo XIII. Si por algo los clásicos son clásicos es porque su vigencia es intemporal, y esa dama tan tozuda que es la Historia insiste una y otra vez en recordárnoslo para que el que quiera oír, oiga.

Esta es, como antes decía, mi muy subjetiva visión. Evidentemente los argumentos wagnerianos tienen infinidad de riquísimos planos, sobre los que se podría estar reflexionando años y paños, pero como ya ríos de tinta se han escrito al respecto, y los que se escribirán!, yo me quedo con este pequeño y pobre suspiro.

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Respecto de los aspectos técnicos de la representación, como siempre remito al mucho más sabio criterio de mi admirado maestro Pablo Siana. Por mi parte, decir que si con algo disfruté, además, por supuesto de la siempre incomparable música de Wagner, fue con la puesta en escena de Michel Znaniecki y el Video Mapping de MOOV, que aportaron una belleza estética que dio frescura y vivacidad a la representación, hasta hacernos olvidar su extensión, siempre uno de los peligros de las óperas wagnerianas, y todo ello aprovechando los actuales recursos técnicos, como Wagner en su tiempo quiso hacer en su amado Bayreuth, y desde una intemporalidad alejada de provocativas extravagancias, cosa muy de agradecer. El juego de las fichas de dominó me pareció extraordinariamente sugerente, y las apariciones de los dos niños en escena aportaban también un punto de ternura muy interesante.

Las voces a un buen nivel, la orquesta, nuestra OSPA, como siempre, a gran altura (qué pasaría si el foso del Campoamor permitiese una más extensa plantilla?), y por supuesto, como se preveia de antemano, extraordinaria la dirección de Guillermo García Calvo.

Se acaba la sesión. Se apagan las luces del teatro. Parece que el anillo sigue a buen recaudo, y el Walhalla en orden y a salvo. La esperanza ha tenido, una vez más, que huir hacia el este. Pero, no olvidemos, el ciclo continúa. El tiempo es largo y esperemos que en la próxima temporada la Ópera de Oviedo nos permita seguir escuchando la Historia. Aprenderemos de ella?

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Pie de página (I): Qué tozuda es la historia!

17 Sep

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Ediciones Universidad de Salamanca publicó en 2013 en su colección Acta Salmanticensia. Estudios Históricos & Geográficos el muy interesante libro de Luis R. Menéndez Bueyes titulado Medicina, Enfermedad y Muerte en la España Tardoantigua. En el mismo, en su capítulo 2.2.4. Asistencia sanitaria. Hospitales, nos relata textualmente que

“…estas instituciones son consecuencia de los cambios producidos por la aparición de una nueva sociedad enmarcada por los valores cristianos de pobreza y caridad. Por este motivo están presentes en muchas ciudades, especialmente en la zona oriental del Imperio. De esta forma, dando amparo a los viandantes pobres, mediante estos establecimientos se daba una nueva importancia a una clase de inmigrantes hasta ahora invisibles en la sociedad y que ahora cobrará protagonismo…”

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Más adelante relata que

“..la Vida de ls Santos Padres de Mérida nos informan sobre la construcción por parte del Obispo Masona de un xenodochia en Mérida…y dio orden que los médicos recorriendo sin cesar los alrededores de toda la ciudad, llevarán en brazos al hospital a cualquiera que, siervo o libre, cristiano o judío, encontraran enfermo…y que, con atenta solicitud, se preocuparan de recoger la mitad de todos los bienes del patrimonio de la Iglesia, traídos al palacio por todos los tesoreros , a fin de entregárselos a los mismos enfermos…”

Tal hospital estaría en Mérida en el monasterio anexo a la basílica de Santa Eulalia, que con el tiempo sería patrona de Oviedo.

Ocurría esto a finales del siglo V, y la Historia se empeña en testimoniarlo. Seremos capaces de escucharla y reflexionar?.

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