Archivo | febrero, 2015

Es menester distinguir.

3 Feb

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El gran Stefan Zweig, en esa estupenda obra suya titulada Momentos estelares de la humanidad, y al relatarnos todo lo instructivo que se relaciona con la vida y muerte de Cicerón, nos refiere que …con acertado instinto, como hacen siempre los políticos que quieren el poder, en tanto no lo tienen aún, buscan el apoyo del hombre de espíritu, al que después apartarán a un lado con desdén.

La historia, esa materia que los eficientes conspiradores de la desculturización (sic) y deseducación (sic) social provocadas tratan intencionadamente de apartar de los planes de estudio para que una sociedad inculta sea más fácilmente manipulable, es sin embargo una vieja dama muy tozuda, y nos regala sus enseñanzas para quien quiera y pueda contemplarlas, y así lo señalado en el párrafo anterior se viene repitiendo una y otra vez desde los más antiguos tiempos de la humanidad hasta nuestros días.

Viene todo esto a cuento de que en nuestra maltrecha sociedad española estamos nuevamente ante una avalancha de acontecimientos electorales en los que los políticos profesionales, invocando una democracia que son los primeros en prostituir, tienen que revalidar el poder para así continuar con sus privilegios y los de sus respectivas estirpes (Dios me librará muy mucho de emplear el término casta, que ya bastantes me estigmatizarán sin necesidad de ello).

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Pues bien, acontece que ante todo esto, los poderes se acuerdan ahora de que necesitan a los ciudadanos, los mismos ciudadanos a los que en los tres años anteriores no les hicieron el más mínimo caso, y se les llena la boca vendiendo la idea de que fomentan y estimulan la participación ciudadana, con eslóganes tan estereotipados como vacíos, y así vocean “hagamos asambleas de barrio”, “tu voz es lo que importa”, “la ciudad decide”,  que por experiencia sabemos que pasadas las elecciones volverán a ignorar durante otros tres años hasta que se acerque el próximo circo electoral.

Así, en algunos sitios o circunstancias, se habilitan espacios físicos o virtuales, donde algunos aspectos se someten a la opinión de quien la quiera expresar, o se piden en encuestas o entrevistas, más o menos abiertas o cerradas, sugerencias sobre posibles actuaciones. Al respecto, la prensa local de cierta capital de provincia del norte publicaba como su alcalde  promociona a bombo y platillo que los ciudadanos votarán a través de una plataforma on-line (mire usted que moderno, hombre) sobre las actuaciones a realizar en determinados accesos de una autopista al casco urbano, presentándolo como el primer paso de un singular proceso de participación ciudadana.

Hace tiempo, no tanto desde el punto de vista cuantitativo pero sí mucho desde el punto de vista conceptual, que esto del tiempo es muy relativo, hubo un político serio y activo, que era el Profesor Tierno Galván, que siempre que había diferencias sobre algún concepto pronunciaba su famosa frase …es menester que nos pongamos de acuerdo en que entendemos por…, y si hoy en día estuviera con nosotros, y en el caso de que pudiera soportar los actuales debates políticos sin ser víctima de alguna apoplejía grave, demandaría distinguir entre opinar, participar y decidir.

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Al respecto, el DRAE define:

– Opinar: Formar o tener opinión. Expresarla de palabra o por escrito.

– Participar: Dicho de una persona: Tomar parte en algo. Maria Moliner añade: Ser de los que hacen, padecen o disfrutan cierta cosa que se expresa.

– Decidir: Mover a alguien la voluntad, a fin de que tome cierta determinación. Decisorio (ria): Que tiene virtud para decidir.  María Moliner: Acordar, una persona o entre varias, cierta conducta.

Opinar es algo que todos podemos hacer, y en cualquier momento. Hasta ahí podíamos llegar. No hace falta que nadie instaure plataformas on-line ni ninguna otra zarandaja moderniza. Además, a participación, por muy espontánea que sea, para ser efectiva ya exige una cierta organización, y por ende es evidente que cuenta con una serie de ventajas y beneficios, pero que entraña también riesgos.

Esa organización de la que hablamos puede ser manipulada, pues quien nombra a los participantes?, en base a que criterios?, que temas van a ser objeto de participación?, por qué esos sí y otros no?, cual va a ser el ritmo y cuales los plazos?, va a ser estable o circunstancial?, quien va a dinamizar y controlar el proceso?, como se elevarán a definitivas las conclusiones?.

Y sobre todo, estas últimas, las conclusiones, serán decisorias o se convertirán en una mera opinión a considerar por los operadores del proceso, volviendo al principio de la noria, para cuyo viaje no necesitábamos tanta alforja, por cibernética que ella sea?.

Por otra parte si los regidores  de los municipios en verdad creyeran tantísimo y con tan sincero interés en la participación de la ciudadanía, ya tuvieron tiempo desde que hace unos añitos se promulgase la Ley 57/2003, de grandes ciudades, o también pomposamente denominada de Medidas para la Modernización del Gobierno Local, en la que articula tal asunto, que mira que ya llovió desde entonces.

Así que, por favor, no insulten nuestra inteligencia.

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