Archivo | agosto, 2014

Henri Cartier-Bresson: El ojo del siglo XX.

25 Ago

Un buen amigo, infatigable promotor de causas sociales, a mi entender nobles y justas, tiene entre ellas la edición de una revista digital titulada Dignidad&Responsabilidad, y me ha invitado a participar en la misma.

Aún a riesgo de no estar a la altura que la empresa se merece, no es menos cierto que no me apetece escurrir el bulto ante tal propuesta. Creo sinceramente que en la actualidad el mundo de los medios llamados de información, tanto por lo publicado como por lo silenciado, está totalmente mediatizado por los intereses del sistema imperante, neoliberal y en el caso de nuestro país, bipartidista, único responsable de esta agobiante situación social que recorta ostensiblemente la posibilidad de participación ciudadana real y conduce a una franca recesión de los logros democráticos que tanto esfuerzo  nos ha costado conseguir.

Es pues necesario un revulsivo, la típica y tópica ventana que permita la entrada de aire fresco y que modifique esas condiciones. Y sinceramente creo que, con todas sus debilidades y amenazas, una vía, entre otras, pueden ser las publicaciones digitales, menos condicionadas por la esclavitud material. Es por ello por lo que acepté el envite de mi amigo.

Para la primera entrega me propuse reflexionar a cerca de la exposición que la Fundación Mapfre brinda en Madrid sobre la figura del fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson, pero la sola responsabilidad de mi impericia informática hizo que tales comentarios se publicasen incompletos, por lo que, a parte de brindarles el enlace con lo publicado en dicha revista, con la intención de invitarles a conocer la misma, quisiera añadir algunas consideraciones que allí no figuran sobre dicha exposición.

Realizada en colaboración con el Centre Pompidou y la Fondation HCB, y excelentemente comisariada por Clémente Chéroux, la exposición procedente del Centre Pompidou de París, estará en Madrid hasta el día 7 de septiembre, para luego viajar a Roma y posteriormente a Ciudad de México, y brinda una polifacética visión de la compleja evolución y obra del extraordinario artista, fundamentalmente fotógrafo, que fue Henri Cartier-Bresson, que por su actitud, testimonio y coincidencia temporal recibió con todo merecimiento la denominación de el ojo del siglo XX.

La exposición está estructurada en tres partes principales. La primera, de 1926 a 1935, nos muestras los inicios del artista, que comenzaron en la pintura, aspecto este que volverá a retomar en su etapa final, así como la importancia que tuvo su sólida formación inicial, su paso por el surrealismo, sus primeros contactos con la fotografía en el interesante mundo de Le Moulin du Soleil, su viaje iniciático a Africa, así como sus grandes viajes por Europa, México y Estados Unidos.

La segunda parte, de 1936 a 1946, contempla su intenso compromiso político, y su trabajo para la prensa comunista, el cine y la guerra. Para el comisario Chéroux esta es la fase más desconocida del personaje, e implica una pieza clave para entender la personalidad global del mismo y su posterior evolución.

No debemos olvidar en esta fase sus películas dedicadas a España, Victoire de la vie, documental sobre los hospitales de la España Republicana, de 49 minutos de duración, y L’Espagne Vivra, documental sobre la guerra (in)civil española y los años de posguerra, de 43 minutos de duración. Por cierto que ambos documentales están aún disponibles en DVD, en un doble cofre, junto con el resto de la obra cinematográfica de nuestro artista.

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La tercera parte se inicia en 1947 con la creación de la famosa agencia Magnum, que posteriormente abandonará al creer que se aparta de lo que fueron sus presupuestos iniciales, y concluye en los años setenta, cuando interrumpe su actividad de reportero, y retoma otras manifestaciones artísticas como el dibujo, en un aparente retorno a sus inicios.

La Fundación Mapfre estructura todo este proceso con dos estupendas visitas guiadas, una que dedica a su evolución estética, en la que por supuesto no podría faltar la consideración de su famoso instante decisivo, clásico entre los clásicos, ya expresado por Mirón en su Discóbolo, y filosofado, eso sí con más pesimismo, por Emil Ciorán.  La otra visita guiada está dedicada a su compromiso ideológico y social.

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Qué aficionado no recuerda, en mayor o menor número, alguna de sus fotografías más icónicas?. Pues bien, esta muestra nos permite aproximarnos a la personalidad de un artista completo que no solo persiguió su canon estético con todo rigor, pues era estricto en la composición estructural de sus solo aparentemente fáciles instantáneas, sino que además vivió plenamente y con toda lucidez el compromiso con su sociedad y su tiempo en ese tan convulso que fue el siglo XX, y que desgraciadamente parece que se continúa en el XXI.

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Vivir, a pesar de la enfermedad

10 Ago

A Carmen

El Teléfono de la Esperanza publica con periodicidad semanal en el diario ovetense La Nueva España una columna de divulgación sobre promoción de la salud psicológica, firmada cada vez por uno de sus voluntarios. Gentilmente me han invitado a unirme a dicho grupo, invitación que he aceptado muy gustoso.

Obviamente por razones de espacio y composición La Nueva España indica una cierta limitación sobre la extensión de la columna. A mí siempre se me ha dado mal resumir, y la verdad es que me supuso un cierto esfuerzo ceñirme a esas lógicas condiciones. Por eso, y también pensando en aquellos de mis amables lectores que, por encontrarse en otras localizaciones geográficas, no tienen acceso a La Nueva España, a continuación reproduzco el texto original entero, antes de las pertinentes correcciones:

Cuando nos comunican que somos víctimas de una enfermedad grave o de pronóstico incierto un cúmulo de emociones y sentimientos pasan por nuestra cabeza. En primer lugar nos invade una sensación de estupor e incluso de incredulidad (qué está pasando?, por qué a mí?), que puede llegar hasta a intentar negar evidencias objetivables por pruebas (es imposible, yo no tengo eso). En ocasiones también puede invadirnos la culpabilidad (qué habré hecho mal?, por qué este castigo?). Posteriormente el miedo, la incertidumbre y la angustia se apoderan de nosotros.

Todas estas emociones son humanamente comprensibles. Demuestran que tenemos sentimientos, y los sentimientos demuestran que estamos vivos. Pero en ocasiones pueden llegar a atenazarnos, a paralizarnos, trastornan nuestra vida y añaden un sufrimiento extra al ya derivado de la enfermedad, a veces incluso superior a este. Multitud de cambios aparecen por razones varias  en nuestras vidas, llevándonos a adoptar respuestas no siempre saludables, que a veces nos inducen al retraimiento en nosotros mismos, lo que no hace más que aumentar nuestra ansiedad, generando un fenómeno de bola de nieve cada vez más y más doloroso.

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Por todo lo anterior es absolutamente trascendental la actitud que adoptemos ante este proceso, con la seguridad de que tal actitud va incluso a influir en la evolución de la enfermedad generadora del mismo.

En primer lugar, hemos de conocer la naturaleza del fenómeno del enfermar, e incluso de nuestra propia enfermedad, sabiendo que el mejor conocimiento de nuestro adversario posibilita su derrota. Debemos saber que lejos de infundadas y muy caducas tradiciones, el enfermar es un hecho consustancial a la vida, eso sí, pero debido únicamente al azar, y que en modo alguno puede deberse a ningún castigo de fuerzas misteriosas ni a ninguna culpabilidad que solo serviría para debilitarnos. Debemos estar seguros de qué nosotros podemos afrontarlo con actitud positiva, y que si nos esforzamos en cuidar e incrementar nuestra salud de un modo general (dieta equilibrada, ejercicio adecuado, evitar hábitos nocivos) estaremos aumentando las armas de lucha contra la enfermedad, y por tanto las posibilidades de su derrota.

También es fundamental que los sentimientos antes descritos (miedo, incertidumbre, etc.) los admitamos como decíamos antes como evidencia de que somos seres vivos, que sentimos y padecemos. Y no solo eso, sino que también, en su justa medida y en los entornos adecuados, los exterioricemos. Cuando verbalizamos nuestros sentimientos liberamos parte de nuestra carga, lo que ya tiene en si mismo un efecto terapéutico, pero además nos ayuda a objetivarlos, y en ocasiones a relativizarlos, con el mismo tipo de efecto.

Por otra parte, cuando hacemos partícipes de los mismos a aquellas personas que forman parte de nuestra intimidad, a las que apreciamos y que nos aprecian, vamos a encontrar su apoyo y su ayuda, y establecer un proceso de sana comunicación, que si no existiese podría dar lugar a muchos malentendidos que vinieran a aumentar los motivos de dolor y sufrimiento. A veces este proceso es delicado y difícil, pero si se hace con sinceridad y franqueza el éxito está prácticamente asegurado. Es cierto que en ocasiones podemos llevarnos alguna desilusión, pero tampoco es malo distinguir a los auténticos amigos de los que no lo son.

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Si de todas maneras, los sentimientos paralizantes o angustiosos nos invadan y nos arrastren, también es conveniente pasarlos por el tamiz de nuestra corteza cerebral, contrastándolos con la razón, pues en ocasiones se basan  en ideas irracionales que nos producen dolor infundadamente. Un discernimiento sobre los datos objetivos que tenemos sobre el problema puede resituar nuestro punto de vista, disminuyendo nuestro nivel de angustia. Cuantas veces en la vida sufrimos anticipada e innecesariamente por hechos que nunca llegan a suceder!. Preguntarnos que evidencias tenemos para pensar lo que pensamos puede en estas ocasiones ser muy clarificador. 

A pesar de todo, a lo largo del proceso de nuestro enfermar las épocas de enfado, incluso irascibilidad, o decaimiento, y hasta depresión, pueden aparecer de forma aleatoria, es cierto, pero no es menos cierto que muchas personas que nos precedieron en igual difícil camino nos demostraron con su testimonio que una actitud adecuadamente positiva puede disminuirnos sufrimiento accesorio e innecesario, y que a pesar de todo, la vida en su día a día sigue esperándonos para hacernos multitud de regalos en la sencillez de la amistad, de la belleza o de la serenidad. Como dice una bella canción de Serrat, a veces la vida decide tomarse un café con nosotros. No se lo despreciemos y negociemos con ella si puede ser cortado o con leche.

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