Elogio de la amabilidad (I)

29 May

No por tópico es menos cierto que el mundo lleva una gran temporada muy crispado. Qué yo sepa desde el siglo XX, y lo que va del XXI, que no deja de ser una mera continuidad del anterior. A mayor abundamiento, como consecuencia de la actual gran crisis generada por los poderes económicos, los ciudadanos, víctimas inocentes de la misma, nos encontramos también muy entristecidos.

Es por ello que otra actitud es absolutamente necesaria, y cualquier signo de amabilidad, una sonrisa, una buena contestación, un tono de voz cariñoso, un pequeño gesto generoso, aunque sea tan simple como ceder el paso en una angostura de tráfico, me conmueven, y he decidido iniciar una campaña por el elogio de la amabilidad, de la que este post es el primer pequeño paso, y en la que trataré de ir relatando hechos que en el día a día me vayan sucediendo y en los que encuentre uno de estos gestos.

Serán pequeños detalles cotidianos, seguramente intrascendentes, de los algunas personas con mucha razón podrán decir que eso es lo normal, que lo normal es ser educado, amable y comportarse con corrección, por lo que no habría por qué darles un especial significado. Y es verdad e insisto que quien eso defienden tienen toda la razón. Pero, que quieren?. Uno ya está en una edad en que tiene una incrementada labilidad emocional, y uno de esos pequeños gestos mencionados al principio bastan para alegrarle el día, tanto como un cuarteto de Haydn, justificar que haya amanecido y agradecer todo eso, y mucho más, a la vida.

Comencemos. En Oviedo, entre varios excelentes establecimientos de pastelería, bollería, etc., tenemos en la calle Melquiades Álvarez, número 25, una panadería-dulcería denominada Enharina , donde me proveo de las magdalenas más exquisitas que hasta el día de hoy he experimentado, que harían la envidia del entrañable don Marcel, y de unos bizcochos de composición diversa también de muy primera calidad.

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Pues bien, en este noble establecimiento, y siguiendo las costumbres comerciales al uso de tratar de crear adherencia en la clientela, idearon la “tarjetina” que a continuación les muestro. En la misma, por cada comprar superior a seis euros al cliente le ponen un rústico “sellín”, y cuando se rellenan todas las cuadrículas le regalan una bolsa de media docena de las exquisitas magdalenas ya reseñadas.

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La última vez que este pobre escribidor visitó el establecimiento, y consecuencia de las circunstancias que acompañan a su provecta edad, olvidó la “tarjetina” en casa, y por supuesto no pensaba reclamar la tan amable concesión al no cumplir el requerimiento tácito. Fue la muy simpática persona que me atendió la que con una amable sonrisa me preguntó por tal documento, y al explicarle las causas de mi olvido me dijo: “No se preocupe, conserve el tique de compra en el que le señalo la fecha de hoy, y se lo valido en la próxima visita”.

Ya lo sé que todo esto es una tontería, ya lo sé que la cosa no va más allá, que el precio de la compra de media docena de magdalenas no se puede comparar con el de un brillante, pero como me gusta distinguir entre precio y valor, el valor de una sonrisa y de un detalle amable es para mí infinitamente superior, y lo suficiente, como decía antes, para alegrarme el día.

Por todo ello, a la amable dependienta, a todo/as lo/as que participan en la confección y venta de tan exquisitas magdalenas, y por supuesto a la vida, que me regala estas sensaciones, muchas gracias.

Spiaggia Grande.- Positano

Spiaggia Grande.- Positano

8 comentarios para “Elogio de la amabilidad (I)”

  1. María Jesús. junio 3, 2014 a 10:30 pm #

    Totalmente de acuerdo, los pequeños gestos de amabilidad de cada día es lo que hace un mundo mejor. A mi también me satisfacen, no solo por parte de los demás, si no, hacerlos yo. Hoy mismo, yo subía por unas escaleronas para cruzar a otra calle y estaba una chica sentada, descansando de su trabajo, fumando un pitillo. Las escaleras son anchas y se supone que las personas deben subir por la derecha y bajar por la izquierda. La chica estaba sentada en la parte derecha, por donde yo debería subir, se levantó y dijo: “pase usted, señora”, yo le dije: “no hace falta que te levantes, paso por la izquierda” y, nos cruzamos una sonrisa mutua. Me quedé muy bien, muy contenta. Ya ven! por un pequeño gesto de amabilidad.

    Saludos cordiales.
    María Jesús.

    • libreoyente junio 3, 2014 a 11:02 pm #

      Gracias, María Jesús, y continuemos poco a poco poniendo granitos de arena. Las pequeñas personas haciendo gestos pequeños acabaremos transformando el mundo. Un cordial saludo

  2. José María junio 4, 2014 a 6:02 am #

    Una sonrisa y una palabra amable. Lo que menos cuesta y, sin embargo, suele ser lo más valioso.

    • libreoyente junio 4, 2014 a 6:05 am #

      Muchas gracias por tu comentario, José María, y también por tus estupendos envíos sobre arte e historia. Un cordial saludo

  3. Onésimo González junio 4, 2014 a 6:10 am #

    Pequeños detalles… Eso es lo que cuenta. Buen artículo. Saludos

    • libreoyente junio 4, 2014 a 6:15 am #

      Gracias, amigo Onésimo. Mucho tenemos que aprender de tí en este terreno. Un cordial saludo

  4. Fernando Albuerne junio 11, 2014 a 12:31 pm #

    Querido amigo:
    Hermoso comentario y más bella aún la sugerencia de ir floreciendo amabilidad.
    Al leerte, recordé un pensamiento de mi admirado Pedro Casaldáliga en su libro “Cuando los días dan que pensar”, sobre la cordialidad, sinónimo a su vez de amabilidad. Transcribo el mencionado texto, escrito desde Sao Félix de Araguaia, en el Matto Grosso brasileño.
    «Visitar, conversar, convidar, es una manera eficacísima de evangelizar; sobre todo en este país -en este continente- donde la cordialidad es un verdadero sacramento».
    Mira por dónde, hacer la vida agradable a los demás resulta ser también una manera de evangelizar.
    Habrá que tomar de esa virtualidad de la amabilidad, de la cordialidad, ¿no te parece?
    Un abrazo,
    Fernando

    • libreoyente junio 19, 2014 a 11:08 am #

      Querido amigo Fernando: Muchas gracias por tu amable comentario, y porque siempre nos propones muy interesantes motivos de reflexión. Un abrazo

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