Archivo | junio, 2013

Paréntesis vacacional: Lo primero, un buen libro: Misión Olvido

24 Jun

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En realidad, no es lo primero. Cuando durante los largos, oscuros y lluviosos días de invierno, y este año de primavera, que no fue sí no un invierno continuado, uno va pergeñando en su cabeza la forma ideal para pasar las vacaciones, lo primero en que se piensa es en la persona ideal con que compartir momentos, para conseguir convertirlos aún en más agradables.

A partir de ahí es cierto que uno de los componentes más importantes de la maleta son esos otros compañeros continuos que son los libros, en la espera de también acertar con ellos.

En este caso uno de los auténticos aciertos fue Misión Olvido, de María Dueñas, que ya nos había cautivado con su buen hacer literario en su anterior El tiempo entre costuras.

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Siempre es interesante seguir la trayectoria de los autores que nos gustan en su primera obra, y más, reconfortante como en este caso comprobar como se nos confirma la impresión de una excelente novelista.

Un discurso fluido, muy elegante y estupendamente amueblado va dando forma a un relato cuidadosamente articulado que nos arrastra con ritmo envidiable, al tiempo que con esmero y mucha sensibilidad, como para no herir, nos va propiniendo algunos temas para la reflexión sobre nuestra historia o sobre nuestra forma de ser. Y como si del bajo continuo de un concierto de Bach se tratase, en un aparente segundo plano pero dándole el necesario armazón al conjunto, va perfilando los sentimientos de los personajes, y al propio tiempo los nuestros.

Al final del final, pero no por ello menos importante, como suelen decir con un juego de palabras los como ella filólogos de la lengua inglesa, en un capítulo de agradecimientos, en el que conserva la misma elegancia literaria y el mismo nivel emocional que todo el texto anterior, lo hace extensible a todos los lectores…que me han pedido que siga escribiendo historias que les rocen el alma y les hagan pensar que lo mejor de la vida, muchas veces, todavía está por llegar.

Conmigo ambas premisas la ha conseguido plenamente, y me uno a la legión de admiradores que esperamos su próxima obra, y a todos ustedes, pacientes seguidores de esta modesta bitácora, con todo mi cariño lo mejor que puedo hacer es recomendarles vivamente la lectura de este libro, en cualquier época del año.

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La vida en dos planos (II)

5 Jun

Diapositiva en Recorte

En esta segunda entrada,  como decíamos al final de la anterior, vamos a tratar de adentrarnos muy brevemente en como funciona nuestro cerebro, y cual es la neurofisiología de nuestras emociones y nuestros sentimientos. Así podremos saber como interactuar con todo ello de modo positivo.

No quisiera empezar sin aprovechar para rendir un modesto homenaje a uno de los españoles que más nobles han sido, aunque desgraciadamente todo aquello por lo que luchó, la educación y la investigación, y por lo que el mundo entero lo admira esté tan desprestigiado y tan recortado en nuestro triste país.

Este español es Ramón y Cajal, uno de nuestros pocos premios Nobel, y al que el mundo entero considera, mucho más que nosotros, uno de los padres de las neurociencias.

En 1888 describió la denominada “doctrina de la neurona”, que cambiaba de modo absoluto el paradigma sobre la organización y funcionamiento del sistema nervioso, teoría que fue aceptada por la comunidad científica internacional en 1889 en el Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana. En 1906 recibiría por ello el Premio Nobel.

Imagen1  El Dr. Alonso Puig manifiesta que nuestro cerebro recibe muchísima información, mucha más de la que podamos percibir y de la que somos conscientes.  Y sin embargo en el momento de actuar, tendemos a hacerlo como si lo que nosotros viéramos fuese lo único que existiera.

Quizás este concepto debamos revisarlo, porque actuar así nos va a restar muchísimas fuerzas, llegando incluso a veces hasta el bloqueo.

Por contra, si llegamos a conocer esas otras facetas de la realidad que se nos pasan desapercibidas, seguro que encontraríamos aspectos que nos añadirían calidad a nuestras vidas.

Preguntémonos, pues, cual es la interacción entre cerebro y mente.

A riesgo de que sea excesiva, hagamos una simplificación y agrupemos toda esa información que recibe el cerebro en dos grandes capítulos: información que le llega desde nuestro interior, e información que le llega del exterior.

A lo largo de toda la evolución, ya  desde el origen de la vida y desde la primeras proteobacterias,  y estamos hablando de ¡hace 3.800 MILLONES DE AÑOS!, los seres vivos, incluso los más elementales fueron necesitando mecanismos para conservar su equilibrio interno, su homeostasis, para así sobrevivir. Es lo que podríamos denominar equilibrio vital.

Imagen2 Esos mecanismos homeostáticos fueron tornándose más y más complejos hasta que, tras un pequeño salto de 3.200 millones de años, es decir, hace ahora unos 600 millones de años, aparecen los primeros organismos pluricelulares, y hace 570 ó 580 millones de años, aparecen los artrópodos y otros animales en los que ya podemos ver un rudimento de sistema nervioso, que con el paso del tiempo y de las especies va ganando en complejidad, hasta que hace ahora 5 ó 7 millones de años las líneas evolutivas de los seres humanos y chimpancés se separan para, tras diversos avatares, dar lugar a eso que se dio en llamar homo sapiens, denominación que a la vista de los resultados deberíamos poner en tela de juicio.

Así que como usted, paciente lector, puede ver, esto del cerebro va evolucionando digamos que con una cierta tranquilidad, por lo que teniendo una  visión de conjunto no nos vendría mal abordar la vida sin prisas, y por tanto sin angustias.

Como veremos más adelante, la percepción de nuestros sentimientos puede ser modulada, y esta es una de las claves que nos va a permitir reinventarnos. Y será modulada, entre otros factores, por nuestra experiencia propia, que a su vez está muy condicionada por nuestra educación y nuestra cultura. Pues bien, en estas se introdujo un parásito perverso y dañino que es la prisa.

Presentación1  Observo a menudo en la consulta que al acudir un paciente, es decir un ser humano que padece, abrumado por un trastorno psicoafectivo, cuando se le escucha, se le comprende y se le explican los porqués de su padecimiento, se siente liberado y el sufrimiento transitoriamente disminuye.

Pero cuando después se le expresa que el tratamiento, tanto psicoterapéutico como farmacológico, es un proceso que lleva su tiempo, la prisa vuelve a realizar sus deletéreos efectos y el ser humano sufriente vuelve paradójicamente a angustiarse.

La prisa vuelve a manifestarse desde su armazón cultural, incluso haciéndole olvidar como pocos minutos antes nos contaba el mucho tiempo, incluso años, que llevaba con su padecimiento.

Son estos sentimientos, y muchos otros, los que tenemos que conocer y aprender a gestionar de un modo saludable, y sobre lo que continuaremos reflexionando. Pero ahora, para no traspasar el umbral de su paciencia, dejémoslo aquí querido lector, hasta una próxima entrada.