Con mi hija en el Campoamor (IV): Don Carlo

6 Feb

imageDon Carlo. Uno de los mejores títulos de Verdi, que es decir uno de los mejores repertorios de la historia de la ópera.

Pertrechado por las enseñanzas del maestro Pablo Siana, en dos recientes posts de su excelente blog, y por lo visto en una versión del Metropolitan del año 1983, con Plácido Domingo y Mirella Freni y The Metropolitan Orchestra and Chorus, dirigidos por James Levine, que por cierto contiene las escenas iniciales en los jardines de Fontainebleau que dan mucho sentido al resto de la historia, me dirigí al Teatro Campoamor, en esta cuarta sesión de cierre de temporada, como siempre dispuesto a disfrutar.

He de comenzar diciendo que en esta ocasión lo que más me gustó fueron las voces. Juan Jesús Rodríguez, auténtico triunfador de la noche, hace un Rodrigo espectacular. Una voz bellísima y potente a la que imprime un gran sentimiento, apoyado también por una buena representación escénica. Además, su porte contribuye a que nos ofrezca un convincente papel de “Grande de España”. Saben mis pacientes lectores que soy muy novato en esto de la ópera, y que no tengo una gran experiencia que me permita hacer comparaciones, pero me atrevo a señalar que no eché nada de menos al Louis Quilico del DVD arriba reseñado. ¿Es mucho decir?. ¿Una osadía por mi parte?. Así lo siento, y así lo digo.

imageStefano Secco, Don Carlo, también tiene, para mi gusto, una bonita y potente voz, que, como bien señalaba el maestro Siana, va ganando con el paso de la representación, y se muestra sumamente expresivo a medida que va aumentando el dramatismo. Al principio su manifestación escénica está algo atropellada o sobreactuada, y esto también madura con el paso de la representación.

Muy bien , tanto en lo vocal como en lo escénico expresivo, Felipe Bou en su Felipe, con gran dramatismo y un comedimiento muy de agradecer, y Luiz-Ottavia Farías, en su Gran Inquisidor, papel, por otra parte, teatralmente muy agradecido y que realizó con un excelente equilibrio entre la teatralidad (¿”pelín” excesiva en la caracterización?) y el comedimiento, que le añade muchos matices al personaje que sin duda Verdi quiso dibujar.

imagePara las voces femeninas, solo elogios. No es ningún descubrimiento Ainhoa Arteta, que con su elegancia tanto vocal como personal construyó una Isabel de Valois que en su contención dramática expresaba la lucha de sentimientos que tenía lugar en su interior.

Alex Penda, debutante en el Teatro Campoamor, unía a la belleza de su voz una expresividad dramática muy adecuada a su personaje,  e Itziar de Unda ponía una bella nota de alegría muy de agradecer como  contrapunto a la intensidad de tragedia.

imageNuestra OSPA brilló a la altura a la que nos tiene acostumbrados bajo la experta mano de Corrado Rovaris, aunque en algunas contadas ocasiones adquirió una intensidad “desconcertante”.

La historia, sobradamente conocida y que no tiene por qué ser rigurosamente historicista, la cual por otra parte está extremadamente oscura, sino pretexto expresivo de los sentimientos de un artista, Verdi, siempre preocupado por el tema de la libertad y del sometimiento del ser humano, sea pueblo o noble, por el poder mundano, sea el trono o el altar, la historia, digo, es muy potente, por lo que exige unos instrumentos o recursos expresivos también potentes.

En este sentido creo que la “carpintería teatral” empleada es sumamente adecuada a la expresividad buscada.Lamento que alguien pueda sentirse “herido en su sensibilidad” y prefiriese que le relatasen las cosas de forma más edulcorada o más adecuada a lo que quería oír, pero creo que ni las personas ni los pueblos podemos ni debemos renunciar a nuestro pasado. Bueno sería que lo que algunos denominan errores lo consideraremos motivos de aprendizaje. En todo caso las cosas fueron como fueron, y las monarquías absolutas gobernaban como gobernaban, insisto, tanto los tronos como las iglesias jerárquicas, los altares. La Inquisición tampoco se regía por la Declaración Universal de Derechos Humanos, a la que aún le faltaban algunos siglos y mucha sangre para poder declararse. Qué desde entonces sea más o menos eficaz esa ya es otra historia para “otro Verdi”. Por tanto, por mí parte, un notable alto para el trabajo de Giancarlo del Mónaco y su equipo.

imagePara finalizar, e igual de importante, dentro de la búsqueda de arte total que muchos le atribuyen a la ópera, ese acierto de nuestra querida Asociación de combinarla con una exposición de un artista plástico asturiano y contemporáneo, triple acierto pues, al que se le solicita obra ad hoc. Ricardo Mojardín, Boal (1956), figura por méritos propios en las más adecuadas publicaciones especializadas al respecto.

Artista polifacético que gusta de plantear preguntas con actitud crítica, utiliza la figuración, el romanticismo y el simbolismo, sin renunciar a la mordacidad.

imageEn esta ocasión, con un relato  que nos recuerda a su Dual II, nos va retratando la psicología de los personajes en un doble plano en el que se combinan ese romanticismo y esa mordacidad antes citadas, desde una belleza plástica indudable.

En definitiva, extraordinario complemento. Lástima que las ideas tengan un precio, y alto. Prosaicos 2300 euros por cada uno (sorry, gentlemen never talk about money), lejos del alcance de recortadas economías de modestos funcionarios.

En esta ocasión, imponderables del destino impidieron a mi hija acompañarme. ¡La eché de menos!. Estoy deseando ya que llegue la próxima temporada, por el arte y por mi hija (¿o es lo mismo?).

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