Archivo | noviembre, 2012

Reflexiones (II): La crisis del XVII

25 Nov


Me gusta leer sobre historia, y cuando lo hago de la de España, si puedo, prefiero hacerlo a través de un hispanista no español, preferentemente anglosajón, porque pienso (¿estaré equivocado?) que escriben desde una distancia que les ayuda a mantenerse algo más alejados de ese apasionamiento tan característico nuestro que en ocasiones nos conducen a banderías, y por otra parte también se alejan de localismos y sitúan la acción en un contexto más global.

En el caso que nos ocupa, Goeffrey Parker, nacido en Inglaterra, y actualmente profesor de la Universidad de Ohio (EE. UU.) aporta no solo su sólido bagaje como reputado historiador, sino también una muy amplia bibliografía sobre la España del XVI y del XVII. Muy vinculado personalmente a nuestro país, es miembro correspondiente de la Real Academia de Historia de España.

No es menos cierto que en la obra que nos ocupa (2006) está acompañado de otras importantes firmas de la intelectualidad española como son Cayetana Álvarez de Toledo, Xavier Gil, Alberto Marcos, Luis Ribor y Rafael Valladares.

Todos los citados autores, en mayor o menor extensión, desmenuzan los hechos y las circunstancias de lo que se dio en llamar la “crisis del XVII” centrándola en ocasiones en un año más paradigmático, el 1640.

De este tiempo y estas circunstancias analizan la crisis medioambiental, con sus cambios climáticos y su influencia sobre la agricultura y las cosechas, y por tanto también sobre la economía; la superpoblación y el influjo de los movimientos migratorios; la actitud exigente de Castilla, que soliviantó a Cataluña, Portugal, Sicilia y Nápoles; una presión fiscal a todas luces excesiva e injusta, recayendo siempre sobre las clases inferiores, lo que contribuía a deteriorar aún más la economía y constituir un “bucle diabólico”, y las inapropiadas medidas de “privatización” de la recaudación; así como el desafortunado papel de los poderes del valido y religioso, bloqueando toda actitud negociadora.

Muy interesante también el capítulo de Gil Pujol donde se hace un fino análisis conceptual e historiográfico, tratando de distinguir entre algaradas, revueltas y revoluciones.

En fin, que la Historia, tozuda ella, se empeña una y otra vez en mostrarnos que es cíclica, y los humanos, tozudos nosotros, nos empeñamos una y otra vez en ignorarla, demostrando ser los únicos animales que no aprendemos de errores anteriores.

¿Ignorancia o manipulación de los poderosos?. La cadena siempre rompe por el eslabón más débil, ¿cual será?.

Reseña breve (VI): Con mi hija en el Campoamor (II)

25 Nov

Esta vez tocó Turandot, de G. Puccini, estrenada en Milán, en 1926.

Desde el principio advierto que aquí contaré solo mis impresiones como no entendido. El que prefiera una buena crítica musical, abordando los aspectos técnicos, le recomiendo el excelente blog firmado por Pablo Siana (www.pablosiana.wordpress.com). Después ha de buscarse la entrada “la liu de Beatriz Diaz”. Don Pablo es un maestro y una referencia en lo que a temas musicales se refiere.

Por lo que a mí respecta, decir que lo que más me gustó fue la excelente actuación de la orquesta Oviedo Filarmonía. A continuación la voz y la interpretación de la soprano Eri Nakamura, en el papel de Liú, así como Manel Esteve, VicenÇ Esteve y Mikeldi Atxalandabaso en los papeles respectivos de Ping, Pang y Pong. El Coro también me pareció soberbio.

Al tenor Stuart Neill lo encontré un poco descolocado en escena.   Elisabete Matos, en el papel de Turandot, aún reconociendo su gran voz, sinceramente no me gustó.

Susana Gómez demostró una vez más que con economía de medios e inteligencia se puede hacer una excelente puesta en escena, incluso con belleza plástica. Contribuyó a ello también Alfonso Malanda, con su diseño de la iluminación.

Gracias a la buena idea Fundación Ópera de Oviedo, de combinar las artes, podemos disfrutar de algunas muy sugerentes creaciones de Carlos Sierra, eso sí, solo al alcance de bolsillos privilegiados.

Y para finalizar, compartir mesa y mantel con mi hija en “In vino veritas” puso un satisfactorio broche de oro a una más que agradable velada. Gozaron mis sentimientos paternos y mis ansias artísticas, ¿qué más puedo pedir a la vida?. Lo deseo para todo el mundo.

Reflexiones (I): Comentando a Principia Marsupia

20 Nov

Principia Marsupia es un interesantísimo blog donde Alberto Sicilia, investigador en física teórica, reflexiona sobre temas científicos o de realidad social, con granagudeza y valentía, y un alto número de seguidores que aportan también atinadísimas reflexiones.

Recientemente acaba de publicar un post titulado: “Para que sirve votar?. ¿Vivimos en una democracía?”. Con gran osadía por mi parte, me atreví a realizar algunas consideraciones que aquí transcribo:

¡Enhorabuena una vez más, Alberto!. Tu blog es estupendo, siempre “a pié de obra”, abordando temas candentes y de interés social, abordando la realidad del día a día.

Y el blog no solo es estupendo por eso, sino también por las opiniones de los comentaristas, e incluso de la bibliografía aportada por los mismos.

Por mi parte, opino que lo que sucedió con llegar a la mayoría absoluta, y al día siguiente hacer todo lo contrario constituye la más flagrante prostitución de la democracia que se dio en los últimos tiempos. Me atrevo a recordar con terror la llegada de Hitler al poder por esos mismos medios.

Peo cuando se prostituye una idea, quede claro que el mal no está en la idea sino en quien la prostituye. La democracia sigue siendo el menos malos de los sistemas políticos inventados por el género humano.

Más, así las cosas, ¿qué hacer?. ¿Seguir persistiendo en el error, votando a partidos que reiteradamente demostraron lo que les importa la opinión de los votantes?. ¿No votar o votar en blanco, lo que a parte de otras consideraciones, con nuestra actual ley electoral es dar el voto al partido mayoritario?. Dudo mucho que una abstención masiva sea posible, y también dudo que aunque la abstención fuera enorme pudiera avergonzar a quienes reiteradamente demostraron que no saben que es eso.

Así pues, sinceramente creo que la única opción que nos queda a los ciudadanos que estamos indignados con el engaño a que nos someten los políticos es restarles poder de un modo eficaz, y eso creo que solo lo podemos conseguir haciendo que el voto en blanco sea computable.

Dado que de momento esto no está contemplado en nuestra legislación electoral, la opción, como comentó alguien que precedió en el uso de la palabra, es “Escaños en Blanco”. Este es una lista electoral con nombres y apellido, distinta para cada proceso electoral, y que se deshace después de este (y lo es así por obligación reglamentaria), cuyo único punto del programa es que los escaños que se consigan no serán ocupados nunca por nadie. De hecho nuestro logo es una silla vacía, y así queda durante toda la legislatura. Ya hay ejemplos de ello en algún municipio de Cataluña.

Ventajas de tal opción: Se resta ese voto a los partidos mayoritarios, se disminuye el número de políticos en activo, y además supone un ahorro en coste para el ciudadano.

Os invito a que lo consideréis. Gracias

Allegro y andante (II): Barocco Sempre Giovane

18 Nov

Decía un buen amigo a la salida del concierto que la presencia de una formación o un solista checos en la sala siempre es garantía de buena música. Añadía que tal parece que los checos en vez de oxígeno respiran corcheas.

También nuestra centenaria Sociedad Filarmónica de Oviedo es garantía de buena programación. En este caso, en el concierto 1.879  de su historia nos brindan la presencia del conjunto titulado “Barocco Sempre Giovane”, fundada en el año 2004 por el violinista Josef Krecmer. Acompañaban en este caso a la formación el propio director mencionado, y Lukas Klansky como solista al piano, e Iva Kramperova, como solista de violín.

De los conciertos me gusta leer la estructura de la programación y también encontrar en ella algunas novedades  que me permitan continuar navegando en ese maravilloso universo que es la música. En este caso el programa avanzaba ordenadamente  desde el más ortodoxo y  estricto clasicismo del checo Stamic al nacionalismo del noruego Grieg, pasando por el incalificable por inconmensurable Mozart y el romanticismo de Mendessohn, a quien tanto debemos los amantes de la música no solo por sus maravillosas composiciones sino también por sus reivindicaciones y recuperaciones. ¿Qué sería de nosotros  si Mendelssohn no hubiera reivindicado y recuperado a Bach o el Concierto para violín de Beethoven?. ¿Quien lo hubiera hecho?.

Y de esa programación, además de la bellísma y emocionante ejecución, de la que otros con más conocimientos a técnicos que yo pueden dar mucho mejor cuenta, me quedo con el para mí descubrimiento del citado Stamic. No recuerdo haber oído anteriormente su música, y ahora al acercarme a él, descubro no solo una personalidad apasionante y un músico de una gran fertilidad artística, sino también al músico que perfeccionó la sinfonía y la sonata, o que introdujo el crescendo y el decrescendo, dándole a la música plasticidad, dramatismo y colorido, lo que hace que se le pueda considerar por muchos como el precursor de Haydn y Mozart.

También fue un descubrimiento saber que la producción violinística de Mendelssohn no se limitaba a su archiconocido y bellísimo concierto para dicho instrumento, sino que también nos regaló páginas igualmente bellas, como ese Concierto en Re menor para violín, piano y cuerdas con que nos deleitaron los componentes de la Barocce Sempre Giovane, gracias al buen hacer de la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Esperemos que vuelvan pronto y que entonces sigamos estando en condiciones de disfrutarlo. Serán muy bienvenidos.

…a ver si nos vemos (III): Confitería Los Robles, o el encanto del pequeño comercio.

12 Nov

En una tarde otoñal de noviembre, lluviosa y fría, el paseante entra por casualidad, o por refugiarse del frío, vaya usted a saber, en este pequeño establecimiento de Avenida del Cristo, nº 24, e inmediatamente se siente envuelto por una atmósfera de sosiego y armonía y con una tibia temperatura, que inspira confianza y bienestar.

Los dulces productos propios del establecimiento perfectamente colocados, la limpieza y el orden brillando como un refulgente neón de marca, y sobre todo  la amabilidad y cortesía personal en la atención, se añadían a la sensación de bienestar.

De la calidad y buen sabor de los productos les doy fe.

Todo esto hace que en estos tiempos de prisa, “tamaño grande” y búsqueda de la venta y la ganancia inmediata y en cantidad, aún a costa del contacto personal, uno guste de apostar por establecimientos cercanos como este, como la Confitería Los Robles, donde se pueda encontrar ese instante especial que puede poner al menos un punto de alegría a un día que quizás se preveía monótono y gris.

Del coste de los productos, medio kilo de exquisitas pastas de té, y cuatro sabrosos pasteles, como siempre, lo dejo a su criterio.

Allegro y andante (I): Enhorabuena a La Castalia

11 Nov

Con este post inicio una subsección desde la que trato de compartir y de revivir mis alegrías y andanzas por el universo de la música, bien en el ámbito de las salas de conciertos, bien en otros ámbitos como los discos, los libros o la radio. En este sentido, no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendarles el estupendo y muy ameno programa de “Los Clásicos de RNE”, que extraordinariamente conducido por Mikaela Vergara y Carlos Santos, emite todos los días RNE simultáneamente en Radio Nacional y en Radio Clásica. Pueden también seguirlo en Facebook y en Twitter.

Pero no esperen encontrar en esta sección crítica docta o serias enseñanzas sobre la música, pues eso sería algo para lo que este modesto libreoyente no está capacitado. En ese caso, les recomiendo mucho mejor los blogs de “pablosiana” o “codalario”, donde podrán satisfacer sus ansias de saber de un modo más que justificado.

Y sea el comienzo para felicitar a la Asociación Cultural La Castalia por su Concierto de Clausura de la XI edición del curso “La Voz en la Música de Cámara”, y agradecerles el regalo que supuso para los asistentes al mismo, y además de forma gratuita.

Es esta una asociación que desde hace ya muchos años, de un modo admirablemente discreto y eficaz viene organizando actividades de muy alto nivel en el ámbito de la música y el teatro.

Del referido concierto me impresionó la meticulosidad y precisión en la organización, así como el alto número de artistas implicados, y también su extraordinario nivel. Algunos, ya sobradamente conocidos y consagrados, como es el de Aarón Zapico, y otros, sorprendentes promesas, aunque ya con un sólido presente, como es el caso del jovencísimo Santiago Ruiz de la Peña, tanto al piano (Sonata n* 10, de Haydn) como con el violonchelo (Sonata op. 5 n* 8 en Re m, de Corelli).

También personalmente me gustó la frescura y desparpajo en el canto y la interpretación de Antonio Ramallo, tanto en sus creaciones propias (“Ruben que ruben” y “Los dos ojos negros de mi niña amada”) como en el I got plenty o´nuttin”, del Porgy and Bess de Gershwin, y la belleza en el timbre de la voz de Vanessa del Riego, en la “Scena di Berenice”, de Hayden.

Por último destacar al introducción de la gaita, a cargo de Marco Antonio Guardado, acompañado al piano por David Sánchez, en la emocionante “Suite de les Mariñes”, de nuestro también actual y ya consagrado R. Prada.

En definitiva, gracias a los componentes y responsables de La Castalia por esta  demostración de que cuando se ama y se vive el auténtico arte, se puede regalar generosamente y con sencillez, convirtiéndolo así en una manifestación popular, que es donde debe estar.

Les deseo todos los éxitos del mundo porque en ellos tendremos nuestro deleite.

…a ver si nos vemos (II): Donde NO tomar un ginetonic

3 Nov

En este caso, la subsección debería titularse “…a ver si aquí no nos vemos”, porque la verdad es que al sitio del que les voy a hablar no pienso volver, salvo compromiso absolutamente ineludible, en cuyo caso me limitaré a tomar una coca-cola, o argumentación muy justificada en contra, demostrando de modo incontrovertible que han modificado sus conocimientos al respecto.

El caso es que siguiendo el comentario escuchado a un buen amigo, de cuyo buen gusto tenía pruebas más que evidente,aunque es  muy cierto el dicho ese de que “Hasta el mejor escribano echa un borrón”, me dirigí al establecimiento intitulado “Estado Puro”, perteneciente al Hotel NH de Madrid, sito en la Plaza del Ángel, adyacente al celebérrimo Café Central.

Y allí me sirvieron uno de los peores ginetonics que tomé en mi vida.

Tengo por costumbre tomar siempre ginebra Martin Millers con tónica Fentimans, aromatizado con 3-4 granos de cardamomo. Y lo hago así por una parte porque creo que son excelentes condimentos y por otra parte porque al partir de condiciones similares, las comparaciones son más fáciles.

Ante mis protestas y exabruptos, mi bella acompañante, la verdad que poco aficionada a tales artes, me insistía en que si los componentes son los de siempre, el resultado no podía ser tan distinto como mi expresividad verbal manifestaba.

Insisto que es poca su afición a profundizar en los matices de tal magia, más le argumentaba que aunque es francamente difícil estropear un buen jabugo, si se insiste en adobarlo con mostaza, o simplemente mal cortarlo en tacos, siendo la misma materia prima, el resultado no tiene nada que ver.

Pero abordemos los detalles, para aviso de incautos, de tan funesto sucedido. Para empezar, me sirven el cóctel en vaso estrecho y alto, algo que ya no hacemos desde los 70 del pasado siglo. ¡Y cuando ruego me lo sirvan en copa ancha, me aseguran que son esos precisamente los vasos que tienen especificamente para tal menester!.

Así pues, al diantre la posibilidad de disfrutar de los aromas y los matices olfativos de los componentes.  Cualquiera que sea la referencia bibliográfica que consulte al respecto, coincidirá en recomendar que el ginetonic se sirva “…en copa de balón de boca ancha pero que cierre, olvidándose de los vasos de tubo para siempre…”. Debe quedar suficiente espacio entre el límite superior del combinado y el borde de la copa, para que podamos “asomarnos” y gozar de los aromas antes referidos.

Es cierto que si alguien quiere viajar a la costa este de Estados Unidos puede cruzar el Atlántico en un barco de vela, pero estos elementos mejor están destinados a piezas de museo o buques escuela para formación de guardamarinas, y lo más conveniente es que el viaje se realice en un medio de transporte más moderno y rápido. Pues bien, afortunadamente, la ciencia ginetonicológica algo ha avanzado en los últimos tiempos, y los vasos altos y tubulares y llenos hasta el borde, ¡para los museos!.

Pero las desgracias no acabaron ahí, !no¡. Si bien el ginetonic canónico de Martin Miller y Fentimans debe ser aromatizado con enebro, como decía en un párrafo precedente, yo tengo la costumbre, después de muchas pruebas en mi banco de idem, de aromatizarlo con 3-4 granos de cardamomo, lo que aporta un punto de sequedad añadida a la que la ginebra referida ya tiene, y así se lo solicité al camarero, por cierto también más seco que la propia ginebra, no sé si por hacer juego con la misma o por ser ese su carácter. El caso es que aquello no era un punto de cardamomo, era una auténtica ensalada, por la cantidad desmesurada del mismo, lo que más que aromatizar, desvirtuaba totalmente el sabor del combinado. Y para colmo de males, la corteza de lima brillaba por su ausencia, sin tan siquiera ser sustituida por algún similar, limón, naranja, etc.

Todo eso respecto a los aromatizantes, ¿y de la tónica, que?. Pues allí, sobre la mesa me plantó el caballero el botellín, no solo sin servir, sino sin acompañar con la cucharilla y otro aditamento que nos permitiera hacerlo a nosotros con una cierta habilidad.

Porque, señores, el ginetonic no es, por supuesto, simplemente un pelotazo de alcohol, ni un digestivo ni una medicina para combatir el spleen. El ginetonic es un rito, una ceremonia, un fuego sagrado, una puesta en escena que genera intercomunicación entre el camarero, el cliente y el entorno. Sin eso no es nada. Sin eso el establecimiento no aporta ningún valor añadido y el cliente se siente absolutamente frustrado.

Así que, sí señores, manteniendo los componentes se puede destrozar un buen jabugo, un ginetonic y una velada,…y el local puede transformarse en un innombrable al que yo al menos ni volveré ni recomendaré a ninguno de mis amigos.

Como postdata, todo esto no ya es que no lo pagaran ellos, es que  ni tan siquiera es barato. Respecto del precio, como siempre, juzguen ustedes.