Mirando al bosque: real(e)dades.

20 May

-¿En qué piensas? -me preguntó mi acompañante al observarme ensimismado y aún más, al punto que ni prestaba atención a la copa de exquisito vino blanco que había pedido.

-Pues mira -respondí -por más que lo intento no puedo quitarme de la cabeza la repulsa que me produce la actitud de ese personaje que denominan emérito, y que a mi modo de ver de meritorio no tiene nada, y su desfachatez presentándose aquí como se presenta.

-¿Y por qué ese enojo? Por mal que te pese el personaje es un ciudadano español y no tiene ninguna cuenta pendiente con la justicia, así que está en su derecho a venir y pasear libremente por el país.

-Bueno, bueno…abría mucho que matizar. Que es ciudadano español, legalmente, sí. Pero los derechos y los deberes tendrían que ir siempre de la mano, y en este caso por los cargos que ocupa y las prebendas que ellos le aportan debería estar obligado cívicamente a guardar una serie de actitudes ejemplarizantes que están muy lejanas a las que practica.

>>No solo así él mismo lo reivindicaba en muchos de sus mensajes navideños en los que incluso se permitía dar lecciones de moralidad (ahí están las hemerotecas) sino que incluso por alguna de ellas llegó a pedir perdón y asegurar públicamente que no volvería a suceder. Pero volvió a suceder, y con hechos incluso más escandalosos.

>>En cuanto a las cuentas con la justicia, desgraciadamente todos bien sabemos que el derecho procesal obra milagros al no juzgar el fondo de las cuestiones sino la adecuación de las formas. En cualquier caso además de los juicios que se ventilan en los tribunales, en las sociedades democráticas deberían darse los enjuiciamientos cívicos y políticos.

>>Al respecto, en el caso que nos ocupa hasta la Fiscalía General en su informe de archivo de la causa admite la existencia de sólidos indicios de delito, pero que son difíciles de juzgar por la prescripción de los mismos y por la inviolabilidad del sujeto implicado. Es decir, que no se puede asegurar que no haya cometido delitos sino que se escapa por las rendijas del procedimiento. Y no olvidemos que aún tiene alguno abierto en el Reino Unido donde la inviolabilidad no le serviría.

>>En todo caso, el que un sujeto que vive a cuerpo de rey (lo de la esencia y el merecimiento de ello es otra historia) a expensas en gran parte de dinero público venga a un país donde existen altos niveles de necesidad y pobreza (y no me llames demagogo, es una realidad verificable, y también sé que la responsabilidad no es únicamente de él sino de otras muchas personas e instituciones), te decía, venga en medio de un operativo ostentoso y carísimo a reunirse con sus amigotes para charlas de barcos y regatas, me parece simplemente repulsivo y un insulto intolerable a los millones de conciudadanos que están buscando trabajo (no era un derecho constitucional?) o levantándose muy temprano todas la mañanas para encontrarlo en formas miserables. Todo ello me retrotrae a dieciochescos pasajes fernandinos y aquello de vivan las caenas.

Mi acompañante callaba, no sé si porque asentía o por no discutir. En todo caso yo, que ya estaba embalado, continué:

-Y por cierto, todos los padres también se equivocan a veces, y los de la Patria tienen el mismo derecho, y creo que lo hicieron cuando allá en Gredos redactaron el artículo 56.3, entre otros muchos, y con él sentaron el obsoleto y ridículamente anacrónico concepto de la inviolabilidad del rey. Por eso creo que cuando nuestra desorientada clase política se decidan a repensar sus ideología, la posmodernidad y las consecuencias de la sociedad líquida, si es que les da tiempo antes de caer definitivamente en las garras de los populismos que en estos tiempos son, harían bien en corregir esta anomalía, junto con otras muchas.

>>En fin, aún recuerdo aquel panfletario discurso navideño de 2011 cuando el personaje que nos ocupa, con engolada grandilocuencia, aseguraba que la justicia es igual para todos. Una vez más se cumple el sabio adagio popular que dice que unos son más iguales que otros.

Y dicho esto, con sensación de satisfacción me centré en el antes citado exquisito vino blanco, cuyos aromas y sabores aumentaron aún mucho más esa satisfacción.

Un mes, un libro (V): Obra maestra.

11 May

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Título: Obra maestra

Autor. Juan Tallón

Editorial: Anagrama

Querido amigo A:

A medida que iba leyendo el libro que te adjunto me imaginaba lo mucho que habrías de disfrutar con el mismo. Ahora bien si me preguntas a qué genero deberíamos adscribirlo, francamente no sabría decirte. ¿Es relato novelado de unos hechos reales? ¿Es reportaje periodístico con añadidos novelescos? ¿Es novela negra? ¿Es simplemente la edición de una astracanada, no por ello menos trágica? Júzgalo tu mismo y luego me iluminarás con tu siempre ponderado juicio.

Para ir sacándote de la intriga (¿o quizás para introducirte más en ella?) intento situarte. El origen de lo relatado tiene lugar allá por el año de 1986, en aquella España en plena efervescencia democrática, necesitada de revalidarse en modernidad ante los países de nuestro entorno, como gustaban de decir la clase política y periodística. Para ello, entre otras cosas, se decide hacer, de prisa y corriendo y un poco a la trágala como habitualmente en nuestro país, un museo de arte contemporáneo, el actual Reina Sofía, e inaugurarlo con un ceremonial que asombrase (¡y vaya si asombró!) a ese antes citado entorno presuntamente validador.

Con este motivo se decide solicitar obra para una magna exposición a lo más granado de la modernidad pictórica y escultórica, tanto nacional como internacional. Así se hizo con nombres como Georg Baselitz, que por cierto el día antes de la inauguración se marchó de Madrid indignado por lo que él consideraba un trato inadecuado, Eduardo Chillida, Twombly, Antonio Saura, Antoni Tápies o Richard Serra, todos ellos artistas a los que conoces sobradamente.

Este último respondió con una de sus habituales obras monumentales que tituló Equal–Parallel: Guernica–Bengasi. Fíjate si sería monumental que pesaba ¡treinta y ocho toneladas! (sí, lees bien), y para introducirla en el museo hubo que derribar parte de su recién rehabilitada fachada. Acabada la exposición la obra fue almacenada, y como no era posible hacerlo en el propio museo se encargó el asunto a empresas externas especializadas, acorde con lo que a posteriori se instauraría como tendencia de externalización de los trabajos de la administración. Cuando años después se la quiso volver a exponer, la pieza había desaparecido, y en 2006, es decir transcurridos veinte años, este hecho tuvo que ser admitido públicamente por el museo.

¡Veinte años después! se reconoce que no se tenía ni idea de qué había pasado con una pieza de, te recuerdo, treinta y ocho toneladas, lo que hace que no sea fácil que pase desapercibida, y por la que se habían pagado, y creo que este dato también es significativo, treinta y seis millones de las antiguas pesetas de dinero público.

Hasta aquí los hechos, con alguna cuestión más que va saliendo a lo largo del relato.

¿Qué hay acerca de la obra literaria que origina esos hechos, y de la que estamos hablando?

Como te decía no es fácil adscribirla a un género concreto pues transciende los cánones habituales creando una estructura muy original. Obra coral en cuanto que multitud de personajes implicados van apareciendo en sus páginas relatando la visión de su participación en la historia. El autor organiza estas apariciones de forma muy abierta, asimétrica, con desigual duración de los epígrafes, lo que hace a la obra muy dinámica y con gran agilidad, proporcionando un continuo interés en su lectura.

Además está escrita con una prosa muy elegante que va concediendo a cada uno de esos personajes un tono muy adecuado a su personalidad y estatus social. Así por ejemplo Philip Glass , que define a si mismo como compositor contemporáneo que basa su música en estructuras repetitivas, en su discurso reitera la conjunción «y» de un modo notable, confiriéndole un ritmo muy musical y acorde con su estilo. Con todo ello el autor acaba recreando un magnífico retablo de una sociedad que, en muchas ocasiones, genera negativo asombro, al punto de que raya también el género de la novela picaresca, eso sí, en la posmodernidad.

Llegados a la última página  de la obra no sabemos como fue la verdadera historia de la desaparición y cuanto hay de cierto o de inventado en ella, pero ¿eso importa?.

Al fin y al cabo, cada persona narra una historia de una manera, y esa historia debe ser cautivadora y espontánea. Si no es cautivadora y convincente, entonces no tiene valor (Radu Lupu)

¿Y qué hay del autor? He de confesar que, en mi enciclopédica ignorancia, lo desconocía totalmente, por lo que, a día de hoy, aparte de reconocerlo como un magnífico autor en cuya obra creo que merece profundizarse, lo único que sé de él es lo que cualquier persona con un mínimo interés puede obtener en la solapa de la publicación y en Wikipedia o similares.

Licenciado en Filosofía, trabaja en el campo del periodismo y la comunicación. Fue corresponsal del periódico La Región y después jefe de prensa de la Secretaría General de Emigración hasta 2008. Trabajó en la Cadena SER, en la revista Jot Down, y en El Progreso.

Participante en diferentes publicaciones colectivas, obtuvo con su primera novela el VI Premio Nicomedes Pastor Díaz. Sus libros abundan en la metaliteratura y en la derrota. Desde 2020 es miembro de la sección de Pensamiento del Consejo de la Cultura Gallega. En 2013 publica El váter de Onetti en castellano, al no encontrar editores que quisieran publicarlo en gallego, idioma en el que estaba escrito originalmente. En 2018 publica su primera gran novela, Salvaje Oeste, que ficciona el poder en la España del Siglo XXI. En 2020 Rewind, a pesar de las dudas de sus editores con respecto al título. Otros de sus títulos son Libros peligrosos o Mientras haya bares.

Entre sus distinciones cabe destacar: Ganador del VI Certamen de relatos Francisco Fernández del Riego, del III concurso de Narrativa Erótica La Máquina de Vapor, del IV Premio Pastor Díaz de Novela, por La autopsia de la novela, del Premio Modesto R. Figueiredo en el 2009, por Era él, finalista del Premio de novela corta Manuel Lueiro Rey en el 2010, por La pregunta perfecta, ganador del Premio Lueiro Rey en el 2012, por Fin de poema, o del Certamen Manuel Murguía en el 2013, por Consanguíneo.

De sus muchos artículos periodísticos en los más sonados medios nacionales destaco por divertido uno muy reciente cuyo enlace dejo aquí.

Por último, por si fuera poco el interés que despierta la historia en sí misma y la alta calidad de esta obra, denominémosla por fin como lo hace su editorial como novela no ficción, a partir de la segunda parte introduce otros niveles más allá del relato de las vicisitudes de la escultura. Uno más que interesante es la sempiterna controvesia sobre la naturaleza y aledaños del arte contemporáneo. Incluso algún artista consagrado, como José Manuel Bouzas llega a calificar la obra Serra como cachivache.

También, y a mayor abundamiento, tanto las seis intervenciones de Richard Serra como la de otros muchos artistas, críticos, gestores de arte, o de otras personas que de un modo u otro trabajaron con el norteamericano en la génesis de su obra, acaban convirtiendo el libro en algo que podría remedar un catálogo razonado del escultor.

Bien sabes, amigo A., que cuando una obra me gusta, y en mi poco entender la considero de calidad, hago de su consejo un acto de amistad. Pues bien, esta es una de ellas. Estoy seguro que la disfrutarás.

P.D.: Como sé que eres amigo de los maridajes y las sinestesias, en este caso la obra tiene que acompañarse con música de Philip Glass. Aquí te dejo un enlace. El vino, obviamente de California, ¿un Opus One, del Valle de Napa?

Nuestros vecinos invisibles

8 May

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Con mayor frecuencia de la deseada caminamos por la vida con las orejeras emocionales colocadas. Absortos en nuestras cuestiones a las que concedemos una importancia absoluta y que en ocasiones no pasan de nimiedades intrascendentes, no nos queda tiempo para considerar a nuestros semejantes.

Los medios de comunicación, con motivaciones muy diversas, nos recuerdan la existencia de la guerra, la muerte, el hambre o la crueldad, pero nosotros seguimos tomando el café o comiendo frente al televisor mientras nos autojustificamos pensando que vaya por Dios, que todo eso es triste, pero que ahí nosotros nada podemos hacer, y que lo que ciertamente es grave es nuestro asunto.

En definitiva acabamos ignorando a quienes nos rodean, como si no existiesen o como si fueran invisibles.

Por eso es muy importante que algo o alguien nos recuerde que hay otros seres humanos que pasan por situaciones de necesidad y/o de dolor, que la vida los convirtió en desafortunados sin que ellos hicieran nada por merecerlo, sin ser en lo esencial y en su dignidad distintos a nosotros.

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Es también es importante que algo o alguien nos recuerde que sí se puede hacer, pues hay pruebas evidentes de que alguien sí lo hizo, lanzándose a aventuras que parecían locuras sin futuro, por las que muchos los llamaron insensatos, pero con generosidad y constancia alcanzaron la meta de poder poner un pequeño grano de esperanza, de ilusión y de amor en aquellos que carecían de ello y parecían invisibles en su sufrimiento.

Pues esa necesidad de que algo o alguien nos lo recuerde la colma la Fundación Alimerka en una brillante exposición fotográfica que titula precisamente así: Nuestros Vecinos Invisibles. Gracias al arte de cuatro excelentes fotógrafos y de una Comisaria de la exposición nos muestra la tarea y las historia de los componentes de cuarenta y cuatro entidades que vuelcan toda su ilusión, su imaginación y su fuerza en mejorar la vida de sus asociados, restaurándoles su visibilidad y su dignidad.

Todo todo un ejemplo y un estímulo para pensar que otro mundo mejor es posible, que se pueden hacer muchas cosas para seguir ese camino si no perdemos tiempo y fuerzas en egoísmos estériles.

Gracias por ello a todos los que participan en tan grande tarea.

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Un mes, un libro (4): El Último Verano de la URSS

30 Abr

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Desgraciadamente los aspectos más trágicos de la actualidad teñida de horror y muerte otorgan una nueva vigencia a este libro.

La autora, Sara Gutierrez,  brillante doctora en medicina aparte de periodista y otros emprendimientos, tras obtener el Premio Extraordinario Fin de Carrera por la Universidad de Oviedo, consigue una beca para cursar la especialidad de Oftalmología en una de las entonces repúblicas de la Unión Soviética, concretamente la de Ucrania, y más exactamente en la ciudad, hoy tristemente célebre, de Jarkov.

Finalizada dicha especialidad, en el verano de 1991 y ante la posibilidad de no volver en un futuro próximo por aquellas tierras, decide realizar un viaje fin de estudios para conocer algunas de sus históricas y bonitas ciudades, siguiendo el eje Mar Báltico – Mar Negro, y acompañada de una compañera uzbeca, Yulduz, que aporta muchos aspectos de ingenua ternura a todo el relato.

Como buena periodista, va tomando ágiles notas durante todo el recorrido, que años más tarde, y por mor del tiempo dilatado que le confirió el confinamiento pandémico, las transformó en un bello libro, tanto por su contenido como por el continente.

Y digo lo del continente porque el libro en si mismo, como objeto, es una joyita. Editado muy cuidadosamente por Reino de Cordeliamuestra una factura muy atractiva a la vista y al tacto en los tonos y texturas de su papel, así como por los delicados detalles que separan capítulos o párrafos, y todo ello culminado con unas muy acertadas ilustraciones de Pedro Arjona que sabe enfatizar la esencia de cada ciudad y etapa del viaje, así como reflejar esa citada ternura de Yulduz que atraviesa todo el texto.

Los buenos libros, y este lo es, son amigos que nos van a acompañar probablemente durante toda nuestra vida, por lo que si además son bellos, y este lo es, van a añadir un plus a su disfrute.

Respecto del contenido, la prosa es elegante y el ritmo ágil, lo que hace muy fácil y atractiva su lectura. Además aporta exactas y completas descripciones tanto del estilo de  vida en aquel tiempo en Jarkov y en la URSS como de las ciudades y por las que transcurre el viaje y su historia, lo que lo transforma en una atractiva guía de viaje, o al menos complementaria de la que queramos usar. Sería una estupenda invitación a reproducir la experiencia, si no fuera por las trágicas y peligrosas circunstancias por las que la región atraviesa, como señalo anteriormente.

Y esa trágica actualidad probablemente sea mejor comprendida a la vista del citado libro, que también nos describe la plural mentalidad de los habitantes de la región, lo que probablemente expliquen algunas de las actitudes vigentes hoy en día. Recordemos al respecto el análisis que a partir de la página 72 realiza un veterano militar, que viajaba exhibiendo orgullosamente sus muchas condecoraciones, en el que critica a  Mijaíl Gorbachov y las consecuencias de su actitud presuntamente débil y complaciente, concluyendo que nuestros logros son, sin duda, muchos más e infinitamente superiores a los suyos…, eso que se ve en la televisión son decorados y películas; la realidad es bien diferente. En Occidente, los niños se mueren de hambre y los hombre vagabundean buscando un trabajo que no hay…

También a este respecto la figura de Yulduz y la descripción de las condiciones su vida una vez que vuelve a su patria, la también antigua república soviética de Uzbekistan, donde nuestra protagonista pasados unos años por fin va a visitarla, nos hace comprender la existencia de otra realidad y otras mentalidades en las que ven los acontecimientos desde prismas muy distintos a los nuestros.

En fin, otra propuesta de lectura que sugiero como signo de amistad, con el deseo que con ella disfrutéis y reflexionéis.  El libro lo merece y es seguro que os lo proporcionará.Unicamente queda ensombrecido por la pena que estará sufriendo la autora al ver las imágenes de su querida Jarkov y sobre todo por el dolor terrible e injusto por el que están pasando sus habitantes. ¡Ojalá no perdamos del todo la  humana compasión y podamos contribuir de alguna manera a evitar los sufrimientos de esta  y desgraciadamente  otras muchas tragedias!

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Un mes, un libro (3): Emocionarte

30 Mar

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El arte como expresión de las esferas sensibles y cognitivas del ser humano parece ser algo intrínseco al mismo, no en vano se manifiesta ya en sociedades pretécnicas y cabe reconocer al Homo neanderthalensis las primeras manifestaciones artísticas, que proceden al menos de hace unos 65 000 años, tal como se constata por los restos hallados en las cuevas de Maltravieso (Cáceres), Ardales (Málaga) y La Pasiega (Cantabria).

Aunque es difícil saber a ciencia cierta cuales eran los significados  de tales manifestaciones, los historiadores parecen acordar que giraban en torno a mundos funerarios mitológicos o religiosos. Como quiera que fuera, muchas evoluciones han sufrido las manifestaciones artísticas y sus estilos hasta llegar a nuestros días, adquiriendo intencionalidades religiosas, publicitarias del poder, sociales o incluso reivindicaciones ideológicas o conceptuales, hasta el punto de que en el ámbito del denominado arte contemporáneo algunas personas llegan a negar la diferencia entre arte y tomadura de pelo y algunos artistas la utilidad del mismo, polémica que se tornará eterna y de imposible solución.

Como quiera que esto sea también hay muchísimas personas, entre ellas el autor del libro que aquí señalamos que en el prólogo del mismo manifiesta entender el arte como refugio que nos pone a salvo del ruido exterior, de la sinrazón y de la barbarie. Qué adecuado para los inciertos tiempos que vivimos!.

Carlos del Amor es un popular periodista especializado en el ámbito cultural y artístico donde ha obtenido varios premios y un unánime reconocimiento, y con incursiones también en el mundo literario. Ambos aspectos se funden en este libro que con todo merecimiento ha obtenido el Premio Espasa 2020.

Con una prosa fluida, cálida y poética nos hace disfrutar tanto de ella como de las treinta y cinco obras comentadas, y con su extensa erudición y una detallada bibliografía nos invitar a tratar de profundizar en las mismas multiplicando así las razones para el goce estético que nos pueden proporcionar.

Me alegro mucho de haber leído este libro, y mi recomendación se convierte en un signo de amistad.

Un mes, un libro (2): Egoístas, inmortales y viajeras.

28 Feb

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I

Con el presente libro el Dr. Carlos López-Otín cierra su Trilogía de la vida, que había comenzado con La vida en cuatro letras y continuado con El sueño del tiempo.

En esta trilogía el Dr. López-Otín nos introduce en las entrañas de la vida, tanto en lo que respecta a sus comienzos como cuando ha de enfrentarse a dos de sus vulnerabilidades, quizá las más importantes, a saber, el envejecimiento como preludio del final y la enfermedad, representada por aquella cuyo solo nombre nos despierta un atávico miedo: el cáncer.

Para ello el autor, extraordinario científico, tras tener que atravesar unas también extraordinarias circunstancias desencadenas por vaya usted a saber que causas, decide salir de su laboratorio, que no de su torre de marfil pues eso nunca lo fue ya que siempre estuvo abierto a todo aquel que necesitó aproximarse al mismo, y dialogar de tú a tú con las personas que cotidianamente transitamos por las calles.

Divulgar la ciencia de un modo claro y comprensible tal vez sea socialmente tan importante como hacerla, aunque los divulgadores no estén tan bien reconocidos. El caso es que el Dr. López-Otín cumple ambos objetivos. Sabe hacer ciencia y del más alto nivel (ahí está su curriculum) y sabe divulgarla del modo más sencillo, pero además con un lenguaje rico y expresivo, regalándonos buena literatura, y además trufado con constantes citas artísticas, pictóricas, musicales, cinematográficas y filosóficas, y con un exquisito respeto a quienes, desde la sinceridad, pudieran pensar de distinto modo. Pertenece a ese grupo de privilegiados que sabe comprender y predicar que los cerebros humanos no son ni de ciencias ni de letras en exclusividad, sino que pertenecen a seres humanos en su totalidad.

En tan peliagudo tema como el cáncer la sabiduría científica y sobre todo la bonhomía del autor nos traslada, en sus propias palabras, del miedo a la esperanza a través de una renovada serenidad y prudente optimismo que se sustenta en el avance de la ciencia.

II

Si en lo científico el Dr. López-Otín goza del máximo reconocimiento internacional, y en lo divulgador goza del apoyo que le dan su legión de lectores, en lo personal es de una humanidad y cercanía que llena plenamente el máximo mandamiento de todos los profesionales del ámbito de la salud: …siempre consolar…

Y sin embargo recientemente se ha visto sometido a una confabulación malvada que a punto estuvo de acabar con su vida.

La gran alegría del día de hoy para mí, en medio de todas la turbulencias por las que atraviesa el mundo, fue que dos personas valientes y honestas han sabido retractarse de las acusaciones vertidas y pedir público perdón.

Esperemos que los hechos que motivaron tal injusticia y que de momento, por la grandeza de espíritu del Dr. López-Otín, quedan en la confidencialidad se aclaren. Es lo mínimo.

Adiós, coronavirus, adiós

3 Feb

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Cual influencer o instagramer que se precie me comunicas a través de las sofisticadas y modernas redes sociales que me dejas, me abandonas.

No podré decir que lo lamento o que fue bonito mientras duró, pero sí he de admitir que me enseñaste bastantes cosas. En primer lugar fuiste muy benevolente conmigo, mucho más que con otros miles de personas, y me trataste con mucha levedad. Aunque eso sí, insististe en recordarme una vez más el significado de la vulnerabilidad (…quia pulvis es…), las ventajas del conocimiento científico, y sobre todo el privilegio de las vacunas y de nuestro sistema sanitario.

También es cierto que compartimos bastantes momentos muy agradables y relajantes: el placer de la lectura, la escritura, audiciones musicales, relajadas siestas y hasta prácticas pianísticas. Cosas todas ellas de las que disfruté, y te lo agradezco.

Supongo que esto es la vida, una extraña mezcla de eclipses y luminosidades.

Permanecerás en mi recuerdo, pero, sinceramente, no creo necesario que volvamos a encontrarnos, aunque no lo puedo descartar, a la luz de ese conocimiento científico que me fuiste enseñando. Por eso, de momento, te digo adiós y te doy un like.

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Un mes, un libro (1): Una breve historia del futuro

29 Ene

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Vivimos tiempos de incertidumbres, y para muchas personas, sobre todo las de mi edad, no es la menor de ellas pensar que nos deparará el inmediato futuro, incluso el presente, con el gran y rapidísimo desarrollo de la tecnología.

Hoy para acciones básicas de la vida diaria (ir al banco, pagar la compra, pedir consulta médica, y otros muchos ejemplos más) es fundamental conocer informática a nivel de usuario. Pero el caso es que todo esto evoluciona a tal velocidad que en muchas ocasiones supera nuestra capacidad de adaptación, hace crecer la brecha digital y nos deja fuera de la actualidad, haciéndonos vulnerables, más incluso de lo que ya somos por naturaleza.

El caso es que esto no va a parar aquí. Aunque no nos demos cuenta nuestras vidas están altamente influidas por la inteligencia artificial con sus algoritmos o las blockchains hasta límites sorprendentes.

Pero no perdamos la calma. Como dijo alguien citado por los autores del libro que comentamos, el futuro ya estuvo aquí. Acaso no se produjo un cambio espectacular con la aparición de la era industrial, o con la caída de la sociedad estamental o absolutista, y por ir aún más lejos, del paso del paleolítico al neolítico?

Probablemente los habitantes del mundo en esas ocasiones tuvieron la misma sensación que nosotros de que todo a su alrededor se tambaleaba y su sociedad corría el peligro de desaparecer.

Frente a los retos e incertidumbres que nos plantea la vida, uno de los más sólidos asideros de los que disponemos es el conocimiento, por más que terraplanistas, negacionistas o antivacunas pretendan negarlo, y posiblemente de igual importancia que es la lucha contra la desigualdad es la lucha contra su ignorancia, si no es que una y otra están intimamente ligadas.

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Pues bien, Conrado CastilloNacho Villoch nos plantean este más que interesante libro con un sugerente título para que utilicemos el conocimiento como punto de apoyo de la palanca que nos puede ayudar a modificar nuestras rígidas y temerosas actitudes, desde la esperanza de que si la raza humana ya nos adaptamos antes y en multitud de ocasiones, bien podemos volver a hacerlo ahora. Aspecto este muy esperanzador puesto que además señalan que si bien es vertiginosa la aceleración de la tecnología, las emociones y sentimientos de los humanos permanecen.

Para ello los autores, como método que soporte sus interesantes reflexiones, realizan un paseo por el tiempo a modo de variaciones sobre diversas materias. Hacen una introducción del tema correspondiente mostrándonos como estaba en tiempos pasados, con estampas que a los neoadanistas pueden parecerles increíbles, para luego analizar como está en la actualidad, y posteriormente tratar de hacer un intento prospectivo para los próximos veinte o treinta años. Más lo consideran especulatorio.

Ahora bien, este innegable desarrollo tecnológico, con las evidencias tan altamente positivas en campos como por ejemplo la medicina, es siempre bueno? Servirá para que los humanos dispongamos de más tiempo libre y ocio, y consecuentemente la posibilidad de un mayor desarrollo intelectual e integral?. O como dice alguien tan poco sospechoso de colaborar con comunistas-bolivarianos revolucionarios como es el Instituto Tecnológico de Masachusetts (MIT) nos llevarán a un desempleo global del 80 %? Otra vez aparece el monstruo de la desigualdad.

Porque el modelo crece, sí, pero en ocasiones sin control, y garantizar un mínimo de estabilidad y dignidad a las personas implicadas en él es  muy difícil, dependiendo demasiadas veces de intereses espurios.

Por eso, y por otras varias razones entre las que no es la menor la de los delitos informáticos, es necesario que en este nuevo mundo siga persistiendo la ética (será verdad que alcanzará su esplendor en la década de los treinta del presente siglo?) y todas aquellas materias que la sustentan: la filosofía, la historia, las humanidades, etc. Estas disciplinas nos muestran reiteradas evidencias de que los instrumentos no son ni buenos ni malos en si mismo. Lo serán en la medida hacía donde se incline la voluntad del ser humano, con todas sus luces y sus sombras.

Nosotros decidimos hacia que lado empujamos.

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El rey Midas

29 Nov

I

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Dimas Gordias gustaba de levantarse siempre antes del amanecer. Cómodamente sentado en una de las terrazas de su casa, la que daba al oriente, disfrutaba de esos momentos de silencio absoluto, previos al inicio del nacimiento del día. Silencio en el que la naturaleza parecía expectante ante el milagro de un nuevo comenzar.

Después una tenue luz ambarina rompe el negro de la noche, y las formas del horizonte comienzan a poder vislumbrarse.

El canto lejano de un gallo se une al suave murmullo de las olas dando entrada a la melodía del esperado nuevo día. Un punto rojo comienza a crecer hasta imponer la fuerza de la vida que se reitera.

Esos momentos los utiliza Dimas para reflexionar sobre su presente y preparar mentalmente la agenda del día, en el que seguro que también habrá que tomar decisiones que contribuyan a conformar el futuro inmediato y el más lejano.

Hoy Dimas se siente pletórico, lleno de fuerza y vitalidad. Quizás más que nunca está orgulloso de si mismo y de lo que ha conseguido. Ha creado un imperio empresarial, ha generado muchos puestos de trabajo y con ello el salario de muchas familias y asegurada por varias generaciones una estabilidad desahogada de la suya propia.

Y todo gracias a su esfuerzo y sacrificio personales, sin deber nada a nadie. Así lo ha reconocido esta noche pasada el presidente del Círculo Nacional de Empresarios en la jornada homenaje en que fue nombrado Empresario del Año, al mismo tiempo que alababa su audacia y su visión estratégica que, como dijo y todos aplaudieron, hacía que todo cuanto tocase se convirtiera en oro.

II

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Con ese ímpetu llegó a su despacho. Como siempre el primero de toda la plantilla. La mañana se sucedió con el vértigo habitual: repaso de los recortes de prensa previamente seleccionados por la eficiente Trini, su secretaria personal, luego lectura de la correspondencia y correos electrónicos y dictado de las contestaciones necesarias, atención a algunas llamadas de felicitación adecuadamente filtradas por Trini, reunión de equipo con los jefes de departamento, recepción de visitas señaladas, etc., etc.

Ya estaba entregado a este tráfago irreversible y habitual cuando sonó el teléfono privado, al que únicamente se accedía con la aquiescencia de la omnipresente Trini:

-Don Dimas, su hija. Dice que es importante.

-Gracias, Trini. Pásemela.

Dimas no se alteró. Belén, su única hija, la luz de sus ojos, era una persona seria y muy responsable, que sabía que podía recurrir a él siempre que lo estimase oportuno, porque lo haría solo por motivos de fuerza mayor, Nunca se permitiría distraerlo de lo importante, su trabajo.

-Dime, hija. Un placer oírte.

-Papá, estoy asustada. Marina se puso enferma, vinimos a Urgencias, y parece que la cosa es seria.

De pronto el universo de Dimas se conmocionó. La pequeña Marina era su única nieta, la otra joya de su vida, una niña juguetona, llena de alegría, que sentía auténtica pasión por su abuelo, y él por ella. La noticia le sentó como un directo de boxeo en plena cara.

-Pero, Marta, hija, qué es lo que pasa.

-No lo sé, papá, pero estoy muy asustada. No podrías venir?

-Por supuesto, ya sabes que vosotras y tu madre sois lo primero en mi vida. En diez minutos estoy ahí. Tranquila, que llego pronto y verás como todo se arreglará.

Al instante dio las órdenes oportunas:

-Trini, por favor, encargase de suspender toda mi agenda. Mi nieta está en Urgencias, y lo primero es lo primero. Qué tengan preparado el coche en cinco minutos. Si hay algo importante comuníqueselo a Emilio, ya sabe que usted y él tienen toda mi confianza para resolver imprevistos.

-Por supuesto, D. Dimas, así se hará todo, no se preocupe. Y que lo de la pequeña Marina no sea nada y se solucione satisfactoriamente -respondió ella.

-Gracias, Trini. Eso espero.

III

 

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Efectivamente no habían pasado diez minutos cuando Roberto, su eficaz conductor, estacionaba el coche en las proximidades del Área de Urgencias del Hospital Universitario, un orgullo de toda la región, y donde lo aguardaba su hija que al verlo se abrazó a él temblorosa y muy emocionada.

-Pero, hija, que pasó?

-No sé, Papá, estoy muy asustada. Esta mañana, y después de desayunar como siempre, me dijo que se sentía mareada. Me dio el tiempo justo para cogerla antes de que se cayese, pues si no se hubiera golpeado con el suelo. Perdió el conocimiento y estaba muy pálida, así que sin pensarlo pedí un taxi y vinimos para Urgencias. La ingresaron de inmediato y parece ser que le están haciendo pruebas, pero no sé  más, pues nada me dijeron aún.

-Pero, y como que perdió el conocimiento? Y lo recuperó?

-Sí, ya en el taxi lo recuperó, pero me dijo que estaba muy mareada y casada.

-Pero, había dormido bien?  Le sentó bien el desayuno? Estaba mal estos últimos días?

-No, Papá, todo estaba bien. Ya ves que ayer estuvimos en la cena de tu homenaje, y cuando llegamos a casa Antonia ya la había acostado, y dormía plácidamente. No me explico que pudo haber pasado. Tú la viste estos días y estaba alegre y juguetona como siempre -Papá, Papá, estoy muy asustada, qué podemos hacer?

-No te preocupes, hija, no hay que asustarse antes de tiempo, puede ser una lipotimia sin importancia. Ya verás como al final todo se arregla.

Dimas era un hombre muy influyente en la ciudad, además de amigo de realizar muchas acciones filantrópicas, por lo que tenía una agenda de contactos muy importante, en concreto también en el sector de la sanidad. Uno de esos contactos era el Jefe de Servicio de Urgencias. La empresa de Dimas había realizado múltiples aportaciones materiales a ese Servicio, especialmente con motivo de la última pandemia, con objeto de hacer algo más confortable la estancia y la espera de los usuarios, y las intensas jornadas laborales de los trabajadores, y por ello le estaban reconocidos y agradecidos.

Sin dudarlo buscó su número en la agenda de su teléfono, y lo marcó. Como esperaba obtuvo contestación casi inmediatamente.

-Buenos días, Luis. Qué tal estas? Sí, sí, bien, muchas gracias. Perdona que te moleste. Hace una media hora ingresaron a mi nieta Marina ahí, en tu Servicio, y la verdad es que su madre y yo estamos un poco asustados, sobre todo ante la falta de noticias. Podrías, por favor, enterarte de como va la cosa y decirnos algo? Te lo agradecería mucho.

-….

-Muchas gracias, Luis. Te reitero mi agradecimiento. Esperamos aquí, en la sala de espera.

Y dirigiéndose a su hija le comentó:

-Va a enterarse del caso. Es un buen amigo y una gran persona, siempre tuvimos muy buena relación. Dentro de unos minutos un celador vendrá a buscarnos para llevarnos a su despacho y nos informará. 

Efectivamente no había pasado diez minutos cuando un celador entró en la sala de espera y preguntó:

-Familiares de Marina Rodríguez Gordias, por favor?

Dimas y su hija se levantaron como un resorte y se dirigieron hacia él.

-Acompáñenme, por favor. El Dr. Arias quiere verlos.

Les acompañó a un despacho cercano, sencillo, pero amplio, luminoso y muy funcional.

Tras los saludos de cortesía el médico les explicó:

-Bueno, veréis, lo primero y más importante es que la niña está bien. Ya se ha recuperado del mareo, y en cama se encuentra confortable. Por cierto, es una niña muy agradable y educada, aunque la pobre dice estar muy cansada. De los estudios básicos propios de Urgencias podemos objetivar que tiene una anemia intensa y crónica. Las causas de esto pueden ser muchas y por lo tanto hay que realizar más estudios para determinar cual es la de Marina.

-Pero, como anemia, y crónica? -respondieron al unísono padre e hija.

Continuó Belén:

-Si Marina come muy bien, y además es muy juguetona, no podría tener anemia antes de ahora, habría tenido síntomas, se habría cansado, no es así, doctor?

-Bueno, mirad, las anemias son un mundo muy extenso. La relación entre el comer y la anemia es un mito popular que ahora prácticamente en nuestro medio no tiene influencia, y lo del cansancio, precisamente por ser crónica la anemia e ir desarrollándose lentamente, el organismo va poniendo en marcha mecanismos de adaptación que hacer que solo se muestren los síntomas cuando por alguna circunstancia desencadenante se supere determinado umbral. Así que médicamente es perfectamente entendible. Lo importante, insisto, es que la niña está bien, la estabilizaremos pasándolo unas transfusiones, con lo que se recuperará perfectamente, y luego queda encontrar la causa del proceso, por lo que la ingresaremos para hacerle los estudios pertinente.

<<No os asustéis,  todo está controlado, y es de esperar que todo evolucione satisfactoriamente , pero hasta no haber realizado los estudios citados, no podemos saber más.

La inquietud de Dimas iba en aumento:

-Ingresarla? Hay estricta necesidad de ello? Entonces, es más grave de lo que nos quieres tranquilizar -inquirió Dimas.

-No, Dimas, no te alarmes, de verdad que la niña no corre ningún peligro, y está perfectamente estabilizada, pero los estudios complementarios necesarios es mejor hacerlos observando de forma constante y directa la evolución del paciente. Por otra parte en nuestro hospital contamos con un Plan de Humanización de la Asistencia, sobre todo en las Áreas de Pediatría, con lo que para ella el ingreso no le va a suponer ningún estrés emocional. Te lo aseguro. Por si fuera poco, yo personalmente me comprometo a estar muy pendiente de la evolución.

-Te lo agradezco mucho, Luis, pero, y no te ofendas si por nuestra mutua confianza te hago esta pregunta: así las cosas no sería mejor llevarla a un centro especializado, no sé, Navarra, Madrid, Estados Unidos? Donde tú nos recomiendes, donde haga falta, sin reparar en medios materiales.

-Comprendo tu inquietud, Dimas, y por supuesto que no me ofendo. Yo también soy padre, y si Dios quiere algún día seré abuelo. Esa es una decisión que siempre sois libres de tomar, y yo os informaría con total sinceridad de las opciones que eligieseis, pero te puedo asegurar que aquí nuestros servicios de Pediatría y Hematología están  tan capacitados  como el hospital más puntero para tratar estos casos, y cuentan con todos los medios técnicos necesarios.

<<De todos modos, entiendo que en este momento estéis en estado de shock, que necesitáis asimilar la nueva situación, y que seguramente querréis hablarlo en familia. 

<<Por nuestra parte continuaremos con los estudios básicos y os mantendré informados en todo momento de la situación, lo mismo que hará quien  vaya a ser su médico, Ahora os llevaré a que veáis a la niña y podréis acompañarla al ingreso, así conocéis  el sitio donde va a estar, y os quedáis tranquilos al respecto. Unicamente os pido que con la niña actuéis con naturalidad y sin dar signos de ansiedad o miedo. Los niños son muy sensibles a estos aspectos.>>

 

IV

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Efectivamente pasaron unos días en que Martina se adaptó bien a su nueva situación mostrándose alegre y confiada. Estableció muy buena relación con la médica que diariamente la atendía, Adela Pérez, una residente de primer año, joven y espabilada, que además de la atención médica diaria pasaba largos ratos de charla con la niña en los que se contaban mil historias. Por otra parte Adela mantenía puntualmente informada a la familia de la evolución y resultados de los diversos estudios clínicos.

Pasada una semana el doctor Carlos Conde, jefe clínico del Área de Pediatría donde estaba ingresada Martina, convocó en su despacho a la familia. Lo acompañaban la Dra. Pérez y el Dr. Arias.

-Buenos días. Quiero comunicarles que ya tenemos una idea del proceso de la pequeña Martina, y me alegra decirles, en primer lugar, que las noticias son relativamente tranquilizadoras -expresó el Dr. Conde.

-Como que relativamente, Dr.? Eso me inquieta – comentó Belén alarmada.

-No te alteres, hija, deja que el Dr. nos explique -replicó Dimas.

-No se preocupe, es comprensible -expresó el Dr. Conde. Les explico: Martina tiene un tipo de anemia crónica, probablemente de origen genético, que le condujo a esta situación, porque su médula ósea es incapaz de fabricar el número suficiente de glóbulos rojos. Las buenas noticias a las que me refería son tres, a saber, primero, el grado de la enfermedad en Martina es muy leve, segundo, la anemia se puede controlar con tratamiento de mantenimiento con transfusiones siempre que las precise, y tercero, y quizás más importante, esta alteración tiene tratamiento definitivo en muy alto porcentaje con un transplante de médula. 

>>Por otra parte, actualmente Martina, que por cierto es una niña muy positiva y valiente, está totalmente compensada, y podrá irse para casa hoy o mañana haciendo vida normal, con el seguimiento y controles que les indicaremos. La Dra. Pérez les dará un informe completo y les aclarará cuantas dudas tengan al respecto.

En ese momento terció el Dr. Arias tratando de mostrar toda la cordialidad y tranquilidad en su tono de voz:

-Ya veréis como todo va a ir bien. Lo importante es que el problema está identificado y que tiene solución.

Las caras de Belén y de Dimas mostraban un estado de total estupefacción y alarma, y a continuación bombardearon a preguntas al Dr. Conde, sobre todo por la naturaleza grave o no de la enfermedad y  el posible trasplante de médula, preguntas a las que el Dr. contestó con un tono de voz persuasivo y esperanzador, mostrando en todo momento un alto nivel de empatía.

Al día siguiente Martina se despidió de su ya amiga Adela con un gran y prolongado abrazo, prometiéndose ambas volver a verse pronto, y se marchó para su casa donde continuó mostrando el carácter alegre y juguetón de siempre, sin que nada hiciera sospechar el más mínimo signo de enfermedad ni del susto pasado. 

 

V

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Aquella misma tarde Dimas, ejerciendo su papel de pater familias, decidió que había que pedir una segunda opinión antes de decidirse a seguir las indicaciones del Hospital Universitario Central. Así tras consultar diversas clasificaciones se decantó por el Hospital Clinic de Barcelona, cuyo Servicio de Hematología permanecía en primer lugar de las mismas durante varios años, y donde, por cierto, el Profesor Ciril Rozman realizó el primer trasplante alogénico de médula ósea en 1976.

Haciendo uso de su agenda no le fue difícil a Dimas concertar una cita con ese Servicio en breve espacio de tiempo.

Esta vez Martina protestó, no quería irse tan lejos, y además quería que la tratase la Dra. Pérez. A pesar de ello fueron al Clinic y tras una entrevista inicial, y unos pocos días de ingreso en la que le repitieron algunas de las pruebas, Martina estaba más descontenta porque echaba de menos su hospital. Al final el resultado fue el mismo diagnóstico y el mismo plan terapéutico que el ofrecido en el Hospital Universitario Central de su ciudad.

Aquel viaje desilusionó mucho a Belén, y Martina no dejaba de repetir que ya decía ella que mejor la tratase la Dra. Pérez.

El único que no cejaba en su empeño de encontrar soluciones mágicas era Dimas, así que tras preguntar, investigar y consultar en internet decidió que el mejor y más adecuado centro del mundo para tratar a Martina era la Mayo Clínic y que allí debían ir, como siempre que él tomaba una decisión, a la mayor brevedad posible.

Belén aceptó a regañadientes y a Martina la convenció diciéndole que irían al centro de la Clínica en Florida, y que después  a Disneyland. Por supuesto el viaje lo hicieron en Business Class, lo que para Martina fue más descansado y mucho más entretenido.

Por fin llegaron. Martina ingresó durante cuatro días en que le repitieron los mismos estudios que en su ciudad y en Barcelona y, oh milagro de la globalización!, el mismo diagnóstico y la misma propuesta de solución.

Acabada  la prometida excursión  a Disneyland, y ya en el viaje de vuelta, mientras Martina dormía, Belén afrontó a su padre:

-Bueno, papá -exclamó- supongo que ya te habrás convencido de que en nuestro hospital saben tanto como en cualquiera de los mejores sitios, así que volveremos allí, nos pondremos en manos del Dr. Conde y la Dra. Pérez, y dejaremos de marear a Martina. Y esta vez no voy a dejarte que me convenzas de otra cosa.

-Sí, hija, tienes razón, y cuando la tienes hay que dártela. Sabes que lo hice porque quiero lo mejor para Martina, pero ahora por muchas razones sé que habitualmente lo mejor lo tenemos muy cerca. Te prometo no inmiscuirme más.

 

VI

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Cuando le comentaron a Martina tales decisiones se puso muy contenta, y exclamó:

-Estoy segura que la Dra. Pérez me va a curar.

Al reencontrarse ambas se fundieron en un abrazo que a Martina le aportó más energía que cualquiera de las transfusiones.

-Bueno, pues manos a la obra -manifestó el Dr. Conde-, dado que los tres centros coincidimos en el diagnóstico y el tratamiento a seguir, cuanto antes comencemos mejor, puesto que aunque Martina responde bien a las transfusiones y su estado general es estupendo, es evidente que esa no es la solución definitiva y así no puede seguir indefinidamente.

>>Así que el primer paso es buscar el donante de la médula e ir preparando el transplante>>

-Doctor, parece que eso del transplante me infunde mucho respeto. Es peligroso? Va a sufrir mucho Martina? -exclamó Belén.

-La comprendo, Belén, usted ve las cosas desde su papel de madre y es natural que así sea. No la voy a engañar, es un proceso un largo, digamos 2-3 meses siendo realistas hasta ver los resultados, pero hoy en día tenemos los procedimientos muy controlados, y yo espero que no haya ningún problema. Además como le decía, el estado general de Martina en estos momentos es óptimo, por lo que también debemos aprovechar esta situación. Martina es una niña muy fuerte y muy valiente. Seguro que todo va a ir bien.

Dimas permanecía callado y pensativo, hasta que manifestó:

-Dr. Conde, en sus manos ponemos toda nuestra confianza, y he de ser yo quien diga esto al tiempo que le pido excusas si nuestra, fundamentalmente mía, actitud ha podido ofender o traslucir desconfianza. Y por supuesto, y por otras muchas razones, el primer voluntario a ser el donante he de ser yo.

-No se preocupe, Sr. Gordias, no tiene nada que explicar. Como le digo a su hija, los sentimientos  familiares siempre son comprendidos. Todos somos padres y abuelos. O sea que ahora todos jugamos en el mismo equipo, el de Martina, y seguro que vamos a ganar la competición.

Comenzó el proceso médico, y aquí saltó la primera y gran sorpresa. Por una parte Martina no tenía hermanos y por otra el estudio de  la compatibilidad de los familiares con Martina mostraba índices muy bajos por lo qué, pensando en la eficacia se desechó esta opción.

Esta primera dificultad que se podría convertir en decepción, y que algunos podían interpretar como un mal augurio fue vencida por el efecto que hicieron las palabras del Dr. Conde. La familia se unió como una piña, que era estimulada una vez más por la simpatía y el optimismo de Martina, y sostenida por la empatía y comprensión, que actuaban como bálsamo sicológico, de la Dra. Pérez y el Dr. Conde.

Ellos, a través del Banco de Sangre acudieron al Registro español y al europeo de donantes de médula  y sangre de cordón umbilical y en quince días tenían localizados tres donantes anónimos compatibles, dos en España y uno en Francia.

Puesto en marcha el proceso del tratamiento fueron unos meses muy duros. Martina fue sometida a fármacos muy enérgicos y tuvo que estar totalmente aislada cuatro semanas. Pero todo lo sobrellevaba con aceptación y alegría ejemplares. Belén, su madre, no se separó un minuto de su cama, y la dedicación y empatía de la Dra. Pérez fue un estímulo constante. Su abuelo se encargó de la intendencia externa facilitando todo tipo de trámites y enviándole a Martina mensajes que la hacían reír y romper el tedio de los días de aislamiento.  El carácter de Dimas parecía haber cambiado como por ensalmo. Era otro, cercano y cariñoso, y procurando ser amable y agradecido con todo el personal del Hospital.

Y por fin llegó el gran día. Los últimos análisis mostraron inequívocamente que el tratamiento había resultado exitoso, La médula de Martina funcionaba de forma autónoma fabricando la cantidad correcta de glóbulos rojos. Fue dada de alta y podía hacer vida normal. Unicamente debería hacer controles periódicos rutinarios pero que previsiblemente serían normales. En la despedida la emoción embargaba a todos, familia y personal sanitario, que habían quedado admirados de la ejemplar actitud de Martina.

 

VII

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Pasaban las semanas y en aquella familia reinaba una nueva alegría. Dimas continuaba levantándose aa su terraza antes del amanecer, e incluso ahora un poco primero, pues las emociones pasadas le mantenían en situación de cierta excitación continua.

Pero ahora los pensamientos eran muy otros. Ya no preparaba agendas ni reuniones de trabajo ni estrategias de ganancia de nuevos nichos de negocio. Pensaba que la vida le había querido enseñar algo importante y no debía desaprovechar la oportunidad. Las cosas importantes como la salud de los suyos o el tiempo que por su trabajo no había pasado con ellos si les hubiera llegado a suceder  algo malo no lo había podido comprar ni recuperar con dinero.

Pensaba también que había tenido que ser un hospital público, es decir de todos,  el que le había solucionado el problema, de forma generosa y gratuita, sin preguntarle si era pobre o rico, sin pedirle una tarjeta de crédito a la entrada. Y había sido una mujer, y una mujer joven, que sacrificaba sus horas de juventud a los pies de la cama de los pacientes y los libros, que posiblemente tendría un sueldo mensual con el que no podría cubrir ni una sola de las celebraciones con las que él agasajaba a su familia, la que había devuelto, sin preguntar nada más, la salud a su nieta, lo mismo que hacía con otros muchos niños.

Y sobre todo pensaba que la curación había radicado en la obtención de unas células que unos donantes de forma anónima y gratuita, sin esperar nada a cambio, ni tan siquiera un mínimo reconocimiento, habían cedido para aquellos prójimos que las necesitasen.

Evidentemente con cuanta gratuita generosidad se había encontrado, y todos esos logros, que hundían la raíz de sus orígenes en la solidaridad de unos seres humanos para con otros, no los habría podido comprar con todo el oro del mundo.

Todo eso tenía que tener un significado, tenía que implicar una actitud por su parte. Qué pena no haberse dado cuenta antes, pero a fe que en el futuro lucharía por echar hacia adelante esa actitud activa y cooperadora.

Y se sintió mucho más feliz al contemplar el milagro, gratuito y eterno, del nacimiento de un nuevo día.

 

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Los planos de la vida

14 Oct

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Amaneció muy temprano como cada día para Roberto Laplace. Desde sus tiempos de CEO en aquella multinacional financiera había adquirido la costumbre de levantarse antes de la salida del sol.

Le gustaba llegar muy temprano a su despacho, incluso cuando aún no había nadie en el edificio.

Echaba un vistazo de apenas unos segundos a la foto fija de los rascacielos del barrio financiero que ofrecía el amplio ventanal de su despacho, y después dándole la espalda se enfrascaba en la preparación de la agenda del día.

Le esperaban en una jornada de trabajo que no acabaría hasta avanzada la noche, sin dejarle tiempo más que para llegar a su casa y sumirse en un sueño que aunque no fuese reparador le permitiría recargar las pilas para el día siguiente.

La minuciosidad, el no escatimar horas al trabajo y una actitud que huía de todo sentimentalismo y que le hacía desconfiar siempre de las estrategias de sus competidores le habían llevado al éxito y al puesto que ocupaba. Sabía que muchos de sus adversarios, e incluso alguno de sus empleados, aseguraban que era frío y en ocasiones despiadado. Pero en fin, él no había diseñado las normas del mundo en el que se tenía que mover.

Sin embargo ahora todo era distinto. Había conocido el lujo de no tener prisa. Podía pasear por el borde de la playa durante todo el tiempo que quisiese, sentarse a disfrutar de la brisa y del sonido de las olas. Cuando escuchó en la radio de un bar aquella música de Debussy descubrió que la belleza podía estar en algo inmaterial, e incluso simplemente con ella sentirse feliz.

También había podido descubrir algo con lo que no contaba: el placer de la lectura. No sin cierta ironía se repetía que tanto placer y lujo se le acumulaban. Como quiera que fuese, desde que descubrió abandonado en un banco del paseo marítimo un ejemplar del Cántico espiritual lo tenía como un tesoro. Se pasaba las horas muertas sentando cara al mar leyendo y releyéndolo. Parecía que le hablaba directamente, que el autor lo había escrito pensando únicamente en él y en cada nueva relectura descubría aspectos en los que no había reparado anteriormente. No importa que solo tuviese ese libro, con él era suficiente.

Qué felicidad, que plenitud sentía!  Cómo no lo habría hecho durante su vida laboral?. Por qué había tardado tanto en descubrirlo?

El día declinaba, desde la playa la línea del horizonte iba haciéndose más nítida, y matices de azules y grises se iban alternando con rojizos que el sol en su ocaso iba modulando. Ah, la belleza gratuita de los colores del anochecer!

Llegaba la hora de retirarse, con paso relajado se dirigió al espacio del cajero automático donde pasaría la noche. Al llegar alisó los cartones que le servirían de lecho, y extendió la vieja manta a la que tanto cariño tenía y le serviría de abrigo (afortunadamente el clima de aquella ciudad levantina era muy benigno y no necesitaba mucho más). La mochila sería la almohada y al lado su precioso tesoro, el libro que tanta sabiduría le comunicaba.

Sabía que antes de dormirse, durante un breve espacio de tiempo inevitablemente los fantasmas de los recuerdos le asaltarían. Recordaría como llegó de forma tempestuosa una crisis económica totalmente imprevisible. Como la multinacional mostró sus pies de barro y tuvo que hacer una severa reestructuración que se llevó por delante al 80 % de la plantilla. Como su adjunto, en un momento de debilidad inexplicable por su parte, se las ingenió para hacerle responsable de todas las decisiones fallidas, y hacerse con su cargo. Recordaría también como tuvo que ir vendiendo todos sus bienes y sus ahorros se fueron consumiendo poco a poco hasta verse en la presente situación, sin hogar y teniendo que alimentarse en un comedor social.

Todos esos pensamientos se repetirían, pero él entonces se agarraba a esa capacidad de razonamiento que tantos éxitos le había dado, y los alejaría. De cualquier modo el pasado, pasado es y además no se puede dar marcha atrás. Ahora tenía lo que tenía, y con ello estaba más que satisfecho.

El día siguiente, si llegaba, sería un nuevo regalo del destino, volvería un nuevo amanecer, la belleza del sol y del mar volverían a estar ahí para él, de forma gratuita, y su preciado libro le seguiría regalando sabiduría y … soledad sonora.

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