Nunca es tarde…

15 Oct

El día 26 del pasado mes de mayo se cumplirían 100 años del nacimiento del Dr. D. José Ramón Tolivar Faes. excelente médico, mejor persona, y significado intelectual, que extendió sus intereses a múltiples campos de la cultura.

Con tal motivo un grupo de amigos, convencidos de la necesidad de revisar su figura y su obra, tal vez injustamente olvidadas, organizamos una serie de actos que comprendieron charlas, exposiciones de una muestra de sus libros y de parte de su biblioteca, así como de sus pinturas y de algunas otras que ponían de manifiesto su actividad como coleccionista y como restaurador.

Como muestra de de mi admiración y respeto, y con ánimo de no extenderme ni repetirme en este post, adjunto el enlace donde se pueden leer las palabras con las que tuve el honor de colaborar en la mesa redonda organizada por el Ilustre Colegio de Médicos de Asturias y la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias.

 

 

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Tolivar Colegio Médicos

15 Oct

Buenas tardes.

Es un honor y un motivo de gran emoción participar en este merecido homenaje de recuerdo y reconocimiento a D. José Ramón Tolivar Faes, médico insigne, ejemplo de profesionalidad y compañerismo, intelectual de talla en múltiples campos, lo que le confería un perfil renacentista, e, incluso por encima de todo esto, excelente persona, referente de bonhomía.

Sus aspectos profesionales e intelectuales son glosados, con mucho mayor acierto de lo que yo podría hacerlo, por mis compañeros de mesa.

A mí, nuestro querido Presidente y amigo me encomendó la honorífica tarea de reflexionar, inevitablemente ha de ser de forma sucinta, sobre el personaje, es decir sobre los aspectos públicos de su personalidad, que sobre los más íntimos lo hará su hija y mi querida amiga Ana Cristina.

Pues bien, era Tolivar hombre de extremada educación y exquisitas formas. Al respecto, hay una anécdota que creo revela muy claramente este aspecto de su personalidad.

En la revista Imago Medici, de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Facultad de Medicina, en un número extraordinario In Memoriam que se le dedicó con motivo de su fallecimiento, su hijo Leopoldo cuenta que habiendo aprobado con número sobresaliente las oposiciones del Cuerpo Nacional de APD, escogió para lo que a la postre sería su primera actividad profesional, la plaza del Concejo de Quirós, vacante entonces por fallecimiento de su anterior titular.

Pues bien, la primera acción al llegar a lo que sería su nuevo destino fue visitar, para presentarle sus respetos, a la viuda del compañero. Acción prácticamente impensable en nuestros días, que creo demuestra sobradamente la elegancia y fineza de espíritu que el Dr. Tolivar demostró a lo largo de toda su vida.

Cuenta también Leopoldo, en la continuación de la anécdota, que la viuda del compañero, en correspondencia le brindó el despacho de su difunto marido como posible lugar para su consulta, y dice Leopoldo

textualmente que de esta situación nació una entrañable amistad entre ambas familias, que se prolonga hasta el día de hoy.

Para mi fortuna, aquella viuda era mi bisabuela, con lo que así tuve la ocasión de conocer y admirar a José Ramón Tolivar desde mi infancia.

Por supuesto, el Dr. Tolivar, ya en Oviedo, fue el médico de cabecera de mi familia, y al echar la vista atrás creo que es la primera visión que tengo de un médico en ejercicio.

El recuerdo de su presencia me evoca un ejemplo de buen hacer profesional. Su sincero afecto y compasión por la persona enferma fue una lección que tuve la fortuna de poder admirar de cerca, incluso en alguna ocasión en carne propia.

En su actividad Tolivar era exquisitamente puntual, su consulta del Ambulatorio de la calle La Lila era un ejemplo de orden y sosiego, y sobre todo, él era extremadamente cortés y correcto con absolutamente todo el mundo.

Ese mismo orden y sosiego lo trasladaba a todos sus actos y actividades diarias, y así, acabada su consulta, recogía los avisos, y caminando se traslada al domicilio de sus pacientes.

Era la figura de un médico apacible, que llegaba sin prisas, que con su presencia serena infundía tranquilidad, que se sentaba a los pies de la cama del enfermo dispuesto a escuchar, a explorar y a explicar, y si fuera necesario consolar, como si todo su tiempo fuera solo para aquel enfermo, que parecía ser su único enfermo.

Así la profesionalidad se transformaba en compasión, y por esta, en ternura y cariño. Todo ello sin hacer en ningún momento distinción de clase social o estrato intelectual. Era un humano médico que estaba ayudando a un humano enfermo.

Creo que posteriormente esa visión, junto con otros aspectos de mi familia, influyó de modo significativo en mi vocación médica, y su ejemplo, con toda modestia, y con muchos menos méritos o aciertos, traté de incorporarlo a mi modo de entender la medicina. En él se hacían ciertos en toda su real grandeza humana esos aforismos del clásico que aseguraban que “no hay enfermedades, hay enfermos”, y sobre todo el que dice que “el médico debe intentar curar, si no puede,

intentar aliviar, pero lo que debe hacer siempre, siempre, es consolar”. Y a fe que el Dr. Tolivar, como decía antes, lo practicaba.

Otro aspecto del personaje era su compañerismo, que lo ejercía con un gran sentido de la ética y dignidad profesional, así como con prudencia y respeto por personas e instituciones, alcanzando en ello cotas difíciles de igualar.

Es de señalar que con cuantos compañeros de mi generación ha surgido en algún momento el tema de Tolivar como motivo de conversación, todos sin excepción recordaban con un brillo de alegre nostalgia el día que se acercaron a la Sección de APD de la entonces Jefatura provincial de Sanidad, cuya jefatura de Sección ostentaba. Recuerdan el exquisito recibimiento, su amabilidad e incluso sus buenos consejos. Un querido compañero ha llegado a asegurarme al respecto que fue la primera vez que se sintió profesionalmente importante.

Sin embargo, la lealtad a estas sus convicciones, como señala su hijo en el antes citado In Memorian le llevó en ocasiones a trances difíciles de renuncias profesionales, como fue el caso de su propia jubilación, tan voluntaria como dolorosa.

A este respecto su hija, mi querida amiga Ana Cristina, tuvo la gentiliza de proporcionarme una cita de su diario intimo en el que textualmente dice: “Cuando jubilado y viejo escribo esto sintiendo que he dejado de ser médico, pienso cuanta vida se me fue para lograr ser lo que ya no soy”.

Reflexión de alguien que sentía el ejercicio de la medicina como más que una profesión, como una de las razones esenciales de su vida. Y amargura que da aún más valor a esa virtud tan escasa que es la coherencia, y que Tolivar ejerció como muy pocos.

Otras características del personaje eran su minuciosidad y su capacidad de trabajo. Cuando tenemos ocasión de acercarnos de un modo más detallado a sus obras, y sobre todo a sus originales o a los documentos preparatorios, asombra el orden y detalle con que todo lo prepara y lo ordena, y cuando estamos viendo sus anotaciones, matizadas y rehechas un sinnúmero de veces, parece que estamos viendo un retrato psicológico de su personalidad.

Esa minuciosidad se refleja sobremanera en una de las facetas más importantes de su actividad intelectual, la de historiador, que mejor que yo analizan mis compañeros de mesa. Como tal, Tolivar era rigurosísimo, no especulaba, no hipotetizaba, era un notario de la realidad. Cuando Tolivar aporta un dato, ese dato está contrastado minuciosamente una y otra vez, y si fuese necesario era corregido. Eso sí, siempre, siempre, citando las fuentes. Y volviendo a su innata elegancia, cuando el dato o la imagen era cedida o aportada por algún amigo o conocido siempre lo señalaba con gran cariño.

Al respecto, Dña. Salomé Suarez, en 2008, con motivo de cumplirse el cincuentenario de la primera edición de su obra magna, “Nombres y cosas de las calles de Oviedo”, aseguraba, y cito textualmente que en muchos ámbitos, el periodismo local sin ir más lejos, «el Tolivar» es sinónimo de exhaustividad y de seguridad de hallar el dato preciso.

Pues bien, al ver su obra ingente, toda esa minuciosa preparación, y sus múltiples intereses intelectuales, además de un trabajo tan absorbente como es el ejercicio de la medicina, uno se pregunta como se arreglaba para abarcarlo todo, máxime en una época donde todavía no se vislumbraban los ordenadores ni los programas de tratamiento de textos. Sin duda que tenía esa privilegiada cualidad que el Dr. Marañón denominaba ser traperos del tiempo.

Pero de todas estas características, para mí las admirables son su gran discreción y su enorme generosidad, características que de alguna manera se entrelazaban. Decíamos al principio, y creo es algo que compartimos todos los que lo conocimos que Tolivar era un profesional y un intelectual de gran talla en muchos campos. Sin embargo nunca buscó, es más creo que en ocasiones rehuyó, el halago o los oropeles de los cargos o los títulos. Los que le llegaron por sus merecimientos los aceptó, por supuesto con alegría, y estoy seguro que en muchos casos por respeto a las instituciones que se los concedían.

Sinceramente pienso que esta su extremada discreción le llevó a que más allá de sus círculos íntimos o muy especializados no fuera todo lo conocido que sus valeres intelectuales merecían, por lo que actos de reconocimiento como el presente cobran un gran sentido.

Respecto de su generosidad, como antes decía ligada a su discreción y elegancia personal, en lo material nunca estuvo Tolivar atenazado por la necesidad de ganar o de tener, y lo que hacía, lo hacía motivado por

el convencimiento de su conveniencia o de la obra bien hecha. Al respecto baste la anécdota que describe la antes citada Dña Salomé Suarez en el mismo artículo, y según la cual recuerda que los beneficios obtenidos por Nombres y cosas de las calles de Oviedo fueron entregados por Tolivar -que costeó él mismo esa primera edición- a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que regentan la Cocina Económica. En las dos ediciones posteriores, ambas de la imprenta Gofer, Tolivar solicitó al Ayuntamiento que se hiciese lo propio con cualquier ingreso que generase el libro, el primero «importante» de su producción.

Dña. Pilar Rubiera, en un excelente artículo publicado con motivo de su fallecimiento, y que detalla exhaustivamente su personalidad, desvela que Tolivar atendió gratuitamente, y a veces estando en serias dificultades, a muchos enfermos, con actitud que califica de discreción de rasgos evangélicos.

En cuanto a la generosidad en lo afectivo, la puerta del despacho de Tolivar, o cualquier otra forma de comunicación, siempre estuvieron abiertas para el compañero o el amigo que solicitaban su ayuda o su consejo.

Antes citaba el ser médico como una de las razones esenciales de su vida. No quisiera terminar esta sucinta semblanza sin aludir a otra de esas razones esenciales, me pregunto si la más importante, su familia. Sus hijos son los dedicatarios de la primera edición de la obra antes reiteradamente citada, aparecen reflejados en sus cuadros y en muchas de las ilustraciones de otra de sus principales obras, Los hospitales de leprosos en Asturias. Esta constante presencia en su obra refleja de modo simbólico la intensidad afectiva que les une.

Pero mi último y emocionado recuerdo tiene que ser para su esposa, Ma Cristina, presencia constante a su lado, un testimonio continuo de afecto por encima de cualquier circunstancia. Un pequeño reflejo de ello es el hecho que relata su hija Ana Cristina: «el libro al que mi padre realmente tuvo más cariño de todos los que hizo fue una biografía de mi abuelo, Leopoldo Alas Argüelles, que hizo para regalársela a mi madre en el año 1974, con motivo de sus bodas de plata. Nunca se publicó, pero mi padre puso en ella alma, vida y corazón».

Por todo lo anterior, creo que puedo acabar diciendo que José Ramón Tolivar fue, en el sentido machadiano de la expresión, un hombre bueno.

Muchas gracias.

Un año más…

30 Ago

Bendita rutina.

Frases que cuando se emiten en sentido positivo van cargadas de alegrías y de buenos momentos que son un regalo del destino. Sé que desgraciadamente no siempre puede ser así, por eso son más de valorar y agradecer.

Pues bien, el caso es que un año más por estas fechas cumplo con mi rutina de visitar Gijón, y en concreto su Feria de Muestras.

La rutina incluye una comida previa y sosegada en el Parador Nacional “Molino Viejo”. Nunca me defraudan ni su cocina ni, sobre todo, la extraordinaria amabilidad de su personal, que sirve para realzar aún más sus calidades gastronómicas y el encanto del entorno. Mi gratitud para ello/as.

Tras el café, la acostumbrada visita a la siempre interesante exposición del stand de la Fundación Masaveu.

Este año el trayecto se ve agradablemente alterado. El Gobierno del Principado de Asturias también dedica su pabellón a las artes plásticas. Principado de Asturias, Principado de Arte es su título, y tiene por objetivo dar visibilidad a los cinco equipamientos que conforman el pentágono del arte en nuestra Comunidad, a saber el Museo de Bellas Artes de Asturias, el Museo Barjola, la Sala Borrón, la Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, y el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer. De entre todos ellos acoge una selección de obras de veinte artistas asturianos y contemporáneos.

Foto del autor: Ricardo Monjardín.- “Te quiero (Árbol P)” (1987).

Creo que es obligado citarlos: Pablo Armesto / Juan Barjola / Carlos Coronas / Paco Fernández / Francisco Fresno / Ángel Guache / Ramón Isidoro / Kely / Eugenio López / Manuel Rey-Fueyo / Ricardo Monjardín / Hugo O’Donell / Vicente Pastor / María Peña / Guillermo Simón / Gabriel Truán / Javier Riera / Avelino Sala / María Castellanos y Alberto Valverde.

No están todos los que son, pero sí que son todos los que están. Tenemos la serena elegancia totémica de Ricardo  Monjardín, la fuerza colórica (sic) de Vicente Pastor, el atrevimiento tecnológico de Carlos Cadenas o la sutil delicadeza de Kely, por citar solo alguno de los ejemplos. Para verlos a todos, acudir a la página web de la exposición , de excelente factura, que además enlaza con algunas de las de los propios artistas.

No cabe duda de que el espectador tendrá materia de reflexión y de deleite, cada uno según sus gustos, en el ámbito del arte contemporáneo.

Foto del autor: Vicente Pastor: “Bañista” (1984)

Feliz iniciativa a la que deseamos continuidad en mayor o menor medida, y si pudiera ser, combinada con otros aspectos artísticos, no solo plásticos, de nuestra Comunidad (literatura, música, arquitectura, etc.).

Por poner algún “pero”, que parece que si no, uno no queda conforme, echamos de menos un “folletito” en soporte papel, como ahora se dice, un poco más amplio, con alguna mínima reseña sobre los autores y la obra.

Foto del autor: Kely: “Sin título” (2007)

Y a continuación a la que sí está felizmente consolidada, la de la Corporación Masaveu, en este caso ya en su vigésima edición, y esta sí que con un más que aceptable folleto, con dirección artística de Luis Antonio Suárez Fernández.

Lleva por título Nuestra gente, y según el contenido del citado folleto pretende ser …un reconocimiento a la aportación de miles de trabajadores que han pasado por la empresa desde hace 177 años creando valor y prestigio…, y que como dice otro párrafo del citado texto …ha(n) sabido estar a la altura de las circunstancias con total responsabilidad…

Me gustaría estar seguro de que este homenaje verbal, que se ve ilustrado por un buen número de fotografías y exposición de objetos laborales, siempre corrió paralelo a unas justas condiciones laborales y salariales. No soy quien ni tengo datos para analizar este aspecto.

En lo que a la exposición pictórica se refiere, y continuando con esa línea discursiva, la obras expuestas abordan el tema de las actividades laborales cotidianas desde el punto de vista del realismo social que parte de la segunda mitad del siglo XIX, y por artistas que si no los 6 son asturianos, sí tienen al menos una gran relación sentimental con Asturias. También no es menos cierto que 4 de ellos presentan una gran carga nostálgica, cuando no crítica en la obra expuesta.

En relación con lo anterior, señalar que en un folleto cuidado como este, y como son siempre todos los de las exposiciones de este pabellón, en este caso se cuela un gazapo. Juan Martínez Abades no nació, ni tan siquiera le nacieron en Madrid. Es asturiano de cuna, y de sentimiento, nacido en Gijón, ciudad en la que muy merecidamente tiene una calle en su recuerdo, por cierto no lejos del Recinto Ferial donde se realiza la exposición a la que nos estamos refiriendo, y al Parador “Molino Viejo”, lugar de mi solaz previo.

Tomado del catálogo de la exposición.

El cuadro presentado de este autor lleva por título Pescador apoyado en una barca, y es de 1902, mostrándonos esa mezcla de melancolía, tal vez tristeza ante los nuevos tiempos de industrialización que parece vislumbrarse al fondo, o simplemente descanso sosegado tras la faena, como el pescador del famoso cuento.

Adquirido, como nos relata el catálogo, en Sotheby’s en 1988, es la primera vez que se expone en público, ocasión por tanto importante de una obra cuyos datos son difíciles, al menos para mí, de rastrear, incluso en páginas muy completas a cerca del autor.

Otra obra de similar temática, los trabajos marineros, y que pudiera sugerir parecidas reflexiones, es Pescadores en el puerto de Bilbao, de Enrique Martínez-Cubells. Este autor, si bien de nacimiento madrileño, tuvo una importante vinculación con Asturias, tanto por amistades personales como por su obra (El viático en la aldea, Puerto de Cudillero)

Tomado del catálogo de la exposición

 

Otra temática asturiana, abordada con dos obras de gran importancia y de hondo calado psicológico y de análisis social, es la minería.

El gran Evaristo Valle nos muestra Faena carbonera, de 1929, en la que unos seres despersonalizados y doblegados por las circunstancias, en un ambiente de colores oscuros y sin horizonte, tratan de arañar del fango unas migajas de carbón que puedan vender. Obra que Francisco Zapico,en un muy detallado análisis social de la vida y obra del autor, no duda en adjetivar como auténtica obra maestra…., estudiándola junto con Faena del carbónEncuentro en lo alto.

Tomado del catálogo de la exposición

Aún resuenan en mi memoria los ecos de contemplar como, en una aldea costera de la desembocadura del Nalón en la que pasaba los veranos de mi infancia, una muy humilde familia numerosa recogía, en un trabajo más que sacrificado y no exento de peligros, los restos de carbón arrastrados desde los lavaderos, río arriba, y devueltos a la playa por las mareas. Una vez separados de la arena eran vendidos, para así complementar el muy exiguo salario del cabeza de familia.

No menos impresionante, expresiva y psicológicamente es Minero asturiano (1964) del entrañable Mariano Moré Cors

Procedente del catálogo de la exposición

Por cierto, que otra de sus obras, con similar temática y mensaje, el excepcional Niño de la Cuenca será la Obra Invitada del Museo de Bellas Artes de Asturias, procedente de la Fundación Alvargonzález.

Tras los temas arriba señalados, no podía faltar la referencia a la industria y al proceso industrializador, aspecto que será abordado por dos artistas también asturianos, como son Magín Berenguer Alonso y Pelayo Ortega.

El primero, con su obra Trabajadores de la industria sobre esa dualidad, unas veces en convivencia, otras veces en confrontación, del trabajo artesanal, con reminiscencias campesinas, y de la plena industrialización, de las factorías y las máquinas. Tema este tan querido a otros literatos asturianos como Clarín (Adios, Cordera) o Palacio Valdés (La Aldea perdida).

Magín lo expresa plásticamente con un recurso compositivo geometrizante (sic),  como son dos planos distintos, a modo de franjas diferenciadas.

Procedente del catálogo de la exposición

 

Pelayo Ortega nos ofrece Fábrica de cementos de La Robla, de fecha tan cercana como 1988, profundizando también en el binomio tradición-modernidad, fórmula, la del diálogo binomial, que reitera entre figuración y abstracción, también dentro de una estética muy geométrica, y con una referencia al entorno y la naturaleza.

Tomado del catálogo de la exposición.

Por último, el malagueño Daniel Quintero nos ofrece Retrato de Don José Masaveu Masaveu, de 1995, retrato de una composición perfectamente estructurada, tanto en lo escenográfico, con el fondo de la fábrica, como en lo simbólico, , figura central del personaje, en presentación de primer plano, sillón y plano en la mano dcha, y con una aproximación psicológica a la figura, mirada penetrante, serenidad, determinación.

Tomado del catálogo de la exposición

En resumen, cumplimiento con una tradición personal, que en lo individual significa una vez más un canto agradecido a la vida, y en lo colectivo, una oportunidad para reflexionar a través del arte de nuestra realidad social.

 

A la orilla

17 Ago

…porque la cultura es la patria común de las personas civilizadas (Álvaro Ruiz de la Peña).

La orilla es un buen lugar.

Si es a la orilla del camino, no entorpeces al caminante, al tiempo que estás al tanto de quien pasa, y de las historias que relata.

Si es a la orilla del mar, la vista se ensancha en el horizonte, el rumor de las olas te regala su melodía, y habitualmente la brisa  te acaricia.

En cualquier caso, un buen libro es la perfecta compañía.

Y esto es lo que nos regala Álvaro Ruiz de la Peña, o por mejor decir nos lo regalan Elena de Lorenzo, Ramón D’Andrés y Xulio Viejo, coordinadores del volumen titulado Estudios Escogidos. Homenaje al Profesor Álvaro Ruiz de la Peña Solar, que con motivo de su jubilación decidieron realizar en Ediciones de la Universidad de Oviedo.

Los citados coordinadores esbillaron de entre la amplia bibliografía del Dr. Ruiz de la Peña veintinueve excelentes artículos, agrupados en tres epígrafes que reflejan las predilecciones intelectuales del justamente homenajeado. A saber, el Siglo XVIII, la Lengua y literatura asturianas, y la Literatura española, siglos XIX y XX, precedidos de un prólogo que titulan Palabras Preliminares, preñado de sentimiento y amistad, a la par que ingenio y concisión, en el que dibujan perfectamente su personalidad, dibujo que suscribo totalmente desde el honor de su amistad: …proverbial talante reflexivo e independencia intelectual…concepto inclusivo…profunda imbricación en su realidad social y cultural…

Con un excelente retrato fotográfico del homenajeado al comienzo, retrato de hondo calado psicológico,  y la citada Bibliografía completa al final se acaba de dar forma a un volumen de muy cuidada edición y estética.

Dice un buen amigo común que Álvaro de todo lo que escribe, escribe bien, incluidas aquellas añoradas columnas periodísticas, que, por cierto, por qué se acabaron?, cuando volverán?.

Además en sus escritos vemos (pag. 283) como, al hablar de lo que denomina realismo sucio o dirty realismo, nos muestra que nada de lo humano le es ajeno (cine, música, pintura,..), contemplándolo todo con una visión integradora, como no podía ser de otra manera en un auténtico humanista. Visión integradora que alcanza su máxima expresión cuando analiza siempre la evolución y expansión de las lenguas y literaturas españolas no castellanas desde la perspectiva de la evolución social de sus respectivas comunidades.

Poco sé de Álvaro y su obra como escritor, y por tanto desconozco si ha escrito mucha, poca o ninguna poesía. Y aunque lo supiera poco importaría, pues no tengo las capacidades necesarias para hacer su crítica, pero sí puedo saber como lector que en muchas ocasiones (Un recorrido por la poesía de Celso Amieva, o La prosa desterrada de Aurora de Albornoz), su prosa, incluso en la crítica, alcanza altas cotas poéticas.

Por otra parte, no se limita Álvaro a realizar un investigación descarnadamente erudita sino que reflexiona sobre los paralelismos de las épocas históricas (La concordia amenazada: El Aristarco, un periódico ovetense del Trienio) mostrando con tales paralelismos su interés por el presente y su compromiso ético.

Ese humanista interés integral antes señalado adquiere un especial significado en el mundo musical. A lo largo de muchos de los artículos hay detalles y menciones que lo atestiguan, pero es en Las impresiones y diarios de viaje de Isaac Albéniz. Diarios, dietarios y anotarios donde adquiere singular magnitud. Su personalísima relación con el piano queda patente en todo el artículo, en el que muestra sus altísimos conocimientos musicales, y así como la gran admiración que manifiesta por Albéniz, dejando entrever una cierta semejanza en ideología y gustos estéticos.

Otro aspecto ejemplar del Prof. Ruiz de la Peña es su continua reivindicación y testimonio de los valores cívicos. Y entre los muchos a los que podíamos aludir, nos parece interesante destacar la honestidad intelectual (ya señalábamos más arriba que su prologuistas destacaban la independencia intelectual como uno de los rasgos definitorios de su retrato psicológico y ético), y consecuentemente con lo anterior, su sentido de la autocrítica.

En ese entrañable artículo titulado Aquellos hispanistas, estos amigos (una memoria personal) en la que el autor esponja sus emociones, nos relata sus trabajos frustrados, incluida su tesis doctoral, interpretados, más que como errores, como motivos de aprendizaje. Solo un alma noble, que busca la verdad desinteresada, más allá de oropeles vanos, es capaz de tal generosidad. Y siempre, lo reiteramos una vez más, con esa su visión inclusiva, que lee la historia en clave de visión social de conjunto y de evolución.

Así pues, lectura más que recomendable, yo diría que obligatoria, para todas aquellas personas que crean, creamos, que los goces del espíritu pueden contribuir a hacer nuestra vida un poco mejor y este mundo un lugar un poco más habitable, y muy especialmente para los que sigan, sigamos, teniendo fe en la razón y amando nuestras raíces.

 

 

Un curso que se fue. Esperemos por el siguiente.

30 Jul

El tiempo transcurre inexorable, y los humanos en nuestra necesidad de intentar parcelarlo vamos creando diversas unidades del mismo. Una de ellas es el curso (escolar o no), que suele coincidir con ese periodo que media entre el comienzo del otoño y el comienzo del verano, como si quisiéramos dejar este último libre para mayor solaz o esparcimiento.

Me opongo a decir que estos ciclos terminan, acaban o se extinguen, porque el tiempo siempre deja su huella, por eso prefiero decir que se van. Lo que sí es cierto es que también los humanos con mucha frecuencia somos aficionados a realizar balance de ellos cuando llegan a término.

En el caso que me ocupa quisiera reflexionar sobre algún aspecto parcial del pasado curso musical, y dentro de ese amplio espacio ovetense, referirme en concreto a dos de su manifestaciones, a saber, la Primavera Barroca, que este año llegaba a su cuarta edición, y con gran éxito, por cierre, y el ciclo Conciertos del Auditorio/Jornadas de piano Luis G. Iberni, que llegaba nada menos que a su vigésimo quinto aniversario.

Un extenso repertorio de figuras de primer nivel han pasado por ambos. Sería tan prolijo enumerarlas que excedería el buen sentido que se le debe exigir a este blog. Por otra parte su análisis técnico excede mis competencias, y para ello remito, como siempre, a mi maestro de referencia, Pablo Siana, que en su excelente blog analiza puntual y minuciosamente cuantos actos musicales se producen en ambos ciclos y en otros muchos, y no solo de Oviedo sino también de otros lugares.

Además de sus dimensiones estéticas, que en muchas de las ocasiones aludidas alcanzaron la excelencia, las manifestaciones artísticas, en nuestro caso musicales, nos adentran también en dimensiones de reflexión social, ética y cívica, y a mi entender es entonces cuando el arte alcanza su mayor grandeza, se humaniza y se nombra con mayúsculas.

En este sentido nadie duda de que Jordi Savall es un auténtico mito viviente, especializado en música antigua, que ha alcanzado las más altas cotas y distinciones que en su campo se pueden conseguir, considerado sin discusión por toda la crítica como uno de los más grandes intérpretes de la viola de gamba, instrumento que en gran medida colaboró a rescatar y reivindicar.

Un ser humano que, en sus palabras, reivindica la importancia de la música para vivir y para sobrevivir, y cuya música hace desaparecer esos signos artificiosos e interesados de diferenciación que son las fronteras. En ocasiones la misma melodía es común, y todos la consideran propia, tanto en Grecia, como en Rodas, Marruecos o Turquía, uniendo así a sus habitantes en los sentimientos. Excelente testimonio y modo de comprometerse en combatir de modo pacífico esas actitudes inhumanas que precisamente en estos territorios, como en muchos otros, llevan a miles de seres humanos a la miseria, la desesperación y la muerte.

Similar actitud fue la de Joyce DiDonato. Artista de elegancia singular, capaz de alcanzar las más altas cotas de excelencia estética, siempre comprometida con los aspectos más esenciales del ser humano. En el espectáculo que tuvimos la fortuna y el privilegio de disfrutar nos reitera la triste evidencia de la violencia de un mundo que parece estar sumido en el caos. Y luego nos interpela. Qué debe ser un artista si no un interpelador (sic) de sus congéneres?. Nos pregunta: … como encuentras la paz?.

Acaso yo pudiera tener la insensibilidad de no sentirme interpelado?. Acaso seré tan cobarde que no quiera mirarme en mi espejo interior y preguntarme que, grande o pequeño, puedo hacer  por llevar esa paz que DiDonato, y la vida, sin duda me regala, a mi entorno más inmediato, con la esperanza de que, como las olas del estanque,  se expanda?.

Aún recuerdo, sin poder (ni querer) evitar que la emoción me invada, aquel día del año 2002 en que, con motivo de la entrega al Premio de la Concordía “Príncipe de Asturias” a Daniel Baremboim y a su amigo Edward Said , dos de los pianistas de su maravillosa orquesta West-Eastern Divan, , uno judío (Shai Wosner) y otro palestino (Karim B. Said). ofrecieron el Concierto para dos pianos de Mozart, K. 365, e incluso, como propina,  a cuatro manos la famosa Marcha militar de Schubert. La misma música, el mismo sentimiento, sin diferencias ni fronteras de ningún tipo, e incluso a cuatro manos, como un único intérprete.

 

Este es el arte tal como yo lo concibo. Ese del que alguien dijo que es capaz de convertir en vida a la mera subsistencia.

Como posdata, algunas referencias interesantes al respecto:

y sobre todo, sobre todo:

Un honor (I): Tineo

1 Jun

Tras muchas fechas de infidelidad al mismo y a mis (pocos o muchos) lectores, retomo estas líneas, y lo hago con una nueva sección, que titulo “Un honor” y en la que procuraré ir reflejando aquellas invitaciones o regalos que buenos amigos me van realizando, más por su generosidad que por objetividad.

Pues bien, en esta línea hoy he recibido el honor de haber sido invitado a formar parte del jurado de la I Edición los Premios Saludables de la Escuela Municipal de Salud del Ayuntamiento de Tineo (EMSAT).

La EMSAT  es, sin duda, el referente máximo a nivel regional en cuanto a actividades de promoción y educación para la salud en el ámbito municipal, y es también uno de los referentes nacionales, pues no en vano ha recibido este año, muy merecidamente, el premio nacional de la Estrategia NAOS, tras cuatro años consecutivos de conseguir sendos accesits. Sin duda, un caso único a nivel nacional.

Su sinnúmero de actividades comunitarias, eficaces e imaginativas, entre las que a mi entender destaca el poner de manifiesto la potencialidad del teatro como instrumento de promoción de la salud, la convierten en un ejemplo a seguir.

Por supuesto, como en todos los aspectos importantes de la vida, a este gran desarrollo teórico no solo no son ajenos sino que son imprescindibles las personas. Esta fructífera actividad no podría ser posible sin el entusiasmo y el buen hacer de su responsable, Marta de la Fuente, que, con una entrega sin límites, imagina y lleva a la práctica todas estas actividades.

Y a su vez, esta tarea no seria posible sin la inteligente visión de un Alcalde, José Ramón Feito, y una Concejala de Sanidad, María Luisa Valdés, que animan y confían el trabajo de su funcionaria.

Agradezco a dichas personas y a la institución su invitación a formar parte de tan importante evento, y compartir actos con compañeros importantes como constituyeron el jurado. Deseo larga vida a esta interesante iniciativa, y felicito a los premiados, de los que no hablo, pues creo que deben ser, en primer lugar, a los organizadores a los que corresponde tal tarea.

 

Zaragoza, una ciudad acogedora.

8 Dic

Zaragoza es la capital del viejo Reino de Aragón, y por eso inexcusablemente ha de ser una ciudad que encierra mucha sabiduría, y mucho arte como expresión de la misma.

Alacón (Teruel)

Alacón (Teruel)

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Desde que estas imágenes fueron producidas allá en el Neolítico, cuando aún no existía Aragón como territorio administrativo, mucho ha llovido.

Ya la Salduie de los íberos se había convertido en un verdadera capital, con importancia política y económica, llegando a acuñar moneda propia; y  en ella posteriormente los romanos, que la transformaron en su Caesaraugusta, encontrarían aliados al punto que la aristocracia local forma parte de escuadrones de caballería como en los contingentes militares romanos.

Múltiples muestras de un fecundo proceso de romanización se conservan aún el la ciudad.

No sería hasta que tras conquistarla Alfonso I El Batallador en 1118 se convierta en la capital del Reino de Aragón y sede en la que se coronen los reyes de la Corona de Aragón. Mucha historia hay antes de eso, y mucha historia también la hay después. Es por ello que múltiples son los vestigios históricos de interés que se pueden visitar, algunos de los cuales iremos citando sin ningún orden ni concierto preconcebidos, que en ocasiones no son necesarios en estos menesteres.

El MUSEO DE ZARAGOZA en su edificio de la Plaza de los Sitios , número 6, que es al que nos vamos referir, alberga una gran cantidad de fondos que permiten un viaje a través del tiempo desde la Prehistoria hasta nuestros días, en las Secciones de Arqueología y Bellas Artes. Estos fondos proceden originariamente de los de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, que se han ido incrementando con generosas o naciones y depósitos de numerosas instituciones y depósitos.