Roma, aperta… o tostón?

10 Feb

Como no quiero parecer conspiranoico (sic) no preguntaré qué hay detrás de, si no simplemente por qué este súbito y masivo ensalzamiento de la reciente película mejicana titulada Roma, hasta el punto de ganar el León de Oro del último festival de Venecia, mejor película para la Asociation New York Film Critics On Line y estar nominada por la Academia de Hollywood a diez categorías, incluida la de mejor película.

A mí es una de las películas que menos me gustó de las que ví en mucho tiempo. Ahora bien, si un plantel de sesudos expertos cinéfilos, así como una gran mayoría de las personas que hasta ahora la vieron, aseguran que es una buena película debe ser probable que el equivocado sea yo.

Más, lo anterior no es razón suficiente para que mi gusto cambie, aunque estoy dispuesto a aceptar razones en contra del mismo, por lo que trataré de justificarlo.

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Independientemente del derecho que el Sr. Cuarón crea tener para contarnos sus recuerdos, y de las explicaciones psicoanalíticas que justifiquen el avión cruzando el cielo lejano en la primera y en la última secuencia de la película, y todo lo cool que hoy pueda ser la estética del blanco y negro, el resultado cinematográfico me parece anticuado, obsoleto, previsible, ñoño y de una lentitud que conduce directamente al aburrimiento.

Las películas rodadas en exteriores, con toma directa de escenas de la calle y en blanco y negro son más antiguas que la pana, hoy en día no presentan ninguna novedad técnica ni estilística cinematográfica. La citada no se acerca ni de lejos a la otra Roma, la de la città aperta, ni mucho menos, por ejemplo, a Million Dolar Baby (genialidad de iluminación) o a tantas y tantas otras que se podían citar con similar estilo narrativo.

El neorrealismo surgió en varios países de Europa, sobre todo Italia, e inclusive en España, aunque aquí mucho menos por las causas de todos conocidas, ya a partir de las Segunda Guerra Mundial, es decir, a comienzos de la segunda mitad del siglo pasado.

También en Iberoamérica, como afirma Alberto García Ferrer en su más que interesante artículo El cine iberoamericano: El gesto y el acentoEn su nacimiento iberoamericano se produjo cine, en gran medida en exteriores y con un notable impulso regional, que no necesitó de las capitales, mientras que la sonoridad de la palabra permaneció ausente. La llegada del sonido significó un doble viaje: hacia el interior de los grandes estudios y hacia el corazón de las metrópolis. Treinta años después, con los formatos ligeros (el 16 mm, el súper 16 y el súper 8 mm), el cine iberoamericano conformó un segundo giro en el orden de sus esferas, acompañando la emergencia de los cines nacionales. Sólo dos décadas des- pués fue el vídeo el que incorporó nuevos actores, instaló miradas distintas, multiplicó escenarios, atravesó fronteras estéticas, cuestionó y quebrantó normas y recuperó parcelas ignoradas de la realidad para nuestra cultura.

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Es decir, nada nuevo técnicamente tampoco para Iberoamérica.

Pero bueno, si no la forma, tal vez podríamos salvar el contenido?. Pues a mi modo de ver, tampoco. El Sr. Cuarón es muy libre de bucear en su memoria y exponer sus recuerdos por las razones que estime más convenientes, pero que no piense que la película cumple alguna finalidad social o pretende visibilizar el papel de la mujer iberoamericana, en una sociedad machista y desigual, ni que en este sentido aporta ninguna novedad o lo consigue. Esto último ya está muy trabajado por muchos artistas desde hace años, y con superior impacto.

El acomodado barrio, la acomodada familia, y la tragedia de la violencia institucional que vemos de refilón, como expresión de la injusticia, la desigualdad y el machismo, al final de la película quedan exactamente igual, y sin que se cuestione ninguno de sus argumentos. Los señores siguen siendo los señores, y los criados siguen siendo los criados, por mucho que aparentemente se les integre a través de los espontáneos e inocentes sentimientos infantiles.

Si todos los acontecer que les van sucediendo a la familia y a la doncella protagonistas son previsibles desde el primer plano de las secuencias, el final conjuga, de forma reiterativa, lenta y prolongada, dicha previsibilidad con la ñoñería más absoluta.

El Sr. Cuarón está en su derecho, faltaría más, de rendir su más sentido homenaje en la forma que estime más oportuno a Liboria Libo Rodríguez, pero eso en modo alguno se transforma en una película de calidad, ni actual ni reivindicativa.

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No obstante, es muy probable que cuando algunos de mis pacientes lectores tengan la generosidad de leer estas lineas, tal producto haya recibido la bendición de la maquinaria hollywoodiense (sic) con el premio a la mejor película, y a varias categorías más.

Me alegro, que lo disfruten, …y sus razones tendrán, pero a mí que no me esperen para la próxima.

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In Memoriam: Ana Mª Llavona, un ejemplo a seguir.

31 Ene

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Dice un proverbio: Hace más ruido un árbol que se cae, que mil semillas que germinan.

Ana Mª fue una semilla que dio una incontable cantidad de extraordinarios frutos, y efectivamente siempre desde el silencio, desde la discreción y desde esa virtud tan grande pero tan escasa que es la coherencia.

Excelente profesional, puso su oficina de farmacia de novo en Fuertes Acevedo, cuando entonces esta calle pertenecía a un barrio sin urbanizar y practicante despoblado, y aún no existía ni el Hospital General ni Residencia de la Seguridad Social. En ella trabajó incansable y silenciosamente durante más de 40 años, haciendo de la misma un foco de educación y promoción de la salud. De hecho la primera escuela de salud de Oviedo, y también de Asturias, fue creada por ella con la colaboración de la cátedra de Salud Pública, que entonces dirigía el también desaparecido y llorado Antonio Cueto Espinar.

A nivel colegial siempre luchó por la formación continuada de los profesionales, como instrumento para un mejor servicio a las personas y la comunidad, y se distinguió por la creación y el mantenimiento de la Sección de Estudios Farmacológicos y Farmacia Clínica (Seffac), lo que sus compañeros de profesión reconocieron otorgándole la más alta distinción, la Medalla de Oro, del Colegio de Farmacéuticos con motivo de su jubilación.

Entendió su profesión como un compromiso de servicio a las personas enfermas y a su comunidad, y en clara apuesta por la integración en la Atención Primaría de Salud.

Además de todos estos méritos profesionales, que podían ser aumentados con sus trabajos, publicaciones, y colaboraciones muchas de sus compañeras, ese compromiso también se extendía a la denuncia y lucha contra la injusticia, con valentía y sinceridad.

Pero si en el plano profesional podemos asegurar que alcanzó la excelencia, es en su vertiente humana y personal, que ella nunca desligaba del anterior, donde su testimonio y ejemplo para todos los que tuvimos la inmensa fortuna de conocerla nos marca una luz que señala el camino a seguir para llegar a la Luz Definitiva.

Mujer de convicciones cristianas profundas, sinceras, y muy meditadas, generosas y de gran amplitud de miras y tolerancia, la llevaban al compromiso siempre con el más desfavorecido. No había causa o tarea que solicitase su apoyo, o que no lo solicitase, que no se encontrase con su gran magnanimidad y gratuidad. Eso sí, desde la discreción que comentábamos al principio, sin que su mano derecha no supiese lo que hacía la izquierda, sin que incluso sus más íntimos no conocieran magnitud de todos sus apoyos.

Con exquisita y elegante suavidad, con positividad y alegría, incluso en los momentos difíciles, siempre tenía la palabra o la expresión de cariño y ternura, que distribuía como un bálsamo, como un regalo de vida.

Aunque vamos a echar de menos su presencia física, siempre tendremos su testimonio en el recuerdo, como un ejemplo a seguir, y tratando de que el fruto de su semilla también haga germinar la nuestra, con la esperanza de compartir esa Luz Definitiva cuyo camino ella nos señaló.

Un beso, querida Ana Mª, y hasta toda la Eternidad.

P.D.: Al final de la ceremonia religiosa de su funeral, una amiga, además de hacer una glosa de la persona de Ana Mª, leyó un poema titulado Un velero, de William Blake. Se lo recomiendo. Lo pueden encontrar fácilmente en internet, y creo que les gustará.

 

Ex Libris (III): De senectud politica

23 Ene

Que vivimos épocas de incertidumbre es un pensamiento que compartimos muchos. La perspectiva de un cambio radical del mundo contribuye a generárnoslo.

La irascibilidad y el individualismo, respecto a los cuales tendríamos que pensar en el papel de las redes sociales, por las que nos comunicamos con una inmediated que dificulta la reflexión y el intercambio sosegado de opiniones, y la crisis del sistema económico, que amplia grandemente la brecha de las diferencias sociales, con un indiscutible crecimiento de la pobreza y la desaparición de la clase media, podrían ser dos de los muchos factores que contribuyen a esta situación.

Nuestro estilo de vida occidental, basado en un estado de bienestar, hunde sus raíces en una socialdemocracia que alcanzó su máxima expresión a mediados del siglo pasado,  y me atrevería a decir que estaba fundamentado en un nuevo humanismo racionalista, parece estar en retroceso por mor del empuje de otro sistema, liberalismo quieren llamarlo algunos, término que considero muy manipulado y  que me es difícil identificar si no lo veo asociado al adjetivo salvaje.

Este modelo, que indudablemente impera en la actualidad, se basa en la negación de la dignidad intrínseca de las personas, en un individualismo egoísta y deshumanizado, en un transnacionalismo desarrollado y fomentado por las máquinas y la informática, en el fomento del tener sobre el ser y sobre el pensar, en la minoración de la res publica y la política frente al business, todo lo cual entre otras muchas cosas fomenta y consigue una gran desestructuración social.

Es el final de una época?. Está nuestra democracia en decadencia?. Podemos los individuos hacer algo para remediarlo?. En ese caso, qué?.

Con esas ideas rondándome siempre por la cabeza, me topé de casualidad (muchas veces la excelencia la tenemos más cerca de lo que pensamos), y por la generosidad de un amigo que me lo regaló, con un librito, en apariencia fisica pequeño (solo 95 páginas), pero inmenso en contenido: De senectute politica, y que lleva por subtítulo Carta sin respuesta a Cicerón.

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Su autor, Pedro Olalla, viene definido en la solapa de la portada como un ovetense nacido en 1966, filoheleno español, escritor, profesor y cineasta, con más de 27 títulos originales en su currículum. Él mismo se retrata de forma más detallada en el inicio de su estupenda página web, de más que interesante consulta.

Tras la presentación y cortesías propias de la gente de bien, el autor alude a la obra de su interlocutor, Cato Maior de Senectute, afirmando que está escrito para que la vejez sea buena, respecto a lo cual ya comienza señalando los condicionantes sociales que acaban estableciendo el modo de llegar a esa bondad. Y también sobre las actitudes que corresponden a ese bien envejecer, tanto en el aspecto individual como social, para lo cual manifiesta que es necesario ser coautor de la biografía colectiva, y por ende de un propósito ético y político, pues ambas son prerrogativas del ser humano libre.

Aquí manifiesta su deseo de reflexionar sobre una senectud política de una sociedad donde el poder político tiende a actuar más en beneficio propio que en el de la comunidad a quien teóricamente debería representar y defender.

Continúa el autor hablándonos de las características de la vejez, diferenciándola de la decrepitud, y señalando que la primera no se atiene a fronteras numéricas, y la segunda, más depende de degeneración y pérdida, así como la conveniencia  de vivir bien (virtuosamente) para envejecer mejor.

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Al abordar el tema de la conciencia la lleva a su dimensión social, como única herramienta para luchar contra la injusticia, y buscar la verdad desenmascarando prejuicios, como pudiera ser el de pensar que los mayores estamos condenados a ser indefectiblemente conservaduristas (sic) e inmovilistas. Esta dimensión social, y bien lo saben desde hace mucho tiempo los salubristas, acaba condicionando hasta la salud y la enfermedad.

Llegados a esta dimensión social, analiza, como ya el título apunta, si esta, es decir, nuestra democracia es sanamente anciana o desgraciadamente decrépita. Envejecen las convicciones y los ideales?, se pregunta Olalla. Y se contesta que no, y que si la democracia de hoy nos parece envejecida, lo es por haber perdido el ímpetu transformador de sus valores esenciales, por haber dejado de ser fiel a su esencia de aspirar a corregir las injusticias, y de conseguir la identificación entre gobernantes y gobernados.

La teoría de Olalla es que la primigenia democracia griega pretendía que fuese el ciudadano el que participase del poder de gobernar y juzgar, para, así, atajar los abusos del poderoso, pero acepta la triste verdad de que esta actitud  ha sido siempre aborrecida por el poder, hasta que democracia no ha conseguido ser más que un reciente juego de palabras para legitimar con votos de la plebe los intereses de las oligarquías.

Bien sabemos hoy, y también lo defiende Olalla, que el auténtico poder es el dinero, que este desbanca el papel de la política hasta anularla, y que pervirtiendo a su favor las características de la globalización, anula estados, hasta conseguir un mundo más desigual, donde crecen las diferencias.

Afirma Olalla con valentía y cruda realidad que si ahora falta el pan cuando se tiene hambre (uno de cada ocho se asustan cada día con hambre en este mundo), si falta cura cuando se está enfermo, si se pierde el derecho a lo fundamental por perder la salud o el trabajo, si hay que huir de la patria para salvar la vida, no hay democracia alguna digna de su nombre, por mucho que votemos para elegir representantes.

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Es por todo ello que las cosas no tienen solución?. Me atrevo a clamar alto y claro que en absoluto, que otro mundo mejor es posible. Como?. Ah!, esa es la gran cuestión que puede, e incluso debe, tener múltiples respuestas. Por supuesto, como aclara Olalla, en la implicación reside la esperanza; y en la esperanza misma, añado, puesto que no debemos dejarnos caer (o tirar) en la tentación de la desesperanza.

Ese imperio egoísta e  inhumano que de momento avanza, tiene en la desafección uno de sus principales aliados. Esto cobra especial importancia en un país como el nuestro, donde los índices de abstención (ahí están las hemerotecas) crecen alarmante y progresivamente. Al respecto me permito recomendar un buen artículo de Miguel Rodríguez Muñoz.

Y con estas y otras perversas alianzas, el poder y la riqueza se distribuyen desigualmente, mandando sobre la economía y esta sobre la política, y la política actual coercitivamente imponiendose sobre los intereses comunes, y haciendo que aquellas decisiones que afectan a lo más básico de nuestras vidas se tomen cada vez más lejos de nosotros y del interés común. Es lo que Olalla denomina un mundo al revés. El dinero en vez de servir a los intereses comunes de la sociedad, se impone a ella mediante una diabólica facilidad para poner en marcha los mecanismos de generación de deuda. Mecanismo que, recordemos, ya fue puesto en marcha en los inicios de los 80 del siglo pasado en Iberoamérica, generando lo que se dio en llamar la década perdida de Iberoamérica, infierno del que aún muchos países no han logrado escapar.

A pesar de este desalentador panorama, a partir del capítulo XIX Olalla aporta posibles vías de intentar el cambio, que centra en la clave de la participación activa. Y continúa: Creo que hay muchas formas válidas de tomar parte en la vida común, y todas me parecen políticas. Quede este capítulo y el siguiente al buen criterio del lector, que, si está de acuerdo con ello, encontrará sobradas sugerencias para dar rienda suelta a su personal deseo de participación activa.

Los cuatro siguientes capítulos, y últimos del libro, como no podía ser de otra manera en una obra sobre la senectud, aborda la etapa siguiente a esta, es decir, la muerte. Y lo hace desde la serenidad y entereza de un encuentro …ars mordiendi…que completa y consuma el ars vivendi. Quien sabe si lo que, con esfuerzo, entendemos nosotros por justicia tiene sentido más allá de lo humano!.

Finalmente el libro se completa con un detalladísimo listado de 71 referencias y citas.

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Por todo lo anterior, me atrevería a calificar al libro de intenso y amable. Intenso porque lo es su contenido, que abordando temas de trascendencia, no le sobra un párrafo, al punto que si a lo largo de este modesto escrito las citas textuales fueran hechas con intención de que reflejasen la importancia del mismo, literalmente tendrían que ser el libro entero.

Amable porque, en lo puramente literario, no solo el lenguaje es exquisito, algo que se agradece en estos tiempos en que por desgracia tanto prolifera lo grosero y lo chabacano, sino que también el ritmo es muy acertado, pues en ningún momento desaparece la cercanía de la epístola íntima, la transición de un concepto a otro es muy fluida (cinematográfica?), y los capítulos son de la extensión adecuada para que permita leer a la velocidad necesaria para cada persona, permitiendo entre uno y otro el sosiego necesario para facilitar la asimilación de la alta densidad conceptual.

Así pues, como todas las buenas obras literarias, tiene muchos planos de lectura, incluso uno histórico y cultural, pero que desgraciadamente se escapa a mis torpes limitaciones de ignorante enciclopédico.

En definitiva, veo este libro como un canto de esperanza. Que el momento es crítico, que el Poder con mayúsculas, es decir el dinero, egoísta y deshumanizado, y apoyado en una desculturización (sic) provocada, está ganando el partido por goleada a las actitudes de generosidad, fraternidad y humanización, es un hecho indiscutible.

Pero el partido aún no ha terminado, y copiando una cita de autor, y como él dice suscribo sin ambages, la sentencia de Lelio: A mi no me preocupa menos como será el Estado después de que llegue mi muerte, de lo que me preocupa como es hoy (Cicerón, De amicitia, XII, 43).

Puede que no sepamos como hacer para reconducir la situación, para reconquistar el papel de la política y de la democracia real, y para evitar que el Poder consiga su objetivo final de convertir el de facto en de iure. Es verdad que en este país tenemos la cruel experiencia de la implantación en una funesta noche, con nocturnidad y alevosía, y el pacto vergonzante de los dos grandes partidos, de la reforma laboral actual, que no fue ni más ni menos que legalizar la esclavitud.

Sí, todo eso es verdad, y el camino es muy largo y difícil, pero también sabemos que es necesario reconquistar la política y la democracia, y una sociedad en la que no seamos súbditos votantes sino ciudadanos participantes, y mientras persistan discursos como el de este libro, y sobre todo mientras persista el testimonio de la actitud de ciudadanos valientes como el autor, y por supuesto como otros muchos que podría nombrar, no caeremos en la tentación de la desesperanza. Qué más quisiera el Poder!.

 

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Cosas que pasan, …afortunadamente.

31 Dic

Había sido una mañana excepcionalmente tranquila. Así que, tras concluir mis obligaciones laborales, pude regalarme el lujo de dar un lento paseo por la ciudad, mirando escaparates (siempre hay que aprender de la sabiduría femenina!), y hasta de visitar la exposición de una joven artista emergente (Andrea de la Rubia; seguid este nombre, me lo agradeceréis). También tuve tiempo de ensimismarme en mis propias cavilaciones, pues como aconseja una buena amiga, es necesario tener un tiempo para encontrarnos en nuestro interior, y así poder proyectarnos al exterior.

Total, que relajado y satisfecho, mis pasos me llevaron espontáneamente a rematar tan feliz jornada a ese bar que vamos a menudo, donde te llaman por tu nombre, y donde, casi sin que tengas necesidad de pedirlo, te sirven una copa de bon vino y un pincho de tortilla como no hay otra igual. Pero esa es otra historia de la que tendré que hablar otro día.

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Pues señor, coincidió que a mi lado, en la barra, estaba una señora mayor. Seguro que sobrepasaba los 80 años, con ese aspecto encantador que esperamos encontrar en las abuelas de los cottages de la campiña británica, las que colaboran con Mrs. Marpple a desentrañar algún delito local desde la mesa camilla, alrededor de una humeante taza de té, y un trozo de strawberry cake. En el caso de mi aparentemente entrañable vecina, era un abundante zumo de naranja natural.

– Perdone si le molesto – me dijo de pronto.

– En absoluto, dígame usted – le contesté.

– Puedo hacerle una pregunta que tal vez sea impertinente? – prosiguió.

– Estoy seguro que viniendo de usted no será impertinente – le repliqué

– Donde compró esa bolsa tan bonita que lleva en la mano? – me dijo.

Efectivamente llevaba en la mano una bolsa de cartón con una estampación colorista y alegre, conteniendo una caja de bombones que una paciente agradecida me había regalado para endulzar estas fiestas.

– Es que llevo varios días buscando una similar, y soy incapaz de encontrarla en ninguna tienda. Hasta tengo la impresión de que cuando explico lo que quiero me toman por un poco chalada – continuó mi vecina de barra.

A medida que le explicaba la procedencia de mi bolsa una ocurrencia iba formándose en mi cabeza, así que cuando acabé le dije:

– Se la regalo con sumo gusto.

– No, por Dios, ni hablar, eso si que no. Perdóneme usted por preguntarle – me contestó, visiblemente azorada.

– Insisto – repliqué – y de verdad que lo hago encantado. El paquete de bombones puedo llevarlo perfectamente en la mano, sin necesidad de la bolsa.

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– Entonces tiene que permitirme una cosa.

– Usted dirá.

– Que le dé un beso .

– Por supuesto. Más encantado todavía.

Y acercándose prudentemente a mi cara me besó suavemente en la mejilla derecha. Yo, siguiendo nuestra costumbre de que cuando se da este tipo de besos amistosos se hace en ambas mejillas, fui a contestarle besándola en su mejilla izquierda y después en la derecha, a lo que ella reaccionó de la misma manera, haciéndolo en la mía izquierda, al tiempo que decía con toda candidez:

– Pues sí, dos mejor que uno, pero es que no me atrevía a tanto. Muchas gracias.

– De nada, señora. Un placer. Qué tenga usted unas felices navidades.

Y continuamos ambos con nuestras consumiciones, hasta que acaba la mía me despedí con la misma frase ritual, que ella contestó igualmente.

Al salir, pensaba en lo sencillo y gratuito que es pasar una mañana feliz, dar una pequeña e intrascendente alegría a alguien, y a su vez alegrarse por ello. También pensé en esa canción del maestro Serrat que nos dice que de vez en cuando la vida toma conmigo café . E incluso un vaso de bon vino y un pincho de excelente tortilla.

Y se lo agradecí. Le di gracias a la vida por ser tan generosa conmigo.

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La inhumanidad se disfraza de cualquier cosa

18 Dic

Todos nos consideramos buenos y convencidos de poseer la verdad. Si nos dejasen este mundo lo arreglaríamos en un santiamén. Hay que adoptar las decisiones  que hay que adoptar,…y punto.

Lo que pasa es que eso corresponde a la administración, que es quien debe tomar medidas, y solucionar los temas. Eso sí, sin menoscabar mis derechos. Pues estaría bueno!, que para eso está mi libertad individual.

Ademas, todos somos muy solidarios, y damos al me gusta en todas las redes sociales.

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Pues bien, estos días los periódicos nos informan de que el CEA (Centro de Acogida y Atención), de Cáritas, que acoge a enfermos toxicómanos, y trabaja con ellos en procesos de mejora y rehabilitación, trata de comprar una nueva vivienda a no muchos metros de donde se encuentra la actual, porque esta se queda pequeña, y motivos del Plan de Ordenación Urbana lo hacen más conveniente.

Y se armó la tremolina!!!.

Qué se les atiendan, faltaría más. Pobrecillos, son unos enfermos. Eso sí, que se les atienda por quien corresponda, a mí que no me impliquen, y por supuesto en mi barrio y cerca de mi casa, eso sí que no.

Toda una campaña acoso y desprestigio, llegando al borde de la violencia, se desató contra la intención de Cáritas. Razones?. A saber!, que yo sepa ninguna. La lógica, para qué?.

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La casa actual esta, como señalábamos antes a escasa distancia de la futura. Si eso es un problema ahora, por qué no lo era antes?. Los residentes del Centro está integrados en el actual barrio y colaboran incluso con las asociaciones de vecinos en la organización de festejos. Lo residentes del Centro JAMÁS, JAMÁS han creado un problema ni un conflicto.

Tengo el honor y la satisfacción de haber trabajado y convivido en el CEA hace 23 años, cuando este estaba en una céntrica calle de Oviedo y en todos estos años de seguimiento del Programa insisto en que no he conocido ningún problema ni conflicto. Así lo quiero testimoniar.

He conocido allí, y me enorgullezco de ello, a personas a las que recuerdo con gran cariño, buenas, con muchos valores y con gran dignidad, que la vida, a su pesar, las ha baqueteado sin piedad, hasta convertirlas en despojos; muchas veces para ganancia de desalmados que pasan por dignísimos miembros de una farisaica sociedad.

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Por qué esta cerrazón, está sinrazón, este odio demostrado por los que se oponen al Proyecto CEA?. Qué se esconde detrás de todo esto?. Quien gana qué?. Hasta donde nos conduce esta senda de odio?. Qué futuro le espera a este mundo, barco en el que viajamos todos,  si seguimos con esta inhumanidad?.

A quienes esto hostigan la Biblia les diría que mejor les sería que les colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogaran en lo profundo del mar.

Yo no llego a tanta radicalidad. Solo les deseo que cuando ellos o alguno de sus seres cercanos pasen por alguna situación de gravedad y carencia vital encuentren alguna persona tan generosa como lo/as trabajador/es del CEA que les puedan echar una mano y brindar su ayuda y su cariño.

 

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De música contemporánea y otras controversias.

25 Nov

Nota previa: En el presente escrito nos vamos a referir al ámbito de la música denominada clásicaseria. Otras músicas actuales como el pop, el rock o el rap, aún gozando de todos nuestros respetos y hasta de nuestro gusto no estarán, de momento, incluidas en esta reflexión.

Vayamos, pues, al asunto.

Cuando escuchamos una creación contemporánea las reacciones no podrían ser de otra manera que dispares.

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Por un lado los detractores aseguran: esto no es música, es ruido; si me lo tienen que explicar, malo; yo solo entiendo lo que me gusta o lo que no me gusta;  o aquello que no se puede tararear (es decir, no tiene una melodía), eso no es música.

Por otra parte, los aficionados (entre los que me adscribo) rebaten: acaso no hay hoy compositores que realizan obras tonales y melódicas, incluso al estilo barroco?, no son del siglo XX el neorromanticismo o el neotonalismo?; que decir de la música de John Corigliano, Pedro Ituralde, Astor Piazzola , Leonard Bernstein, Joaquín Rodrigo, María Teresa Prieto, Rosa García Ascot (por citar dos mujeres y españolas) y tantos otros?.

Además, no fue rechazado hasta el olvido el mismísimo Bach (para muchos actualmente el dios padre de la música) en su contemporaneidad hasta que Mendelssohn lo rescató, solucionando tamaña injusticia?, no tuvo el gran Mozart que estrenar algunas de sus principales óperas en Praga porque en Viena, reina y señora del canon musical de la época había fracasado?, no fue condenado también al olvido el concierto para violín del mismísimo Beethoven hasta que una vez más Mendelssohn (siempre Mendelssohn!) también lo rescató, o alguno de sus últimos cuartetos fueron tildados de incomprensibles o extravagantes?.

El arte es una forma de expresión y comunicación que vive en unos tiempos y unas circunstancias, y con ellas ha de evolucionar y hasta experimentar. Los distintos lenguajes tienen distintos códigos, y muchas veces han de enseñarnos a entenderlos. Por qué El Greco usaba los colores que usaba?. Acaso no fue proscrito por Felipe II por este motivo, o porque su Martirio de San Mauricio no se ajustaba a los cánones teológicos de la época?.

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Tratemos de ampliar horizontes. Busquemos, y preguntemos sin reparo a quien pueda explicárnoslo las diferentes claves que nos hagan adquirir nuevos conocimientos, y quizás así no nos perdamos nuevos motivos de disfrute.

En definitiva la historia, y también la del arte progresa construyendo sobre raíces anteriores, y manteniendo sus esencias adaptándolas al presente.

Al respecto, les invito a escuchar los sábados, a las 12 de la mañana del streaming de la Fundación Juan March, y deleitarse con el ciclo Bach, el jazz y la improvisación, y si no pueden por el día o la hora, encontrarán todo el ciclo en los podcast de la Fundación.

También les recomiendo, a modo de carta de navegación, el libro de Tomás Marco Escuchar la música de los siglos XX y XXI.

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Y, con el permiso de mi admiradísimo Luis Ángel de Benito (no se pierdan su programa Música y significado), que lo disfruten!

 

P.D.: Otras muchísimas controversias nos quedan en el tintero, como por ejemplo la actitud del intérprete ante la partitura, o el papel de los directores de escena en la ópera, pero estas y otras serán motivo de otros escritos en el futuro (si Dios quiere)

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Bien novelada

12 Nov

Es común denominar a la ciudad de Oviedo la bien novelada. Vetusta, Pilares o Lancia son nombres que se atribuyen a la ciudad en novelas de tanta enjundia como La Regenta,  Tigre Juan, o El Maestrante, respectivamente. Incluso en otros casos aparece con su propio nombre, como en Nosotros, los Rivero.

La cosa no para ahí. D. José I. Gracia Noriega tiene, entre su prolífica obra, una titulada Oviedo en los libros, y D. J. Evaristo Casariego otra con el título de Oviedo en la historia y la literatura a través de 1.200 años, prologada por D. Antonio Masip, quien también echa un cuarto a espadas sobre el tema.

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Más no es este el tema de la presente entrada, sino de presentar una obra de obligada lectura para todas aquellas personas que, independientemente de la relación que tengan con la ciudad de Oviedo, gusten del exquisito placer de la lectura de novela, como instrumento que nos hace viajar a través del tiempo y del espacio, conocer en su integridad a otras personas, y disfrutar de las palabras y las historias bien narradas.

Y esta magnifica obra, que me proporcionó la fortuna de esos exquisitos regalos es Una ciudad bajo la lluvia, de Victoria R. Gil. Autora a quien, confesando una vez más mi enciclopédica ignorancia, no conocía, por lo que no puedo dar de ella más reseña que la aportada por la pestaña del libro. Pero ni falta que hace, porque por sus obras los conoceréis.

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La autora, basándose en un hecho real, la presencia en Oviedo para un mitin de D. Práxedes Mateo Sagasta, y uniéndolo con la inauguración del Teatro Campoamor, crea, tras un minucioso y admirable trabajo de documentación, toda una ficción que, más allá de lo que puede aparentar en lo anecdótico, tiene múltiples planos de lectura.

Es evidente que la autora es una gran admiradora de La Regenta y la sigue cual guía sacrosanta en una peregrinación vital, y así nos muestra esa sociedad finisecular y provinciana donde imperaba (y ahora, no?) el cinismo social, la diferencia de clases y el desprecio más humillante a la dignidad de las personas a las que se considera inferiores.

Pero solo con esto, por muy bien que se hiciera, y se hace muy bien, no aportaría nada, pues tal retrato ya lo había establecido de un modo definitivo D. Leopoldo Alas en su magna obra.

Es aquí donde la autora tiene un primer detalle de genialidad. La madre de nuestra protagonista es inglesa, y esto facilita un viaje de ambas a Londres en el que la autora contrapone ese clasismo casposo de una pequeña ciudad provinciana de un país que históricamente siempre pierde el tren de la modernidad, con el clasismo victoriano, tan rígido como el anterior, pero brillante cosmopolita y erudito de otro país que lucha por incorporarse a los nuevos vientos que se adivinan de esa citada modernidad.

La dinámica de la lucha de clases es otro plano que se vislumbra en la novela, y con algunos aspectos muy interesantes y actuales que sería pecaminoso desvelar aquí, y romper la emoción, y tal vez sorpresa, que encierra una trama muy bien urdida, con sus puntos de suspense en varios aspectos.

Todo ello, además, está escrito con una prosa muy ágil, en la que se trasluce quizás la habilidad de una buena periodista, y con capítulos poco extensos que, a más de facilitar su lectura, se ajusta a los ritmos de hoy.

Una prosa también muy rica, elegante y cuidada, aspectos estos muy de agradecer en los tiempos que corren.

En definitiva, como decía al principio, una historia bien novelada, de lectura indispensable para los amantes de este género, y que a buen seguro mis amigos lectores en este caso agradecerán el consejo.

Que la disfruten.

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