Cenicienta

23 Jul

 

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I

La vida de Cenicienta era triste y monótona, pero eso mismo que podría parecer muy negativo a ella le proporcionaba si no autoestima, sí seguridad. Por otra parte, a pesar de lo anterior, Cenicienta tenía un carácter dulce y un gran sentido de la empatía, que trasmitía con facilidad.

Desde que sus padres le habían sido arrebatados en aquel odioso accidente en que un camión cuyo conductor estaba bajo los efectos de estupefacientes arrolló su automóvil, cada día los añoraba más. De hecho no pasaban muchos días sin que fuera a visitar su sepultura, y allí, al pie de aquel fresno que le daba sombra, abría su alma y vertía sus confidencias con la seguridad de que su madre la escuchaba, esperando encontrar sus consejos en el fondo de su corazón. Mucho añoraba su ternura, y la rectitud y el cariño de su padre.

Tras su orfandad, todavía niña fue acogida por una tía paterna, viuda y con dos hijas. Su tía no se parecía en nada a su padre. De carácter hosco, era muy envidiosa, siempre estaba amargada y enfadada contra el mundo, y procuraba encargarle las tareas más ingratas de la casa. Sus primas, orgullosas y engreídas parecían creerse sendas reencarnaciones de la reina de Saba, y la ignoraban totalmente, sin hacer el más mínimo esfuerzo por integrarla en su mundo infantil, lo que de alguna manera hubiera suavizado su dolor.

Así que Cenicienta se encerraba en si misma y sus estudios. Sin amigas verdaderas, y tratándose solo muy superficialmente con alguna compañera de estudios, no tenía ninguna vida social. Eso unido a su inteligencia natural facilitaba que avanzase en sus estudios con brillantez y excelentes calificaciones, lo que alimentaba aún más la sorda inquina de su tía y sus primas.

Cuando alcanzó la mayoría de edad y pudo tomar sus propias decisiones, gracias a su tierno carácter y su excelente curriculum académico no le fue difícil encontrar un trabajo de becaria en una importante, si no la más, editorial de la capital. Además, como no tenía ningún tipo de vida social y los estudios los llevaba con mucha facilidad, lo que le significaba tener mucho tiempo libre, se buscó para los fines de semana y festivos un trabajo de camarera en una conocida cadena de comida rápida.

Todo ello le permitió adquirir una mínima autosuficiencia económica, y poder abandonar el aquelarre en el que estuvo aprisionada durante estos últimos años. Alquiló un minúsculo estudio en las afueras de la ciudad y pudo acceder a una vida que además de libertad le proporcionaba tranquilidad. ¡Casi nada!. Por si fuera poco, los habituales y largos desplazamientos en el transporte público, añadido a los conocimientos colaterales que iba adquiriendo en su trabajo en la editorial, le permitían ir adentrándose en el maravilloso mundo de la literatura.

El trabajo era rutinario, pero a ella le parecía apasionante por el ambiente y los personajes entre los que se movía. Había ingresado como becaria y asignada al departamento de distribución, quizá el menos artístico de la casa. Su trabajo consistía en controlar que los distintos pedidos eran enviados en la fecha contratada y después que eran recibidos adecuadamente y de todo ello llevar unos rutinarios registros. Más por otra parte dado su carácter empático y servicial sus compañeros le pedían constantes favores que ella satisfacía con alegría y presteza, e incluso la utilizaban para tapar o justificar pequeños errores del día a día, lo que le iba granjeando la simpatía de todos.

Cenicienta estaba contenta. Al haberse librado del ambiente opresor en que había vivido era como si le hubiesen quitado una enorme losa de encima de su ánimo, y se tornaba cada día más alegre. Continuaba yendo a visitar la sepultura de sus padres y contándoles sus sentimientos con la seguridad de que ellos la escuchaban y ahora se alegraban de su nueva disposición de ánimo.

Todo ello hacía que su carácter y el trato con sus compañeros fuese cada vez más abierto, especialmente con Paloma, la secretaria de dirección de libros artísticos, el departamento de élite y más admirado de la casa.

Paloma era todo lo contrario a Cenicienta. Proveniente de una familia acomodada y con muy buenas relaciones había estudiado lo justo para obtener, eso sí, una brillante licenciatura en artes, y posteriormente, gracias a las influencias de la familia, su actual puesto de trabajo, envidia de toda la plantilla de la editorial.

De carácter extrovertido y jovial, era de natural agraciada y elegante, además de ser muy cuidadosa con su aspecto físico. Conocía a todo el mundo y sus historias, y mantenía una dilatada y muy activa agenda social.

Inteligente y de fondo bondadoso había sabido adivinar las virtudes de Cenicienta, y enternecida por su innata tristeza se había acercado a ella intentando animarla y ayudarla en su vida laboral. Así que pronto trabaron una sincera amistad que les llevaba a compartir sentimientos y confidencias y en la que Paloma trataba de alegrar a Cenicienta convencerla para que se incorporase a una vida social más activa, algo que la timidez de Cenicienta rechazaba. Estaba, eso sí, muy contenta de compartir a menudo con Paloma la hora de las comidas del mediodía, en las que tenían alegres charlas y con las que ambas intimaban cada vez más, pero cuando Paloma le proponía algún plan para después del trabajo Cenicienta educadamente lo rechazaba, y todo más aceptaba compartir un café de media tarde antes de volver a su pequeño apartamento y a sus estudios.

 

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II

Llegó el verano y con él se aproximaba un acontecimiento especialmente esperado por el personal de la editorial. Todos los años D. Juan, su dueño  y del amplio conglomerado de empresas que giraban alrededor de ella, gustaba de celebrar su onomástica organizando una gran fiesta en el amplio castillo medieval de su propiedad, sito en una villa próxima a la ciudad.

El lugar era de ensueño. El castillo, que databa del siglo XV,  había sido restaurado hasta en sus más mínimos detalles conservando todo su esplendor original, y al propio tiempo dotándolo de todas las medidas de confort actuales, sin tener nada que envidiar al más lujoso establecimiento hotelero.

A su vez estaba rodeado por una generosísima extensión de terreno donde abundaban paseos bajo frondosas arboledas, amplios jardines con abundante dotación floral y hasta de un riachuelo que se remansaba formando un lago que proporcionaba un espacio pleno de serenidad y paz. Diversas especies de pájaro, sin que faltasen las cigüeñas, tenían allí sus nidos y amenizaban el ambiente con las música de sus trinos. Liebres y hasta algún ciervo sorprendían al visitante con sus cercanas carreras. Todo ello ponía de manifiesto la buena conservación natural del entorno.

El castillo, además, en todos los eventos que las empresas de D. Juan en él celebraban, estaba atendido por una de ellas, a la sazón la más prestigiosa en restauración gastronómica de la ciudad.

A la fiesta eran invitados no solo todos los componentes de la empresa con sus parejas, sino también los autores que componían la nómina de las publicaciones de la editorial, así como otros muchos a los que se quería agasajar y captar, junto con gentes del mundo de la crítica y el periodismo. Todo el que era alguien en el ámbito de las letras recibía su invitación. También en ocasiones acudían figuras de otras artes, como las plásticas, la música o la danza. Todos tenían cabida en las muy numerosas estancias del castillo y los diversos establecimientos adyacentes que componían la propiedad. El festejo duraba hasta el día siguiente, y en ocasiones se prolongaba hasta un tercer día si los invitados se animaban a continuar.

En definitiva, era el evento social de la temporada, y con el que no solo se rendía homenaje de respeto y agradecimiento a D. Juan, sino que se inauguraba la estación del verano, con lo que de vacación y descanso conlleva. Además en esta ocasión se añadía una circunstancia más, de gran significado para D. Juan y la empresa. Ciro, hijo único de este y por tanto destinado a ser el heredero universal del gran imperio editorial, regresaba de Estados Unidos tras tres años de intensa formación en importantes universidades en el ámbito de la literatura y los negocios editoriales. Se incorporaría a la empresa en la temporada siguiente. Y aunque su padre quería que lo hiciese sin privilegios, desde puestos inferiores y a poder ser pasando de incógnito, era evidente que más temprano que tarde llegaría a los más altos puestos de dirección.

Siempre que llegaban estas fechas Paloma estaba cada día más emocionada pues sabía que era una jornada muy divertida de la que podría disfrutar no solo con sus compañeros de trabajo sino con muchos y muy interesantes personajes, bastantes de ellos ya conocidos por sus relaciones familiares. En esta ocasión, además, quería transmitirle toda su emoción a su amiga Cenicienta, y conseguir que al fin venciese su timidez y se introdujese en el mundo de las relaciones sociales.

Sin embargo Cenicienta, aunque le agradecía a su amiga el interés que ponía en ella y no quería desairarla, no estaba muy segura, e incluso pensaba en buscar una excusa educada para no acudir, segura además que dada su insignificancia nadie se percataría de su ausencia ni la echaría de menos. No sabía como desenvolverse en ambientes como el que allí se formaría, y además tampoco tenía ni el vestuario ni los complementos apropiados a la ocasión.

-Ni lo sueñes -exclamó Paloma, fingiendo indignación -para eso estoy yo aquí. Seré tu personal shopper y este fin de semana dejamos zanjado el tema del vestuario, los complementos, el maquillaje y la peluquería. Y esto no es negociable. Pues faltaría más!

 

 

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III

 

Y llegó el gran día de la fiesta.

El castillo y todos sus alrededores estaban envueltos en un atardecer transparente en el que los colores de la puesta del sol parecían ir armonizándose con la iluminación de los jardines hasta componer una sinfonía de  tonalidades suaves y sugerentes que invitaban al disfrute de la relajación y la comunicación entre los invitados. Al fondo una orquesta de cuerda contribuía a completar el ambiente con una música suave y tan acariciadora como la brisa que, sin molestar, aliviaba los rigores de la temperatura ya veraniega.

Mientras los invitados iban llegando una legión de camareros distribuían exquisitas creaciones gastronómicas y estimulantes bebidas.

En un determinado momento, ni demasiado pronto ni demasiado tarde para no llamar la atención pero tampoco  desairar la etiqueta, llegaron Paloma y Cenicienta a bordo del deportivo automóvil de la primera. Ambas eran personas discretas y además eran conscientes que entre los asistentes figuraban personajes de la vida social de mayor repercusión mediática. Pero no lo consiguieron. Estaban bellísimas. Esbeltas, irradiaban juventud y elegancia, con sendos trajes de noche de exquisito diseño, sin ser ni extravagantes ni provocativos.

Pronto comenzaron a formarse corrillos de conversación entre los que Paloma, conocedora prácticamente de todos los invitados, se movía como pez en el agua e iba haciendo las presentaciones de Cenicienta. Las damas asistentes, siempre muy observadoras para estos menesteres, fueron pródigas en alabarles la elegancia de sus atuendos, destacando no solo los vestidos sino la perfecta conjunción con los complementos, y muy especialmente los zapatos.

A medida que transcurría la noche Cenicienta empezaba a sentirse relajada y contenta, satisfecha por haber cedido a los consejos de su amiga Paloma, que ni un solo momento dejo de estar pendiente de ella. Pero también comenzó a moverse entre los distintos corrillos al ir conociendo a las personas y también porque acudían a ella, demandando su conversación, que se iba volviendo más fluida, impresionando a todos por su discreción, sentido y amplia cultura.

Evidentemente entre los jóvenes se establecía una especial afinidad, por lo que en un momento dado coincidieron en el mismo grupo Cenicienta y Ciro. Este quedó sorprendido con el conocimiento que ella tenía de la sociedad y modo de vida norteamericanos, y mucho más cuando a su requerimiento le confesó que nunca había visitado tal país, pero que uno de sus campos de interés era la geografía social. Y lo mismo sucedía con sus manifestaciones artísticas.

La conexión que se estableció entre ambos no podía pasar desapercibida para una persona muy observadora como D. Juan, máxime cuando este se percató de que, él que se preciaba de conocer prácticamente a toda su plantilla, en este caso no sabía nada de ella. Por ello, como también había observado la especial relación que Paloma mostraba con ella, hizo un aparte discreto, y le preguntó:

-Paloma, dime quien es esa chica con la que tanto habla mi hijo, y que yo no conozco?

-Tiene buen ojo, D.Juan -contestó Paloma, que sabía que podía tener ciertas confianzas con su jefe -es uno de los diamantes de su plantilla. Pero ciertamente es posible que no la conozca porque lleva muy poco tiempo en la empresa. Además es muy discreta y le gusta pasar desapercibida. Es la nueva becaría del departamento de distribución. Pero es persona de grandes capacidades. Y en cuanto a su hijo -continuó Paloma, mientras le guiñaba un ojo humorísticamente -no se preocupe. Cenicienta, que así se llama, es extremadamente recta y honrada.

-Cenicienta, curioso nombre -replicó D. Juan -Paloma, tú que tienes gran tacto podrías presentármela discretamente?

-Por supuesto, D.Juan. Buscaré el momento oportuno, no se preocupe. 

Y dicho y hecho. Paloma se acercó a Cenicienta y, so pretexto de dar un paseo y charlar un rato, maniobró para introducirse en el campo visual de D. Juan a una distancia acorde con las normas de la cortesía.

-Qué tal lo estás pasando, Ceni? -así la llamaba siempre coloquialmente Paloma, a tiempo que le regalaba una sincera sonrisa -estás a gusto?

-Sinceramente sí, Paloma, y te agradezco mucho que me hayas animado a venir -le contestó Cenicienta -es estupendo encontrar y charlas con tan interesantes y cordiales personajes.

-Ves?, te lo decía, estaba segura que ibas a disfrutar.

En ese momento oyeron la voz de D. Juan:

-Paloma, por favor, podéis acercaros?

-Por supuesto, D. Juan. Muy buenas noches y felicidades, por su onomástica, y como siempre por el acierto de esta maravillosa fiesta.

-Muchas gracias, Paloma. Tú siempre tan encantadora y atinada. Y ahora, querrías presentarme a tu amiga, que se está convirtiendo en la estrella de la noche?

-Faltaría más, D. Juan. Cenicienta, Ceni para mí, es, a parte de una de las más eficaces trabajadoras de la empresa, una de mis mejores y más admiradas amigas por su estupendo carácter y por sus amplísimos conocimientos. Becaria en el departamento de distribución y con una doble licenciatura en Bellas Artes y en Sociología. 

Y dirigiéndose a Cenicienta continuó:

-A D. Juan no necesito presentártelo, verdad?. Eso sí, y él sabe que lo digo con toda sinceridad, D. Juan es un gran jefe, y persona en quien siempre podemos confiar.

-Bueno, Paloma, todos sabemos de tu buena educación, y también sabemos de tu sinceridad, por lo que te agradezco tus palabras.

Y continuó:

-Y tú, Cenicienta, y te tuteo si me lo permites, no por establecer rangos, si no por la edad, me permites también que te llame Ceni, por la confianza que ambos tenemos en nuestra común amiga Paloma?

-Por supuesto, D. Juan, y es un honor conocerlo, y sus palabras. Y aprovecho también por felicitarlos por los motivos que expresó Paloma, y agradecerle la invitación a esta magnífica fiesta -expresó Cenicienta.

 

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IV

 

Al día siguiente Cenicienta despertó temprano. Tras asearse y recoger su equipaje, escribió una nota de despedida para Paloma que le introdujo por debajo de la puerta de su habitación, pues no quería ni despertarla ni incomodar su intimidad.

Bajó al comedor para el desayuno, estaba recién abierto y aún vacío. Se sirvió un abundante plato de fruta variada y una taza de humeante y oloroso café, y se sentó en una de las mesas de la terraza, dispuesta a disfrutar de las vistas del amplio jardín, y del silencio solo roto por los cantos de los pájaros. Con el amanecer aún reciente, el aire limpio transmitía fragancias de las flores. Se regocijó con ambiente y los agradables recuerdos de la fiesta.

Había pasado no muchos minutos ensimismada en este ambiente cuando apareció Ciro:

-Buenos días, Ceni. Parece que somos los únicos que madrugamos. Puedo sentarme en tu mesa?

-Por supuesto -contestó ella -y esa forma de madrugar?. Costumbres americanas o de natural en tí?

-Un poco de todo. Me gusta aprovechar el tiempo, y parece que por las mañanas estira un poco más. Quiero acercarme hasta  la biblioteca de la universidad a recoger bibliografía, a ver si por fin acabo mi trabajo de tesis. Y tú?

-Un poco lo mismo. Me gusta adelantar los temas de estudio los fines de semana, así durante la semana estoy menos estrenada con el trabajo. Además en la cafetería  del trabajo complementario tengo turno de tarde. 

-Vaya, eres admirable. Qué ritmo de vida! -exclamó Ciro.

-Bueno, supongo que parecido al tuyo, verdad? -replicó Cenicienta.

-Pues la verdad es que sí. En fin, son los tiempos que nos toca vivir. Bueno, como yo también me voy, si quieres te acerco, sin prisas, que yo tampoco la tengo.

-Pues te lo agradezco, Ciro. Iba a pedir un taxi pero casi mejor acepto tu invitación. Por mí parte, nos podemos ir cuando tu quieras. Ya tengo mi maleta hecha.

Durante el viaje continuaron una animada conversación, compartiendo opiniones e intereses cada vez más coincidentes. Al llegar al portal de Cenicienta se despidieron amigablemente sabiendo que habían encontrado una sincera y alegre amistad.

 

…y colorín colorado…  

…vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza, y el señor cura a sus misas….  (Fiesta.- J.M. Serrat, 1969)

 

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Madrid: Vivian Suter.

16 Jul

Madrid ha tenido la suerte de heredar la capitalidad de uno de los mayores imperios que en la historia han sido. Quizá por ello, quizá por otras varias razones el caso es que es una ciudad dinámica y vital desde mucho antes incluso de la aparición de payasadas oficiales. Gran número de visitantes de muchos países acuden atraídos por ese dinamismo. Esto hace que también se refleje en su vida cultural.

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En dicho ámbito, y en lo que a la plástica se refiere convendremos que hoy en día es difícil encontrar algo que nos sorprenda o que pueda considerarse original. Pues bien, lo hemos encontrado en Madrid, y más concretamente en la exposición de la obra de Vivían Suter, organizada por el Museo Reina Sofía en su espacio del bello Palacio de Velázquez del Retiro.

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Vivían Suter es una artista nacida en Buenos Aires en 1949, pero considerada de origen suizo por haber desarrollado su trayectoria en Basilea, para establecer posteriormente su residencia en plena selva guatemalteca, lo que ha tenido una profunda influencia en las características de su obra, al punto que tras pasar una serie de tormentas tropicales que llegaron a trastocar muchos de sus lienzos, llega a considerar a la naturaleza como coautora de su obra.

Y a partir de aquí comienza la originalidad citada del hecho expositivo. Los telas, la mayoría de gran y muy gran formato, conservando cada una su autonomía cuelgan sin bastidor ninguno, conformando una gran selva por la que el visitante puede pasear entre ellas, con una relación con el espacio arquitectónico que hace de continente, pero remitiendo indudablemente al entorno en que fueron creadas.

Las muy variadas formas abstractas y la amplísima gama cromática, casi siempre muy luminosa, conforman un todo armonioso y alegre. En definitiva, bello y en el que se percibe un gran trabajo de experimentación, incluido también el ámbito textural.

En definitiva, una experiencia sensorial que no se debe obviar, y que haciéndolo con mente amplia y sin prejuicios nos regalará un gran goce estético y la satisfacción de la originalidad.

Y si quiere finalizar todo ello con un regalo de la vida, tómese un bocadillo de calamares y una caña muy fría a la sombra de uno de los varios chiringuitos (de los de verdad, no los funestos de los que cada día nos enteramos) al borde del Estanque Grande del Retiro y agradézcaselo al destino.

Después, actúe en consecuencia.

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Parada discrecional: Villanueva de Cañedo

9 Jul

Todas las tierras tienen su historia y sus ciclos, mucho más semejantes entre sí de lo que podría parecernos a primera vista, que dicen que la historia es circular y que después de los griegos pocas cosas quedan que nos sorprendan.

Y por cierto, ahora ya se admite que el Medievo no es la época oscura e inculta que durante años nos mostraron, sino que fueron tiempos llenos de arte y cultura, en los que, además, se decidieron las estructuras de las naciones tal como hoy las conocemos.

En Castilla soplaban vientos de continuas guerras entre moros y cristianos. Las fronteras de los condados y los reinos variaban constantemente como resultado de aquellas. Quizás por ello, para salvar la retaguardia de la reconquista, se construyó, entre otros, el Castillo de Villanueva de Cañedo, allá por el siglo XI, y dada la carencia de orografía defensiva se le dotó del enorme foso que lo rodea.

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Otras versiones aseguran que su construcción fue autorizada por Juan II , padre de Isabel, denominada la Católica, y vencedor de la batalla de Higueruela, protagonizando el bello poema de Abenámar. Dicha construcción fue llevada a cabo por la Casa de Alba, a la que el rey había concedido el señorío de Alba de Tormes, y posteriormente el condado del mismo nombre, y se realizó sobre los restos del castillo anterior del siglo XI al que hacíamos mención, y del que se conserva todavía el sótano.

En aquellos tiempos convulsos de continuas conspiraciones, traiciones y guerras, muertos Juan II y su hijo, Enrique IV, en 1476  el ya duque de Alba, entrega la localidad de Villanueva de Cañedo con su castillo a los Reyes Católicos, a cambio de la de San Felices de los Gallegos, como un episodio más dentro de las luchas, capitulaciones e intrigas habidas en Castilla durante la conflictiva sucesión de Enrique IV. El castillo llega a albergar a Fernando II de Aragón en su camino hacia la batalla de Toro, durante la guerra contra Juana la Beltraneja. Una cadena labrada en piedra sobre un escudo del Obispo, a la entrada del Castillo revela este acontecimiento.

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Posteriormente los Reyes lo ceden  al mariscal de Castilla Alfonso de Valencia y Bracamonte, siniestro personaje que había luchado a favor de Enrique IV y por él defendió Zamora frente a las tropas de Isabel, la denominada la Católica. Aunque poco después rindió pleito homenaje por segunda vez a los reyes Fernando e Isabel y se comprometió a ayudarles en su lucha contra el rey Alfonso V de Portugal, esposo de Juana la Beltraneja. Pero una vez más traicionó dicho compromiso entregando  la ciudad de Zamora, aunque dicha traición acabó siendo perdonado por el infante Fernando II de Aragón.

Al año siguiente, en 1477, Alfonso de Valencia lo vende a  Alonso Ulloa de Fonseca Quijada, obispo de Ávila, que fue capellán de Juan II, y acérrimo defensor de Isabel, la denominada la Católica, al punto de luchar como capitán de sus tropas en la batalla de Toro.

Sabido es que las jerarquías de las iglesias siempre estuvieron muy preocupada por los asuntos terrenales, sobre todo cuando se trataba de estar apegadas al poder y ejercerlo como uno de los mantenedores de la sociedad estamental terciaria , lo que además les instaba a llevar estilos de vida que , cuando menos, podríamos denominar de sorprendentes.

​Y volviendo al castillo, el objetivo del bueno de D. Alonso será convertirlo en su residencia habitual para allí vivir con su amante Doña Teresa de las Cuevas, alejados de las habladurías de las villas cercanas.

​Legitimado su hijo Gutierre por los Reyes Católicos, el primogénito, será el heredero del mayorazgo y el primer Señor de Villanueva de Cañedo.

​A partir de este punto, la leyenda popular denomina al castillo del Buen Amor, en honor a los sentimientos del Obispo hacia Doña Teresa.

Desde entonces el castillo pasó por múltiples avatares y propietarios hasta que en la actualidad acabó convirtiéndose en un más que confortable establecimiento hotelero.

Muy acogedor y cómodo, está instalado en medio de un gran espacio natural con amplísimos jardines, rosaledas, laberintos y hasta un lago donde el sosiego se respira y se palpa. El silencio es un bálsamo solo adornado por el canto de multitud de pájaros que dan testimonio del auténtico ambiente de naturaleza en libertad, lo mismo que las liebres que a cada paso saltan por delante del paseante. Pasear por estos entornos relaja y devuelve la paz. Como comprendemos, y envidiamos, entonces al bueno de D. Alonso!.

Para que nada falte, en los amplios alrededores hay también abundantes viñas, que proporcionan la uva para confeccionar unos sabrosos caldos propios, perfecto complemento para la exquisita gastronomía que nos oferta el amabilísimo personal del establecimiento, y que nos permite descubrir sorprendentes delicatesen como los limones serranos, y por cuya novedad aconsejamos dejarse arrastrar.

En definitiva, experiencia sin duda recomendable para quien quiera huir por un breve espacio de tiempo del mundanal ruido (lástima que inexcusablemente haya que volver), y aprovechar para conocer y meditar sobre nuestra historia.

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Caperucita Roja

2 Jul

Las cosas podían haber sucedido de cualquier manera y, sin embargo, sucedieron así…” (Miguel Delibes.- El camino)

Caperucita era una joven muy activa y generosa. De aspecto juvenil, gustaba de vestir ropa confortable y moderna, nunca extravagante, y peinar, eso sí, unas hermosas trenzas pelirrojas de las que estaba muy orgullosa. Incapaz de estarse quieta, además de llevar sus estudios avanzados y con gran aprovechamiento estaba implicada en multitud de causas de voluntariado solidario.

De natural afectuoso volcaba su cariño en la atención y cuidado de su abuela. Los tiempos pasados que tanto dificultaron los contactos personales, y que habían afectado de especial manera a las personas mayores, la tenían disgustada, por eso ahora procuraba esforzarse aún más en esas atenciones visitándola a diario, y estando pendiente de proveerla de todo cuanto le fuera necesario. Además últimamente veía a su abuela algo nerviosa, y eso la tenía preocupada.

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Afortunadamente la ciudad en la que vivían era de pequeño tamaño, no había grandes distancias, lo que le permitía que esas visitas fueran diarias. Además la casa de la abuela estaba en medio de un precioso bosquecillo que hacía más agradable el paseo, sobre todo en días como aquel de cielo azul y sol resplandeciente, y en os que los árboles proporcionaban una agradable brisa que evitaba el calor.

Iba sumida en estos pensamientos cuando escuchó que alguien se dirigía a ella:

-Buenos días, Caperucita. Donde vas tan pensativa?

Era D. Ramón, el director de la oficina bancaria a la que ella y su abuela tenían confiados sus ahorrillos. D. Ramón era un hombre mayor, no debía faltarle mucho para jubilarse, máxime en una actividad, la bancaria, en la que tanto se prodigaban los reajustes de plantilla y las prejubilaciones.

De porte serio y vestimenta convencional en la corbata exhibía los colores de la entidad. Siempre había sido muy correcto con su abuela y con ella. Pero había algo en su mirada que le restaba empatía. Los diálogos siempre eran protocolarios y ceñidos a los temas comerciales, y cuando se salían de ellos su interés parecía desvanecerse. Nunca un comentario personal más allá de lo que marcaba la estricta y más elemental educación.

En definitiva, nada tenía Caperucita en contra de D. Ramón, pero tampoco podría decirse que fuera santo de su devoción. En cualquier caso, como no podía ser de otra manera lo saludó con la máxima cortesía.

-Perdón, D. Ramón, iba ensimismada pensando en las compras que debo hacer para la abuela. Voy a visitarla, y me gusta llevarle todo lo que pueda necesitar. Y el caso es que últimamente le gusta mucho la miel para añadir a la leche. Siempre me la encarga, pero ahora, con la crisis de las abejas, está a veces muy escasa, difícil de conseguir. En eso pensaba, ¿donde la compraría?. Y usted, D. Ramón ¿qué hace por esta zona?.

-Pues casualmente también voy a ver a tu abuela. Hay algunos aspectos de su cuenta corriente que me preocupan un poco, y quisiera, si es posible, como siempre ayudarla. ¿Quieres que te acompañe?. ¿Quieres que vayamos juntos?.

-Gracias, D. Ramón, pero como le digo he de hacer compras por lo que creo que me retrasaré un poco. Pero, dígame, ¿es preocupante lo que me cuenta de mi abuela?. Hasta donde yo sé, y ya sabe que me tiene como asociada en su cuenta, es una mujer muy ahorradora y organizada.

-No, no te preocupes, Caperucita, meros tecnicismos, pero ya sabes que a mi me gusta ayudar en lo que pueda a mis clientes, y a tu abuela, sobremanera -exclamó D. Ramón, haciendo manifiestos esfuerzos para mostrar una voz suave y tranquilizadora.

De cualquier manera a Caperucita le sonó a una respuesta impostada, y le hizo pensar que tenía que ocuparse de ese asunto en su momento. Pero también pensó que cada cosa a su tiempo, y ahora la tarea era la compra, lo que además le permitía excusar la compañía de D. Ramón, que en verdad no le apetecía especialmente. Así pues, cada uno siguió su camino independiente.

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Un rato más tarde, concluidas las compras, Caperucita se dispuso a disfrutar al máximo el paseo a través del bosque. El suelo era mullido y de fácil caminar, multitud de árboles proporcionaban una acogedora sombra, y el sol atravesando sus ramas movidas por la brisa componían un bonito juego de luces que embellecía y hacía brillar aún más los colores de sus hojas. Los sonidos del canto de los diferentes pájaros proporcionaban una muy alegre melodía. Siempre que pensaba en esos pequeños hechos cotidianos de los que muchas veces no llegamos a percatarnos pero que representan tesoros en nuestras vidas, Caperucita rememoraba sus paseos por aquel bosquecillo.

Estos pensamientos llevaba cuando se dio cuenta que se le había pasado el tiempo de forma imperceptible, pues estaba ya llegando a casa de su abuela. Pero en este punto la alegría se tornó en preocupación. De la casa surgían ruidos de discusión. D. Ramón daba grandes gritos en un tono desabrido y la abuela parecía sollozar.

-Qué está pasando aquí ?-exclamó Caperucita tras cruzar el umbral de la vivienda, al tiempo que se dirigía a darle un beso en la mejilla a su abuela.

-Nada, hija, nada. No te preocupes, D. Ramón me explicaba alguna cosa sobre mi cuenta corriente que cree que podría ser ventajosa para mí. Cuanto me alegro por tu visita. Qué cariñosa eres, Caperucita, y cuanto te lo agradezco -decía al tiempo que trataba de disimular la lágrima que se deslizaba desde uno de sus ojos.

La cara de D. Ramón cambió al instante, adoptando una de esas melifluas sonrisas en las que es fácil adivinar la artificialidad, lo mismo que su voz.

-Cierto, Caperucita, nada de que preocuparse, pero como te dije cuando nos encontramos hay algunos aspectos que creo que podrían beneficiar a tu abuela. Su cuenta corriente en estos momentos está correcta, pero con la inflación y la actual deriva de los mercados pudiera ocurrir que en 2 ó 3 años estuviera un poco justa, y ya sabemos que con el paso del tiempo los mayores pueden tener mayor necesidad de atenciones y servicios. Por eso le explicaba que existen algunos productos bancarios ventajosos que podría aportarle fáciles ganancias que cubrirían desahogadamente esas alternativas.

Hizo una pausa y le pasó una serie de folletos a Caperucita.

-Mira, estos serían unos ejemplos. Estúdialos tú también y así los podéis comentar entre la dos -concluyó.

A Caperucita su amiga Circe le había enseñado el arte de adivinar que animal se encierra en cada una de las personas, y no cabía duda de que D. Ramón era un lobo, así que haciendo acopio de toda su serenidad y su calma se puso a revisar los papeles que le tendía.

Cuando hubo acabado comprendió que eran maniobras financieras sumamente complejas y de alta volatilidad, pero además sus resultados solo podrían ser consultados informaticamente y durante periodos de tiempo extraordinariamente breves. Aunque lo más inquietante de todo es que en caso de resultados negativos en las operaciones la responsabilidad de las mismas eximía al banco e iba contra la vivienda de la titular, pudiendo llegarse incluso al desahucio por parte del banco.

Una ola de indignación inundó el interior de Caperucita que quiso contar hasta diez para serenarse y darle a D. Ramón una respuesta adecuada y enérgica, sin irse por las ramas.

-D. Ramón, mi abuela y yo le estamos muy agradecidas por las gestiones realizadas hasta ahora, pero creo que en esta ocasión se ha pasado usted con unas pretensiones que de forma suave calificaríamos de inaceptables. Le agradecería se fuese de esta casa, y considerase haber tenido suerte que no están por aquí los leñadores, pero no tiente la suerte ni estire la cuerda, porque en alguna ocasión podría encontrarse con ellos.

D. Ramón palideció por más que tratase de ocultar su ira, pero percatándose de la determinación de Caperucita comprendió que lo mejor sería irse para nunca más volver.

... y colorín, colorado.

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Notas breves: Se acaba el curso.

27 Jun

A tantos y tantas “Maestra de pueblo

Se acaba el curso. Un curso que fue difícil y duro, especialmente para los niños, quienes además de la imposibilidad de salir y correr tenían añadida la contrariedad de no poder ir al colegio y contactar con sus compañeros y amigos. Por que en general a los niños actuales les gusta ir al colegio, señal de que estos son alegres y hasta divertidos, y no como en aquellos tiempos grises de nuestra infancia, de disciplina dogmática y filosofía de la letra con sangre entra. Me alegro por ellos.

Por supuesto también fue un curso duro para los docentes, que tuvieron que multiplicar su trabajo en unas circunstancias muy adversas y desconocidas, a las que tuvieron que adaptarse prácticamente a ciegas.

Pero, a lo que voy. En muchos casos en estas fechas los niños cambiarán de ciclo, se despedirán de unos maestros (que palabra más bonita), que compartieron con ellos alegrías, esfuerzos y hasta algún disgusto durante varios años.

A veces estos niños quieren despedirse, y lo hacen por escrito, en cartas que por su papel y caligrafía demuestran su ingenua sinceridad, al tiempo que escriben cosas tan emotivas como …me has apoyado…eres la persona que cuando necesitaba un abrazo, estabas ahí para dármelo…siempre tenías una sonrisa para mí… También los padres saber valorar esas actitudes: …el cambio que he visto en X. ha sido brutal…en ganas, en interés, en seguridad…se ha generado en él un hábito que antes le costaba mucho…esa implicación, esa forma de trabajar con los crios…

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Estos párrafos son extraídos de escritos reales. Hace unas horas pasaba por delante de un colegio donde en su valla se exhibía un cartel, supongo dirigido a toda la comunidad educativa, que decía Sois un ejemplo, texto al que me adhiero. Tengo para mí que maestros así, vocacionales (estoy seguro que son la inmensa mayoría), hacen que se pueda tener esperanza en un mundo mejor, que Ignacio de Loyola escribía a Felipe II que… todo el bien de la cristiandad y de todo el mundo depende de la buena educación de la juventud…

Para ellos, por su trabajo, mi homenaje.

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Parada discrecional: Fontiveros

24 Jun

La casualidad, como siempre, me ha llevado a descubrir uno de los intelectuales más brillantes y lúcidos del panorama actual. Me refiero a Rafael Narbona.

Este prolífico autor escribe tan maravillosamente de filosofía de la literatura como nos emociona con sus relatos cortos, comparte sus ideas sobre la trascendencia o realiza atinadas y esclarecedoras críticas sobre libros de materias tan abstrusas como la economía, motivo por el que lo conocí.

Desde entonces Narbona es para mí, y perdóneme la aparentemente noña pedantería, un faro que me guía en el proceloso océano de las lecturas cual eficaz antídoto frente a mi ignorancia. Afortunada consecuencia de tal navegación es el conocimiento de José Jiménez Lozano, y más concretamente de una de sus múltiples obras, la titulada El Mudejarillo, biografía poetizada de Fray Juan De la Cruz, y uno de los textos más bellos que he leído desde hace mucho tiempo.

Así este feliz hilo de Ariadna me llevó hasta Fontiveros, pueblecito de la provincia de Ávila, cercano a Arévalo y Madrigal, tierra llana en la Comarca de La Moraña, suave y reposada, con lejanos horizontes. Aquí nació el Santo, tal día como hoy pero de 1542 . Población de escasos 800 habitantes, de bella aunque, como casi todas, incierta toponimia, de la que se tiene conocimiento ya en el siglo XIII, cuando es una aldea de importancia económica y demográfica, con asentamiento de familias nobles e hidalgos.

Su historia, con rastros celtíberos y romanos, se consolida al tiempo de la conquista de Toledo por los cristianos, y entra en el ámbito de la leyenda con el reto de Blasco Jimeno al Rey Alfonso I de Aragón, de tan triste recuerdo para los castellanos, leyenda que quedó inmortalizada para el recuerdo en la denominada Cruz del Reto.

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Más había de ser el antes referido nacimiento del Santo lo que le ponga en el camino del conocimiento universal.

Como casi todos los pueblos de Castilla (y, por supuesto, también de otras muchas regiones), a pesar de su pequeño tamaño encierra un rico patrimonio cultural, memoria de vida. De ello destacaremos solo algunos ejemplos, que la brevedad de estas paradas no da para ser exhaustivos, y la ignorancia del plumilla mucho menos.

Previamente he de señalar que cuando llegamos al pueblo tales monumentos estaban todos cerrados, así como el Espacio San Juan de la Cruz ‘Llama de amor viva’, que traíamos como referencia de posada, y biblioteca especializada. A punto estuvo de irse al traste toda la ilusión con que abordábamos esta jornada. Afortunadamente una amable señorita funcionaria del Ayuntamiento realizó el trámite de consultar con el Sr. Cura Párroco de la localidad, y este, personalmente, con suma amabilidad y paciencia nos mostró los citados lugares. Vaya para ambos nuestro más profundo agradecimiento por sus, además, desinteresadas atenciones.

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Iglesia de San Cipriano. Bien de Interés Cultural y Patrimonio histórico de España, comenzada a construir en el siglo XII, de estilo mudejar, inspirado en la Catedral Vieja de Salamanca y en la Colegiata de Toro, con diversos avatares de ampliaciones, destrucciones y reconstrucciones hasta el siglo XVIII, y en los que participaron figuras señaladas como Lucas Giraldo o Rodrígo Gil de Ontañón entre otros.

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En esta iglesia se encuentra la Capilla de la Pila Bautismal donde fue bautizado San Juan de La Cruz, así como también las tumbas de su hermano Luis y su padre Gonzalo, cuya muerte motivó la necesidad familiar de irse de la Villa en busca de una mejor vida.

Destaca también la existencia de un precioso órgano del siglo XVIII, que en la actualidad motiva una importante participación en el Festival de Órgano de Ávila, y con el que se realizaron significativas grabaciones.

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Otros puntos de interés de la iglesia, cuyas descripciones o historias no detallamos en aras a la brevedad, son el Altar Mayor, las capillas de los Pamo, Real de San Juan Bautista, San Antonio, del Cristo de la Piedad, de Santa María de los Mártires o Capilla Museo, o la Sacristía, pero que reiteran la riqueza patrimonial antes citada de nuestros pueblos.

Iglesia/casa natal de San Juan de la Cruz. Convento construido en el lugar donde estaba la casa natal de San Juan de la Cruz e inaugurado en 1723, con altar mayor obra de Gregorio Fernández.

También, al paso, pudimos apreciar la Escultura de San Juan de la Cruz, de bronce sobre pedestal de granito, obra del escultor Ricardo Font. Se erigió en 1928 por suscripción popular a propuesta del Sindicato Católico de la Villa con motivo del II Centenario de la Canonización del Santo (1726-1926). Aparecen el águila de San Juan y el escudo de la Orden del Carmelo.

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En las calles de Fontiveros también aparecen ejemplos de arquitectura popular y casonas blasonadas como la de Diego de Arriaga, la Casa solariega de los Cubas Maldonado, La Torre del que fuera el Palacio de Don Jerónimo Gómez de Sandoval , Marqués de Fontiveros, la Torre del palacio de la familia del Obispo de Jaén Alfonso Suárez, la Ermita de Santa Ana o “de la Bandera”, la fachada de la Casa Parroquial , la Ermita de Nuestra Señora de los Mártires, El Torreón en la Plaza de las “Cuatro Calles” , que por la brevedad de la parada no visitamos.

Afortunadas circunstancias las narradas que proporcionaron al viajero esta feliz estancia en Fontiveros, fue adobada con un exquisito menú y un buen caldo de la tierra en la cercana localidad de Medina del Campo, que en otra ocasión ha de se también motivo de comentario.

Como dice el maestro Serrat …de vez en cuando la vida nos besa en la boca…y toma café conmigo…Está fue una de esas ocasiones, se lo agradezco.

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Blancanieves

18 Jun

Qué antiguo puede ser el futuro (Irene Vallejo)

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Aquel día Blancanieves despertó presa de ansiedad. Se incorporó, su corazón galopaba desbocado, y todo su cuerpo estaba empapado en sudor. Había sufrido una larga y horrible pesadilla que había experimentado con una angustiosa nitidez.

Cuando pudo controlarse mínimamente constató que no había rastros de ningún príncipe azul, ni estaba en ninguna urna de plata y cristal vestida de novia, ni había siete camitas enanas, ni tampoco había espejos mágicos ni brillantes manzanas, y por supuesto no había rastros de ninguna bruja malvada, y aquello no era ningún castillo encantado ni de ninguna otra manera.

Su habitación, como correspondía a su edad, era una estancia con decoración moderna, de tonos claros. En una de las paredes unas litografías valiosas y algún cartel con referencia a sus músicos preferidos, en la otra una funcional biblioteca repleta de libros y a su lado el escritorio con, entre otros objetos, un ordenador portátil abierto.

Por la ventana se observaba un amplio horizonte, como correspondía a la altura del piso. Al fondo, modernos edificios correspondientes a la zona comercial de la ciudad. En la calle, el tráfico rodado característico, del que afortunadamente no llegaba el sonido gracias al doble acristalamiento.

El cielo, nítido, azul, resplandeciente. Ocasionalmente cruzaban, raudas, bandadas de golondrínas.

Respiró aliviada.

Ya había conseguido sosegarse cuando de pronto se oyó una voz metálica diciendo:

Buenos días. Son las ocho de la mañana. Hoy el cielo estará despejado y alcanzaremos los 28 grados en el centro de la ciudad, donde el tráfico aún está fluido. A continuación desde la emisora de radio local los componentes de su mesa de opinión nos comentarán las noticias políticas del día.

Otra vez el corazón le comenzó a palpitar a gran velocidad. La pantalla del servicio de voz de la nube de de la multinacional dominante, se había puesto en funcionamiento. Allí estaban, sin ninguna duda, el espejo mágica, la bruja malvada y la manzana envenenada, todo junto.

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Pulgarcito

11 Jun

El último favor es siempre el penúltimo.

Pulgarcito era un muchachuelo alegre, de sonrisa franca, muy activo y siempre dispuesto a hacer favores a los demás. Por esto era muy apreciado en la corte.

-Pulgarcito, podrías ir a por agua? -le pedían unos.

-Pulgarcito, podrías traernos leña? -decía otros.

Pulgarcito nunca decía que no, y así andaba todo el día ajetreado de ceca en meca, trabajando para los demás, sin que esto le reportará ningún beneficio material ni de rango dentro de la corte.

Su madre siempre le decía:

-Pulgarcito, por qué andas asÍ de azacanado?. No ves que todos se aprovechan de tí?

-Madre, no me importa -contestaba el bueno de Pulgarcito -a mí no me cuesta trabajo, y si puedo ayudar, pues mejor y más contento me siento. No lo hago por que me lo agradezcan ni me lo remuneren.

Un buen día la madre de Pulgarcito cayó enferma de aquel catarro universal que asolaba la región . Nadie sabía como evitarlo y mucho menos curarlo. Así que Pulgarcito se dedicó en cuerpo y alma a cuidar de su madre así como de las tareas de su propio hogar sin que le quedara tiempo para nada más.

En esto estaban las cosas cuando dos pajes de palacio llegaron hasta su casa a decirle que la Reina Madre requería su presencia de inmediato.

-Pulgarcito -dijo una vez que el muchachuelo estuvo ante ella -quiero que vayas a la ciudad y en el mercado de las sedas compres las más suntuosas que encuentres, Después te acercarás al pueblo vecino, donde reside el sastre, y le comunicarás que a la mayor brevedad debe confeccionarnos los más elegantes vestidos a las princesas y a mí para el próximo baile de la corte, al que asistirán los más afamados príncipes,. Adviértele que ha de darse prisa, pues tendrá lugar dentro de una semana. Así que andando, date prisa en cumplir mis órdenes, que tenemos poco tiempo.

Pulgarcito no sabía como expresar lo que tenía que decirle a la Reina, pues esta era conocida por su difícil carácter, y mucho más cuando se le llevaba la contraria. Con los ojos bajos y con la mayor suavidad de la que era posible, expresó:

-Majestad, sabéis que siempre es para mí un honor cumplir vuestros deseos, y que lo hago con prontitud. Pero en esta ocasión, y bien a mi pesar, no me va a ser posible. Las misteriosas fiebres que invaden la región tienen a mi madre en la cama con incurables calenturas y el cuidado ella y las tareas de la casa tienen ocupado todo mi tiempo, pues no hay ninguna otra persona que pueda hacerlas.

La Reina Madre sintió que la ira le invadía, su cara enrojeció y cerrando los puños al tiempo que golpeaba el suelo enrabietada gritó con voz gruesa:

-A mí la guardia, quitad a este insensato de mi presencia, encerradlo en la más profunda y oscura mazmorra del castillo, y encadenazlo para que nunca pueda salir.

Los guardias sintieron gran lástima por Pulgarcito, pero no se atrevieron a desobedecer a la Reina, pues sabían de las graves consecuencias de hacerlo.

A continuación la Reina Madre llamó a las dos princesas y claramente ñampeada exclamó a voz en grito

-Pulgarcito es un insensato. Nunca obedece a nuestras órdenes, siempre hace únicamente lo que a él le apetece, y eso no se puede consentir. Qué pasaría si todos nuestros súbditos hiciesen los mismo?. Lo único que quiere es boicotear vuestra presencia en el baile. Tenéis que hablar con vuestro padre, el Rey, y convencerle para que mande decapitar a Pulgarcito, por delito de lesa majestad.

Las princesas, aunque no entendían muy bien lo que decía su madre, la obedecieron, y el Rey, que aunque bueno era muy débil y no se atrevía a contrariar a la Reina por miedo a sus ataques de ira, dio las órdenes oportunas para proceder a ejecutar la decapitación de Pulgarcito.

Mientras tanto, los guardias, indignados ante tamaña injusticia, comentaron los hechos en la taberna del pueblo. Inmediatamente la ira creció entre los asistentes, que rápidamente se organizaron. Unos fueron a la casa de Pulgarcito para hacerse cargo del cuidado de su madre, así como de los cuidados del hogar, y el resto del pueblo se plantó a las puertas del Palacio Real armados de palos, piedras y antorchas, dispuestos a hacer lo que fuera necesaria para evitar la injusticia.

Los cortesanos al ver a la multitud claramente decidida a invadir Palacio, lo abandonaron rápidamente, dejando solos a los miembros de la Familia Real, que en el último instante pudieron huir por una puerta trasera, para nunca más volver.

El pueblo liberó a Pulgarcito, y su madre, gracias a los cuidados de los vecinos, curó de sus calenturas. Tras la huida de la Familia Real en aquel país se instauró la República,…y colorín colorado.

Parada discrecional: Santiago de Compostela

4 Jun

Versión 2 – Versión 3

Poco o, por mejor decir, nada puede añadir este anciano plumilla a los océanos de tinta que se escribieron sobre los aspectos históricos, culturales, artísticos, monumentales, literarios, devocionales e incluso políticos de Santiago de Compostela o de los infinitos caminos que llevan a él desde el siglo IX hasta nuestros días.

En esta ocasión un nuevo factor se presenta en el panorama, la pandemia. Más como no hay nada nuevo bajo el sol, o al menos muy poco, tampoco esta le es ajena a la historia de Santiago y su Camino. Recuérdese el importante papel que en el mismo tuvieron los hospitales.

Como estaba Santiago, ciudad turística por excelencia, en esta incierta fase de la evolución, con ansias de recuperación?.

Me sorprendió muy gratamente observar una cierta normalidad, tanto en calles como en establecimientos. Más, las preguntas surgen: es esta la nueva normalidad?. Vamos a presenciar aún mayor mejoría?. Y sobre todo, habremos aprendido lecciones importantes para el futuro?.

La pandemia representa una gran tragedia para la humanidad, los millones de muertos lo atestiguan de modo incontrovertible, lo mismo que los que quedaron con graves secuelas o las víctimas no menos importantes de la ruina económica.

En medio de la escasez de evidencias científicas, lo que impide un abordaje eficiente de la misma, es un hecho que el principal factor facilitador de la terrible expansión del virus es la socialización, o al menos el actual modo de socialización. Y lo grave es que esta es la característica básica del ser humano y de nuestro modo de vida. Se le atribuye a Aristóteles nuestra definición como animales sociales.

Así pues, acostumbrémonos a admitir y adoptar estilos de vida que sin anular estas características las modere y adecúe a un mundo más seguro y saludable. Y no olvidemos que esto ha de pasar inexcusablemente por que también sea más igualitario y solidario. De esta o salimos todos juntos o no salimos.

El Pórtico de la Gloría está ahí desde hace muchos siglos, venciendo muy diversas calamidades. Fue muy reconfortante volver a comprobarlo, y también comprobar la cívica normalidad que se respira en la calles de Santiago. Que dure!.

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El retorno

30 May

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Cuando el viajero llegó a la misma estación de la que había partido 40 años antes, la ciudad lo recibió también de igual manera, con una lluvia fina y pertinaz (orbayu la denominaban en aquel lugar), que conocía bien y sabía que si no se refugiaba de ella acabaría con una más que severa mojadura.

Gustaba nuestro personaje de viajar ligero de equipaje, lo que le iba a permitir desplazarse a pie hasta su hotel, eso sí, protegido por un paraguas, instrumento que nunca abandona a todo buen habitante de aquellas tierras.

Cuando enfiló la recta calle principal que unía la estación con el centro todo estaba envuelto en una neblina gris acerada que añadía aún más tristeza al hecho de comprobar que los cambios ocurridos en su ausencia no eran sustanciales, destacando el hecho de encontrar aún más negocios con el cartel de se vende/se alquila como tenebroso producto de las dos últimas crisis.

Entregado a la añoranza había decidido que en tanto buscaba una vivienda definitiva se alojaría en el hotelito de la plaza en la que habían transcurrido sus primeros años, y en la que se desarrollaron sus juegos infantiles, algo ahora imposible por mor de la invasión del tráfico.

Una vez instalado encargaría a una empresa de transportes el traslado de sus libros, sus cuadros y su querido piano, y después a una agencia inmobiliaria que, sin urgencia, pusiera en venta su piso, pues aunque pensaba volver en cuantas ocasiones le fueran posibles a Barcelona, la ciudad donde había trabajado y sido feliz durante estos últimos cuarenta años, no sería de forma tan frecuente ni tan prolongada como para mantener un piso como el suyo abierto, con los gastos que ello conllevaría.

El citado hotelito era pequeño, pero tenía todos los requerimientos básicos para una estancia confortable, y sobre todo una ubicación excelente, no solo por las razones sentimentales antes descritas sino también por encontrarse en la zona más céntrica de la ciudad.

Tras una ligera cena decidió retirarse a descansar. El día había sido largo, pródigo en emociones y no exento tampoco de cierta fatiga física. Los años comenzaban a pesar por más que subjetivamente no lo pareciera.

Un cúmulo de sensaciones, recuerdos y nostalgias se le agolpaban produciéndole una enternecedora situación de cierta labilidad emocional, pero que no le resultaba en modo alguno desagradable ni dolorosa, por lo que no tuvo ninguna dificultad en conciliar un sueño fácil que al día siguiente observó como reparador, y sin que el subconsciente le hubiese generado ningún sueño indeseable.

Desde su jubilación había adquirido el hábito de convertir el desayuno en uno de los momentos placenteros y relajados del día, bien es verdad que procuraba que esto sucediera también el mayor número de veces posible a lo largo de toda la jornada. Cuidaba de escoger alimentos de forma equilibrada y sin ninguna prisa, recreándose en el color, textura y sabor de los mismos. Zumo o frutas, cereales en forma de pan tostado, lácteos, proteínas en algún embutido suave, y un estimulante café con leche al que en alguna ocasión se permitía el lujo de añadir un croissant, algo aquí imperdonable por estar cerca de la confitería que llevaba más de 100 años confeccionando los mejores. Todo ello sin ninguna prisa, al tiempo que, con calma, planificaba mentalmente su jornada matutina.

Ciertamente debería buscar piso, pero quizás esta era la tarea que menos le urgía. Lo que más ansiaba era reencontrarse con la ciudad, por lo que sentía la ilusión y la incertidumbre de quien va a reencontrarse con una antigua novia. Desde que se había marchado regresó en algunas ocasiones, siempre con el único objetivo de visitar a sus padres con los que tenía una más que entrañable relación, aunque la verdad es que fueron más las veces en que ellos lo habían visitado a él en Barcelona. Pero desde que estos faltaban, y bien que los echaba de menos, no había vuelto a pisar su ciudad natal, así que tenía ganas de reencontrarse con ella y con sus recuerdos, aunque por otra parte sentía cierta inquietud ante la posibilidad de haberlos idealizado y que la realidad le mostrase alguna decepción.

Por de pronto la casa en la que había nacido, en aquella misma plaza, ya no existía, y estaba sustituida por otra de diseño más moderno de acero y cristal, y sus bajos estaban ocupados por un gran restaurante también de diseño. El convento de monjas, cuyo origen se remontaba al siglo XIII y que había sido declarado Bien de Interés Cultural, y cuyo interior había sido motivo de calenturientas aventuras épicas en su infancia, era sustituido por un vanguardista edificio de la administración, de Hacienda para más inri.

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De todos modos, desde allí comenzaría su primer paseo en el que el objetivo más preciado era llegar al bar donde su padre le había contado en reiteradas ocasiones que tenía la tertulia n la que se reunía con sus amigos, y formaba parte de su felicidad. Eran 10, todos mayores que él, todos personas inteligentes y creativos (pintores, músicos, escritores, etc., eso sí, todos de distinta ideología), que una vez por semana, durante una hora o raramente un poco más, y alrededor de sendas copas de vino (alguna vez se repetía la ronda) y algún aperitivo sólido, charlaba y discutían, alguna vez acaloradamente. Pero siguiendo un símil futbolístico, lo que sucede en la tertulia se queda en la tertulia. Nunca la más estruendosa discusión erosionó un ápice el cariño que entre ellos se tenían. A su padre siempre que hablaba de su tertulia se le iluminaba la mirada y se le dibujaba una sonrisa que significaban los muchos ratos de felicidad que allí disfrutaba.

Con estos pensamientos en poco tiempo llegó al centro sentido de la ciudad. Allí seguía el antiguo teatro, templo de la lírica a la que tan aficionados eran los habitantes de aquella ciudad, y donde anualmente se entregaban importantes premios a figuras destacadas de la ciencia y el pensamiento, que luego llevarían el nombre de la región por todo el mundo. Apenas encontró diferencias con el recuerdo que de él tenía en sus años jóvenes, si no fuera por la peatonalización de las calles aledañas.

A su lado la plaza que había sido testigo de tantos acontecimientos históricos, incluso anteriormente, él ya no había conocido eso, estuvo una cárcel para mujeres, y cuyo nombre tantas veces había cambiado al albur de las pasiones políticas del momento. Bordeada por significativos e imponentes edificios de singular valor arquitectónico, uno de ellos estaba coronado por un reloj con carillón que cada cuarto de hora, con la melodía del himno regional, marcaba el pulso de la ciudad.

Desde allí cruzaría por un parque del que cada rincón, cada fuente o cada estatua le traería el recuerdo de los juegos y meriendas de su infancia, incluido el regusto a barquillos, o de aquellas fotografías con la cámara minutera manejada con destreza por la popular y entrañable fotógrafa, que luego llenaban los álbumes de familiares.

Al concluir su trayecto por el parque se encontraría con una ancha y bien asfaltada avenida que en otros tiempos marcaba el límite del centro de la ciudad, constituyendo un terreno libre de edificios y con calles polvorientas que en los días de lluvia se embarraban totalmente. Mas en fiestas allí se instalaban las norias y los tenderetes de chucherías, churros y algodón dulce, sonidos y sabores que ahora emergían en sus recuerdos.

Esta calle se abría a una amplia plaza, ahora territorio de alegres juegos de niños y de reposo de mayores. En uno de sus laterales la cafetería de la tertulia, de las que su padre tanto y tan ilusionadamente le había hablado. Al traspasar el umbral notó que su corazón se aceleraba, y que una dulce nostalgia se apoderaba de él. Se sentó en una de las mesas, y se dedicó a observar. Allí estaba aún el viejo y entrañable dueño, quizás algo más encorvado y lento de los que su padre lo describiera, pero que con sabia parsimonia y gestualidad que recordaba a un experto director de orquesta dialogaba con los clientes al tiempo que marcaba el ritmo a sus dos sonrientes camareras, sus hijas, como sosegándose en la dicha del trabajo familiar conjunto.

El viajero observó con detalle y cariño la decoración con un intemporal mobiliario, las mesas debidamente separadas como exigían las normas de la maldita pandemia, así como de sus paredes. Y allí, en una de las esquinas preferentes, al lado del amplio ventanal, entre otros muchos recuerdos de momentos entrañables, estaba la fotografía. Diez personas, una de ellas su padre, mirando a la cámara con aspecto de satisfacción, levantaban su copa y sonreían abiertamente.

Por fin sintió que había llegado a su auténtico destino, al tiempo que no pudo evitar pensar cuan presto se va el placer.

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